Luis Alberto Quevedo: “Cristina produjo un desacople respecto de los medios hegemónicos: promovió una ley democrática y les quitó el poder de imponer la agenda política”. Entrevista exclusiva al sociólogo (UBA-FLACSO)

Reportaje de Vicente Russo y Telémaco Subijana

Iniciativa entrevistó en exclusiva al sociólogo Luis Alberto Quevedo. Es Director del Proyecto Comunicación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO – Sede Argentina) y fue Director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Profesor Titular Regular de la materia Sociología Política en la UBA, integra el Directorio del Portal Educ.ar del Ministerio de Educación de la Nación y acaba de publicar un informe sobre “Consumos Culturales en Argentina”. En esta entrevista analiza el proceso político electoral de cara a las elecciones de octubre, reflexiona acerca del rol de los medios de comunicación en la disputa política y esboza los que considera son los principales desafíos de la próxima gestión. Leer más.

¿Cómo percibe la escena política nacional? ¿Qué papel tienen los medios de comunicación en la disputa política?

En primer lugar hay que entender cómo ha sido el vínculo entre los medios de comunicación y la política en los últimos años. En Argentina veníamos de una relación entre medios y política que tuvo un punto de inflexión en el gobierno de Menem. En la década del 90 se rompió la lógica de funcionamiento de los partidos, en la toma de decisiones políticas y en la formación de la opinión pública en relación a los medios. Esto colocó a los medios como los interlocutores privilegiados: eran ellos los que iban a producir las mediaciones políticas para volver sentido común lo que era la estructura de decisión del gobierno de Menem. E incluso las alianzas de Menem con los medios eran alianzas que tenían una parte de negocio. Armó un esquema de negocios con los medios en el que permitió la concentración. Modificó la ley 22.285 -de la dictadura- para este fin y desarrolló un sistema político de relación con los medios que consistía en que el sistema de la toma de decisiones del Poder Ejecutivo era procesado por los medios para conformar una legitimidad política y “entrar” en la opinión pública de esa manera (lo que no había sucedido en el caso de Alfonsín). Luego vino el gobierno de la Alianza, que no tuvo ni siquiera una estrategia al respecto. Duhalde, por su parte, sí la tuvo, pero hay que analizarla teniendo en cuenta la excepcionalidad de ese gobierno. Con la llegada del 2003, el kirchnerismo cambió la relación con los medios: primero porque Kirchner desconfiaba de los medios, él sabía que no eran solo el lugar donde se procesa el sentido de la política, sino que tenían intereses específicos: económicos, políticos, ideológicos, culturales, etc. Kirchner intentó romper eso a partir de varias estrategias. Una de ellas, consistió en la negociación: en un momento hubo mucha negociación con el Grupo Clarín y otros. Otra estrategia tuvo que ver con promover la creación de medios privados y el fortalecimiento de los medios públicos. Hay que reconocer que -muy tempranamente- Néstor Kirchner tuvo un propósito, una voluntad de fortalecer Canal 7, Radio Nacional y de crear Canal Encuentro (que es una especie de estrella de medios públicos). El sistema de negociación, es decir de tensión, se quebró en el 2008 con el famoso y así llamado, “conflicto del campo”. Allí se rompió ese esquema y el dato es que la Presidenta era Cristina; el viraje fue bajo su gobierno. Ella tomó una decisión distinta respecto del sistema de medios. Surgió la idea de romper la concentración económica; y para eso sostuvo que era necesaria la conformación de una nueva ley. Asimismo, Cristina se preocupó en que hubiera más participación del Estado y de las organizaciones de la sociedad civil. En definitiva, pensó en una ley cuya lógica fuera la desconcentración de los medios audiovisuales (los medios gráficos no tienen regulación). Esta iniciativa fue complementada con una serie de medidas: la adopción de la norma brasileña-japonesa de televisión digital, que significó una decisión estratégica de alianza con Brasil y tiñó la región al punto de que se empieza a formular la idea de plataformas digitales de medios que cambian el ecosistema mediático. También se incorporaron nuevas tecnologías y se ha comenzado con un proceso de inversión.

¿Cuál ha sido hasta aquí el impacto de estos cambios?

