Alejandro Rofman: “Las propuestas para enfrentar la crisis europea están dirigidas a ayudar a la banca pero poco se discute qué va a pasar con la economía real, con el empleo y con el salario”. Entrevista al reconocido economista

Reportaje de Telémaco Subijana y Federico Ghelfi

Entrevistamos en exclusiva al economista Alejandro Rofman. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Córdoba, es Investigador Principal del CONICET y Profesor Honorario de la Universidad de Buenos Aires. Es dirigente del Partido Socialista, del sector que apoya al gobierno nacional, e integrante del Plan Fénix y de Carta Abierta. En esta entrevista analiza la crisis económica y social europea y la incapacidad de los partidos socialistas europeos para proponer y llevar adelante propuestas alternativas al ajuste. También opina sobre el proceso de integración regional y reflexiona sobre nuestra economía de cara a la profundización del modelo de desarrollo con inclusión social. Leer más.

¿Cómo analiza la crisis europea y la soluciones propuestas por sus líderes y los de los organismos internacionales?

Está claro que la crisis tiene que ver con el proceso de agudización de la presión financiera sobre la economía de los países de menor nivel de desarrollo relativo, pero que no excluye a aquellos que han alcanzado un aceptable nivel de integración industrial y también entraron en el juego perverso de la especulación financiera. Los países con mayor exposición de tipo social a los efectos de la crisis son aquellos que entraron en todo el proceso de endeudamiento irresponsable, en el crecimiento del crédito sin asidero real en la capacidad de re-pago y en la obtención de recursos externos para operaciones que luego no tuvieron la capacidad de crear recursos. Es decir, esta crisis marca el predominio del capital financiero sobre la actividad productiva.

En este contexto, ¿qué nos puede decir de la incapacidad de los partidos socialistas europeos de proponer y llevar adelante alternativas al ajuste general?

La socialdemocracia europea lideró todo el proceso de afirmación del Estado después de la Segunda Guerra Mundial. Esa actitud de los partidos socialistas, dejando de lado los momentos después de la guerra, con el triunfo del laborismo inglés -que aspiraba a un cambio real en las estructuras- se fue transformando lentamente a partir de dos disputas: por un lado, entre los partidos socialistas con la derecha liberal, afirmando que el estado asuma un rol protagónico en la defensa del derecho de los trabajadores. Por otro lado, contra el Partido Comunista, sobre todo en Italia y Francia, intentando crear un dique al avance de los partidos comunistas. Ese rol fue consistente con el desarrollo capitalista y se basó en la ampliación de los mercados internos y la valoración del salario. Me refiero a todo lo que tiene que ver con el reformismo socialdemócrata. En este contexto, cuando esa etapa se cerró a fines de los ´70, comenzó la nueva fase del desarrollo capitalista basado en la exacerbación de la tasa de ganancia sostenida por la especulación financiera y todo el espectro reformista de la socialdemocracia quedó entrampado entre enfrentarse fuertemente al impulso de un capitalismo mucho más voraz y contemplativo de la situación social o aparecer como amortiguador, hasta donde las fuerzas le permitiesen, de los efectos negativos de la presencia del capitalismo financiero.

Lo singular del proceso es que todo el impacto terrible de la especulación financiera, que desde hace 4 años que no ha dejado de agudizarse, encontró a la socialdemocracia europea sin posiciones claras y sin capacidad de respuesta. Y eso fue un poco lo de todos los partidos. Terminaron capitulando, incapaces de construir un frente cívico contra la derecha financiera. Se quedaron sin argumentos para encarar una contraofensiva. El movimiento sindical se debilitó durante el transcurso de todos esto años, fruto de la actual fase del capitalismo monopolista. Entonces, carecieron estos segmentos políticos orientados hacia formas de democracia basada en un mayor peso del sindicalismo, en crear alternativas y enfrentar seriamente el necesario cambio de paradigma.

Esto supondría el fin del Estado de Bienestar tal cual lo conocemos…

Sin duda. El fin o un retroceso muy serio. En la medida que la solución sea adoptada para que los bancos puedan cobrar el endeudamiento, todo el problema de la “ayuda”, es la ayuda a los bancos. Están ayudando a los bancos a que cobren cuando en una situación normal sería lo que pasó en la Argentina. Acá no hubo quién ayudara a los bancos, no hubo financiamiento externo o dado al país y hubo necesariamente la caída de la deuda, el cese de pagos. Se ha llegado a tal extremo que se ha creado una cuenta especial para que quien entrega fondos -ya sea el FMI o el Banco Central Europeo- deposite los fondos correspondientes a los pagos que tienen que hacer los países endeudados directamente a los bancos. Los países no reciben el dinero, eso va directamente a una cuenta abierta para tal objetivo y hay una comisión europea que vigila para que todo salga bien.

