Lohana Berkins: “Con esta ley por primera vez el Estado nos ve como sujetas de derechos”. Entrevista a la reconocida activista travesti

Desde Iniciativa queremos festejar la aprobación de la Ley de Identidad de Género el pasado miércoles 9 de mayo. Consideramos que la misma, junto otros logros como la Ley de Matrimonio Igualitario y la AUH, se constituye como un paso más en la profundización de un modelo de desarrollo con inclusión social e igualdad y reafirma a la Argentina en la vanguardia de los países que mejor promueven políticas de derechos humanos. Ante este acontecimiento, invitamos a leer la entrevista que le realizamos a la reconocida activista travesti, Lohana Berkins, con motivo de la media sanción de esta Ley, en la Cámara de Diputados, en diciembre de 2011. En los próximos días, Iniciativa publicará nuevas entrevistas a dicha activista y al Presidente de la CHA, César Cigliutti.

Reportaje de Ana Engelman y Federico Ghelfi

Entrevistamos en exclusiva a Lohana Berkins, reconocida militante por los derechos de las personas travestis y transexuales. En 2010 impulsó, desde la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT) que preside, la conformación del Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género que impulsa la sanción del proyecto que, recientemente, logró la media sanción en la Cámara de Diputados de la Nación. Asesora en la Legislatura porteña, en esta oportunidad nos cuenta la historia del movimiento trans en Argentina, analiza el proyecto de Ley de Identidad de Género y enuncia los que considera son los principales desafíos para los próximos años, entre los cuales resulta fundamental la demanda al Estado por políticas publicas. Leer más.

¿Cómo surgió históricamente el movimiento de organización por los derechos de las personas trans?

Hay dos instancias fuertes que nos marcaron como movimiento. Una fue la recuperación de la democracia después de la feroz dictadura cívico-militar. Nosotras pensábamos que todo se iba a cambiar, pero cuando pasaron los días nos dimos cuenta, con sorpresa, que el nivel de represión se sostenía, en nuestra comunidad seguía siendo igual. Luego de eso, en el menemismo, la feroz represión desatada hacia nosotras fue más de lo mismo. Cuando el Estado no se quiere hacer cargo de algo, lo controla, y en nuestro caso lo hacía mediante los edictos policiales, que se recrudecieron; una situación que produjo numerosos hechos dramáticos. Por esas situaciones casuísticas y aunque proveníamos de distintos ámbitos, nos juntamos; yo fui una de las fundadoras de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) y otras compañeras estaban nucleadas en ATA (Asociación de Travestis Argentina, actualmente ATTTA, Asoc. de Travestis, Transexuales y Transgéneros Argentina). A esto se sumaron las apariciones mediáticas: existió un segmento en el noticiero del mediodía de Canal 9, donde se mostraban historias de travestis, por lo cual le hicieron un juicio; un hecho muy impactante. Luego surgió la figura de Keny de Michelis, una travesti que surgió en términos mediáticos. Ella concurría a cuanto programa había, y comenzó a visibilizar toda esta realidad de las travestis. De la mano de estos dos hechos y como resultado de la organización, comenzó a darse el debate en la sociedad generar el debate. En ese contexto, un conjunto de compañeras le pidieron ayuda a un gran activista, que fue Carlos Jáuregui, para ver cómo podían seguir. Él no sólo proporcionó la ayuda, sino que nos hizo organizar, y ése es el hecho histórico que funda nuestra organización.

Tuvimos dos hechos muy importantes en ese camino. Primero, el hecho de haber conocido el feminismo, y luego rápidamente politizar la lucha, una estrategia en la cual, en ese momento, desde su trayectoria militante política, Jorge Makarz, el director de su revista, tuvo mucho que ver. Ése fue un gran éxito de nuestras luchas y marcó una diferencia fundamental con el resto de los movimientos de cualquier lugar del mundo. La rápida politización del movimiento de travestis y la intervención progresiva en los partidos políticos, principalmente de izquierda -y otros lugares antes vedados e impensados para nosotras, donde nos decían que la temática no era adecuada- permitió que la sociedad conociera y entendiera de a poco nuestras demandas.

