Jaime Sorín: “El desarrollo urbano del macrismo es el desarrollo del mercado inmobiliario”. Entrevista al Arquitecto y ex-Vicerrector de la UBA – Parte I

Reportaje de Telémaco Subijana y Federico Ghelfi

Iniciativa entrevistó en exclusiva al arquitecto Jaime Sorín, ex Vicerrector de la Universidad de Buenos Aires y ex decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de dicha casa de estudios. Especialista en temas de vivienda popular, es docente e investigador (FADU-UBA) e integrante de Carta Abierta. En esta Primera Parte de la entrevista analiza la gestión macrista en materia de desarrollo urbano, evalúa las políticas de transporte y vivienda (desde la emergencia habitacional hasta los derrumbes producto de la especulación y no regulación) y explica el enfoque de “derecho a la ciudad” desde una perspectiva que contemple la “construcción social del hábitat”. También enuncia los que considera son los principales desafíos en materia habitacional y urbana a nivel nacional. Leer más.

El gobierno de Macri siempre ha ponderado en su discurso la idea o interés por el “desarrollo urbano”, ¿Cómo definiría la orientación en materia de desarrollo urbano en Buenos Aires y cuál es la evaluación que hace al respecto?

Lo primero que hay que señalar es que el concepto que tiene Macri de “desarrollo urbano” tiene que ver con el mercado. Hay un paralelismo inmediato entre todas sus políticas y la esfera del mercado. De este modo, en realidad “desarrollo urbano” es desarrollo del mercado inmobiliario. De por sí esto marca una orientación hacia la no-planificación.

En estos cuatro años de Macri lo que ha habido es una anarquía importante -voluntaria además- por parte del gobierno en relación al dejar hacer y a que sea el mercado el que determine cuáles son los lugares de la ciudad, los sitios importantes, dónde que hay que desarrollar e invertir, etc.;  básicamente, dónde el Estado invierte para favorecer el desarrollo del mercado y no para favorecer a los distintos sectores que viven en la ciudad. En estos años se registra una desigualdad muy grande entre los espacios urbanos habitados por los sectores de clase media-alta, fundamentalmente, y aquellos espacios urbanos más atrasados, fundamentalmente de la zona sur, que son los que necesitan más intervención del Estados para poder, de algún modo, “equilibrarse”. A veces se habla de “igualar la zona” pero lo que hay que hacer es equilibrar las inversiones del estado pensando que el Norte nunca fue igual al sur ni va a ser igual al sur porque tienen historias y geografías distintas. La Zona Sur tiene una movilidad social mucho más grande que la del norte y la migración interna se da generalmente mucho más intensamente en el sur. Si bien hay algunos enclaves de sectores de menores recursos en la Zona Norte, allí el mercado se estuvo dedicando estos años a desplazarlos, como sucedió en La Paternal con el corrimiento de población o en la zona de Pacifico con la desaparición de los “hoteles pensiones” tradicionales. Allí el avance del mercado hizo que la zona fuera tan cara que a los dueños de los hoteles no les interesaba mantener a esa población de menores recursos. Esta situación produjo, además, un desplazamiento de población y una falta de lugares para muchos sectores de la población que utilizaban esas viviendas. Alrededor de 70.000 personas vivían en los hoteles de la ciudad antes que llegara Macri, con mucho hacinamiento y problemas, pero era una población realmente importante. Gran parte de ese sector probablemente se tuvo que trasladar a las villas e implicó, de algún modo, la ampliación del mercado inmobiliario informal que se ha producido particularmente en las villas 31 y la 1-11-14. Esto ha sucedido y está a la vista de todo el mundo.

