Eduardo Reese: “El gobierno de la ciudad de Buenos Aires solo favorece una lógica de mercado que pone mayor presión sobre los más pobres”. Entrevista al arquitecto, urbanista e investigador del Instituto del Conurbano de la UNGS

Reportaje de Telémaco Subijana y Federico Ghelfi

Entrevistamos en exclusiva al urbanista Eduardo Reese. Arquitecto y especialista en planificación urbana y regional, es docente e investigador en el Instituto del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Integrante de Habitar Argentina, anteriormente fue Subsecretario de Políticas Socioeconómicas de la Provincia de Buenos Aires, Consejero del Consejo de Planificación Urbana de la Ciudad de Buenos Aires, director del Plan de Ordenamiento Territorial de la Cuenca Matanza–Riachuelo en Buenos Aires, Secretario de Planificación de la Municipalidad de Avellaneda y Subadministrador General del Instituto de Vivienda de la Provincia de Buenos Aires. En esta oportunidad, caracteriza el modelo ciudad que predomina en la Argentina, expone los principales ejes a tener en cuenta a la hora de desarrollar políticas urbanas y destaca que por primera vez en la historia del país el gobierno nacional tiene un plan estratégico territorial. También analiza el modelo de ciudad del Pro en Buenos Aires y opina sobre como resolver las diferencias entre el sur y el norte de la ciudad. Leer más.

Usted es docente e investigador del Instituto del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento. ¿Cuáles son las áreas o lineamientos a la hora de desarrollar políticas urbanas?

La perspectiva se centra en los 3 ejes básicos de cualquier política urbana: la sostenibilidad ambiental, la equidad social y el ordenamiento territorial. Ahora bien, más allá de estos ejes -que son los tradicionales-, tratamos de mirar el problema urbano desde una perspectiva territorial compleja que toma 3 racionalidades o lógicas básicas necesarias para poder analizarla. Estas son: la lógica de las políticas públicas ó del Estado; la del mercado y el lucro y la de los procesos sociales. Entonces, cuando uno observa una ciudad, ésta es el resultado de la lucha contradictoria entre estas 3 lógicas que tienen objetivos diferentes. Están los grupos sociales con su lógica de reproducción y de calidad de vida, la lógica del Estado desde el punto de vista de la política pública -o la política en general- y la lógica del mercado, que es la de la maximización de la ganancia. El resultado de esas 3 lógicas, operando en el territorio, define la ciudad. En este contexto, la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, es lo que es porque es el resultado de esas contradicciones. Por eso buscamos tratar de entender la ciudad justamente desde la articulación. No la entendemos solamente como un producto físico ni como un producto social desterritorializado ni tampoco fuera de lo que es la lucha política. En definitiva, esa es la perspectiva con la que tratamos de entender el territorio y el sentido que le damos a la investigación y a la enseñanza en el Instituto del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

¿Se puede hablar de un modelo de ciudad predominante en el país?

La ciudad argentina tiene una serie de factores que son comunes a la lógica de las ciudades latinoamericanas, en general, y, por otro lado, elementos que son propios y singulares. Entre los factores comunes de lo que ha sido y es actualmente el proceso latinoamericano de urbanización, obviamente los que resaltan más claramente son el rápido crecimiento que tuvieron las ciudades y que básicamente se trata de ciudades que se han desarrollado sobre la base del crecimiento sobre las áreas rurales, con muy baja densidad y con problemas serios de cobertura de infraestructura y de equipamiento social. Se puede ver patente, por ejemplo, en Buenos Aires. El centro tiene todos los equipamientos y la infraestructura correspondiente y la periferia justamente carece de todas esas cualidaes. Ese gradiente que va de la totalidad de las infraestructuras a casi nada en las periferias es una lógica tradicional y común en todas las ciudades latinoamericanas.

Otra característica común es que ese proceso de urbanización tiene un altísimo componente de autogestión popular. Una muy buena parte de la ciudad -que es difícil poder calcular con exactitud pero distintos actores estiman que por lo menos se trata de 2/3 de la ciudad- es auto construida por la población. Entonces, esos rasgos son parte del modelo de ciudad argentina compartidos con las ciudades latinoamericanas.