Posteriormente se comenzó a debatir la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires y nosotras empezamos a operar fuerte para lograr derogar los edictos policiales, algo que finalmente logramos. Una vez conseguido ese punto, parecía que nuestra organización ya no tenía existencia, y ahí se abrieron tres grandes corrientes en el movimiento: por un lado las compañeras de ATTTA, que proponían nuclearnos y trabajar en la lucha contra el SIDA; otra compañera, Nadia Echazú, decía que debíamos defender nuestros derechos como prostitutas; y, por último, nosotras planteábamos el problema del no reconocimiento de nuestra identidad, y si bien nos separamos -y esto permitió aliviar cierta tensión- seguíamos realizando todas las acciones en forma conjunta-

Actualmente, la comunidad y la propia Marcha del Orgullo, se han convertido en una disputa política. La Ley de Identidad de Género también es una disputa política y nosotras hemos logrado ideologizar a los partidos de izquierda -los primeros en que hicimos la demanda-, lo que nos permitió tener un alto impacto, porque pudimos conocer otras herramientas, abrir otro horizonte de lucha, y entendimos que sólo nuestra lucha en términos de la propia comunidad no iba a tener logros si no entendíamos la realidad del sistema que había que atacar, y que los enemigos no eran internos, sino que teníamos que pelear por otras cosas más generales. La Argentina es uno de los pocos países, en términos comunitarios, que no sólo reivindica derechos políticos, sino también los derechos económicos; en el 2001 nosotras estábamos tan muertas de hambre como cualquiera. Desde el comienzo comprendimos que había que politizar. Politizamos todo y eso se vio en la Marcha del Orgullo, en el apoyo al Matrimonio Igualitario, donde diversos sectores que entendieron que había que conseguirlo, incluso sectores que sólo le fueron a decir “basta” a la Iglesia. En este proceso ha sido fundamental establecer una dialéctica con los movimientos sociales, los partidos políticos, y los diversos actores. En cierta ocasión, en un plenario piquetero no nos habían dejado hablar; entonces nosotras hicimos un piquete ahí adentro y terminaron ovacionándonos de pie. Nosotras nos metimos, discutimos y eso nos cambió la historia: desde el particularismo construimos la universalidad, ya que había cuestiones transversales que nos unían y eso nos permitió avanzar en conjunto con los otros movimientos.

¿Cuáles considera los rasgos salientes de la discriminación hacia las personas trans?

Todas las violencias nos son aplicadas, y eso tiñe de una gravedad inusitada la discriminación hacia nosotras. Puedo decir que cientos de amigas murieron, y las conozco a todas ya que nuestras historias eran comunes: a todas nos expulsaron de nuestras casas, de las escuelas, nos condenó la policía, fuimos encarceladas, torturadas, violadas. Hay patrones culturales que se nos imponen de igual manera; no hay selectividad a la hora de ejercer la discriminación sobre nosotras, y a esto se suma el estereotipo generalizado en torno a nosotras: que somosladronas, borrachas, drogadictas, escandalosas, violentas, y numerosas premisas que legitiman la exclusión. Hemos denunciado muchísimas muertes de compañeras, y en las peores condiciones, pero esto nunca ha impactado del mismo modo, por ejemplo, como cuando mataron a un joven de clase media como fue el Caso Blumberg, donde 240.000 personas se movilizaron; el efecto que se produce no es el mismo. Ahí se recrea la concepción de las víctimas de primerade segunda. Cuando la prensa da cuenta de un hecho dice “murió una persona inocente”, y obviamente, si murió, era inocente; el único no inocente podría ser un genocida. ¿Qué quiere decir esto? Que existen víctimas culpables, y ¿quiénes somos lasvíctimas culpables? Las travestis, las prostitutas, los cabecitas negras, los bolivianos, los paraguayos, los peruanos; nosotras somos las víctimas culpables. Hoy concurrimos a encuentros de Derechos Humanos donde en la programación no está contemplada la problemática de la diversidad sexual. Esto todavía sigue pasando no sólo en términos discursivos, sino en términos materiales concretos.

