Renovación en Bogotá. La asunción de Gustavo Petro: aire fresco para la izquierda colombiana. Por Ariel Goldstein

Por Ariel Goldstein

“Una ciudad móvil y cambiante, un elemento inestable de siete u ocho millones de habitantes: aquí uno cierra los ojos demasiado tiempo y puede muy bien que al abrirlos se encuentre rodeado de otro mundo (la ferretería donde ayer vendían zapatos de fieltro, el chance donde despachaba un zapatero remendón), como si la ciudad entera fuera el plató de uno de esos programas bromistas donde la víctima va al baño del restaurante y regresa no a un restaurante, sino a un cuarto de hotel”. Así describe Bogotá uno de los personajes de El ruido de las cosas al caer, la novela colombiana premiada este año por Alfaguara, de Juan Gabriel Vázquez. Pero esta ciudad es también aquella donde las desigualdades saltan a la vista para quien desea ver. Por un lado, en la zona Norte se exhiben nuevos polos transnacionales, rascacielos de grandes empresas y cadenas de comida. Constituyen zonas de circulación exclusiva para las elites, los turistas y clases medias altas, controladas por una fuerte presencia militarizada y policial. Por otra parte, en el Centro y el Sur de la ciudad, se ven barrios populares, villas miseria, y grandes ferias de comida o artesanías donde se agolpan montones de vendedores informales. En Bogotá, la segmentación geográfica y la de clase parecen coincidir de modo más profundo incluso que en Buenos Aires.

En el centro de esta ciudad multifacética, en la emblemática Plaza Bolívar, se produjo en la soleada mañana del 1 de Enero la asunción del nuevo alcalde de la capital colombiana, Gustavo Petro. La ceremonia, abierta ante las imponentes construcciones antiguas que rodean la plaza y frente a la estatua del Libertador, convocó a miles de personas. Los asistentes constituían un público no organizado, proveniente en su mayoría de sectores medios, a excepción de cierta presencia agrupada de estudiantes y profesores -quienes encabezaron en los últimos meses una importante lucha por la gratuidad de la educación universitaria-, funcionarios y algunos partidarios que se distinguían con prendedores del Movimiento Progresistas. Esta última y reciente fuerza política ha nacido de una ruptura producida en 2011 con el Polo Democrático, a partir de las acusaciones de corrupción que ha recibido este último, al cual pertenece la alcalde saliente, Clara López. Desde esta ruptura, los Progresistas realizaron el pasado año una rápida y eficaz campaña que, con el slogan de “Bogotá Humana Ya”, centrada en terminar con la segregación social y con el modelo de ciudad depredador del medio ambiente, permitió el triunfo de Petro con el 32% de los votos en Octubre.

El nuevo alcalde, Gustavo Petro, tiene una larga trayectoria de militancia que, como se encargó de recordar en su discurso de asunción, se remonta a las luchas clandestinas contra “la dictadura” y a su participación como integrante de la organización guerrillera del M-19. Este economista ha ido adquiriendo una creciente relevancia en la política colombiana, a partir de su participación en la Constituyente del ’91 y, especialmente, durante su ejercicio como senador nacional en 2006, denunciando lo que se ha denominado como parapolítica, “nombre que se da a los vínculos políticos y económicos de congresistas, gobernadores y alcaldes con los jefes de los grupos paramilitares responsables de miles de asesinatos atroces” (Ibarz, “Votos manchados de sangre” La Vanguardia 20/03/10), lo que le permitió liderar la oposición durante el gobierno de Álvaro Uribe.

En su discurso de asunción, donde exhibió su importante formación teórica y capacidad oratoria, Petro parecía pronunciar palabras largamente esperadas por el público mientras los aplausos, tras sus anuncios más resonantes, iban brotando desde los distintos rincones de la plaza. Su propuesta para la ciudad, que se enuncia como un “proyecto radicalmente democrático”, reivindica la necesidad de la participación ciudadana, “una ciudadanía movilizada, consciente, diversa y participativa” que pretende ser activada desde ahora a partir de la convocatoria regular a Cabildos Abiertos Ciudadanos que fomenten la participación. Otro de sus anuncios resonantes apunta a priorizar la necesidad de restituir las tierras a las víctimas de la violencia en Bogotá, que cuenta en la ciudad 2.500 con desplazados.

Sin embargo, entre las importantes declaraciones del alcalde entrante, aquella que actualmente reviste las más importantes consecuencias para la sociedad bogotana, fue su anuncio de prohibir la portación de armas en esta ciudad, a pesar de la ley que lo habilita en el territorio nacional. Al escuchar estas declaraciones, se percibió cierta incomodidad en las miradas de algunos policías que formaban parte del fuerte operativo desplegado para este acontecimiento político.