Se habló de medidas como la de imponer tasas a las transacciones financieras…

Cierto, pero no es una solución, es un mecanismo para recaudar fondos. Por eso los dos países que lideran el proceso europeo de consolidación de la financierización de la economía, Francia y Alemania, están de acuerdo. Esperan que ese recurso les permita hacer frente a la crisis de financiamiento general.

Ahora, esos fondos: ¿Se usarían para reactivar la actividad económica y aumentar el empleo? Claro que no lo piensan, está fuera de discusión. Todo el plano de la discusión se mueve en cuáles son las salidas viables para que los bancos europeos, que prestaron alegremente recursos a países y familias, puedan estar en condiciones de recuperar. ¿Qué va a pasar con la economía real, con el empleo, con el salario? No está en discusión. Por ahí alguno dice que hay que ocuparse. Pero ninguno presenta ningún plan definido. Ningún país, ni ninguna entidad financiera, ni siquiera lo ponen como condición para que el proceso de ajuste se haga.

¿Qué expectativas le genera el posible triunfo en Francia de François Hollande, candidato del Partido Socialista?

Bueno, eso es interesante. Hay elecciones en dos meses en Francia y, por ahora, el candidato socialista tiene la mejor posición asignada por las encuentas. Le ganaría por dos dígitos a Sarkozy y ha prometido un programa que, si bien no es de ningún modo un proyecto de transformación de la sociedad capitalista, es diferente a los que sus colegas de España, Portugal y Grecia sostuvieron en el medio de la crisis. Es un programa de regulación del capital financiero, de defensa del trabajo y de un aumento de los recursos para expandir la producción y el empleo. Dicho esto, habrá que ver si en caso de que ese francés triunfe es capaz de ponerse detrás del programa e impedir que la ola terrible del capital financiero y los políticos que la sostienen, lo derrumben.

¿Cuáles son los debates que, considera, se deben dar al interior de los Partidos Socialistas europeos?

Resulta importante destacar que está por primera vez en real crisis la identidad ideológica del partido socialista, el socialdemócrata. Además del caso francés, el caso del Partido Socialista alemán también tiene fuerte peso en la política interna y no pocas chances de volver al poder. Entonces, ¿qué piensan hacer? Es una discusión que se deben los partidos socialistas, los movimientos sociales que los acompañan, tanto los movimientos obreros como los estudiantiles, etc. Deben pensar como van a enfrentar esta ola recesiva, regresiva socialmente y depresora. Las condiciones son extremadamente débiles y nada tienen que ver con las etapas previas de este tipo de fuerzas en Europa. Si uno mira la historia es pesimista, el retroceso es evidente, sobre todo en el socialismo español y en el griego que no han tenido ninguna declaración clara de admisión de la culpa del retroceso sino que se acepta alegremente con la excusa de que después de la recesión vendrá la recuperación y ellos la pueden liderar. En Grecia bajan el salario en el 22%, es un hecho impactante que impide una reacción racional de la sociedad y muchos terminan aceptándolo como un mal inevitable. Po todo, es cierto que es fundamental una revisión a fondo de la ubicación de las ideas socialistas que se implantaron en Europa hace más de 150 años, con la perspectiva de construir un proyecto de transformación de la sociedad en reemplazo del capitalismo. De esa posición a esta, sin ningún tipo de carrera defensiva, hay un mundo de distancia. Es importante preguntarse cómo se recupera esa visión y cómo se afirma nuevamente un proyecto. Más aún cuando ahora se demuestra la inviabilidad del sistema capitalista basado exclusivamente en la obtención de tasas de ganancias por el canal financiero. Es un desafío tremendo. Los que hemos tenido siempre fuerte vinculación con el ideario socialista en la Argentina, tenemos que tener muy en cuenta eso; que no se puede renunciar a los principios fundamentales so pena de traicionar las ideas originarias y abandonar a la suerte a millones de compatriotas que se quedan sin herramientas de reivindicación. Por suerte en Argentina el proceso es exactamente inverso al de Europa. Hay muchos elementos de las fuerzas sociales y políticas que actúan en el país, que tendrían que haber actuado en el caso europeo.

¿Qué escenario avizora?