¿Y en relación a las principales problemáticas laborales?

Por primera vez, el Estado nos ve como potenciales sujetas de derechos; nunca lo había hecho así, y tampoco nos veían como fuerzas productoras de trabajo. Nos decían que legalizáramos la Zona Roja, pero jamás hemos sido consultadas si queremos ir a la Zona Roja. En distintos ocasiones, nunca escuché que una compañera dijera “sólo quiero ser prostituta”; siempre dan cuenta que en caso de tener otra oportunidad, dejarían la prostitución. Ahí hay un desfasaje entre lo que dice el Estado o la política y lo que nosotras decimos sobre nosotras mismas.

Hay otros elementos muy importantes en estos temas. En primer lugar, la educación es gradual, porque si alguien no está preparado, no sabe cómo ir a una entrevista, no sabe leer ni escribir, ni fue socializada dentro de las instituciones, eso produce efectos nefastos; cuando una es tratada como marginal, actúa como marginal. Primero golpearon destruyeron nuestro del autoestima, “¿por qué voy a ir a la escuela?”, si es un ámbito expulsivo, violento; “¿por qué voy a ir a un hospital? ” pero no necesariamente para realizarme tratamientos hormonales o quirúrgicos, sino porque tengo gripe -entonces tomo lo que puedo, o lo que me aconseja otra compañera y todo conduce al camino de la medicina ilegal. A esto se suma la problemática de la violación de la situación etaria, porque el travestismo en la Argentina se asume desde los 13 o 14 años, y ahí se están violando los derechos de los niños. Aparentemente a la sociedad no le parece mal que determinados niños sean arrojados libremente a la prostitución, para ser golpeados, encarcelados, para que empiece a negociar con adultos, a defenderse de ellos, y que a los 18 años se haya destruido su niñez, lo cual agrava las condiciones de travestismo, de opresión y desigualdad en la que viven. Los cambios hormonales, corporales, psicológicos que se producen en cualquier niño o niña se producen en todos, pero no se puede permitir que esa infancia sea violada o prostituida, porque el sistema prostibulario es sumamente siniestro; para nosotras no es un trabajo, y nunca lo vamos a ver así, no lo defendemos, por eso decimos “personas en situación de prostitución”, porque es una sumatoria de condicionamientos que hacen que una termine en esas circunstancias, y no sólo es una cuestión de pobreza. En el programa de Tinelli pasa lo mismo y no son pobres exactamente, son de clase media, y después de permitir cuanta vejación quiera Tinelli, conocen un famoso y se convierten en millonarias, ese es el cabaret más grande que hay.

A esto se suma la situación de la travesti en relación a la falta de documentación, ¿por qué el primer obstáculo para ingresar a la administración pública, a una escuela, es a qué baño va a ir?; ¿cuál es el temor? Aquí se presupone que las relaciones sólo pueden ser heterosexuales u homosexuales masculinas ¿El problema es que no puede entrar un pito a un baño de mujeres?

A nivel general, la cuestión del empleo tiene que avanzar a partir que se vayan desanudando los prejuicios de la sociedad.

El año pasado se conformó el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género. A un año de esa construcción, la semana pasada tuvimos la media sanción de la ley ¿Cuáles son los aspectos más relevantes de esta ley?