El nuevo alcalde reconoció de forma directa a sus aliados en la Tendencia Democrática del Pueblo, el Movimiento Progresistas y a los pobres y los excluidos, sobre quienes hizo un importante hincapié en su discurso, proponiendo su integración como un aspecto fundamental, señalando que “no podemos construir democracia con desigualdad social y exclusión”. Intentando romper con el discurso de la Bogotá rica, indicó a su vez que aquí se concentra el mayor número de pobres del país, convirtiendo a la necesidad de una redistribución del ingreso y el combate a la segregación en el centro de su alocución, declarando además que “cuando el señor poderoso dice no más impuestos, le está quitando educación a los niños”. Finalmente, culminó su intervención reivindicando las enseñanzas de su madre, quien le enseño del “gaitanismo y la rebeldía”. Entre un público entusiasmado, un hombre le gritaba “¡Gracias Comandante Gustavo Petro!” mientras el flamante alcalde, rodeado en el escenario por familiares, funcionarios y allegados, recibía los saludos y las flores que le arrojaban los bogotanos.

Más allá de los entusiasmos de sus partidarios, la gestión de Petro como alcalde de Bogotá recién comienza y no parecen ser pocas ni las polémicas despertadas por su propuesta, ni los problemas a resolver. Tiene el desafío de gestionar una ciudad que ha sido denominada recientemente “Capital del desorden” según la Revista Semana (12-2011), por la ausencia de planificación urbana y la cantidad de obras públicas inconclusas, lo que genera importantes problemas de movilidad a los bogotanos. Del éxito de su gestión participativa, promoviendo soluciones a estos múltiples problemas acuciantes, así como de su capacidad para incidir desde la alcaldía de Bogotá -el cargo político más importante luego de la presidencia- en el debate público nacional, dotando a su propuesta de izquierda democrática de densidad social e incidencia en la esfera pública, dependen las posibilidades de crecimiento de la izquierda colombiana.

Las armas y la seguridad: desafíos de la izquierda colombiana

La prohibición de Gustavo Petro de portar armas en Bogotá a pesar de que la reglamentación estatal lo habilita en territorio nacional, ha dado lugar a una polémica entre alcaldes que ha llegado hasta el actual presidente Juan Manuel Santos. Esta cuestión reviste especial importancia en una ciudad atravesada por la violencia, donde en 2011 fueron detenidas 1.508 personas por el tráfico y porte ilegal de armas de fuego y desarticuladas 12 bandas criminales que se dedicaban a la venta y alquiler de éstas. Además, en el 2010 y en el 2011 se produjeron 2.765 muertes violentas en la ciudad, la mayoría por armas de fuego. A nivel nacional la cuestión no es menos preocupante. Una investigación de la Fundación Ideas para La Paz precisa que en este país se contabilizan al menos cuatro armas ilegales por cada legal. Es decir, hay no menos de 7,2 millones de unidades de armamento no registrado y sin permiso que circula por el territorio. El año pasado se reportaron 14.746 homicidios en el país. El 81% de las muertes violentas en Colombia en 2011 fue ocasionado por disparos y en el mismo año, fueron incautadas por el Estado 27.117 armas ilegales (El Comercio, 08/01/12).

Este complicado contexto, que excede a la sociedad bogotana e implica un cuestionamiento a la legitimidad del Estado por parte de grupos e individuos armados a partir del ejercicio de la violencia, plantea serios desafíos en torno a la problemática de la seguridad y fuertes disputas en torno al enfoque adecuado para resolverla. En este aspecto, el flamante alcalde se declaró opositor a las políticas de seguridad que “priorizan la seguridad del Estado antes que la de los ciudadanos”, en una crítica alusión a la política de Seguridad Democrática amparada en laparapolítica iniciada por Álvaro Uribe.

Como ha señalado Alain Rouquié, debido a la importancia y a la larga existencia del conflicto armado en Colombia, la izquierda colombiana ha tenido importantes dificultades para presentar alternativas capaces de ejercer influencia en la política democrática del país. A partir de la fuerte demanda de seguridad que existe en la sociedad colombiana, ante la incertidumbre que provocan la violencia y la continuidad del conflicto armado, la derecha ha articulado las preferencias electorales a través de la política de Seguridad Democrática iniciada en la presidencia de Uribe, en lo que algunos han calificado como la realización de un “populismo de derecha”, que ahora exhibe cierta continuidad matizada en la presidencia de Santos. Sin embargo, como señala con entusiasmo un veterano militante de los Progresistas, este triunfo en las elecciones bogotanas, que le dieron a Petro el segundo puesto de importancia a nivel nacional, podría ser un primer paso para la proyección de su candidatura presidencial. Su figura, de una larga trayectoria, portadora de un discurso democrático y progresista, representa una buena oportunidad para aggiornar los contenidos de la izquierda colombiana y poder disputar con mayores argumentos a la derecha temas clave de la agenda política como la cuestión de seguridad. De forma inevitable, de su capacidad para contrarrestar el discurso conservador uribista convertido en sentido común, dependerán sus posibilidades de proyección política y, ligadas de forma indisoluble a éstas, las de la izquierda colombiana.