Mariana Vázquez: “El actual proceso de integración le agrega a las ideas de independencia, autonomía y desarrollo el elemento clave de la inclusión”. Entrevista exclusiva a la especialista en integración regional.

Reportaje de Federico Ghelfi y David Bono

Entrevistamos en exclusiva a Mariana Vázquez, Docente de Grado y Posgrado de la UBA y otras universidades nacionales. Es miembro del Plan Fénix y Directora del Proyecto de Voluntariado Universitario “Identidad MERCOSUR”. Desde el año 2003 ha desarrollado su trabajo en diversas áreas del gobierno nacional vinculadas a la temática de la integración latinoamericana. Entre sus publicaciones, se destaca su último libro: “El MERCOSUR de las Políticas Sociales”. En esta entrevista analiza la integración latinoamericana, el rol del MERCOSUR, la UNASUR y la recientemente creada CELAC. También reflexiona sobre la situación que vive la Unión Europea y el rol de América Latina en el contexto de crisis internacional. Leer más.

¿Cómo caracterizaría la etapa actual del MERCOSUR?

La etapa actual del MERCOSUR es una etapa de acumulación de grandes cambios, que se dieron en el proceso de integración, fundamentalmente a partir de 2003/2004. En aquel entonces teníamos grandes expectativas, pero no era tan fácil prever lo que sucedería e incluso algunos pensábamos que las expectativas del principio se habían bloqueado, ya que no se avanzaba tan rápido. En este momento, a principios de 2012, se empieza a ver el modo en que el proceso de integración ha cambiado en los últimos años. Hay quienes dicen que el MERCOSUR sigue siendo el acuerdo de la integración neoliberal de los noventa; son aquellos que no ven lo que ha sucedido con el esquema de integración desde el 2003/2004 hasta hoy, y al mismo tiempo, son los mismos que no entienden que estos gobiernos han transformado la realidad de sus propios países. Por supuesto, todavía hay elementos para transformar, pero, sin dudas, la impronta del esquema de integración ha cambiado. Últimamente vengo planteando la posibilidad de hablar de un “Regionalismo Inclusivo”, ya que los proyectos más nobles de integración que han tenido lugar en el pensamiento o en proyectos concretos en América Latina y el Caribe tenían como objetivos la independencia, la autonomía y el desarrollo. “Independencia”, fundamentalmente como característica principal en los proyectos emancipatorios del Siglo XIX y en el “desarrollo” a partir del Siglo XX (como las propuestas de la CEPAL de aquella época,  fundamentalmente vinculado al tema de la industrialización) Este momento actual del MERCOSUR agrega la “inclusión” como un elemento clave. Retoma los procesos anteriores pero incorpora la inclusión, y eso se da a partir de un cambio central de perspectiva que también acontece a nivel nacional, que es la perspectiva de derechos. En 2004, en el marco del MERCOSUR, aparece con claridad una agenda que no existía previamente, que es la de las políticas sociales, que llevan la Reunión de Ministros y Autoridades de Desarrollo Social del MERCOSUR. Si uno analiza solamente esa agenda ve que el cariz del MERCOSUR es otro: allí se plantean cuestionamientos centrales a la mirada de la etapa previa, y es, en algún sentido, una manifestación del Consenso de Buenos Aires (de 2003), que muestra el quiebre con respecto a la etapa anterior. Actualmente el MERCOSUR atraviesa un proceso donde conviven lo viejo y lo nuevo, que tiene mucha fuerza y donde la inclusión tiene un lugar central. Se puede decir que la perspectiva de derechos se ha instalado transversalmente, y las agendas iniciales vinculadas al Tratado de Asunción en 1991 quedan antiguas. Se han incorporado nuevas agendas como la de Desarrollo Social, la de Integración Productiva, que es la más difícil porque tiene que ver con el núcleo más duro de la estructura productiva de los países, donde es más difícil transformar el proceso de integración en lo productivo. Al mismo tiempo, se crean instituciones que representan esta nueva época como el Parlamento del MERCOSUR. En 2012 vemos una acumulación política, conceptual. Por ejemplo, con el “MERCOSUR Social” y el “MERCOSUR Sociolaboral”, se va reelaborando permanentemente la definición sobre la dimensión social del MERCOSURM ésa es una definición política por excelencia. En la región, la dimensión social del MERCOSUR no puede separarse de la dimensión económica, al igual que a nivel nacional, porque no se trata como en las economías neoliberales cuando se destruía el tejido social y productivo mientras la dimensión social venía a compensarlo, sino que las políticas sociales y económicas tienen que ir de la mano a las orientaciones económicas. La conceptualización de lo social indica que el rol del Estado es clave y habla de un conjunto de cosas que son centrales, sobre qué proyecto de sociedad y región queremos. En definitiva, hay una acumulación política, conceptual, metodológica, se empiezan a elaborar proyectos sociales comunes, y también tenemos una acumulación institucional, en tanto se van creando instituciones que dan cuenta de esta nueva realidad. En la situación actual estamos en un momento donde se ha avanzado mucho: construir la integración con este nuevo sentido es importante, pero también es importante reconocer que es el momento en el cual el proceso tiene que profundizarse, lo que nuestra Presidenta diría “Sintonía Fina”. Recordemos que hay elementos de lo viejo que bloquean una profundización en este sentido, por ejemplo la estructura institucional. Entonces, es un momento en el cual hay que profundizar en distintas dimensiones, so pena de volver atrás en caso de que cambie el gobierno en alguno de los países. El momento es ahora, y me parece que los presidentes de la región lo tienen muy claro.