Es muy difícil aventurar pronósticos, todavía no es posible saberlo. Antes de comenzar esta charla estaba viendo el canal Bloomberg de noticias que trae mucha información fresca acerca de la discusión en Europa. Los analistas y gurúes económicos insisten en que la solución que se le ha impuesto a Grecia es inviable, que no va a resolver el problema. Porque si se pretende que un país se enfrente a un descomunal pasivo financiero, pero al mismo tiempo su actividad productiva sigue cayendo -el año pasado cayó un 5% y para este año se pronostica un 4,5%-, no va a ser posible que hagan frente a los compromisos pese a que se ha llegado a un acuerdo para una fuerte reducción de la deuda pública. Si bien se va a reducir a una tercera parte, los analistas más serios plantean que es insuficiente, que más temprano que tarde habrá una imposibilidad real de pagar. Eso va a provocar efectos en cadena en otros países de Europa. Casi la mitad de los países de Europa están teniendo conflictos del tipo que están teniendo España, Portugal y Grecia, pero que no salen en los titulares de los diarios. Me refiero a países como Hungría, Rumania o Letonia. Solo se salvan Holanda y Alemania. Incluso Francia también tiene problemas. Además en Alemania el nivel del crecimiento para este año será solo del 0,6%. Pero la mayoría de los países ha entrado en recesión. Entonces, ¿de dónde van a salir los recursos para hacer frente a los compromisos financieros? Y, por otro lado, ¿cómo van a reaccionar las sociedades? Estos son interrogantes a responder, aunque es muy reciente para saberlo. Los pueblos reaccionan de manera diferente. A modo de ilustración, en la Argentina se voltearon gobiernos, como en el 2001 y 2002 o, como en la etapa final del menemismo, creyendo que no había salida y cayendo en la más absoluta apatía. Recuedo que durante los años de la Alianza, todos los días se concedía algo más; eso desalentaba aún más el surgimiento de una respuesta superadora de la crisis. Sin embargo, desde el 2001 y 2002 la sociedad reaccionó y cambió el signo del proyecto político oficial con la llegada de Néstor Kirchner y la avanzada en una dirección totalmente opuesta.

Teniendo en cuenta el proceso de integración de América Latina, ¿cuáles son las principales lecciones que nos deja el caso europeo?

Yo creo que la principal lección es que la instalación de una moneda única de similar valor jurídico para todos los países, frente a las circunstancias de las grandes desigualdades que existen, es una camisa de fuerza que lleva inevitablemente al derrumbe. No puede levantarse Grecia, España, Rumania con un valor de deuda igual que al de Alemania; no pueden levantarse estos países con tanta producitividad para entrar en los mercados europeos. Son naciones muy diferentes y no se las puede encorsetar e imponerles un porcentaje del 3% del PBI. Es una situación insostenible. ¿Cómo se va a solucionar? Indefectiblemente va a ir al derrumbe porque se considera que, sin modificar esos parámetros de tipo de cambio, no hay salida.

¿Hacia dónde considera tiene que avanzar el proceso de integración en América Latina?

Considero que profundizar la integración pasa por respetar la soberanía económica de cada país y la situación en el mercado mundial. Después, se trata de ir coordinando políticas voluntariamente y que las mismas no sean impuestas por los que tienen más poder. Esa coordinación se deber dar llevando a cabo a la par una sustitución creciente de importaciones, sobre todo las más complejas, dentro del escenario latinoamericano. América Latina posee recursos energéticos, agua, minerales, tierra productiva para generar alimentos en cantidades suficientes para autonomizarse de las relaciones económicas internacionales. No estoy propugnando una visión aislacionista pero si estoy diciendo que potenciando todos los productos propios y el capital humano disponible, no tiene por qué haber dificultades para que promover cada vez más el nivel de vida de los pueblos. Va a depender de la política de los países y de cómo se coordine el desarrollo con inclusión social.

¿Cómo evitar la dependencia con Brasil?

Eso depende de que haya un acuerdo entre los países para evitar los desniveles fuertes de las relaciones económicas de los países. Además, no abandonando nunca la idea de que otro modelo de sociedad es posible. Es importante que se pueda avanzar hacia formas mixtas de presencia en la sociedad, basadas en la solidaridad y la cooperación, con empresas capitalistas que respeten reglas de juego mínimas y no sean agresoras de la calidad de vida de la población. También que el Estado asuma un rol protagónico defendiendo fuerte los intereses de la mayoría; con un control de mercado, con control de los precios de primera necesidad y dandole un impulso decidido a los bienes públicos. Existe un espacio muy grande de acción del Estado y los sectores populares, mancomunados, que permitirá avanzar hacia nuevas formas de organización de la actividad productiva, de la redistribución de la riqueza, del control de los recursos naturales. Esto de manera realista, sin utopías que por el momento parecen imposibles de alcanzar.

¿Qué rol tienen los partidos progresistas en América Latina?

