María Pía López: “El triunfo de Cristina tiene que ver con políticas muy efectivas que mejoraron las condiciones materiales de vida. Sin ellas, el relato es pura abstracción”. Entrevista a la socióloga e integrante de Carta Abierta

Reportaje de Ariel Goldstein, Telémaco Subijana y Federico Ghelfi

Iniciativa entrevistó en exclusiva a María Pía López, socióloga y ensayista. Docente e investigadora en la Universidad de Buenos Aires, participa activamente en el espacio intelectual Carta Abierta. En esta oportunidad analiza el triunfo de Cristina Fernández en las PASO y el bajo desempeño de los candidatos de la oposición; reflexiona sobre la importancia de las políticas públicas y el modo en que la ciudadanía construye su voto en base a condiciones materiales; y opina acerca de la incorporación de los jóvenes a la política y la militancia. También aprovechamos la ocasión para conocer su impresión sobre el legado intelectual del reconocido filósofo León Rozitchener, quien falleció el último domingo. Leer más.

¿Cuáles cree que son las causas del gran desempeño de Cristina Kirchner en las recientes elecciones primarias?

Creo que hay distintas razones que explican el voto. Considero que la más fuerte tiene que ver con el reconocimiento, por parte de gran parte de los votantes, a un modo de gestionar, a un tipo de gobierno y a una serie de políticas desarrolladas que era necesario continuar. Entonces, un primer plano da cuenta del respaldo a la política económica, a las políticas sociales y a las políticas de derechos humanos en relación a la justicia. El salto del 22% inicial de Néstor Kirchner en 2003 al 47% de Cristina en 2007 y, ahora, a más del 50% en las primarias, se explica a partir de un reconocimiento de los que han sido hasta aquí los ejes de gobierno. En definitiva, ese primer plano de razones del gran desempeño se relaciona fundamentalmente con un apoyo al kirchnerismo como partido de gobierno y del Estado.

El segundo plano de análisis tiene que ver con las diferencias entre el kirchnerismo y el resto de los actores políticos del país. Por un lado, el kirchnerismo aparece como un grupo muy activo, muy capaz de instalar una agenda y tomar decisiones estratégicas y, por el otro, nos encontramos ante un conjunto de grupos de oposición que no logran hacer activa ni siquiera la formulación de propuestas alternativas. En este contexto, se da una situación muy extraña en donde ningún dirigente de la oposición se anima a decir en qué disiente. Hacerlo implicaría tener que decir que disiente en aquellas cosas que se están valorando como positivas por parte de la sociedad en general. En suma, nadie puede discutir el modelo. Los grupos de la oposición no pueden discutir los ejes centrales de la construcción del Estado y de las políticas del gobierno de estos años y, al mismo tiempo, cuando sí lo discuten, lo hacen casi como una vuelta al pasado. Un ejemplo de esto es el caso de Duhalde, que intenta discutirlo pero no desde una perspectiva de rearticulación social o como una profundización de ciertas cuestiones, sino como puro retorno al pasado.

Entonces, ante la virtuosidad del kirchnerismo para gobernar y la especial necedad del resto de la clase política para estructurar alianzas, programas y proyectos, el voto a Cristina Fernández debe ser pensado como el “voto de la certidumbre”. ¿Quién puede creer que el país puede ser gobernado en forma igualmente eficaz por un Alfonsín? En este 50% de los votos de las PASO están muy presentes tanto los méritos del gobierno como los deméritos de los otros. Por eso insisto en que hay en juego un voto a la certidumbre. Esto se enlaza con una perspectiva que tiene mucha gente. Me refiero a que el país desde el cual venimos tenía una fuerte fractura social -esto que Kirchner llamaba el infierno-, una situación de exclusión muy dramática en términos sociales y políticos; y estos gobiernos han reconstituido el plano para hacer posible una recomposición. De modo que, en este escenario, muchos pueden tener críticas y disidencias pero se reconoce el valor del camino transitado. Allí se cuentan los votantes que piden una continuidad a este proceso.