Desde el punto de vista político, Cristina produjo un desacople respecto de los medios hegemónicos. Este es el mayor dato político. Por “desacople”, entiendo dos sentidos. En primer lugar se ha acompañado la decisión de reestructurar el sistema de medios –en el 2009, luego de la derrota electoral- con una profundización del modelo económico, político y social. Esto significaba, a su vez, desacoplarse de lo que era la “agenda política” de la oposición y de los medios concentrados que habían decidido que era el momento de clausurar el ciclo iniciado en 2003. Por eso, el segundo desacople tiene que ver con que el Gobierno Nacional decide no responder a la agenda mediática. Si uno rastrea el accionar de la prensa gráfica -que es sobre todo la que manda- y la audiovisual en el último año, es posible notar que los grupos concentrados le buscan imponer un tema a Cristina y le piden que responda. El último fue el caso Schoklender. La presidenta no contesto, y así lo ha hecho con todos los temas que los medios concentrados pretendieron instalar. Se trata de un “no es mi tema”, “yo tengo mis temas”. Y lo temas de la Presidenta son: la Asignación Universal por Hijo, la estatización de los Fondos de las AFJPs, el apoyo a la industria nacional, el desendeudamiento, entre otros. Se tratan de decisiones políticas de fondo que constituyen la propia agenda del gobierno. Eso colocó al país en una situación un tanto bizarra para alguien que intenta entenderlo desde afuera. Si se leen los diarios más poderosos (ClarínLa NaciónPerfil) se distingue un país totalmente distinto respecto al de los otros medios y al del discurso presidencial. Los medios concentrados tuvieron una estrategia compleja: desgastar al gobierno de Cristina, imponer la agenda, pretender que esa agenda fuera de catástrofe, invisibilizar lo que fuera malo para ellos (por ejemplo la mala gestión de Macri) y, por último, actuar en relación con la oposición. En 2009 se constituyó el “Grupo A” y no podían pensar ninguna acción común que no fuera contra el gobierno nacional (quizás el único hecho fue sacar una ley para el 82% móvil, pero era una muerte anunciada). Entonces, fuera de eso, las demás iniciativas fueron: obturar ciertas leyes, no darle presupuesto para el año 2010, no dar quórum, entre otras. A la par, los grandes medios comenzaron a publicar editoriales para producir algo desde el punto de vista político. Resulta muy cómico leer, por ejemplo, una editorial de Joaquín Morales Solá en la que en 2009 diagnosticaba y explicaba por qué el ciclo kirchnerista había terminado; y luego del triunfo de Cristina en las PASO, otra editorial en la que dice que la oposición cometió el error de creer que (por lo que pasó en 2009) era el fin del ciclo kirchenerista. En definitiva, la oposición cometió el error de escuchar o leer el diagnostico de Joaquín Morales Sola y de tantos otros.

Ricardo Sidicaro sugiere la idea de que Kirchner hablaba con un discurso de hereje (en términos de Bourdieu) que sacó a los dominantes de su silencio y, de alguna manera, les impuso producir un discurso defensivo de la ortodoxia que quizá se refleje en las políticas públicas referidas a la Ley de Medios y a la disputa con Clarín ¿Cómo visualiza este proceso?

En relación a los medios, como dijimos, la estrategia del gobierno de Néstor Kirchner y la del de Cristina son diferentes. Cuando ocurre el conflicto con el campo, los medios de comunicación se alinearon del lado de las organizaciones rurales y se da el fin del romance. Es un momento en el que, sobre todo Cristina, buscó sacar a los grandes medios del ring. Sin dejar de pelear, ella buscó que Clarín dejara de ser el Clarín que era, en el sentido de ser un grupo monopólico con 265 licencias. Cambió el juego, y ya no había mesa de negociación o intermediación sino que se da una política de enfrentamiento en la que ambos actores peleaban en para ver quien tenía más aguante. Se trataba de una pelea sin diálogo. Entonces, para tomar la hipótesis de Sidicaro, ¿qué es lo que pasó? ¿Qué les pasó a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández? Néstor Kirchner operó mostrando las debilidades de los medios para mantenerse como imparciales o independientes pero también se había sentado a negociar con ellos. La profundización vino con el gobierno de Cristina, y, en esto, el caso de 678, que empieza a transmitir en abril del 2009, es emblemático. El mayor logro de este programa es mostrar el artificio de la construcción periodística y mediática y romper con esa inocencia de que ahí hay algo de lectura, de periodismo independiente. Muestra la construcción social de la realidad a través de los medios y visibiliza la agenda que estos medios quieren imponer. Ese doble juego hizo que 678 se convirtiera en un programa tan emblemático como odiado. Su resistencia tiene que ver con que es un programa insoportable para el conjunto de los medios. Todo el tiempo les están diciendo que son empresas voraces, que tienen intereses económicos, muestran la foto de Magneto, el empleado del mes; todas imágenes que dan cuenta del accionar de los medios concentrados. En suma, Cristina hace una transgresión al desarticular lo que era el mapa de medios. Lo que considero, y por eso hablo del efecto 678, es que la sociedad ha captado que del lado de los medios concentrados no hay solo producción de información: no es lo que dice TN o el periodismo independiente, sino que hay intereses poderosos. A modo de ilustración, un lector de La Nación que se nutre diariamente de sus postulados y detesta a Cristina por sus modales, ahora se da cuenta que hay otros lados y que parte de la lucha de La Nación es defender el lado bueno, en el que se encuentra. Esa es la ruptura de la ingenuidad en relación a que no hay un espacio público de la crítica, como diría Kant, donde se ejerce el juicio hacia el Gobierno. Hay poderosos intereses y la apuesta de Clarín es mostrar la catástrofe permanente, lo que tiene un riesgo. Por su parte, La Nación no hace exactamente lo mismo. Clarín asume el problema de la verosimilitud, de decir cosas que no se condicen con la realidad. Eso no caracteriza a La Nación, que enfoca sus ataques al núcleo político y conceptual del kirchnerismo. Ataca el núcleo no republicano del kirchnerismo. Clarínno tiene ninguna defensa posible porque han engañado y mentido durante varios años muy ostensiblemente. Tiene una postura donde la realidad no es lo que importa, no es lo que vale, sino que vale la construcción simbólica de una catástrofe.