Usted marcó la importancia del Consenso de Buenos Aires, ¿Cuáles fueron los ejes planteados? ¿Cómo cree que han incidido?

El Consenso de Buenos Aires fue firmado por Kirchner y Lula da Silva el 16 de Octubre de 2003, y en aquel momento era concebido como un documento referente de época en oposición al Consenso de Washington. Si se analizan cada uno de sus puntos, allí se cuestionan los principales elementos del Consenso de Washington –aunque no fuera una respuesta directa– principalmente ligados a la integración. El primer punto del Consenso de Buenos Aires plantea el derecho de los países al desarrollo, y los proyectos más nobles de integración, desde Bolívar a la actualidad, están vinculados al desarrollo; el hecho de haber sido planteado en un momento en que un país como Argentina estaba negociando con el Fondo Monetario Internacional no es un dato menor. El Consenso de Buenos Aires reafirma el rol del Estado, cuestionando la etapa previa. Además, visualiza la integración sudamericana con un carácter estratégico; no es concebida de manera meramente comercial, sino de una forma mucho más amplia, y ahí es donde se encuentra una nueva concepción en relación a la integración de los pueblos, que es la gran diferencia con el MERCOSUR de los noventa. En su punto 16, el Consenso también prevé una integración fortalecida que permitiría una mayor defensa de los países en relación a los posibles ataques especulativos. Se termina con la lógica basada en las finanzas y se toma a la integración regional como un instrumento para avanzar en un sentido de concebir a la producción y el empleo como el centro del modelo de desarrollo. Si evaluamos este punto a la luz de lo que sucede actualmente, en el marco de la crisis y también pensamos en las medidas que está tomando la UNASUR, reconocemos que el MERCOSUR es un centro de gravedad de un gran polo de transformación, porque los países de la región han llevado adelante cambios y desde ahí es desde donde se puede pensar en una profundización.

¿Cuál es la relevancia político-institucional de la UNASUR y la CELAC?

