Alejandro Horowicz: “León Rozitchner ha pensado con gran originalidad los temas y problemas del siglo veinte. Incluso se anticipó a la dirección que el siglo terminó adoptando”. Entrevista al reconocido intelectual y ensayista

Reportaje de Federico Ghelfi y Ariel Goldstein

Iniciativa entrevistó en exclusiva a Alejandro Horowicz, reconocido intelectual y ensayista, con motivo del fallecimiento de León Rozitchner. Aquí realiza un lúcido recorrido sobre la obra y la trayectoria del gran filósofo, ensayista y profesor universitario. Destaca el compromiso intelectual que León tenía con el contexto social y cultural, fundamentalmente desde el ámbito filosófico, y también el psicoanálitico. En referencia al legado de Rozitchner, Horowicz reflexiona sobre los desplazamientos que el autor recorrió, de lo político-teológico hacia lo estético-filosófico, que lo convierten en uno de los pensadores argentinos más originales, capaz de estar a la altura de los acontecimientos políticos del siglo XX. El fallecimiento de Rozitchner genera un impacto que se hará sentir más allá del ámbito académico y, sin dudas, sus redefiniciones cruciales nos seguirá proveyendo de nuevas herramientas conceptuales para el pensamiento y el análisis político. Leer más.

¿Cómo se produce su acercamiento con León Rozitchner?

Mi acercamiento se produce con motivo de la Guerra de los Seis Días en el año 1967. En ese momento hubo iniciativas de Sartre de abrir un diálogo entre la izquierda árabe palestina y la izquierda israelí: viajó especialmente a Medio Oriente con Simone de Beauvoir y luego le dedica al tema un número especial de Les Temps Modernes.  A raíz de ese comportamiento -y lo que eso supuso en el campo de la izquierda- se constituyó el Comité por la Paz en Medio Oriente, que León integró. Luego, en esta misma línea de posicionamiento político, escribió el texto Ser Judío, un escrito que me produjo una enorme conmoción y motivó el inicio de mi vínculo con León.

¿Cómo estaba conformado ese Comité?

Estaba compuesto por diversas personas que provenían de diferentes ámbitos, desde León Perez hasta Rozitchner. Intelectuales de origen comunista, socialista y también integrantes de la izquierda sionista.

¿Qué nos puede decir respecto al libro Ser Judío, que recién mencionó?

En ese libro explica lo que podría llamarse una “judeo-fobia de la izquierda”, al mismo tiempo que señala cuáles son los aspectos del ser judío que constituyen un obstáculo para ser de izquierda. En este doble puente, la necesidad de transformación del aspecto judío de un revolucionario y el aspecto antisemita de otros revolucionarios, emerge la tarea de una transformación subjetiva de la militancia y la política. Esta condición sine die de la práctica política revolucionaria era, en ese momento y en esos términos, una novedad que no se había planteado en parte alguna. El feminismo iba a retomarlo luego bajo la forma de “lo personal es político”, pero hasta ese momento casi no se había formulado. De modo que León se adelantaba décadas en esta cuestión, como en tantas otras.

¿En qué aspectos se adelantaba? ¿Cuáles considera que son sus principales legados?

Podría decirse que León inventó el análisis del discurso político, cuando ese análisis estaba en pañales o directamente no existía. Esto puede rastrearse en el libro Moral burguesa y Revolución (escrito en los sesenta) donde se analiza el debate entre Fidel Castro y los invasores gusanos de Bahía de los Cochinos. Allí entiende que las lecturas de las presuposiciones de un discurso forman parte de la lectura de la lógica política de un acontecimiento.

Por otro lado, en un texto como Freud y los límites del individualismo burgués (de 1972) pone énfasis en la disputa en Flandes sobre la estructura del psicoanálisis. No lo hace del lado del lacanismo, a partir de una solución conservadora y reaccionaria que, en última instancia, lo único que se propone es conservar el orden establecido es un transcurso patriarcal sin más. La fórmula de Lacan la mujer no existe no es más que la aseveración, en última instancia, de un programa que muestra que algo es así o, sino, del otro lado está la locura. En cambio, Rozitchner hace un movimiento inverso, en el que muestra el carácter histórico de estas determinaciones y, por lo tanto, su carácter sustantivamente modificable. Si León Rozitchner no hubiese sido argentino -o si aún siendo argentino hubiera elegido quedarse a vivir en Paris- habría tenido la fama que hoy tiene Toni Negri o cualquiera de los seguidores de Althusser o Foucault. Es decir, se trata de un hombre que ha pensado con gran originalidad los temas y los problemas del siglo veinte en una dirección similar que el siglo terminó adoptando. Su posición de latinoamericano, el hecho  de no formar parte de ninguna de las prensas del poder internacional, ni del Partido Comunista, ni del Partido Socialista, ni de ninguna otra, hacen que su propia capacidad de superar los límites de la lengua castellana quede en veremos. Esto hace pensar en el hecho que su obra casi no ha sido traducida, y que esto no es un problema de “falta de interés”, sino de falta de apalancamiento para que eso suceda.

Con respecto a la polémica Cooke-Rozitchner, ¿cuál es su consideración al respecto?

