Mario Toer: “El escenario regional y la crisis neoliberal en otras latitudes presentan un cuadro general favorable, mientras los países del Norte no encuentran una perspectiva de salida”. Entrevista al reconocido sociólogo

Reportaje de Ariel Goldstein

Iniciativa entrevistó en exclusiva al sociólogo Mario Toer, Profesor Titular Consulto de Política Latinoamericana e Investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. En esta oportunidad, caracteriza el panorama regional teniendo en cuenta los últimos resultados electorales y los efectos de la crisis económica internacional. El análisis de escenarios relevantes de la región: los últimos sucesos en Brasil, las protestas estudiantiles en Chile y el proceso político nacional de cara a las elecciones de octubre. Leer más.

¿Cómo caracterizaría el panorama regional después de los últimos resultados electorales y acontecimientos en la región?

Los últimos resultados electorales -tanto los que se dieron en Argentina como en Perú y anteriormente en otros países- ratifican la tendencia a la consolidación del espacio conformado en la región. Varios de los proyectos se están afinando y otros procuran hacerlo, ya que, recordemos que no se trata de proyectos que tengan una presunción de todo su recorrido, sino que hay mucho de ensayo, siempre con vistas a generar un bloque que permita lograr autonomía frente a las lógicas del neoliberalismo. Esta es la característica común que los unifica.

Además de estos resultados electorales, nos encontramos con la situación que está viviendo Chile, donde se ha visto que el gobierno no ha podido generar una fuerza que representara a una nueva derecha, moderna, que era lo que pretendía Piñera, y se ha colocado a la defensiva frente al movimiento de masas estudiantil que ha tenido el tino y la capacidad política de ampliar el espacio de las demandas hacia otros sectores.

Este escenario regional, conjuntamente con la extensión y la agudización de la crisis del modelo neoliberal en otras regiones (siendo más evidente en Europa, junto con las Revueltas Árabes, que pueden resultar confusas, pero se perfilan en esta perspectiva) conforman un contexto general favorable. Al mismo tiempo Estados Unidos y el resto de los países del Norte no encuentran el rumbo y allí la polarización política sigue mostrando la dificultad para encontrar una perspectiva de salida acorde a las circunstancias.

Este es el panorama internacional que alienta a suponer que la situación para Latinoamérica es favorable, aunque no significa que el camino esté completamente allanado.

¿De qué manera cree que puede afectar la crisis internacional al bloque regional en proceso de consolidación?

En primer lugar se puede reconocer un proceso de deslegitimación del discurso pro-capitalista-neoliberal, que fue el que nutrió a todas las variables que se oponen a lo que viene ocurriendo en la región. En el ámbito político esta deslegitimación es muy importante ya que alimenta y demuestra el desconcierto de la derecha en nuestra región. Desde el punto de vista  económico, se observa que se ha logrado autonomía del mundo de las finanzas globalizadas, lo que ha permitido a los países de la región, de algún modo, sobrellevar la crisis internacional, y si bien algunas tasas de crecimiento se han morigerado, lejos están de conformar una pendiente análoga a los países centrales. Es fundamental el rol de China y los países asiáticos como contrapeso en el vínculo comercial, aunque todo depende de la dimensión y profundidad que adquiera la crisis, porque en caso de seguir profundizándose en los países centrales, se generará una nueva situación mundial, de la que habrá que observar cuáles son sus características.

El Congreso argentino ha aprobado la constitución del Banco del Sur, ¿En qué medida esto significa un avance en el proceso de integración regional?

Ha sido fundamental, y llama la atención el rápido consenso parlamentario en torno a su aprobación. Este es un proceso muy interesante porque, por un lado, la constitución de un banco regional de estas características es un desafío, en tanto que se enfrenta a numerosos grupos de poder e intereses en pugna y, por otro, se observa que se ha podido organizar el discurso de manera tal que se haya alcanzado un acuerdo unánime (tanto desde la Argentina, como la iniciativa de Brasil y la forma en que se ha sumado la región). Estos elementos demuestran la importancia de la medida y la transforman en un panorama alentador. Si finalmente se constituye este instrumento, va a lograr generar autonomía regional en aspectos financieros significativos, como el financiamiento industrial, el crecimiento autónomo y la infraestructura, entre otros proyectos que permitan reforzar el momento que vive la región en cuanto al proceso de autonomía.

En relación a la Argentina, ¿cómo ve al oficialismo y a la oposición de cara a los comicios de octubre próximo?

Por un lado, se ve reflejada la situación general de la región, no porque sea una mera consecuencia de ello, ya que la situación actual viene definida por las características de lo que ha sido el proceso argentino desde 2003 a esta parte. El bloque que sostiene el gobierno de Cristina está fuertemente consolidado y con confianza de cara al período venidero, sabiendo que si bien existen algunas disonancias que deberán ser definidas próximamente, también están conscientes que ciertas disputas no van a diluirse, sino que se mantendrán ininterrumpidas de cara a una profundización. A esto se suman las dificultades que tiene la derecha política argentina de conformar un proyecto más o menos verosímil, lo cual conforma un panorama muy alentador y favorable para el gobierno. Con el resultado de las PASO, se abre un buen escenario para continuar avanzando en los aspectos sustantivos que hoy están pendientes. Como nunca, nos encontramos ante una gran oportunidad para recrear, refundar y elaborar opciones en todos los espacios. Está claro que este proceso político rescató a la política como instrumento de transformación.

¿Cómo ve el escenario político brasileño, especialmente luego del último Congreso del PT?