 Todo el proceso de integración permite ver nuevas fuerzas en los proyectos de integración de nuestra región y esto es sumamente auspicioso. Son distintos esquemas que se van fortaleciendo mutuamente, porque en un proceso de largo plazo el objetivo que uno vería como deseable es una América Latina y Caribe con una total unidad de concepción y de acción en términos de fortaleza, de sentido de pertenencia y de posicionamientos comunes frente al resto del mundo. Eso no sucede, y no es viable en el corto plazo, aunque hay que decir que se va intentando avanzar en esa dirección, por eso en algún punto son procesos que se complementan. No se trata de procesos opuestos, no creo que la UNASUR sea una superación del MERCOSUR. Se ha avanzado mucho y ese es el acervo desde el cual se construye el escalón siguiente, no porque sea superador, sino porque tiene otros objetivos políticos y otro aporte al proceso más general de integración latinoamericano-caribeño. Lo mismo sucede con la CELAC. A partir de 2003/2004 el MERCOSUR logró, a partir de una afinidad política más intensa entre los gobiernos, avanzar en la discusión del modelo de desarrollo. En la UNASUR ciertas discusiones no pueden darse por el momento, y si bien se avanza, hay debates que aún no podemos dar, aunque eso no le quita peso a la UNASUR. La UNASUR es un espacio de encuentro político, de construcción de poder sudamericano, más allá de las diferencias, y a veces fortalecido por esas diferencias, porque en muchos aspectos podemos decir que estamos logrando posicionamientos comunes, a pesar de las diferencias, y eso es un valor en sí, particularmente si consideramos la historia de nuestra región. Entonces, ese marco de diálogo político, donde todos tienen los pies adentro del plato, más allá de las diferencias, fortalece también las discusiones que se dan en el MERCOSUR, y, por el momento, vamos a ir avanzando simultáneamente con los dos proyectos. Hay proyectos relacionados a los temas de financiamiento para el desarrollo, infraestructura, energía, salud, que se están formulando en el espacio de UNASUR, donde hay un amplio margen de acuerdo para avanzar. Sea o no debido a que la crisis financiera internacional, nos hace reaccionar de una manera más rápida. Entonces, por los motivos que fuere, en UNASUR se están alcanzando acuerdos que son bien importantes. Considero que el rol de la Secretaría General de la UNASUR, va a ser clave en los próximos tiempos, Alí Rodríguez Araque asumirá en abril con proyectos muy interesantes de profundización y que toman como eje la integración en temas claves como recursos naturales, soberanía alimentaria. Luego del período de transición entre la Presidencia de Néstor Kirchner y la de Alí, que ahora lleva adelante María Emma Mejía, la posibilidad de fortalecer esa Secretaría será importante para desarrollar algunos temas que ahora no han avanzado tanto. La CELAC es un gran espacio de encuentro en el que su simbolismo es clave. Desde el punto de vista argentino es muy interesante lo que se ha logrado tanto en ese marco como en la UNASUR (además del MERCOSUR) en relación al apoyo a la causa de Malvinas. Recordemos que todos los países que participaron de las negociaciones del ALCA que terminaron en noviembre de 2005 en Mar del Plata, con todas las presiones que hubo en aquel momento, y  eran países que estaban totalmente divididos en aquel momento, han tenido en estos días una posición común con respecto a Malvinas, y eso es muy significativo en tanto se trata del último enclave neocolonial en la región.

Con motivo de la crisis internacional, muchos hablan de la crisis de las hegemonías de Estados Unidos y la Unión Europea ¿Cuál es el rol que puede o debe jugar América Latina en este momento?