Recientemente se inauguraron las PASO, ¿considera que es una medida que fortalece al campo político?

Las PASO están enmarcadas en una ley que modifica muchas cosas de la política. Había un viejo déficit de la democracia argentina en relación a los mecanismos de selección de candidatos y, sobre todo, de quienes compiten en una presidencial. Era una queja del sistema político argentino desde hacía muchos años. En este sentido, las PASO vinieron a dar una respuesta consensuada entre las diferentes fuerzas, ya que, recordemos, el gobierno llamó a todas las fuerzas y se pusieron de acuerdo con eso. Después nos encontramos con la realidad de que los partidos prefirieron dirimir las internas puertas adentro por los costos políticos que pagan los candidatos. Por todo, considero que estamos ante un proceso de aprendizaje del uso de esta herramienta. Desde lo comunicacional, las PASO son interesantes porque hay paridad de comunicación, algo que nunca existió en la historia de nuestra democracia. En este sentido, se demostró una debilidad de los partidos al momento de diseñar estrategias de comunicación. A modo de ilustración, los partidos tenían una cantidad de segundos de radio y televisión que muchos no supieron aprovechar. No supieron pensar una campaña cuya estructura es gratuita y en la que tenían el desafío de elaborar contenidos para diferentes medios y públicos

Dada la contundencia del resultado en agosto, ¿cómo cree que se va a articular el proceso político de cara a octubre?

Yo creo que antes del 14 de agosto, la gran apuesta de la oposición y, sobre todo, de los medios hegemónicos, consistía en lograr que la gente no diera por hecho que Cristina Fernández ganaba en octubre, para poder dar la pelea. Hubo miles de formas de ingeniería para hacerlo, para dar cuenta de que era “posible la pelea”. Ante este resultado creo que ese relato se desvaneció. Ahora bien, lo que queda como posible según la oposición es el incremento de la representación parlamentaria. Esto es un error. Hay un cierto renunciamiento a dar la pelea y me parece que es un horror pedirle al ciudadano que vote Diputados o Senadores porque le van a hacer buena oposición a Cristina. Eso es malo para la democracia. En el fondo pareciera no importarles lo que piensan los ciudadanos. De acuerdo a este razonamiento, nos piden que votemos a Cristina pero que no le demos poder para gobernar. Esto es raro en cuanto a que uno vota por convicción para que alguien gobierne durante 4 años y, para hacerlo, necesita poder. En este sentido, los sectores opositores están embretados en un callejón sin salida.

¿Por dónde considera que pasa la profundización del modelo durante los próximos 4 años?