Primero hay que decir que fue importante el hecho de juntarnos en el Frente. La mayor parte del proyecto -modestia aparte-, está basada en nuestra propuesta porque hemos consensuado con todas las organizaciones travestis, transexualestransgénero, con activistas independientes que no podían venir a Buenos Aires (les enviábamos el proyecto, aceptamos sugerencias, lo volvimos a discutir). Y también es importante porque hemos logrado armar cuatro pilares fundamentales sobre los cuales nosotras estábamos seguras y seguras que no nos íbamos a desplazar. Uno de los pilares era la no exigencia de ningún tipo de operación para obtener el cambio de DNI: que la compañera o compañero vaya al Registro y solicite “yo quiero mi DNI” y se lo entreguen. Segundo, que el trámite tenga el mismo valor económico que el de cualquiera que quiera renovar su documento (por ejemplo, 35 pesos a todos) y que el trámite se realice en los Registros Civiles de todo el país. En tercer lugar, fuimos muy insistentes en que el mismo proyecto contemplara el acceso integral a la salud de las compañeras y compañeros. Queríamos que fuera “integral”, y no que hubieran “protocolos de hormonización”, porque eso hubiese significado entrar en un terreno difícil: si alguien quiere cambiar de sexo mediante una operación también lo puede hacer. Si es “integral”, en cambio, contempla todas las situaciones porque, sobre todo a los varones trans de las provincias, el acceso a la salud tiene que generar lugares donde sean atendidos, porque el tipo de operación a la que ellos se tienen que someter son mucho mas difíciles que las nuestras; nosotras nos ponemos hormonas, el pelo largo, rouge y es más fácil. Para ello es mucho más difícil. Un cuarto pilar era no aceptar ninguna condicionalidad de enfermo, que no se criminalice al travestismo y se lo despatologice, y esto es lo que hace realmente revolucionaria a esta ley, comparada incluso con la de España. Allí, las travestis tienen primero que aceptar que están enfermas, conseguir un certificado de cuan enfermas están y recién ahí les permiten y otra condición es el tema de la operación. Por el contrario, aquí nadie se va a someter necesariamente a nada. Asimismo, un aspecto en que se trabajó mucho en la ley es que no cae en definiciones. Si alguien quiere ir y decir “yo soy María”“quiero ser Juan”, que vaya; hemos tratado de ser amplios para no entrar en la cuestión de definir, porque sino tenemos que definir travesti, transexualtransgenero, y no terminamos nunca y, ¿qué pasa si mañana viene una niña o niño y dice “yo soy otra cosa”, y no entrara en la ley? Por eso fuimos lo más amplios posible: una ley que contemple lo general. Luego también el tema que los menores de edad solo van requerir la autorización de madre o padre, por cuestiones legales, para intervenciones quirúrgicas, pero también hemos tratado de ser amplios, porque hay una figura que es poco usada y es el “abogado del niño”. Como organización, nosotras o el menor puede ir al Consejo del Niño y el Adolescente para pedir un abogado y plantear su caso; ya no es como antes que era un “no” absoluto. Hay abogados que lo pueden hacer y es una figura que hay que empezar a utilizar. Desde ciertos sectores, se quería incorporar el tema de las hormonas: cuando se puso muy espeso el debate por la Ley en la Cámara de Diputados,  les dijimos que nos trajeran un caso de una travesti o un hombre trans que hubieran sido atendidos en un hospital público y se le haya dado su proceso hormonal; ¿por qué voy  aceptar algo que no está ni para mí y sí lo voy a aceptar para un menor? Si nosotras vamos por las siliconas industriales al mercado ilegal, entonces hay un número considerable de personas y es un derecho adquirido y listo, pero si eso no esta ni para nosotras, que el niño vaya, se haga un mapeo hormonal, vaya a un médico, etc. Además una diferencia grande es que del cambio de sexo no se puede volver pero del tratamiento hormonal si, éste es reversible.

¿Y en relación a la edad, qué es lo que contempla la Ley?

La edad son 18 años, pero a los 16 se puede pedir la “reserva de nombre”. El niño o niña va y dice “yo soy Lohana”, se le reconoce ese derecho y a los 18 lo cambia. Es decir que el Registro Civil le puede extender un certificado o con la ley puede exigir que en los colegios, por ejemplo, la traten como Lohana. Esto si los padres no los autorizan a los 16, sino el cambio es inmediato, como está tutelado en la “Convención de los derechos del Niño, Niña y Adolescente”.