Creo que es un desafío interesante y muy nuevo. Cada vez más la concepción de las fuerzas político-sociales como venían configuradas de antaño, luce menos funcional al objetivo de proyectos de transformación social. Hay países, como Venezuela o Bolivia, en donde han aparecido nuevas formas de organización política de los sectores populares deseosos de avanzar decididamente en las transformaciones económicas y sociales, que no tienen ningún vínculo con los partidos históricos. Incluso las centrales de trabajadores son nuevas. Por eso, la evolución se canaliza de distintas maneras. Hay países como Brasil o Uruguay en donde las viejas fuerzas progresistas mantienen su vieja hegemonía en el escenario político. En estos casos, aunque no teniendo la postura histórica tan firme y tan arraigada en la población, mantienen una serie de posturas fundamentales que les han permitido sobrevivir al tiempo. Por su parte, en el caso argentino está claro que las instituciones políticas son incapaces de reflejar la actual correlación de fuerzas de un proyecto a futuro. Kirchner decía que en el país va a ir armándose dos grandes polos: uno de centroderecha y otro de centro izquierda. Yo creo que eso va a ir dándose inexorablemente, no respetando los límites de los partidos políticos existentes. Es un proceso abierto y depende de nosotros mismos el esfuerzo de ir configurando nuevas fuerzas políticas que, sin rechazar la historia, afirmen el proceso actual a todo nivel y con toda su profundidad.

Estamos viviendo un proceso muy interesante en América Latina con un nuevo rol, creciente y determinante de las fuerzas políticas y sociales. En algunos países se ha avanzado mucho, en otro menos. No sé cuánto tardarán en consolidarse, pero el reordenamiento de fuerzas se va a dar. Unas lo harán a favor del cambio social y otras a favor del conservadurismo y el status quo.

Considerando la implementación de medidas heterodoxas en los últimos años, ¿cómo ha impactado este cambio de rumbo en la academia, teniendo en cuenta la preponderancia que siempre ha tenido el pensamiento económico ortodoxo?

Es muy difícil porque ahí se da una de las evidencias mayores en el campo de la teoría económica. Queda por producirse todavía esa renovación de ideas. Si uno atiende a lo que sucede en los planes de estudio y la formación de profesionales de grado y posgrado en Argentina, todavía hay un desbalance muy grande a favor de las escuelas que siguen pensando como única forma de organización social el pensamiento económico neoclásico. Ha habido avances, pero limitados. Quizás los mayores avances tengan que ver con que han ido desapareciendo aquellas casas de estudio en donde todo era pensamiento de la derecha económica. En La Plata, en Córdoba, en esas facultades todavía siguen siendo afines al pensamiento neoliberal. A medida que las nuevas generaciones sigan avanzando se va a ir registrando un pluralismo, se darán resistencias, visiones alternativas para no instituir una única corriente de pensamiento en una casa de estudio.

Para finalizar, ¿qué opina de la situación económica actual de nuestro país y qué perspectivas tiene de cara a la profundización del modelo?

El objetivo es claro y el proyecto económico tiene herramientas acorde, aunque la situación nunca deja de ser compleja. No somos una isla del mundo y el contexto mundial juega. El nivel de demanda externa, los flujos de capital, el costo del dinero, el petróleo, son todos factores que influyen. Internamente no hemos cesado de crecer en tasas cercanas al 8%; este año un poco menos, pero en enero el crecimiento fue del 5 o el 6%, no menos. Estamos afirmados en un modelo que, al depender tan fuertemente del mercado interno y al haber seguido incrementándose la creación de empleo junto con el salario real, seguimos teniendo las condiciones básicas para avanzar. Hay cuestiones que se han ido creando con carencias, como el tema de energía o del transporte pero el modelo está sentando en bases sólidas. También hay quienes ponen en cuestión el desarrollo sustentable, como el tema de la minería, que va a requerir una discusión de cómo esos procesos se acomodan al cuerpo general de ideas que forman el modelo de crecimiento con inclusión social. En este contexto, sigo siendo francamente optimista, aceptando altibajos. Si bien habrá momentos de dificultades, de sectores que no se acomodan a la misma velocidad al crecimiento, considero que estamos en el buen camino, que no hay otro abierto. Por su parte, la derecha no propone nada, solo obstaculiza o busca impedir que le quiten sus privilegios. Los sectores populares, en su gran mayoría, están encolumnados con el proyecto oficial y los pequeños sectores que no lo están no ofrecen opciones legítimas, válidas y coherentes. Si bien pueden proponer cuestiones específicas, siempre se trata de elementos menores del modelo global. El modelo global no tiene en este momento competencia. Nadie puede pensar en otra estrategia que la actual, porque no existe.

En definitiva, no hay ninguna posibilidad de existencia de un proyecto que compita con el actual del gobierno. Lo que hay que preocuparse es que las asignaturas pendientes, que no son pocas, se tomen con la debida seriedad y responsabilidad así como se realizan la mayoría de las acciones. Así como se realizan acciones para resguardar al capital industrial nacional de la competencia externa, que se tomen acciones fuertes, decisivas, con respecto a las actividades de algunos sectores productivos.