Para finalizar, cabe agregar una última cuestión que sirve para entender el gran resultado de Cristina Fernández. Se trata del modo en que el kirchnerismo fue articulando con estructuras políticas que pertenecen al mismo partido pero con las que se construyó una alianza y las que, en estas primarias, revalidaron su poder territorial al mismo tiempo que sostuvieron la candidatura presidencial. Lo que pasó en distintas provincias con los candidatos a gobernadores del FPV fue la reafirmación de la alianza de un gobierno nacional con vocación transformadora y capacidad de gestión y la reproducción de lógicas de poder territorial con capacidad de asociarse al Gobierno Nacional.

Actualmente se debate cuál es el alcance en la sociedad de la transformación del Gobierno Nacional en el terreno cultural. Según su opinión, ¿qué composición del voto acusaría estos cambios y qué composición los cambios económicos?

En general, el elector escasamente vota por relatos. Hay una lógica que tiene que ver con mejorías tangibles y decididas del funcionamiento de la vida cotidiana de las personas. Por eso no lo llamaría “voto económico” en un sentido despectivo de la gente vota por el plasma, como diría Biolcati. El voto que se relaciona con las mejorías en las condiciones de vida es un voto, más que económico, materialista en el buen sentido, que proviene de la experiencia. El relato del kirchnerismo del 2011 es muy parecido al del 2009, año en que se perdieron las elecciones legislativas. El salto del votante no se debe tanto al relato sino a que hubo políticas de intervención social muy efectivas. La Asignación Universal por Hijo, las políticas de diferenciadas respecto de la renta agraria, las políticas sectoriales de crédito; todas políticas que hacen al plano de la economía pero que, sin embargo, no podemos leerlas solo como cálculo racional utilitario del votante. Esto tiene relación con la experiencia de vida de cada uno y con el modo en que su vida se va desarrollando en un entramado mucho más comunitario del que se había desarrollado en otros momentos. En ese sentido, diría que es un voto que está entrelazado a la economía pero al mismo tiempo no está determinado por un acto meramente económico. Se tiende a despreciar a los que votan por razones materiales, cuando no hay “forma más desplegada de la conciencia” respecto de aquel que puede interrogar lo que piensa, su condición de ciudadano y sus posiciones políticas en relación con sus condiciones materiales de vida. Ahora bien, el triunfo de Cristina tiene que ver con políticas muy efectivas que mejoraron las condiciones materiales de vida. Sin ellas, el relato es pura abstracción.

Algunos analistas señalan que el relato mejoró a partir de la muerte de Kirchner, con los efectos de678, etc. Es el caso de los que señalan que hubo un “perfeccionamiento de los dispositivos”. ¿Qué opina al respecto?

Esa interpretación tiene el problema de sobreestimar la capacidad del conjunto de los medios de comunicación para producir subjetividad. Esta influencia mediática no es del todo descartable, lo sabemos perfectamente, pero si decimos que un programa de televisión como 678 puede llevar a una cantidad de gente a votar, entonces nos encontramos ante lo mismo que se discutió para la elección de la Ciudad de Buenos Aires. Según esta explicación, un buen Durán Barba o un buen Diego Gvirtz te arman una situación electoral. En las sociedades contemporáneas, el papel de esta forma mediática tiene mucho peso pero no es definitivo a la hora de ganar elecciones. Néstor Kirchner perdió en 2009, pero no solo porque no tenía una gran publicidad en la Provincia de Buenos Aires. En ese momento perdió porque la inflación estaba golpeando muy seriamente a los sectores populares y no había políticas directas de asistencia y de distribución.

