El conflicto en Bolivia y las contradicciones en el seno del pueblo.

Por Federico Montero*

Bolivia vive un escenario de conflicto aun no resuelto luego de la represión de un sector campesino que se había movilizado para oponerse a la construcción de una ruta entre Cochabamba y Beni. El propio Evo Morales ha repudiado este hecho, que ha suscitado la renuncia de los funcionarios nacionales que eventualmente podrían ser responsables, aunque el gobierno, a través del vicepresidente Linera, dice poseer información que desmarcaría sus responsabilidades en la represión: “ya sabemos lo que ha sucedido, nosotros ya tenemos la información sobre quién ordenó la represión”. Sin embargo, la eventual proyección política del conflicto, a poco tiempo de las elecciones del poder judicial en el país, está abierta.

¿Cuál es la “naturaleza” del conflicto en Bolivia?

En el plano inmediato, la ruta entre Cochabamba (centro de Bolivia) y Beni (sector oriental del país), es una apuesta estratégica para: i) descomprimir la dependencia actual de esta última región del opositor departamento de Santa Cruz, fuente del foco de levantamiento de la derecha contra el gobierno en la crisis de la “medialuna”, ii) contribuir, mediante el desarrollo de infraestructura, a ampliar la potencialidad del desarrollo del cultivo y colonización de territorios para la agricultura de la coca en la zona, iii) fomentar la inversión estatal en la dirección estratégica de la construcción de un desarrollo económico que sustente la autonomía del estado boliviano, preservando el carácter “mixto” del esquema de acumulación en el país: sectores de economía estatal (recursos naturales estratégicos) sectores de economía privada capitalista y sectores de economía comunitaria .

La cronología del conflicto remite a la oposición de pueblos indígenas del Oriente, Chaco y Amazonía al trazado de la ruta a través del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), una reserva ambiental que concentra una gran biodiversidad y es el hogar de comunidades originarias. En el inicio, postulaban el carácter inconsulto de la medida e iniciaron una marcha hacia La Paz. Desde entonces, nueve comisiones ministeriales intentaron establecer infructuosamente mesas de diálogo con los marchistas, quienes se trasladan con mujeres y niños. Paralelamente, campesinos cocaleros aymaras del altiplano, nucleados en la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales, se movilizaron en apoyo al gobierno nacional, bloqueando la marcha a La Paz. Finalmente, la tensión estalló cuando, en una situación aun no esclarecida, se produjo una represión sobre los manifestantes que marchaban hacia La Paz. El gobierno ha repudiado la represión y varios funcionarios han renunciado, aunque sostienen que no existió decisión política de reprimir y que la responsabilidad de la misma es de las fuerzas de seguridad: “Expreso mi desacuerdo pleno con la forma en que se procedió a la intervención de la marcha indígena en Yucumo, que ha respondido a una decisión operativa y no así proveniente del órgano ejecutivo ni de mi persona como parte del mismo”, dijo el viceministro del interior Farfán en su carta de renuncia, que se sumó a la de la ministra de defensa y a la de la responsable de migraciones.

De allí que la significación de la actual situación de confrontación que vive Bolivia parte del cuestionamiento de un sector que en principio es parte del sustento del gobierno de Evo Morales, pero que se eleva al nivel de conflicto social que potencialmente afecta a la base social, a la identidad política y al proyecto estratégico de cambio en Bolivia. De ahí también que el conflicto actual a diferencia  del “conflicto de la Media luna”- su postura autonomista que representa un antagonismo estructural entre la visión productivista y desarrollista de la economía que impulsa la revolución boliviana- estas dificultades que enfrenta el gobierno de Evo Morales son tensiones propias del movimiento de transformación.

Como ha señalado García Linera “a través de estas tensiones, las sociedades se desarrollan, tejen alianzas entre grupos sociales y superan (parcial o completamente) los obstáculos que traban su progreso”.

La perspectiva de Linera sobre las contradicciones en el seno del pueblo

En un reciente artículo en Le Monde diplomatique (numero 147 – septiembre 2011), Linera afirmaba que, luego de derrotar el intento separatista de la rebelión en Santa Cruz y, tras la victoria electoral, el proceso Boliviano entraba en una nueva etapa, donde la consolidación del nuevo bloque político se enfrentaba a tensiones de nuevo tipo, que obedecerían a cuatro contradicciones en el seno del pueblo, que configuran tensiones creativas, que en principio deben mantenerse abiertas para que el proceso avance. En cierta medida, aquella caracterización resulta anticipatoria y brinda elementos para comprender el actual conflicto.

La primera se refiere a la relación entre el Estado y los movimientos sociales. La población demanda acciones rápidas del gobierno, pero esto exige una centralización eficaz en la toma de decisiones. Para intentar resolver esta contradicción y lograr la descentralización de las decisiones ejecutivas se propuso el concepto de ‘Estado integral’: “el momento en que la sociedad se apropia progresivamente de los procesos de arbitraje, para así superar la oposición entre el Estado (como máquina de centralizar las decisiones) y el movimiento social (como máquina de descentralizarlas y democratizarlas)”.

