Jaime Sorín: “Debemos pensar una arquitectura más volcada a las necesidades sociales, entendida como producto cultural”. Entrevista al Arquitecto y ex-Vicerrector de la UBA – Parte II

Reportaje de Federico Ghelfi y Telémaco Subijana

Iniciativa presenta la Parte II de la entrevista exclusiva al arquitecto Jaime Sorín, ex Vicerrector de la Universidad de Buenos Aires y ex decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de dicha casa de estudios (ver aquí la Parte I). Especialista en temas de vivienda popular, es docente e investigador (FADU-UBA) e integrante de Carta Abierta. En esta oportunidad analiza el lugar que tiene la discusión de las problemáticas sociales en la UBA y en la carrera de Arquitectura. También analiza el proceso político actual, enuncia los que considera los desafíos para los próximos años y reflexiona, como miembro de Carta Abierta, sobre el rol de los intelectuales en esta nueva etapa. Leer más.

Usted ha expresado la necesidad de que los problemas sociales tengan un mayor espacio en los planes de estudio de la Universidad de Buenos Aires. ¿Cómo imagina este proceso?

Creo que la Universidad, particularmente la Universidad de Buenos Aires tiene pendiente una enorme discusión acerca de cuál es su futuro y cuál es su objetivo. El fenómeno de las universidades del Gran Buenos Aires es distinto: abastecen otros sectores de la población, son otras carreras -muchas con intereses regionales- y allí está más resuelta la relación con el territorio por un lado y con la producción por otro lado.

El perfil del profesional liberal que la Universidad de Buenos Aires sigue abasteciendo tiende a agotarse. Cuesta pensar en estrategias de vinculación con la sociedad más allá de la “política de extensión”, término que también es discutible. En este sentido, también es un desafío para el gobierno nacional poder pensar cierta relación con las universidades más grandes. Esto no pasa solamente en la UBA, también ocurre con la Universidad Nacional de Córdoba, con la Universidad Nacional de La Plata o en la Universidad Nacional de Rosario. Siguen pensándose como lo hacían en la década del ´30 y del ´40. Es una discusión que no puede dejar de darse en los próximos años. Esto se relaciona con la orientación general que se le quiera dar a la universidad. Una de las cuestiones que se están discutiendo tiene que ver con la “autonomía”. En este sentido, considero que hay que trabajar, en forma urgente, sobre la Ley de Educación Superior (N° 24.521). Hoy contamos con una ley del menemismo que incluye la posibilidad de arancelar, una Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) que no cumple con lo que realmente tiene que hacer y que tiene una integración discutible. Esto debe corregirse y, para ello, hay que avanzar hacia una nueva legislación que contemple marcos distintos, pensando en un país distinto. Luego de lograr la Ley de Educación Nacional (Ley N° 26.206) y la Ley de Educación Técnica (Ley N° 26.058), el desafío es lograr una Ley de Educación Superior, aunque ataque a los intereses corporativos de la universidades. Seguramente va a haber ciertas resistencias. Como hacía referencia anteriormente, hoy se está discutiendo el tema de la “autonomía”. Las universidades son autónomas, está bien que lo sean, y no solo lo son porque eligen sus autoridades sino que, además, porque hay una posibilidad importante de generar autonomía de cátedra, de libertad de cátedra, etc. Son objetivos importantes a mantener. Por otra parte, es importante promover la investigación: la universidad no tiene que hacer solo cosas útiles, también tiene que hacer cosas que para muchos pueden parecer “inútiles”. En definitiva, son todas discusiones que se deben dar; esto tiene que ver con avanzar en el pensamiento crítico y el intercambio de ideas.

¿Y en el caso de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo?