Por otra parte, si creyéramos en aquella interpretación también estaríamos pensando que 678 (que tiene un rating de 2 o 3 puntos) o las cartas de Carta Abierta (que deben ser leídas por 2000 personas con toda la furia) o las intervenciones de un conjunto de artistas populares en relación al kirchnerismo, modifican las condiciones del país. En todo caso, lo que hace todo aquello que Sarlo llama el “dispositivo cultural”, es producir interpretaciones que ratifican la experiencia que las personas están viviendo directamente. En ese sentido, hubo dos acontecimientos de 2010 que marcaron la situación: el Bicentenario y el duelo por la muerte de Kirchner. Son dos acontecimientos donde lo que funcionó tuvo que ver con fuertes visibilizaciones. Se creía que no había tal multitud capaz de festejar, se creía que no había tal activismo y militancia kirchnerista pero, sin embargo, eso fue lo que se vio en la calle; sin embargo estos elementos no fueron creación de la muerte de Kirchner. En todo caso esa visibilidad implica que cuando los otros -que no son parte- lo ven, se sienten menos solos y menos raleados. Se producen grandes efectos en términos de una “salida del placard”. Mucha gente que adhiere al kirchnerismo, que está en situaciones donde sus amigos son hipercríticos, de repente ven este fenómeno de acompañamiento masivo y se sienten habilitados para declararse explícitamente en relación a eso. No creo que la votación en las primarias pueda ligarse a los discursos de un dispositivo cultural, aunque ¡estaría bárbaro en términos corporativos profesionales! (risas).

Según tu interpretación, los buenos resultados de Macri en la Ciudad de Buenos Aires y de Del Sel en Santa Fé no remitían exclusivamente al despliegue publicitario como a un fuerte armado territorial, ¿Cómo es esta cuestión?

El macrismo tuvo de parte de sus críticos una subestimación muy grande que hay que considerar seriamente. Creímos que era un gobierno que iba a ser castigado por la mala gestión y habíamos acompañado esa creencia con la imagen de un jefe de gobierno vago, ocioso y sin capacidades de conducción. Cuando se dan las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires se empieza a ver con mayor cercanía lo que ocurrió y era otra cosa.

El macrismo había desarrollado una red territorial importante, fundamentalmente en los barrios populares. Había desarrollado una cantidad de intervenciones directas en los barrios -que uno puede discutir enormemente porque no son universalistas ya que están asentadas sobre lógicas clientelares, pero estaban. Estas intervenciones fueron desde la reconstrucción de un club de barrio hasta la iluminación de la entrada de una villa, aparte de intervenciones concretas en zonas de la ciudad muy desvalidas. Todas medidas que no afectaron nunca la diferencia de inversión entre el Norte de la ciudad y el Sur; lo que se hizo fue generar mejorías en algunas zonas concentradas de pobreza para que tampoco se salga demasiado de ellos. Entonces, el macrismo sí hizo cosas: construyó esa pata territorial-barrial complementada con una política comunicacional de la alta escuela del marketing, absolutamente a discreción pero que funciona bien en términos televisivos. Eso le dio un éxito rotundo.

Por su parte, el kirchnerismo no tenía un armado en la ciudad. Hubo un hecho que me pareció muy sintomático de las diferencias entre una campaña y la otra: en el cierre de la segunda vuelta, los candidatos del FPV hicieron un acto en un Bar en San Juan y Boedo. Fue en un lugar cerrado, con la poca militancia que entraba al bar. Macri hizo el cierre de campaña con una recorrida por clubes barriales. Esa decisión, que la toma una derecha inteligente, significa ir a los barrios a discutir con los vecinos de esos barrios en zonas muy condicionadas y a ligarse con esos vecinos con una hipótesis de transparencia muy discutible pero que está ahí a partir del contacto directo, mientras el FPV eligió una forma cerrada sobre la propia militancia. En ese sentido, creo que no podemos achacar la derrota electoral a un problema de comunicación. Del mismo modo, el éxito de Cristina Fernández no se puede adjudicar a que sean buenos los spots de campaña. Recientemente, Alcira Argumedo aparecía en un programa de televisión tratando de explicar el 0,9% de Proyecto Sur y dijo como excusa que sus spots de campaña eran malos. El 0,9% no se puede explicar por los spots de campaña. En ese caso, estaríamos todos condenados a juntar plata, a hacer vaquitas y contratar publicistas.

Con respecto a la campaña de Cristina Kirchner en las elecciones primarias, ¿Cuál es su consideración?