Brasil tiene la característica de ser un país con intereses en pugna de envergadura: allí hay grandes intereses corporativos, y a su vez observamos que prima una capacidad política que tiene por objeto buscar la mejor manera de abordar un tipo de posibilidad conciliadora (la búsqueda del acuerdo más conveniente es una de las reglas del juego). En relación a su fuerza política parlamentaria, el PT tiene la necesidad constante de conectar con bancadas aliadas que lo sostengan, pero que a su vez lo condicionan. Esto es un escenario político al que nos hemos acostumbrado a observar en Brasil, aunque de todos modos (aun con todos esos componentes que implican empates en torno a ciertas problemáticas, y que hacen que al oficialismo le cueste instalarlas en la agenda e imponerlas) podemos ver que el PT se ha consolidado en torno al nuevo gobierno de Dilma Rousseff.

El último Congreso del PT demostró que muchos de los debates que habían caracterizado a los congresos anteriores han pasado a un segundo plano. Esto señala que es imprescindible cerrar filas para condensar la fuerza que permitirá avanzar en todo lo que se pueda. En este sentido, el escenario político brasileño (con todas las dificultades mencionadas pero con la sapiencia de cómo ir superando las dificultades) muestra elementos que juegan a favor. Todo esto se desarrolla en un marco complejo, con todas las dificultades que implica el escenario brasileño, pero sigue habiendo una conducción política con disposición a seguir avanzando y con un rumbo de “hacia dónde ir” constantemente presente.

André Singer (politólogo brasileño) se ha referido acerca de la existencia de dos almas en el PT: una, la de la fundación, más radicalizada, y la segunda, la que emerge en el 2002, más pragmática y negociadora, ¿Cree que hay dos almas? ¿Hay un fuerte viraje o una trayectoria gradual?

Un aspecto muy presente en este proceso ha sido la aspiración a tener un proyecto socialista, sabiendo, al mismo tiempo, que hay que tener una mirada crítica de la experiencia del socialismo del siglo XX. Esos elementos han estado presentes y han caracterizado al PT, pero efectivamente la tarea de gobernar y las demandas que implica la responsabilidad han tendido a redefinirlo en cuanto a la necesidad que tienen de hacerse cargo de los modos particulares en que se desarrolla la conflictividad. Eso es lo que el PT ha hecho, no de una manera esquizoide con dos almas que aparecen y se pelean, sino con procesos diferentes de los distintos sectores que lo conforman. Estos sectores se han puesto a la altura de las nuevas circunstancias. Si bien en el último Congreso pudo haber un énfasis en el recordatorio de los planes que caracterizaron a la fundación, esto no implica de ninguna manera una suerte de situación dual, sino que se piensa la política de acuerdo a la relación de fuerzas actual, sin perder de vista aspectos sustantivos de lo que constituyó el objetivo de la fundación.

Respecto a las movilizaciones estudiantiles que se vienen desarrollando en Chile, ¿en qué medida las protestas estudiantiles representan la posibilidad de poner en cuestión el modelo socioeconómico existente en la actualidad?

Lo que se está poniendo de manifiesto con este movimiento, y que considero que es trascendente en muchos aspectos, son dos cuestiones.

Por un lado, un cuestionamiento del escenario político chileno que obliga a todos los sectores a reformular sus políticas. Hay un antes y un después a partir de este movimiento, porque esa manera tan vertical donde se decidía todo de arriba para abajo, asistida por una singular pasividad en el campo de la sociedad civil debido a la ausencia de movimientos sociales más o menos articulados, ha cambiado y se redefine el escenario político. Todas las fuerzas políticas tendrán que saber que ahora sus iniciativas tienen que ser consultadas, evaluadas y recién allí definidas. Actualmente, la polémica adquiere legitimidad, una impronta que antes no existía. Esto es un cambio iniciado en muy poco tiempo, particularmente en un aspecto en el cual Chile tiene un retraso significativo por el peso que había tenido la dictadura y el pinochetismo como lógica política, y a su vez la derecha como una fuerza de envergadura. Este trastocamiento implica abrir nuevos debates que, por supuesto, también van a modificar el orden económico y social que caracterizó al periodo previo.

Por otra parte, la Concertación se va a tener que redefinir porque todavía sigue primando un cierto desconcierto. En adelante, tendrá que jerarquizarse el hecho de que hay que preguntarle a la gente qué es lo que quiere, y para qué lo quiere. Este tipo de preguntas significan que ahora aparece en la mesa alguien que no solía sentarse (el Frente, por ejemplo), un nuevo interlocutor. De tal modo, la Concertación va a tener que vivir un proceso trabajoso, que puede ser rico porque también se abre la posibilidad de un acercamiento con el Partido Comunista, que ha tenido un papel muy relevante en la reorientación del movimiento social actual para mantenerlo dentro de las lógicas que la escena política reclama. Así que incluso las variantes de “MEO”, como le llaman en Chile a Ominami, también va a tener que encontrar un espacio: seguramente él va a querer estar más cerca de lo que es el movimiento social, pero tampoco tiene ni la estructura ni los cuadros como para ofrecer un cauce ya definido.

Este movimiento de protesta tiene sus características: una autonomía de los partidos en general, y si bien el Partido Comunista ha jugado un papel singular en la orientación, tampoco lo puede juzgar como propio. La capacidad del nuevo movimiento social chileno puso en tela de juicio el curso y la capacidad actual de dirigir política y económicamente la situación del país. De aquí en adelante se abre un nuevo panorama.