Por su parte, la ciudad argentina tiene algunas particularidades que no comparte con el resto de las ciudades de América Latina. La primera es que nuestro modelo de ciudad es mucho más heterogéneo que en el resto de las ciudades de los países latinoamericanos. Esto es producto del proceso social argentino, sobre todo del ascenso social de los sectores populares desde el primer peronismo. En el resto de las ciudades latinoamericanas, salvando las uruguayas, uno encuentra que son mucho más segregadas. Los sectores altos que se auto-segregan de una manera mucho más fuerte. Y esto incluso lo digo a pesar de lo que ocurrió en Argentina durante los años ´90 con el desarrollo de los countries. A pesar de esto, todavía Buenos Aires sigue siendo una ciudad con una fuerte heterogeneidad.

Por otro lado, otra característica es que la ciudad argentina ha tenido una concepción de su centro urbano mucho más fuerte que el resto de las ciudades latinoamericanas. Se puede observar que muy buena parte de las ciudades latinoamericanas tienen sus centros altamente degradados. En cambio, la ciudad argentina todavía mantiene el centro de la ciudad con mucha fortaleza. Esto no quiere decir que el centro de la ciudad de Buenos Aires no necesite intervención o que los de Rosario o Córdoba no tengan síntomas de cierto deterioro. Pero los niveles de degradación que muchas ciudades latinoamericanas muestran en sus áreas centrales, las ciudades argentinas no lo tienen. A modo de ilustración, la gente sigue festejando los triunfos deportivos en el Obelisco, es decir, sigue reconociendo ahí su área central, el lugar en donde se condensa la identidad. Y eso pasa en todas las ciudades argentinas, cosa que no sucede en las grandes ciudades latinoamericanas que han tenido procesos de deterioro muy fuertes. Entonces, si es posible hablar de un modelo de ciudad argentina, considero que hay que atender a esas características comunes a las demás ciudades latinoamericanas y a sus particularidades, sobre todo en lo que tiene que ver con su mixtura y su heterogeneidad social.

Destacaba la tensión entre lo que es el interés privado y el público. ¿Cómo resolver esta tensión entre intereses opuestos?

Depende de la fortaleza de la política pública. Si hay una cuestión absolutamente clara es que el mercado no puede resolver la ciudad ni tiene ningún interés por resolver los problemas de la ciudad en términos sostenibles y equitativos. En ese marco, ¿cómo se resuelve esta tensión? Fundamentalmente fortaleciendo las políticas públicas, que en materia urbana, en la Argentina, han sido tradicionalmente débiles. Pensemos que nuestro país no solamente tiene una tasa muy alta de urbanización -el ultimo censo muestra que más de 9 de cada 10 habitantes vive en ciudades-, sino que, además, la Argentina tiene la característica de contar con una muy antigua urbanización -cosa que también difiere del resto de los países de América Latina. En la década del ´30, cuando el resto de los países de la región eran todavía rurales, la Argentina ya era un país urbano. Sin embargo, nunca hubo una política pública urbana expresa en la Argentina. Y esto no es casual porque cualquier política pública urbanística supone regular la propiedad urbana, y en este país la tierra “no se toca”. Esto ha sido y sigue siendo así porque la tierra es la que explica la formación de la fortuna de las familias dominantes de este país. Como resultado de esto, Argentina es un caso raro, hace casi un siglo que es urbano y, sin embargo, nunca tuvo una ley de regulación urbana. Esto muestra la debilidad de la política pública en urbanismo de la Argentina, en haber dejado en gran medida en manos del mercado el proceso de reproducción de la ciudad. Entonces, ¿cómo se resuelve esa tensión? Nuevamente, fortaleciendo la política pública frente a los cambios o modificaciones que ha tenido el sistema capitalista y sus impactos sobre la ciudad en los últimos 10 o 20 años.

Considerando que se trata de procesos locales, ¿qué opina de la política pública urbana a nivel nacional?