Se adoptó una estrategia muy conmovedora y me gustó mucho la relación permanente a recortar la figura de Cristina sobre otros. En general, si pensamos lo sucedido en Ciudad, las publicidades eran los candidatos. En la publicidad de Macri, el siempre estaba rodeado de algunos vecinos en situaciones cotidianas. A diferencia de esto, en el caso de la candidatura de Cristina se logró algo mucho más interesante que tuvo que ver con ella en situaciones de relación con otros grupos sociales. Eso construye un escenario para discutir, que plantea lo colectivo asociado no a cualquier situación cotidiana sino a una que se politiza. O jubilados, o militantes o niños, pero todo el tiempo estuvo presente esa relación. En ese sentido, hubo un hallazgo de la campaña de Cristina muy particular.

¿Y a qué atribuye el bajo desempeño de la oposición en estas elecciones primarias?

Hace un año se discutía si era posible una alianza entre Alfonsín, Binner y lo que arrastraba la centroizquierda. Esa alianza no tenía chances de ganar la elección, pero sí de tener un firme segundo puesto. Esa posibilidad, la de un armado político-ideológico de cierta nitidez, fue derruida por los propios actores políticos a partir de dos lógicas. Por un lado, una lógica de cálculo mezquino y directo, con la idea de que las cosas se suman como si fueran bloques, “yo pongo el 15%, vos el 15%”. Pero la racionalidad electoral no participa de esta suma; después de las PASO esto se vio con claridad. El votante radical no vota a De Narváez sin resquemores y el votante de De Narváez no vota a un candidato radical a la presidencia.

Por otra parte, me parece interesante señalar el inicio de una discusión, en el marco de estas elecciones,  disparada por la expresión “nadie es dueño de los votos”. Efectivamente, nadie puede disponer de un cierto porcentaje de votos para ofrecerlo en una mesa de negociación y, cuando se intenta esto, se comete un error. Los votos no son aleatorios: uno no vota cualquier cosa, vota lo que tiene que ver con valores en los que se siente reconocido, con tradiciones políticas. Un armado no se disuelve de la nada porque cinco dirigentes se sienten en una mesa. La oposición cometió el error muy abrupto de no considerar esta cuestión. Hubo errores de una mezquindad imposible de entender. Lo que pasó con Proyecto Sur respecto del FAP y la imposibilidad de Duhalde y Rodríguez Saá de aliarse para luego terminar denunciándose mutuamente, son prueba de esto. Hay un grado de descomposición tan profundo que los vuelve  incapaces de disputar el presente. En este contexto, todo lo que veamos de acá en adelante, incluso a nivel de conflictos, de discusiones, de tendencias electorales, serán disputas que se den al interior del Frente Para la Victoria. Hoy es más importante saber cuál es el matiz con el que se diferencia Scioli, que saber lo que dice Duhalde. Después del 10 de diciembre para todos (salvo para TN que va a seguir entrevistando a Lilita Carrió) lo más importante va a ser ver qué dicen Urtubey, Scioli, Moyano, etc. Es decir, ver cómo se van armando los distintos esquemas de alianzas con vistas a los años siguientes.

Según lo que señala, entonces la vertiente hegemónica del peronismo vendría otra vez a cubrir todo el espectro político.

El peronismo siempre tuvo, a diferencia de todas las demás fuerzas, esa capacidad de ser un polo de actividad y producción. Esto tiene el mérito de poder contener al interior de un mismo sello electoral y un mismo grupo que disputa elecciones, personas y sectores que tienen creencias y opciones políticas radicalmente distintas. Pueden confluir en un entramado electoral presentado bajo el signo del peronismo y no pueden confluir personas que se parecen mucho más entre sí en el Frente Progresista.

El Frente Progresista, ¿expresa algún tipo de renovación política?