En el caso de la carrera de Arquitectura, también nos encontramos con una profesión pensada desde un punto de vista absolutamente liberal, donde el profesional que se recibe pone su estudio o, en caso de no tener los medios económicos para hacerlo, va a trabajar a un estudio grande o a una empresa constructora, etc. Básicamente, la salida laboral se da en el mercado inmobiliario porque falta que se desarrollen otras áreas profesionales. A modo de ejemplo, el trabajo en concursos públicos tiene que ver con un nicho muy reducido y se requiere de una habilidad particular, que no todos la tienen, y de recursos económicos para sostenerse en ese proceso. Esto siempre se ha constituido como una diferenciación dentro del mundo de los arquitectos, lo que condiciona al modo en que se perfila la profesión. Durante mi gestión en la Facultad, tratamos de pensar, no el mercado, pero si en la producción. No puede existir una carrera que tenga tanto componente técnico y que esté tan relacionada con las necesidades sociales, que no esté relacionada con la producción. Digo “producción” en un sentido amplio, desde el mercado inmobiliario hasta las cooperativas, incluyendo la obra pública, mutuales, la autogestión, la producción regional, etc. Existen numerosas formas de producción que tienen que ver con el diseño, que deben ser acompañadas y que en la actualidad la Facultad no lo está haciendo. A modo de ilustración, desde que no hay Instituto de la Vivienda, no hay programas de investigación que den cuenta de la necesidad de la vivienda social. Tampoco hay investigación tecnológica. Este déficit provoca que la Facultad se limite al “proyecto”. El egresado sale como un proyectista, como un diseñador, pero falta generar herramientas que les permitan mejorar su inserción laboral.

Por otra parte, avanzar en una arquitectura más volcada a las necesidades sociales implica una discusión al interior de la Facultad. Esto va a hacer que los alumnos, quizá disminuyendo su habilidad de “proyecto”, puedan concebir a la arquitectura como producto cultural; aprender que no solo hay que orientarla hacia los que tienen dinero, sino también a los que no tienen acceso a los profesionales. Por ese motivo, es importante que los problemas sociales en los que la arquitectura y el diseño incidan se incorporen a los planes de estudio. Aunque considero que este es un debate que tiene que darse en el marco de una discusión total de la universidad.

¿Cuál es su mirada del proceso político nacional luego de estas elecciones?

Considero que el triunfo, con porcentajes muy elevados, de Cristina Fernández cierra una etapa y abre otra que tendrá conflictos diferentes. Cuando se habla de desarrollo social, el conflicto es inherente: cualquier gobierno que intente avanzar en los derechos sociales de las mayorías tiene que atacar intereses minoritarios muy profundos y muy fuertes. En este sentido, considero que se abre una época interesante, donde veremos cómo el gobierno puede avanzar. Este es un desafío interesante para el kirchnerismo pero cabe recordar que, justamente, siempre encaró la acción política como el desarrollo de conflictos orientados a corregir desigualdades sociales. También es necesario señalar que esta nueva etapa se da en el contexto de una crisis global importantísima y que, de algún modo, va a llegar a nuestro país. Ante este escenario, me parece que el gobierno, como siempre, saldrá con nuevas ideas, con autonomía de la decisión política, sin atarse a la opinión de los medios y de los grandes intereses corporativos. Considero que uno de los grandes desafíos políticos es cuál va a ser la relación con los movimientos sociales. Durante estos años la relación fluctuó entre incorporarlos desde la política y desde la gestión. Junto a eso, se necesita dialogar de una manera nueva con los movimientos sociales.

En Europa se producen hoy movimientos como el de los “indignados”. Estos difieren de los movimientos sociales de nuestro país y tampoco se sabe bien qué pasará con ellos. Al ser políticamente neutros, si solo quedan en una protesta, van a terminar habilitando que gane la derecha política. En contraste con esto, muchos de nuestros movimientos sociales han incorporado la palabra “política” en sus nombres. Esto tiene que ver con el proceso que llevó adelante el kirchnerismo, que puso de vuelta en valor a la política como posibilidad de transformación. Hoy se discute de política en todos lados gracias a que la acción del Estado vuelve a ser vista como una acción política. Entonces, ahora hay que ver como esa acción también se vuelca a discutir con estos movimientos sociales. Hay que ver cuál es la estructura sobre la cual se va a avanzar, en línea a seguir profundizando el proyecto.

¿Cuáles considera que son los principales desafíos para los próximos años?

Considero que lo primero que tenemos que pensar es cómo avanzar enfrentando al poder financiero que, como se demostró estos días, no está ausente en el país. La Presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, ha sido muy clara cuando explicó, recientemente, lo que ocurre con el dólar. Las grandes compras no pasan por aquellas personas a las que le sobran U$S 1000 por mes. Han habido actitudes preocupantes por parte de los diarios La Nación y Clarín, incluso al día siguiente de la elección, al salir a atacar sobre este tema, que adquiere una relevancia especial para los argentinos, algo no pasa en la misma medida en el resto de América Latina. En nuestro país tenemos experiencias históricas muy difíciles en relación a lo que pasa con el dólar cada vez que se producen cambios. Por eso, sobre este tema hay que tener una política definitiva. Hay varios proyectos y es necesario avanzar.