Suena muy fuerte decir que este es el siglo de América Latina, pero muchas cosas han sucedido más rápido de lo que uno esperaba. Por supuesto esto está en permanente tensión, tanto a nivel nacional como regional. No está definido cuál va a ser ese lugar ni cuál va a ser el modelo de desarrollo que nosotros logremos construir, pero a mi me gusta hablar del potencial, porque el pensamiento es performativo, tiene capacidad para crear, en algún punto, realidad. En este sentido siempre discuto la posición aquellos colegas que dicen nunca funcionó y no va a funcionar, que es eminentemente conservadora. Por el contrario, considero que  el rol de América Latina en este momento del mundo y en el mediano y largo plazo, es clave en el sentido de mostrar la posibilidad de una forma totalmente diferente de concebir la sociedad,. A pesar de las contradicciones, de las dificultades, de las resistencias, de las reacciones que este proceso de cambio tiene, América Latina es el único espacio en el mundo que en este momento puede llevar adelante un cambio civilizatorio. No se si eso va a suceder o no, pero gran parte de ese cambio está naciendo y tiene que nacer en lugares muy diversos. Si hay algo que nos muestra la crisis, es la ruptura de un esquema de pensamiento neoliberal, fundamentalmente perverso, porque, si vamos más allá, se trata de la reproducción abstracta del dinero como eje central, como un todo en la economía mundial. Es un absurdo, es inmoral, y  nosotros estamos viendo el mundo de otra manera; estamos viendo al hombre y a la mujer de otra manera. Tenemos una riqueza cultural que nos permite, en la medida en que logremos integrarla, poder lograr que eso se convierta en un cambio realmente profundo a nivel global. El rol de los pueblos originarios es crucial, pero hay que ver cómo eso se integra porque ahí aparece la discusión sobre la idea del desarrollo -desarrollista más tradicional- y una idea civilizatoria bien distinta, que tienen los pueblos originarios, y lo difícil es ver cómo hacer coincidir ambas cosas. Como docente en la UBA enseñábamos la diversidad de los modelos de integración en un sentido diacrónico: tomábamos América Latina y el Caribe y planteábamos distintas opciones de integración regional que se dieron a lo largo de la historia. Ahora bien, esos modelos se dan de manera totalmente sincrónica en Europa y en América Latina, esa comparación es casi evidente. El caso de la Unión Europea no es un fracaso de la integración en si, sino que es un fracaso de la integración basada en una lógica anclada en el mercado. Recuerdo una conferencia de Robert Boyer en Argentina, en 1992, donde planteaba que los acuerdos de Maastricht firmados ese mismo año iban a ser a Europa como la convertibilidad a la Argentina, es decir explosivos, destructivos de todo el acervo, de toda la riqueza acumulada de los países, y eso sucedió tal cual. El problema es cómo están saliendo de eso, porque no lo hacen a través de un modelo solidario, sino que lo hacen a partir de un modelo de más ajuste, de cuestionamiento del norte hacia el sur, es decir, partidos como región, donde no hay ninguna aceptación de formas diferentes de ver el mundo, ya sea dentro del espacio europeo o fuera. Volviendo a nuestro continente, lo que inclusive parece importante como región es la recuperación de la dignidad, en el sentido de decir esto es lo que nosotros estamos eligiendo como modelo de desarrollo, y no hay nadie que pueda decirnos lo que tenemos que hacer.

Con respecto  a lo que muchos consideran el declive de la hegemonía estadounidense y europea, (si bien no está acabada se puede decir que está en crisis a nivel político internacional) también se habla del peso que tienen China, India y Rusia, diferente del de hace unas décadas, y en el caso latinoamericano el papel creciente de Brasil tanto a nivel regional como mundial, ¿Cómo se puede proyectar estos cambios en las relaciones internacionales?

El fortalecimiento se da en los diversos espacios que hemos mencionado (MERCOSUR, UNASUR, CELAC) y fundamentalmente a partir de ahí y del conocimiento de muchas figuras que están planteando el riesgo que implica para América Latina que la debilidad de Estados Unidos se resuelva a través de la guerra, teniendo en cuenta también que Sudamérica tiene la mayoría de los recursos que el mundo necesita y necesitará en mayor medida en los próximos 50 años. Esa conciencia tiene que estar presente en dos sentidos: para fortalecer la visión común sobre las estrategias y para profundizar la integración como instrumento para mantener la autonomía y la soberanía sudamericana frente a su propio espacio y también para intentar -mas allá de que sea o no deseable sino como cuestión estratégica de largo plazo- dar una disputa global por cuál va a ser el núcleo de la acumulación capitalista de los próximos años. Porque una acumulación capitalista basada en las finanzas y en la guerra es una tragedia global y eso nos incluye a nosotros, así que por un lado la mirada hacia adentro, pero, por otro, también a nivel global. Hay espacios de construcción de conciencia en pos de una transformación que son endógenos, como por ejemplo el “somos el 99%” del “Occupy” en Estados Unidos, que  tiene fuerza, pero la pregunta es hasta qué punto estos movimientos pueden convertirse en algo que tenga un carácter transformador constructivo, mas allá del reclamo. Como  estados y como bloque tenemos que continuar y fortalecer todos los esfuerzos para llevar una transformación también en otros lugares del mundo. Si bien es difícil porque estamos muy concentrados en resolver cuestiones nuestras, relacionadas a deudas históricas a nivel latinoamericano y caribeño, por lo menos tenemos que construir una visión y un horizonte en ese sentido.