El Frente Progresista es el nuevo rostro del “liberalismo escandalizado” de la Argentina. Mi impresión es que hubo una fabricación durante años del personaje de Carrió como la “fiscal moral de la nación”, pero fracasó. El segundo candidato a ocupar ese puesto fue Pino -al cual le fue bien por algunos años-, pero también está en baja. La caída electoral de ellos, los dos grandes fiscales frente a un “sistema corrupto”, deja un lugar vacante que es muy probable que se lo asignen a Binner. Hermes Binner puede aceptarlo o no. Si lo acepta, el destino que tiene es el de ser el tercer escandalizado que el sistema político y mediático en la Argentina tirará por la borda en algunos años, por la propia inocuidad de esa figura para disputar un gobierno. Si no lo acepta, queda condenado a desarrollar su propia construcción, pero al mismo tiempo establecer lazos de comunicación con el kirchnerismo de modo tal que no lo sitúen en el lugar de la denuncia. Eso también le va a costar mucho, por sus propios aliados. Tiene esas dos alternativas: la de ir constituyéndose como alternativa reconociendo mucho de lo que hace el kirchnerismo o aceptar el destino que le va a poner TN, que es el set de televisión para que denuncie. Cualquiera de las dos opciones no me parecen que tengan que ver con algo nuevo.

De acuerdo a este esquema, entonces,  para los próximos años tendríamos un escenario con un gobierno peronista de centroizquierda y el candidato fuerte de la oposición, Binner, plantearía una disputa acerca de lo que es el “verdadero progresismo”, ¿Es ése su modo de ver? ¿No hay lugar para un Duhalde o un Alfonsín?

No, me parece que no. Por suerte no. Lo que pienso es que en ese esquema de un gobierno reformista de centroizquierda. que es el kirchnerismo, la oposición de centroizquierda puede ir hacia el camino del escándalo, de la subjetividad escandalizada. Un tercer factor que creo va a ser determinante desde el 2012 es la discusión por la sucesión. Ese va a ser el gran tema porque Cristina no tiene reelección y no hay nadie, estrictamente del riñón del kirchnerismo, que aparezca con capacidad de convertir esa herencia en caudal electoral. Los que sí lo tienen, no son personas de esa tradición (de Scioli, hacia la derecha). Es será el juego más conflictivo en términos políticos del 2012 al 2015.

En un programa reciente en TN, Marcos Novaro señaló: “Con esta votación se premió la obstinación que había sido castigada en 2009”, ¿qué opina al respecto?

Si los resultados reflejaran un premio a la obstinación, sería fantástico porque Kirchner asumió en el 2003 diciendo que no venía a dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada.

Si hay un gobierno obstinado en sus principios, y aunque pierda los sostiene, estamos en el mejor de los mundos. Además, el kirchnerismo no tiene obcecación: desde el 2009 en adelante cambió mucho sus políticas. La Ley de Medios es un hecho nuevo y la Asignación Universal al igual que la estatización de las AFJP y la Ley del Matrimonio Igualitario son también son posteriores a las legislativas de aquel año. Hubo una radicalización del kirchnerismo y se absorbieron elementos que no estaban en el momento anterior. En ese sentido, sigue perseverando en ciertos principios pero de modos absolutamente nuevos y con políticas innovadoras. Mi impresión es que la gente no dijo: “vamos a votar a los muchachos porque siguen insistiendo”, sino que el voto se da por todo lo que fue modificándose durante estos dos años. La idea de Novaro es construir un fantoche para discutir, un espantapájaros a quien pegarle; pero no está reconociendo lo que efectivamente a todos ellos les resulta difícil de entender que es qué tipo de adversario es el kirchnerismo y qué tipo de fuerza tiene para disputar. Al kirchnerismo lo dan por muerto cada dos meses. Si uno lee los diarios, ve que lo dieron por muerto después de la votación de la 125, también después de las legislativas de 2009 o cuando murió Néstor Kirchner. En todos los casos, esto casi equivalía a pedirle la renuncia a Cristina. Lo único que falta que lo den por muerto cuando gana las elecciones. Es un tema que asombra por el tipo de empobrecimiento del cual parten los que hacen esos análisis. La tapa de Clarín al día siguiente de la segunda vuelta en Capital Federal, decía “Triunfó Macri, hundió al kirchnerismo”, pero a mí me asombra más de analistas como Novaro, porque Clarín titulando eso es una máquina de guerra funcionando.