Hay otro aspecto que hay que marcar relacionado a un elemento que en las elecciones para Jefe de Gobierno de la Ciudad no evaluamos bien como recibió la población el trabajo de Macri. Siempre nos preguntamos por qué tuvo un apoyo mayoritario si, como hemos visto, no se ejecutaban correctamente los presupuestos en viviendas, salud, educación. Y la realidad es que la población de Buenos Aires, en su mayoría, no utiliza los servicios públicos y acude al mercado. En educación, más de la mitad de la población va a las escuelas privadas, aunque una parte de éstas sean escuelas con aranceles reducidos. Por otro lado, Macri hizo dos tareas muy inteligentes. Por un lado, dedicó inversiones al “embellecimiento” de la zona norte, al punto de asfaltarse tres veces las misma avenida. Aquí sí hubo sobre-ejecución presupuestaria para hacer mucha vereda y bicisendas (como si fueran la solución del transporte en Buenos Aires). A los que utilizan autos eso le viene bien: para mucha gente que viene de la Zona Norte, no le preocupa demasiado el subte. Por otro lado, en relación a la Zona Sur, hizo cosas puntuales a partir de mucho trabajo territorial. En su momento no nos dimos cuenta que parte del viejo aparato justicialista que ahora es parte del armado macrista -que responden a Ritondo, Santilli, entre otros- mantiene bases territoriales importantes en zonas como Villa Lugano, Mataderos y Villa Soldati. Esto se pudo ver cuando ocurrió el conflicto del Parque Indoamericano. Muchas de las personas que viven en edificios construidos por el Estado y donde habitan muchos empleados públicos municipales fueron quienes generaron el conflicto en contra de la toma del Indoamericano y son las bases territoriales de Macri. Se quedó con un aparato en las villas, que es complejo y clientelar, y que viene de gestiones anteriores de la ciudad. En ese sentido, debemos hacer una autocrítica por no haber realizado un trabajo territorial necesario para ganar las elecciones de la ciudad. Esto se vio reflejado en el cierre de la segunda vuelta porteña cuando mientras nosotros terminábamos con Filmus en San Juan y Boedo, Macri iba recorriendo los clubes. Esto hizo que muchos sectores de clase baja y media-baja lo terminaran apoyando. En la elección de Cristina Kirchner, el apoyo en lugares como La Boca fue importante y, sin embargo, en esos mismos sectores Macri ganó cómodo en las elecciones locales. Por eso, no es que Macri “no hizo política”. La hizo, a la par que se apoyaba en el desarrollo del mercado. Se encargó de mostrar cambios en la ciudad basados en inversiones especulativas como lo que busca hacer IRSA en Casa Amarilla.

Por suerte han habido rechazos de diferentes agrupaciones vecinales que han impedido determinados avances del mercado en la ciudad. Como producto de estos hechos se empiezan a discutir leyes de protección del patrimonio, pero esto es limitado y con poca articulación.

En este sentido, ¿cuáles considera que deben ser los principales ejes de trabajo en relación al desarrollo urbano de Buenos Aires?

En primer lugar considero que se debe avanzar en la descentralización. Ninguna ciudad de América Latina ha podido desarrollarse sin descentralizar. Medellín -que hoy día es vista como ejemplo- y Bogotá en Colombia o ciudades de Brasil como Porto Alegre y Belo Horizonte, han avanzado en este sentido, aplicando políticas de descentralización presupuestaria, trabajando en el desarrollo de los barrios pobres y logrando la participación de la ciudadanía.

Por otra parte, creo que los grandes problemas de Buenos Aires para esta etapa son el transporte y la vivienda porque atraviesan de forma transversal a toda la población. El tema de la vivienda es crucial. Unos años atrás, realizamos una investigación en Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA que dio cuenta que más de 700.000 personas se encuentran en situación de emergencia habitacional, incluyendo las situaciones de hacinamiento. Las villas están sobresaturadas y, como no pueden crecer horizontalmente, lo están haciendo verticalmente. Los sectores que viven en casas tomadas, también sufren una política de desalojos (favorecida por los cambios que impulsó Menem en el Código de Procedimientos) sin ningún tipo de solución como contrapartida. Por eso, hay un problema de hacinamiento muy importante. A esto debemos sumar la falta de créditos para la vivienda y la falta de inversión genuina por parte de la ciudad: todos los años se sub-ejecuta el presupuesto y se transfieren fondos destinados a viviendas hacia otras áreas.

En relación al transporte, hay mucho por realizar. Aquí también tendremos que ver qué ocurre con la transferencia de los subtes. Macri deberá invertir y también tendrá que negociar con un sindicato muy particular y movilizado. Por otro lado, no se puede seguir pensando al automovil como el modo de transporte individual y necesitamos priorizar todo lo necesario el hecho que el transporte llegue al centro de la ciudad.

¿Cómo caracteriza las políticas de vivienda del Gobierno de la Ciudad y hacia dónde hay que trabajar teniendo en cuenta su perspectiva de la “construcción social del hábitat”?