Esa polémica, en rigor, inaugura la nueva izquierda. En primer lugar, plantea que las versiones del marxismo existentes en ese tiempo eran variantes que, más allá que superaran formalmente los límites del stalinismo, lo hacían únicamente en el terreno de la radicalidad de la transformación social general. Pero de ninguna manera entendían que la producción de sujetos y la producción de mercancías no estaba sujeta ni a la mima lógica ni a la misma dinámica. Tanto uno como el otro comprenden esta aseveración. La diferencia es que Rozitchner entiende que la figura de Perón no solo es un programa político limitado a superar sino sobre todo un programa personal muy complejo de superar al interior de cada uno de sus militantes. No se trataba simplemente, según León, de superar los límites estratégicos del programa político de Perón, sino de señalar que esa práctica política construía un límite interno que debía ser superado si se quería avanzar hacia una revolución socialista. Esta comprensión estaba más allá de lo audible en el tiempo en que fue formulada.

Respecto a su figura, algunas personas han señalado que era como un francotirador, un pensador que no se inscribía en un colectivo. ¿Cómo piensa esta cuestión?

Cualquier inclusión en un colectivo significaba para él una amputación. Esto se debe a que en la Argentina los colectivos están organizados desde la igualdad y no desde el derecho a la diferencia. Por lo tanto, el hecho que León se sumara a un colectivo significaba básicamente tirar por la borda un fragmento de su propia producción conceptual. Esto impedía que, en última instancia, sus adhesiones a cualquier colectivo no fueran más que externas. Me refiero a colectivos que, en rigor, a los intelectuales los convocaban para la foto y no para ninguna cosa en particular en tanto intelectuales. Esto se mantiene inalterado hasta hoy, para esa izquierda, en la política general de la sociedad argentina.

¿Qué nos puede decir sobre a la posición de Rozitchner respecto al proceso político de los últimos años, teniendo en cuenta que muchos han hablado de una oscilación de su parte?

No hay ninguna oscilación. Él simplemente comprende la importancia de pensar que existió, en el ´75 o el ´76, una ruptura en la relación entre los delitos y las penas, en las palabras y las cosas, a partir de la constitución delEstado de excepción. Reconstruir la legalidad en ese terreno es reconstruir las posibilidades de significación. Todo debate requiere, para ser posible y para no quedar obturado, que esa relación quede restablecida. Rozitchner reconoce que bajo el gobierno de Kirchner, el Congreso anula las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y, en consecuencia, restablece esta relación. Esto no es más que un dato objetivo. No supone pensar que el kirchnerismo es una solución revolucionaria, supone entender que lo real es real. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta el punto al que hemos retrocedido, en el que una parte significativa de la experiencia y la sociedad argentinas -en un comportamiento completamente cavernícola e imposible- postula una especie de solución anómica a perpetuidad para esta sociedad, Rozitchner y muchos otros hemos defendido esa situación circunscripta.

¿Y en relación al conflicto de la 125 en el que León decidió intervenir y manifestarse públicamente?

La 125 forma parte de lo mismo. Junto a su defensa, no hemos dejado de señalar jamás que la 125 no constituye per se una nueva alternativa. La posibilidad de construcción de un modelo alternativo es una posibilidad en el momento en que el bloque de clases dominantes no es un bloque dirigente desde 1975 a la fecha, y la necesidad de construir un nuevo programa supone hacerlo en contra de ese mismo bloque o por lo menos modificándolo sustantivamente. Esta es una posibilidad que está in nuce, sobre todo en la crisis global que el capitalismo sufre en la actualidad. Nunca dejamos de señalar esta posibilidad, como tampoco hemos dejado de decir que la misma, en tanto y en cuanto no se constituya, es la limitación fundamental para la aparición de otra cosa.

¿Qué nos puede decir respecto al debate que se ha dado en la Revista Intemperie sobre la revisión de la lucha armada, y de la posición que mantuvo León?

Yo nunca me exprese públicamente sobre ese debate y no lo hice, sobre todo, por una razón fundamental. Me parece un debate sumamente pobre, en el cual León fue una enorme excepción. Fue un debate en el que se enunciaron cosas sobre las que no se pronuncia en verdad. A modo de ilustración, para que se entienda en una enorme sencillez, para que una muerte tenga sentido -en el sentido marxista de la palabra sentido- es preciso que sus múltiples determinaciones sean constituidas y que la historia de esa muerte pueda compararse con la historia de otras muertes. Ninguno de estos puntos de vista se materializan en este debate.

¿Cuáles considera, en definitiva, que son los principales aportes de Rozitchner?

Los aportes de León se relacionan a un terreno muy amplio. Se dan, fundamentalmente, en dirección de re-establecer la diferencia entre la producción de subjetividad y la producción de mercancías. Este es un planteo que surge de los propios Marx y Engels, pero que Rozitchner lo hace desde perspectivas de las cuales los dos son inconsecuentes, por así decirlo. Todo esto, sin que suponga una especie de crítica disparatada ya que todos los hombres son hombres de su tiempo. En este caso, también vale para Marx y Engels y su enorme genialidad. Al mismo tiempo, la comprensión de Engels en esta dirección da origen a la posibilidad de la conformación de un feminismo de la diferencia que conduciría, fundamentalmente, a Irigaray. Esto permite una lectura muy distinta, tanto de la filosofía occidental como del propio marxismo y, sobre todo, una crítica despiadada al lacanismo. En esa dirección, Rozitchner, desde su trabajo del 72 y en forma permanente, tiene un dialogo consciente o inconsciente, público o privado con esta corriente, y es de esa manera el único integrante de la filosofía latinoamericana al que da el pinet para esos problemas, e incluso tiene un alto grado de anticipación.