Con respecto a las reflexiones que conciernen a cierta politización de la juventud en apoyo al kirchnerismo, ¿cuál es su consideración? ¿Cómo pensar esta cuestión?

Vista desde una determinada distancia, pareciera haber una movilización juvenil muy alta y una cantidad de militantes nuevos en toda la vida política argentina. Por un lado, muchas de esas militancias se presentan con un conjunto de símbolos que provienen de momentos anteriores de la vida política argentina, lo cual los lleva a no poder tener tan presente la singularidad de este momento. Por otro lado, se trata de una militancia que está haciendo el paso muy rápido hacia una situación de gestión, de ocupación de lugares conflictivos de las instituciones públicas argentinas. Son jóvenes rápidamente lanzados a hacer un conjunto de actividades que en otro momento se hacían después de haber transitado la militancia, con más distancia. Se puede entonces caracterizar así este momento: muchos militantes jóvenes que tienen una relación más directa con el Estado y tienen menos acumulación de vínculo con las otras militancias recientes argentinas: creo que eso genera un nuevo tipo de problema.

Es necesario pensar qué es militancia hoy, qué significa la relación entre militancia y salario, qué significa la relación entre militancia y gestión, por qué estamos ante una generación que no hace el pasaje por el llano. En ese sentido, el momento de los jóvenes militantes actuales es muy distinto al de las juventudes militantes de los ’70. Aquellas fueron las juventudes del llano y de la clandestinidad, que hacen sus experiencias políticas con un interregno en el exilio contra una dictadura, perseguidos e inventando modos de conexión entre ellos. Esas juventudes de los ’70 tendieron a una activación de la “indisciplina social”, pero contra el Estado. La juventud de hoy, por suerte, no pasa por esa situación porque empieza a militar con un gobierno legítimo al que apoya. De este modo, toda la experiencia es bien distinta. Eso nos obliga a pensar la relación entre los significados contemporáneos, ya que sino le terminaríamos dando a esta nueva juventud todos los ribetes de heroicidad que venían de la experiencia de aquella juventud del llano y de la clandestinidad de los ’70. Entonces, lo que sí hay entre estas juventudes es una similitud etaria y simbólica pero no real en términos de su experiencia. Eso no es para invalidar la experiencia de la juventud actual, sino para decir que hay que usar otras categorías. Uno podría caracterizar como una situación magnífica que haya muchos jóvenes en la vida política contemporánea porque precisamente los jóvenes son los que portan más capacidades de innovación, más radicalización de las prácticas. Se compensa la “no experiencia” con una capacidad imaginativa y de compromiso mayor que las otras generaciones, pero no le puedo atribuir a estas juventudes valores que provienen de la juventud de los ’70, porque son otra cosa. Esta distancia hay que meditarla políticamente para no exigirles ni premiarles cosas que no son de las juventudes de la época. La juventud militante actual tiene una heterogeneidad muy profunda. Por un lado, los grupos kirchneristas recuperan en algunos casos una tradición de militancias anteriores, de distintos grupos que se vienen a enlazar a partir del kirchnerismo. Aparece esta relación con militancias previas al mismo tiempo que acceden jóvenes -muy jóvenes- que tienen la característica bien interesante que es ser “jóvenes sin miedo”, sin miedo a la dictadura. Estos últimos no provienen de experiencias represivas en la Argentina, lo cual que les da una característica generacional muy interesante. La otra característica que me parece que tienen es que, a diferencia de otras juventudes y por el mismo tipo de Estado con el cual empiezan a dialogar, no le tienen desconfianza al Estado, sino que tienen una valoración del mismo, lo que también es probable que se ligue con la represión. Para muchos, el Estado era, antes que nada, solo su aparato represivo. Para los jóvenes actuales se puede establecer un vínculo con el Estado que no es el represivo. Esa transformación de la experiencia en relación al Estado los hace acercarse al nivel de la gestión de las instituciones públicas.