Por otra parte, el tema de los subsidios va a ser importante porque no se le puede quitar a aquellos sectores para los cuales estos son una parte de su salario. El subsidio es un salario invisible para muchos sectores y esto obliga a diseñar un esquema que atienda las diferentes realidades. Por eso, segmentando, aprovechando la experiencia de la 125, en cuanto a que la sociedad no es una masa homogénea y en el desarrollo de la economía hay que poder diferenciar. Justamente los subsidios fueron establecidos y defendidos por Néstor Kirchner porque era una manera de incorporar más sectores al consumo. Entonces, es un desafío ver cómo, sin disminuir el consumo que es el motor característico del desarrollo que ha habido estos años, los sectores que más lo necesitan lo sigan recibiendo. Es una tarea importante que está muy atada a lo que suceda en el sector financiero, a lo que va a pasar con el Banco Central, etc. Todo lo que tenga que ver con el sector financiero va a ser clave para poder avanzar en el sentido que el gobierno quiere hacerlo y, si bien en la primera etapa la palabra clave fue reparación, en esta nueva que se abre va a tener que ser igualdad. No una igualdad abstracta sino una igualdad con justicia. Hoy no hay justicia sin igualdad: no todos los sectores acceden a la justicia de igual manera, la justicia social no es lo mismo para todos. En este sentido, cabe resaltar esto lo que señala Cristina en cuanto a que el gobierno “no es neutral” y va avanzando hacia la igualdad. Por todo, discutamos de política pero discutamos sobre el significado de la igualdad; ése es un tema central.

Como integrante de Carta Abierta, ¿cuál considera que debe ser el papel de este espacio intelectual para los próximos años?

A algunos de Carta Abierta no nos gusta llamarnos “intelectuales”. Horacio González plantea que hay temas que merecen un desarrollo intelectual: es más interesante hablar en esos términos ya que la idea de “intelectual” nos separa del conjunto de la sociedad. Sí es cierto que cuando aparece el grupo original de Carta Abierta, lo hace convocando a los intelectuales (por comodidad sigamos llamándolo así) a la lucha política en defensa de un gobierno que estaba absolutamente desprotegido y atacado por intereses muy fuertes, con un “clima destituyente”. Como allí decíamos, parecía un momento de “restauración conservadora”. Considero que Carta Abierta cumplió -y lo sigue haciendo- un papel muy importante-, discutiendo acerca de las palabras y de cómo pensar, revalorizar y discutir la política. También ha servido para mostrar cómo el discurso intelectual no está separado de la lucha política. Si bien Carta Abierta no es una estructura política, ha estado absolutamente imbricada e insertada en el proceso político. Cada una de las cartas ha sido una respuesta a un momento político. Esto debe ser destacado, porque no había ocurrido anteriormente en el país, esto de intelectuales entendidos como orgánicos porque producen e intervienen en la discusión política. Es muy importante continuar en este sentido. Ese seguirá siendo el papel de Carta y, en ese sentido, veremos cómo se reconoce la interlocución. Este es otro desafío para el gobierno en los próximos años: es importante seguir avanzando, escuchando las distintas opiniones de sectores que están a favor del gobierno y que lo han defendido fuertemente, pero que no entienden a la construcción política como centrada en el Estado. Esta es una característica de Carta Abierta que la ha diferenciado: se produce a partir de intelectuales, académicos, estudiantes, etc. desde un lugar externo al Estado. Generó una discusión con la sociedad y con el Estado para defender determinadas políticas. Me parece que ese es un papel que el espacio tiene que mantener y que todos lo han entendido así. Considero que si algunas organizaciones sociales se hubieran mantenido de una manera un poco más desconectada del Estado, hoy tendrían una construcción política más importante, que ayudaría mas.

En la entrevista reciente a María Pía López que realizaron en Iniciativa, ella discute la cuestión de la juventud. Comparto su planteo en cuanto a que hay que avanzar en el sentido de tener colectivos que puedan discutir con el Estado sin ser parte del Estado, sin necesidad de que sus integrantes sean funcionarios. Ese también es otro de los desafíos que seguramente tendrá el gobierno. Se abre una etapa en donde la construcción política va a ser importante, teniendo en cuenta que Cristina no se puede re-reelegir. Entonces, la construcción será central no solo para ver quién va a ser la persona que va a heredar la conducción del Estado sino también para ver cómo se construye de modo que no sea solo una construcción personal.