La segunda tensión creativa opone la amplitud del proceso revolucionario (deriva de la creciente articulación de los diferentes grupos sociales y la búsqueda de alianzas) y la necesidad de consolidar la dirección indígena, campesina, obrera y popular, que garantiza la orientación política. La hegemonía del bloque nacional encuentra sectores sociales reticentes que en ocasiones es funcional a los intereses extranjeros. “Pero la consolidación de la dirección plebeya exige que el conjunto de la sociedad considere que su situación progresa cuando las clases trabajadores dirigen al país”.

El choque entre el interés general y el particular, entre la lucha social, común y las conquistas individuales, sectoriales y privadas, constituye para Linera el punto de apoyo de la tercera tensión creativa. Desde que comenzó el segundo mandato de Morales, Bolivia está atravesando una etapa caracterizada por “tensiones endógenas” del bloque social popular, entre los aspectos general y particular. “Superar esta contradicción será el resultado de reforzar el alcance universal de nuestro proyecto. Sí, por el contrario, triunfara el particularismo corporativo, la pérdida de dinamismo de la revolución marcaría el punto de partida de una restauración conservadora”

En particular, Linera aquí se centra en los desafíos de la consolidación del nuevo esquema de desarrollo económico que Bolivia necesita para satisfacer las necesidades de su población. La estrategia de industrialización que lleva adelante el gobierno de Evo Morales verifica que esta tensión entre reivindicaciones universales y particulares dentro del pueblo aún no está resuelta. En efecto, la política desarrollada por el presidente Morales apunta a mejorar las condiciones de vida de los más postergados y a centralizar los recursos provenientes de las nacionalizaciones y las empresas del Estado. “Se trata de crear una base industrial en el campo de los hidrocarburos, la minería, la agricultura y la electricidad, de manera de generar una riqueza sostenida y de utilizar los recursos del país para mejorar la calidad de vida de los trabajadores. (…) como gobierno de los movimientos sociales intentamos someter las tensiones entre tendencias ‘corporativistas’ y ‘universales’ por vías democráticas”.

La cuarta contradicción creativa se ubica, finalmente, en el plano ideológico, o ético-polítco y su punto de partida es la oposición entre la necesidad de transformar las materias primas (la industrialización) y el respeto de la naturaleza el “vivir bien”. La modernización industrial conlleva un costo ambiental y no puede haber un nacionalización total de los recursos naturales sin una fase de industrialización. Pero el capitalismo subordinó las fuerzas de la naturaleza, abuso de ellas, colocándolas al servicio de las ganancias privadas, ignorando el hecho de que así destruía el núcleo reproductivo de la propia naturaleza. En palabras de Linera: “Nuestro proyecto se orienta a utilizar la ciencia, la tecnología y la industria para producir riqueza – caso contrario ¿cómo se construirán las rutas, los centros de salud, escuelas y cómo satisfaríamos las demandas de nuestra sociedad?- sin dejar de lado la estructura fundamental de nuestro medio ambiente”

En este punto, el sustento político de estas tensiones se ha expresado en recientes discusión entre el gobierno de Evo Morales y un grupo de intelectuales y ex-funcionarios que abandonaron el proceso expresando su disidencia en un documento titulado “La recuperación del proceso de cambio”. El vicepresidente Linera respondió con dureza a aquel documento con el texto El “Oenegismo”, Enfermedad Infantil del Derechismo.

El carácter abierto del conflicto y los dilemas de la ampliación de la deliberación democrática

La naturaleza del conflicto en Bolivia, entonces, puede leerse a la luz de estas tensiones en el seno del bloque político social que sustenta el gobierno boliviano. Asimismo, actualizan debates estratégicos de en torno a los aspectos centrales de todo proceso de cambio: el poder, el Estado, los protagonistas y sus formas organizativas, el control del proceso productivo y sus beneficiarios, la ampliación de la deliberación y la centralización de las decisiones.

El repudio y la investigación de la represión por parte del gobierno, la puesta entre paréntesis de la construcción de la ruta y la convocatoria a una nueva instancia de deliberación que eventualmente incluya alguna forma de referendum marcan la voluntad de la conducción del proceso de cambio en Bolivia de resolver estas tensiones ampliando el espacio deliberativo de la toma de decisiones. Estas importantes definiciones se dan en línea con el desafío de desplegar un ‘Estado integral’, que fuera definido por Linera como “el momento en que la sociedad se apropia progresivamente de los procesos de arbitraje, para así superar la oposición entre el Estado (como máquina de centralizar las decisiones) y el movimiento social (como máquina de descentralizarlas y democratizarlas)”.

Cabe esperar un grado de madurez suficiente entre los manifestantes para aportar a una síntesis, que aunque precaria y contingente, permita avanzar y superar la situación, evitando minar las bases de sustentación globales del proceso y aportarle a la oposición política, espacios que le permitan retomar la iniciativa.

* Politólogo – UBA.