Ahora bien, hay otro punto, más complicado. Se trata del modo en que en muchos de los textos y las intervenciones de estos grupos juveniles mayoritarios aparece la definición sobre la construcción sus propias formas expresivas, sus discursos, sus modos de intervenir públicamente amparándose en la palabra presidencial, en función de aquello que afirma la Presidenta. Eso me parece que es un empobrecimiento de la juventud en relación a darse una expresividad distinta. Eso en términos generales, porque si uno escucha al dirigente de la Juventud Sindical tiene una búsqueda más personal en ese punto que otras juventudes, en el sentido de ir hacia un conjunto de textos, de discusiones políticas anteriores que no cierra la reflexión que va construyendo en la palabra presidencial. Aun así, en muchos otros casos se ve ese movimiento de cierre. No se trata de un problema discursivo de estilos, sino que es un problema político. La presidenta constituye muchísimas acciones de gobierno en el sentido de políticas de transformación, pero podría hacer otros tantos, o con más respaldo, si se las pidieran desde otro lugar. Tengo la impresión de que las militancias contemporáneas parecen más destinadas a acompañar lo que haga la Presidenta que a generar un activismo donde aparezcan ciertas demandas y cuestiones que pueden movilizar toda la escena política. Porque para dar batallas conflictivas es mejor si hay mucha gente que las está pidiendo y que no está en el gobierno. Entonces, ahí las juventudes políticas tienen una tarea fundamental, que es no estar a la retaguardia de la Presidenta, sino generando un clima social para dar más batallas. Ese es el dilema que tenemos ahora.

Sabemos que compartió trabajo y mantuvo una amistad con León Rozitchner. ¿Qué nos puede decir de él y de su legado intelectual?

Me parece que el fallecimiento de León, su pérdida, es insustituible para la cultura argentina. Era un tipo de intelectual que asumía el riesgo como centro fundamental de sus intervenciones. Eso lo llevó, siempre, a tener fuertes discusiones contra todas las formas de consenso social. Si se leen algunas de sus producciones como: “Entre la sangre y el tiempo-Lo inconsciente y la política”, “Las Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia” o ”La Cosa y la Cruz”, se observa cómo va poniendo el foco sobre algunas situaciones que tienen alto consenso social (el Peronismo, el Cristianismo, la soberanía de las Islas Malvinas, etc.). Considero que hay que pensar que el modelo que fue configurando tenía esta singularidad, la de ser una voz extrema y solitaria para la vida intelectual argentina.
En estos días se dijo que había pertenecido a Carta Abierta y esto no fue así. Él participó de algunas reuniones, fundamentalmente cuando ocurrió el conflicto de la 125. El tipo de intelectual que fue León no era aquel que puede estar en consonancia con un colectivo. Siempre mantuvo esa cosa de francotirador individual, y esto no era un demérito sino que le daba potencia a su propia enunciación y al modo en que se situaba, diciendo cosas que nadie más decía en la cultura argentina, en términos críticos. Creo que ese tipo de lugar que asumía León, de voz radical, de riesgo radical -incluso desde la soledad en la que se colocaba-, va asociado al que, considero, es el valor fundamental de su filosofía: se trata del haber forjado una filosofía materialista sustentada principalmente en el plano de los afectos, del cuerpo y del deseo. Me refiero a lo que él llamaba un “materialismo soñado”, no uno asociado a la economía sino un materialismo que lleva a la pregunta hacia la idea de las mitologías, la sensibilidad o -en los términos que el propio León lo pensaba- de la subjetividad. Lo fundamental en su obra filosófica y en sus intervenciones políticas fue pensar, desde sus comienzos, la relación entre las formas de la subjetividad y la política. Esto se puede ver tanto en sus textos tempranos, como la discusión con John William Cooke en “La rosa blindada” en los años sesenta, donde pone la cuestión de la subjetividad en relación con el peronismo y las luchas insurgentes, como en sus últimas producciones: recuerdo un artículo en Página 12 en el que analiza al kirchnerismo en relación a la subjetividad y a los modelos de mujer y de pareja que se juegan en cada movimiento político. Son cuarenta años en los que fue trabajando y ahondando, prácticamente el mismo tema, con esta facultad de hacerlo de un modo original y absolutamente arriesgado.