Hoy debe hablarse del “derecho a la ciudad”. Pesemos que en los últimos ocho años los sectores más afectados por el problema de la vivienda han tenido -en virtud a lo realizado a nivel nacional- acceso al trabajo, a la salud, educación a la AUH, etc.; hoy es necesario seguir avanzando en otro tipo de derechos. El “derecho a la ciudad” es aquel destinado a compartir los espacios públicos y los servicios. En este sentido, el “derecho a la ciudad” incorpora, al derecho a la vivienda, una serie de nuevos derechos.

Si bien están establecidos en el Artículo 31 de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el gobierno de Macri no ha contemplado ninguno de estos derechos y, en la actualidad, nos encontramos ante una situación muy compleja.

En primer lugar, Macri dispersó las distintas áreas que antes estaban centralizadas en el Instituto de la Vivienda (IVC) y esto produjo dificultades en cuanto al control y al cumplimiento de funciones. Un primer tema que debe ser trabajado por el gobierno porteño tiene que ver con las villas. La Corporación del Sur, que supuestamente tiene que trabajar con el 90 % de las villas de la ciudad (es decir, las que se encuentran en la Zona Sur), hoy está pensada con un criterio inmobiliario y no con el de trabajar en el desarrollo de este sector, en pos de corregir y equilibrar las desigualdades. Temas como la erradicación de las villas deberían ser trabajados de manera integral, recibiendo opiniones de los diferentes sectores. Con el proyecto de ley de darle “a cada uno un terreno”, a los 15 días la gente salió a tomar el Parque Indoamericano, se establecieron sobre la calle del Club Argentinos Jrs., etc. Es decir, se creó un nivel de expectativas que luego supuso un problema. Las villas hoy representan el 30 % del problema de la vivienda, porque en ellas viven alrededor de 200.000 personas. Junto con la problemática del Riachuelo, requieren de un tratamiento urgente.

Un segundo tema que debe abordarse en relación a la vivienda tiene que ver con la Ley 341/2000 (fruto de la movilización de organizaciones de la sociedad civil de la Zona Sur) que establece políticas de acceso a la vivienda a través de cooperativas, mutuales o asociaciones civiles sin fines de lucro. En la actualidad este programa se encuentra desfinanciado, con pocas obras empezadas y sin apoyo técnico por parte del Gobierno de la Ciudad. Esta situación muestra el desinterés del macrismo en avanzar en posibles resoluciones de la problemática de la vivienda.

Un tercer aspecto a ser abordado en relación a la problemática de la vivienda es la falta de crédito. El Banco Ciudad tiene un superávit muy importante y debería tener un paquete de créditos subsidiado en conjunto con Nación. Incluso, recordemos que en la ciudad no se aprovecha el “Plan Federal de Viviendas”. Esto tiene que ver con cómo se entiende la actividad bancaria de un Banco de la Ciudad. Actualmente se concibe en función de obtener ganancias y brindar crédito solo a los empresarios. Considero que debería ser pensada tratando se pensar cuáles son las necesidades de la población, particularmente de los sectores de menores recursos. Sería importante avanzar en líneas de crédito para la “primera vivienda” de los jóvenes, por ejemplo.

Por otra parte, el gobierno de la ciudad tiene que buscar una solución al problema de las casas tomadas, hoteles, etc. Actualmente muchas personas terminan en situación de calle y no está contemplada por el Ministerio de Desarrollo Social, a pesar de lo que diga la Vicejefa de Gobierno electa. No se puede pensar que casas en las que una persona puede disponer de un lugar entre las 18hs de la tarde y 6 hs de la mañana sea una solución válida.

