El discurso de la presidenta y la cuestión nacional

Por Federico Montero*

En un discurso sólido, emotivo y contundente, la presidenta puso fin a los dimes y diretes sobre la supuesta demora en la toma de posición del gobierno frente a la tragedia del ferrocarril Sarmiento. En los hechos, ministros nacionales de máxima responsabilidad ya habían tomado cartas en el asunto, pero se había instalado una especie de impaciencia colectiva, fomentada por los medios, que había contagiado a propios y ajenos. Por si acaso, recordando que la palabra de la presidenta es algo más que una opinión, que tiene el carácter performativo de un acto político, reafirmó la búsqueda de justicia para las víctimas, la solidaridad con los familiares y delineó la necesidad de “volver a tener un sistema de ferrocarriles en la República Argentina”. El correlato de estas palabras fue la intervención de TBA en la mañana de hoy.

Pero esta dimensión del discurso, acaso la más esperada y la más necesaria, aunque no alcanzara para contentar a los columnistas de La Nación que sorprendentemente habían tomado un giro estatista en los últimos días, fue importante también por otras definiciones de la presidenta. Además de la profunda solidaridad con las víctimas de la tragedia y la búsqueda de justicia, en el marco del aniversario del Bicentenario de la bandera nacional, CFK avanzó en importantes lineamientos de lo que los setentistas denominarían la “cuestión nacional”.

Mal que le pese a los 17 intelectuales que firmaron una solicitada de repudio al avance de la “agitación nacionalista” en relación al legítimo reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas, la apelación a la soberanía nacional y las estrategias que el país se da para insertarse en el mundo con crecientes grados de autonomía y en función de una estrategia de desarrollo nacional con inclusión social no se ciñen a las versiones militaristas del nacionalismo autoritario. Por el contrario, la apelación al patriotismo se concibe en el marco de los ideales de solidaridad y compromiso con las necesidades de los sectores populares e incluso con una agenda receptiva de un programa propio del “liberalismo democrático”. Así fue la referencia al “patriotismo de Belgrano, que sin recursos armó sus ejércitos” que CFK comparó con el “patriotismo de los ex combatientes, los pibes, que sin instrucción, sin ropa y sin comida, defendieron y entregaron su vida”. En ese marco, la apuesta por la soberanía nacional toma como tema el de Malvinas para inscribir el proceso de cambio desde 2003 también en un intento de superar a condición de país colonizado, “dominado por los agentes y sectores económicos que desde afuera y desde adentro la habían devastado”. En tiempos de revalorización de la discusión histórica, la presidenta recupera la tradición que vincula nación, democracia y soberanía popular y busca una nueva síntesis entre la tradición nacional popular y la liberal democrática.

Hay razones para pensar que la reconstrucción de la nación no responde únicamente a necesidades de política doméstica, como se suele afirmar con suficiencia, sino que responde a ciertas necesidades estructurales de los procesos de cambio en América Latina. Hace un tiempo, el sociólogo chileno Manuel Antonio Garretón afirmó que lo que hermanaba a estos nuevos gobiernos, más que un “giro a la izquierda”, era la problemática común de la reconstrucción de la nación, como antes habían sido la transición a la democracia y luego las reformas estructurales de cuño neoliberal. Ante los desafíos del capitalismo financiero del s. XXI y el declive de la hegemonía norteamericana, CFK ha replanteado la “cuestión nacional” a partir de un nuevo contenido ético, vinculado al valor de justicia y la plena vigencia de los derechos humanos, un sentido social, vinculado a las políticas de igualdad y de inclusión, una ampliación de la democracia, que trasciende las visiones institucionalistas y se plantea la cuestión del poder popular y una perspectiva regional.

La articulación práctica de estas tareas dependerá de la correlación de fuerzas que logre vertebrarse para avanzar en lo que se ha denominado alternativamente profundización y sintonía fina, es decir un nuevo modelo de desarrollo. También para sortear con éxito las contradicciones internas del proceso, resolver las tareas pendientes y mantener la solidaridad con las injusticias y tragedias heredadas. Al promediar su discurso, CFK llamó a que “Enarbolemos esta bandera por la equidad y por la igualdad, que es la mejor manera de ser libres todos los argentinos”. Tal es la convocatoria de la presidenta para resolver la “cuestión nacional” en nuestro tiempo.

* Politólogo UBA