Por primera vez en la historia de la Argentina el gobierno nacional tiene un plan estratégico territorial. Este es un dato interesante. Además, es destacable que dicho plan no fue hecho de arriba hacia abajo sino desde abajo, con la participación de las provincias. Se trata de un primer dato que muestra un cambio respecto a lo que ha sido la historia territorial en la Argentina. Por otro lado, una segunda cosa que te estaría mostrando un cambio es que hay 4 proyectos en el Congreso Nacional elaborados por el colectivo Habitar Argentina muy importantes: un proyecto de ordenamiento territorial, otro sobre desalojos, uno de regularización y, por último, un proyecto de política de vivienda. Incluso a estas iniciativas se les tiene que sumar una alternativa de proyecto de ley de ordenamiento territorial que está terminando de preparar el gobierno nacional. En este marco, ¿qué muestran estas iniciativas? La emergencia de un tema que es cada vez más complejo. A pesar de 10 años de crecimiento económico, mejora social, reducción de la pobreza, mejora en la capacidad adquisitiva del salario y de reducción del desempleo, la informalidad urbana no bajó e incluso tenemos tomas de tierras todos los días. Es decir, se ha probado que toda la emergencia de la problemática del acceso al suelo y la vivienda no se soluciona solamente con una mejora social y con crecimiento económico sino con una política pública que regule el mercado inmobiliario. Estos últimos 10 años fueron muy evidentes: nunca habíamos tenido un periodo largo donde todos esos indicadores sociales y económicos se dieran positivamente de esa manera. Del 2003 a la fecha los tuvimos, pero no ha alcanzado para dar cuenta de la problemática habitacional; incluso en el caso de Buenos Aires: la ciudad empeoró y cada vez más hay más tomas de tierras. Entonces, estas iniciativas dan cuenta de que se está empezando a tomar conciencia de que el suelo no puede estar en manos de los mercados. A esto hay que sumarle la ley de promoción de hábitat popular, proyecto que trabajamos particularmente en la Provincia de Buenos Aires.

¿Cómo define el modelo de desarrollo urbano de Macri en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires?

La ciudad de Buenos Aires está teniendo una política muy centrada en la confianza de que el mercado va a solucionar todos los problemas. Esto más allá de algunas cuestiones que han estado bien y que no hay que criticarlas, pero que son menores y en términos estructurales no resuelven demasiado, como las bici-sendas. Entonces, esta idea de la gestión macrista de que el mercado resuelve la ciudad puede visualizarse en relación al reciente anuncio de créditos del Banco Ciudad. Esta iniciativa no está mal en sí misma, lo que está mal es hacer solo eso. Si solo das créditos que fomentan una política de mercado sin atender las villas lo que va a pasar es que en la ciudad va a seguir aumentando el precio del suelo y habrá más presión por expulsar a los “indeseables” de Macri. El gobierno de la ciudad lo único que hace es favorecer una lógica de mercado que, si bien le da acceso a los jóvenes de los sectores medios, sin una política para las villas y los barrios mas necesitados lo único que hace es poner más presión sobre los más pobres. Buenos Aires se ha convertido en una ciudad que solo atiende a los que la pueden pagar y este ha sido el sesgo de la política macrista.

¿Cómo analiza la marcada la diferencia entre el norte y el sur de la ciudad?

Es interesante y hay muchos ejemplos en distintos lugares. A modo de ilustración, la ciudad tiene una política de recuperación del sur. Entre otras obras, se están construyendo la sede central del Banco Ciudad, en Parque Patricios, y el Polo Tecnológico. Ahora bien, ¿esto está mal? No, lo que está mal es que si se lo hace sin controlar los precios del mercado lo que haces es levantar esos precios y expulsar a los pobres afuera. Los precios de Barracas, por ejemplo, hoy están casi al mismo nivel que los de Belgrano. Entonces, de seguir así, lo que se va a lograr en los próximos años es expulsar a los pobres. Esa es la política de Macri y esta fue la política de Cacciatore. Tal como era el slogan del Intendente designado por dictadura, se piensa a la ciudad de Buenos Aires “para el que se la merece”. Entonces, se hacen autopistas, se desarrolla el Polo Tecnológico, se lleva la sede del Banco Ciudad en el sur, todo con una sola intención, la de aumentar la presión del mercado para expulsar a los pobres. Todas esas cuestiones que podrían pensarse como buenas, en realidad se trata de invisibilizar, de ejecutar subterráneamente, una mayor presión para segregar. El desafío es, al mismo tiempo, hacerlo desde una política de mantenimiento de los sectores populares de la ciudad. Hoy el enfoque está puesto en expulsar y así integra cualquiera.

¿Cómo analiza la problemática de la región metropolitana?