Por último, se requiere dar cuenta del problema acuciante de los alquileres. No hay políticas que prevean el desalojo: se actúa después y una vez que ocurre es muy complicado ayudar a las familias. Es un tema importante porque gran parte de la especulación inmobiliaria va dirigida a generar departamentos en ciertas zonas que se pueden alquilar y se forma un mercado por el cual se terminan pagando precios muy altos por espacios muy reducidos. Incluso, podría pensarse en un parque de viviendas estatal. Si bien la vivienda propia es decir, la “propiedad” de la vivienda adquiere en Argentina un significado cultural también hay otras formas de resolución; en países europeos existe un tipo de iniciativas tendientes a que las familias tengan la posibilidad de contar con un “alquiler social”. Allí el Estado puede avanzar en una ley de alquiler real que lo obligue a construir para “alquiler social”. Por otro lado, también es importante una ley de tierras que avance sobre la especulación. Hoy muchos dueños de los terrenos los dejan vacantes y no pagan un diferencial por tener un baldío. Hay edificios que aprovechan el plusvalor que les da la ubicación cercana a los servicios que desarrolla el Estado. Se trata de una inversión social por la que debería preverse una tasa. En este momento se discute en la Provincia de Buenos Aires un proyecto de ley del “hábitat social” que se propone avanzar en este sentido. En España, por ejemplo, cuando se construye un edificio, una parte del mismo tiene que ser destinado para “vivienda promovida”. Si bien esto puede ser difícil de implementar en Buenos Aires, se puede pensar en que el monto equivalente a determinados metros cuadrados se traslade a otro terreno o a algún fondo de la ciudad. No creo que el gobierno macrista avance en este sentido pero son cuestiones y desafíos a ser pensados a futuro.

A raíz del derrumbe del edificio de calle Mitre, ¿qué nos puede decir al respecto y cómo cree que debe intervenir e inspeccionar la edificación en la ciudad?

Considero que a la ciudad le falta sancionar una ley que organice mejor la construcción para que la especulación inmobiliaria no termine haciendo lo que le plazca y que conduzca a este tipo de derrumbes y, además, en lo que respecta a los accidentes laborales. Todas las inspecciones que hace el sindicato demuestran que hay problemas de seguridad laboral. El gobierno hace inspecciones pero tampoco puede tener un inspector en cada obra. Este tipo de hechos también tiene que ver con la desidia por el lado de las empresas constructoras y, en algunos casos, a la falta de conocimientos técnicos de algunos constructores y colegas. Además, nadie es castigado por los hechos. En definitiva, todo esto tiene que ver con la gran especulación inmobiliaria -con las empresas constructoras que tratan de gastar menos y las inmobiliarias que buscan menores costos-, una perversidad que requiere mayor regulación por parte del gobierno local.

Ud. Mencionaba anteriormente el tema del Riachuelo. En ese sentido, ¿cuáles cree que son las principales áreas de articulación en el marco de la Región Metropolitana de Buenos Aires?

No se ha podido avanzar demasiado con la problemática del Riachuelo a pesar de que existe la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR). En la Provincia se avanzó un poco más pero se requiere de un esfuerzo continuo y articulado. En relación al sector que corresponde con la ciudad de Buenos Aires, según el Juez Federal Armella -a cargo de la supervisión del saneamiento del Riachuelo por orden de la Corte Suprema de Justicia-, hay que empezar con el traslado de la población que vive sobre el “camino de sirga”, destinado a convertirse en “corredor verde”. El gobierno de Macri no tiene voluntad de avanzar y no existen planes serios en este sentido. Incluso, las viviendas destinadas para estos sectores son de dudosa calidad y no están pensadas para el lugar en el que estarán ubicadas. No puede dejarse de lado que la vivienda no solo tiene que ver con cuestiones técnicas, también cumple un rol muy importante la cuestión cultural. Este aspecto no puede dejar de ser tenido en cuenta y el tipo de vivienda que pensó la ciudad, bajo un sistema canadiense, no lo hace. Esto, nuevamente, tiene que ver con que ni este gobierno de la ciudad, ni los anteriores, han atendido a la vivienda como un tema cultural.

En este marco, el Gobierno Nacional, desde el 2003 a la fecha, ha construido una gran cantidad de viviendas (alrededor de 600.000 viviendas y otras 200.000 en construcción), como nunca en los últimos 50 años. Ante este contexto, es necesario pasar a una nueva etapa en la que se discuta como “construir ciudad” y no solo construir metros cuadrados. Esto implica desarrollar vivienda, salud, educación, transporte y el resto de los servicios desde una visión integral de la ciudad, evitando los guetos. Se trata de comprender la ciudad como un lugar de integración y no de compartimentación.

Por todo, hay mucho para discutir. Los movimientos urbanos, en estos cuatro años que se inician con la nueva gestión de Cristina Kirchner, van a ser más importantes. Esto puede traerle inconvenientes a la política pero seguramente abrirá puertas para empezar a pensar cómo desarrollar la ciudad de Buenos Aires y cómo articular políticas en un contexto metropolitano.