Un George Galloway renacido sacude a los laboristas y agita Gran Bretaña. Por Tariq Alí

Iniciativa invita a leer este artículo del reconocido escritor e historiador Tariq Alí con motivo de la obtención, por parte George Galloway, del escaño parlamentario de Bradford (West Yorkshire, Inglaterra), considerado un bastión laborista desde 1973. Periodista con raíces laboristas, el escocés Galloway, fue expulsado de dicho partido por haber “incitado a la desobediencia” de las tropas británicas en la guerra de Irak y, posteriormente, en el año 2004, fundó el partido Respect (Respeto). En este artículo, Tariq Alí diferencia a Respect de los partidos tradicionales y critica al sistema bi/tripartidista que se ha “metamorfoseado en gobierno nacional” y permitió que que se conviertan en norma las iniciativas financieras privadas que castigaban al sector público. Leer más.

Un George Galloway renacido sacude a los laboristas y agita Gran Bretaña

La sensacional victoria electoral de George Galloway en la elección parcial del jueves 29 en Bradford ha conmovido el petrificado mundo de la política inglesa. Al ser inesperada, buena parte de los medios informativos (con la honrosa excepción de Helen Piddy, del Guardian) trató la campaña de Respect como un espectáculo de marginalidad disparatada. Es como para que el cobista de la BBC se tragase sus excrementicias palabras, un desvergonzado compadre partidista en un programa de la televisión local, que trató de mofarse e insultar a Galloway.

El escaño de Bradford, feudo laborista desde 1973, se consideraba a salvo y el dirigente laborista, Ed Miliband, había estado planificando una visita de celebración a la ciudad hasta que se filtraron las noticias a las 2 de la mañana. Ahora anda concentrado en su propio futuro. El laborismo ha pagado el precio de su incapacidad para actuar como oposición, imaginando que todo lo que tenía que hacer era esperar y que el premio le caería en las manos. La política escocesa debería haber obligado a un replanteamiento. Tal vez el último giro de la política inglesa lo consiga, aunque lo dudo. Galloway se ha meado efectivamente encima de los tres partidos. ¡Los liberal-demócratas y los tories explicando su declive por el hecho de que votara mucha gente!

Miles de jóvenes contagiados de apatía, desprecio, desesperación y repugnancia hacia la política convencional se dinamizaron con la campaña de Respect. Galloway se muestra incansable en estas ocasiones. No hay nadie en el campo político que se le pueda acercar a la hora de competir con él. Y no es simplemente porque sea un orador eficaz, aunque no hay que subestimar su habilidad. Resulta casi una conmoción en estos tiempos para una generación acostumbrada a las insípidas falsedades articuladas todos los días por los políticos de la oposición y el gobierno. El contenido político de la campaña fue lo que galvanizó a la juventud: los miembros de la campaña de Respect y su candidato pusieron énfasis en los desastres de Irak y Afganistán.

Galloway exigió que se juzgara a Blair como criminal de guerra, y que las tropas británicas se retirasen de Afganistán sin mayor demora. Arremetió contra el gobierno y el Partido Laborista por las ‘medidas de austeridad’ que toman como blanco a los más desfavorecidos, los pobres, los enfermos, y las nuevas privatizaciones en educación, sanidad y el servicio de correos. Fue todo esto lo que le otorgó una mayoría de diez mil votos.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Tras el derrumbe del comunismo en 1991, la noción de Edmund Burke de que “en todas las sociedades, que constan de diferentes clases, algunas deben quedar necesariamente en lo más alto” y que “los apóstoles de la igualdad sólo pueden cambiar y pervertir el orden natural de las cosas”, se convirtió en el saber propio del sentido común de la época. El dinero corrompió la política, el dinero a lo grande la corrompió de manera absoluta. A lo largo del corazón del capital fuimos testigos del surgimiento de coaliciones efectivas de un género u otro: como siempre, la de republicanos y demócratas en los Estados Unidos; del nuevo Laborismo y los tories en el Estado vasallo de Gran Bretaña; de socialistas y conservadores en Francia; las coaliciones alemanas de una variedad u otra, con los Verdes diferenciándose en buena medida como ultra-atlantistas, el centro-derecha y centro-izquierda escandinavos con escasas diferencias, compitiendo en cobardía ante el Imperio.

 Prácticamente en cada uno de los casos, el sistema bi/tripartidista se ha metamorfoseado en gobierno nacional. Entró en juego un nuevo extremismo de mercado. Se juzgó una “reforma” necesaria la entrada de capital en los más sacrosantos dominios de la prestación social. Se convirtieron en norma las iniciativas financieras privadas que castigaban al sector público y se denunció de forma regular en The Economist y The Financial Times a aquellos países (como Francia y Alemania) que se consideraba no procedían con rapidez suficiente siguiendo el rumbo del paraíso neoliberal.

Cuestionar este giro, defender el sector público, argumentar a favor de la propiedad estatal de los servicios públicos, poner en tela de juicio la liquidación de la vivienda pública era ser considerado un dinosaurio.

La política británica ha estado gobernada por el consenso establecido por la señora Thatcher durante las décadas de langosta [1] de los años 80 y 90. Una vez que el laborismo aceptó los principios básicos del thatcherismo (su modelo era el de los Nuevos Demócratas que abrazaron el reaganismo.

Estas fueron las raíces del extremo centro que abarca tanto el centro-izquierda como el centro-derecha y ejerce el poder, promoviendo las medidas de austeridad que privilegian a los opulentos y respaldando guerras y ocupación en el extranjero. El presidente Obama dista de estar aislado en la esfera política euro-norteamericana. Brotan nuevos movimientos en casa, poniendo en jaque las ortodoxias políticas sin ofrecer una propia. Poco más que un grito de ayuda.

Respect es diferente. Pone por delante un programa socialdemócrata que desafía al status quo y alza la voz para condenar las fechorías imperiales. En otras palabras: no siente terror ante la política. Su triunfo en Bradford debería obligar a repensar a algunos  su pasividad y a otros a darse cuenta de que hay maneras con las que los Ocupantes de antaño pueden ayudar a romper el callejón político sin salida.

NOTA T.: [1] “Años de langosta” es una metáfora bíblica habitual en la política inglesa para referirse a aquellos periodos perdidos, desperdiciados, como asolados por una plaga.

Tariq Ali es miembro del consejo editorial de SIN PERMISO. Su último libro publicado es The Duel: Pakistan on the Flight Path of American Power [hay traducción castellana en Alianza Editorial, Madrid,2008: Pakistán en el punto de mira de Estados Unidos: el duelo].

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