Recientemente escuché a Mario Wainfeld que decía que odiaba la frase “asignaturas pendientes” porque es como si ya hubiera una agenda desde el origen y ahora faltan algunos capítulos. Estoy de acuerdo con esa afirmación. Considero que el gobierno de Néstor Kirchner fue una etapa particular: vino de una emergencia social y económica enorme. Por su parte, el gobierno de Cristina está terminando esa fase  y el desafío que se le abre es cuál es la iniciativa política para el tercer gobierno que muestre una diferencia con estos dos gobiernos anteriores. Ante este escenario, las discusiones sobre la inflación, el manejo del tipo de cambio, el pago de deuda al Club de París y temas similares, son cuestiones de coyuntura. No digo con esto que no sean importantes sino que no va a definir un gobierno. No creo que Néstor y Cristina pasen a la historia por cómo manejaron esos temas sino por haber tomado decisiones fuertes. En el caso de Néstor por su política de derechos humanos y/o por medidas en materia de autonomía en las decisiones económicas como fue el pago de la deuda al FMI o el “No al ALCA”. Cristina, por su parte, pasará a la historia por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, por la Asignación Universal por Hijo o por la reestatización de los fondos de las AFJPs., entre otras medidas. Por eso considero que la pregunta sería más bien cuáles serán las iniciativas de ese tipo para los próximos años.

En ese sentido, considero que uno de los grandes desafíos tiene que ver con cuestiones como la investigación, la implementación de tecnologías, la inversión, entre otras. Porque, en realidad, si estamos convencidos -como dicen los economistas- que en realidad lo que marca la diferencia de un país es su inteligencia, su capacidad de manejar recursos escasos (que son los recursos de la innovación tecnológica, de la incorporación de las tecnologías tanto a la producción como a la cuestión social o lo que fuere), tenemos un desafío que consiste en apostar más fuertemente al conocimiento y al desarrollo de una sociedad del conocimiento argentino. Entonces, esa apuesta para el desarrollo argentino es fundamental, y hay que seguir creyendo en eso, apostando, invirtiendo y creando institucionalidad. El Ministerio de Ciencia y Tecnología es importante y requiere un despliegue todavía mayor.

Por otra parte, considero que existen desafíos muy grandes en relación a la gestión de ciertas áreas del Estado en las que todavía hay que avanzar. Por ejemplo, el tema energético. Creo que la Argentina no tiene una matriz energética resuelta y tiene un desafío por delante.

También existen desafíos en materia financiera y, en ese sentido, es muy interesante cómo se va a resolver la apuesta por el Banco común de los países de la UNASUR. Es vital la independencia respecto de los grandes centros financieros. Creo que si el próximo período nos deja un Banco del Sur bien estructurado y, por ende, una ruptura con la lógica de funcionamiento de los mercados internacionales, será un gran avance para la región. Esto es una cuestión predominantemente política y no solo económica-financiera.

Asimismo, es importante que se avance en la alianza estratégica con Brasil. Buena parte del destino de la economía y del desarrollo argentino tiene que ver con esto. Se trata de cuestiones muy concretas. La Comunidad Europea se creó a partir de una alianza muy fuerte entre Francia y Alemania (como actores dominantes) y luego se sumaron el resto de los países. Habrá que ver si somos capaces de construir ese tipo de unión entre Argentina y Brasil: ese es otro desafío para el próximo gobierno.

Finalmente, hay que avanzar en la calidad de la gestión pública. A modo de ilustración: tenemos que contar con una muy buena línea aérea de bandera. Si uno mira el mundo de la aeronavegación es un área estratégica para la economía y la vida social de los diferentes países. En general este sector da pérdida y los estados lo subsidian en todos lados, por más que sean privados. Esto lo digo a modo de ejemplo para dar cuenta de lo importante que es contar con una gestión de calidad en ciertas áreas de la economía. Argentina acaba de ser galardonada como el principal destino turístico de toda la región. Esto implica mejorar en transporte, infraestructura, desarrollo de recursos humanos, etc.

Ante este escenario, ¿qué nos puede decir en relación a la oposición? ¿Considera viable la reestructuración del sistema de partidos?

Creo que la oposición nunca ha contado cuál es su modelo de país o en qué se diferencia su visión de país respecto de la que tiene el gobierno. Solo se han manifestado en relación a que haya más honestidad, menos corrupción o que se tienen que manejar mejor los recursos. Es poca la oposición; ya no se encuentran políticos opositores que defiendan al sistema de jubilación privada, para dar un ejemplo. No tienen un modelo o proyecto alternativo.

En términos institucionales no avizoro una reestructuración del sistema de partidos. Considero que seguirá la actual diversificación en tanto y en cuanto la oposición siga sin conducción ni proyectos. En las PASO la ciudadanía argentina fue razonable en el sentido de expresar a través del voto que ante un modelo que ha funcionado bien y una oposición que dice que va a continuar con lo mismo pero más prolijo, votan por la gestión actual. La falta de liderazgo y proyecto opositor se revela en que ya comienzan a discutir acerca de la sucesión en 2015 y a acusar a la Presidenta de pretender ir por una re-reelección.