La problemática de la región metropolitana está muy vinculada a la de la capital. La cuestión de la coordinación es un problema tradicional y nunca ha habido una estrategia metropolitana de desarrollo. En este sentido, hay que destacar que, en general, no se trata de una falta u omisión que solamente tenga Buenos Aires. Esto en el mundo también es muy difícil, son muy pocas las ciudades que han tenido una política metropolitana. En relación a las áreas metropolitanas en todo el mundo, lo que ocurre es que si hubiera un gobierno de escala metropolitana, la persona que ejerciera ese poder ejecutivo sería mucho más importante que el presidente o el gobernador de la provincia. Por eso es un problema político de difícil solución. En este contexto, ¿cómo se intentó resolver los problemas en la región metropolitana de Buenos Aires? Se intentó a partir de la constitución de algunos ejes sectoriales de coordinación: el CEAMSE coordinando –o, en realidad, descoordinando la basura-, el Mercado Central coordinando los abastos, los entes de control de servicios públicos o, ahora, la Autoridad Metropolitana de Transporte. Entonces, cada vez que hay un problema muy importante se crea una autoridad particular para ese tema. Esa fue la forma de resolverlo históricamente y pareciera que esto va a continuar. En este contexto, considero que el problema más grave de todos -sin minimizar los otros- es el del transporte. Y la autoridad recientemente creada tendría que haber estado desde muchos años antes.

En definitiva, sigue habiendo problemas metropolitanos de solución metropolitana muy graves que van de la mano de cómo se integra una ciudad. La falta de políticas integrales metropolitanas ha hecho que efectivamente esta ciudad, más allá de lo que dije de la heterogeneidad, sea todavía una ciudad muy dividida. A modo de ilustración, un tema que pide coordinación metropolitana a gritos es el de la vivienda y el suelo. Porque el emergente del conflicto del Parque Indoamericano no se lo puede ver como un problema de la ciudad de Buenos Aires o de La Matanza o de Moreno, es un problema de la región metropolitana. No estoy pidiendo un gobierno metropolitano porque es imposible, una utopía, pero sí una mínima coordinación política, una mínima mirada común de ciertas estrategias de desarrollo que podría darse en muchos otros temas.

¿Cómo resuelven, las ciudades de menor tamaño, el crecimiento de la población urbana?

Considero que los urbanistas hemos tenido problemas serios para observar esto porque siempre entendimos que lo rural era lo que sobraba de lo urbano. Recién en los últimos 10 años comenzamos a tener una visión mas integrada. Por otra parte, se han dado cambios importantes. Por ejemplo, muchas ciudades están “cercadas” por lo rural, que no pueden crecer porque la soja les llega al borde y no hay nadie que quiera vender el campo de soja para lotear.

Vivimos cambios interesantes, paradigmáticos si se quiere, y esto supone la necesitad de re-pactar cómo se distribuye el suelo. Nuestras ciudades son de muy baja densidad. Esto no quiere decir de ninguna manera que haya que hacer torres, esta no es la manera de edificar una ciudad, pero necesitamos densificar la ciudad para aprovechar al máximo recursos escasos como lo son la infraestructura y los equipamientos. Cuanto más se extiende la ciudad, más se necesita llevar servicios. Entonces, el crecimiento sobre el suelo rural ha hecho que las ciudades se empiecen a pensar muy seriamente, hay un cambio en la relación entre lo rural y lo urbano que es bien interesante y que hay muchas ciudades que, por suerte, se lo están planteando.

¿Cuáles son los desafíos para el urbanismo como disciplina académica y qué rol considera que deben cumplir las universidades?

Considero que el desafío de la universidad argentina es el de reinterpretarse como una herramienta de transformación de la sociedad y no solo como reproducción de la lógica académica. Se trata de un desafío complejo: por momentos la academia lo que hace es terminar convirtiendo a los investigadores en “cartoneros” ya que su sustento diario depende de la cantidad de papeles que juntan y no de la utilidad social de lo que investigan. Argentina tiene buenos científicos e investigadores, entonces no se trata de un problema de calidad, es un problema de utilidad social, es un problema de re-inserción de lo que el investigador hace. A modo de ilustración, no es casual que no existan congresos en los que participen académicos e intendentes cuando en realidad deberían alimentarse unos a otros. Los académicos deberían alimentar las decisiones políticas y, a su vez, las decisiones políticas tendrían que iluminar a algunos que siguen pensando en términos de papeles académicos desvinculados del contexto y el conflicto político. Considero que ese es el desafío y por lo menos es nuestra preocupación en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Por eso el Instituto del Conurbano de dicha casa de estudios es parte integrante de “Habitar Argentina”, es parte integrante de la pelea o la disputa por la Ley de Promoción de Hábitat en la provincia de Buenos Aires y por eso trabaja junto al Foro de Organizaciones de Tierra y Vivienda de Buenos Aires. Considero que no podemos entender la producción universitaria si no es en el contexto de la lucha social.