Nos gustaría conocer su opinión sobre la reciente película “Mía”, que se estrenó a muy pocos días de la marcha y frente al debate parlamentario sobre la Ley de Identidad y en la que aparece el vínculo entre la situación social y la condición de diversidad.

La película me encantó y me emocionó. Se trata de una historia real que muestra la realidad que nosotras atravesamos. Sale a la luz con la discusión de la Ley de Identidad de Género y da cuenta de la necesidad de politizar la lucha, de cómo el hecho de interrelacionarse con otros sujetos por fuera de su comunidad -en este caso estudiantes de la Universidad-, produce efectos muy importantes, en este caso positivos. También demuestra cómo en la época del menemismo y del alfonsinismo vivimos el mismo nivel de represión que en la dictadura. Con la vuelta de la democracia, teníamos muchas esperanzas de que nuestra situación iba a cambiar, pero no ocurrió. Fue una sorpresa que nuestros derechos siguieron siendo vulnerados. Además, la película plantea la cuestión de la comunidad, de cómo diversos sectores son expulsados de la sociedad y terminan generando otra sociedad paralela en donde hay otros valores y se interponen otros modos de autoridad. También de cómo, a pesar de las miserias, se divertían, actuaban. La película da cuenta de cómo se generan vínculos de pertenencia y una gran solidaridad. No muestran al colectivo como víctimas derrotadas sino que apela a contrastes que son muy expresivos e interesantes.

Teniendo en cuenta las situaciones de violencia estructural que comentó en un comienzo y la politización del movimiento ¿Cuáles son los principales desafíos del colectivo trans de aquí en adelante?

En lo inmediato, la obtención de la ley, ya que, recordemos, sólo tiene media sanción. Toda la energía esta puesta ahí y es el gran desafío. Ahora bien, esta es una pregunta interesante que ha desatado un fuerte debate al interior del movimiento. Esta ley será un paso gigantesco y luego iremos por otras cuestiones, pero la discusión se daba en relación a la reivindicación de la identidad travesti -a diferencia de lo que ocurre en otros países que aceptan la identidad varón-mujer. Muchas compañeras querían que lucháramos por un documento que diga “travesti”. En lo personal es algo que me sigue seduciendo, pero considero un tanto fuerte que una ley que atienda esto. Mi planteo tiene que ver con la cuestión de la estigmatización. A modo de ejemplo: si el día de mañana un niño o una niña, criados en libertad, dicen que sontrans o gays o lesbianas, ¿por qué tendrían que cargar con un estigma que no le es propios? ¿Por qué le tendríamos que imprimir en el cuerpo una historia que no le es propia? La nueva generación que nos seguirá, por suerte, no vivirá en el mundo que nos tocó a nosotras. Entonces, ¿por qué les van a imponer un documento? En definitiva, es un debate interesante de plantear.

Por otra parte, si bien hemos tenido que plantear estrategias que tuvimos que jugar con las reglas que ya existentes, esto no quiere decir que ahí nos estancamos. Debemos continuar demandando políticas públicas por parte del Estado. El DNI será un gran avance pero queda mucho por hacer: la sociedad y las instituciones no van a cambiar de un día para el otro. Si una chica se anota en un colegio, la van a aceptar porque no tienen otra alternativa, pero esto no garantiza que no sea sometida a violencia, a la risa, a los comentarios. Se trata de un abanico muy grande de aspectos para trabajar. Por eso hemos conformado una cooperativa de travestis. No vamos a ser una cooperativa de mujeres porque seguiremos presionando y corriendo los márgenes. El tema de la educación también es muy importante para seguir avanzando. En Buenos Aires seguramente se cumplirá la ley, pero en otros lugares seguramente habrá oposición. En mi caso, en Pocitos (Salta), mi pueblo, ya me puse en contacto con amigas para estar presente cuando pidan el cambio de documento. Seguramente habrá problemas, trabas, la cuestión de la “objeción de conciencia”, etc. Por último, tenemos muchas otras propuestas que oportunamente haremos públicas.