Marita Perceval: “No hay que reinventar el modelo, hay que cuidarlo y avanzar”. Entrevista a la Sub-secretaria de Promoción de DD.HH. – Parte I

Reportaje de Federico Ghelfi y Telémaco Subijana

Iniciativa entrevistó en exclusiva a Marita Perceval, Sub-secretaria de Promoción de Derechos Humanos de la Secretaria de DD.HH. de la Nación. Fue Senadora Nacional por el Frente para la Victoria hasta el año 2009 y anteriormente ocupó diversos cargos a nivel provincial y nacional. Filósofa, en el ámbito académico se desempeñó como docente e investigadora en la Universidad Nacional de Cuyo. Militante feminista de larga trayectoria en el campo de los derechos humanos, en esta oportunidad presentamos la Parte I de esta entrevista en la que analiza el proceso político luego de las primarias y las transformaciones más importantes del modelo iniciado en 2003. Leer más.

¿Cuál es su opinión acerca del proceso político actual luego de las elecciones primarias?

En principio, mi impresión es de alegría, confianza, responsabilidad y humildad por sentir y reconocer que más de un 50% de los argentinos y las argentinas acompañaron con su voto a la Presidenta. Esto no significa un voto en que se está de acuerdo punto por punto, pero sí expresa que se está de acuerdo con el modelo de país y con las mejoras de las condiciones de vida que ha tenido la Argentina en estos últimos años. Es decir, se trata de un voto de confianza al modo en que la Presidenta va a seguir llevando adelante una Argentina en donde la dignidad, la inclusión y la igualdad sean traducidas en condiciones concretas y no en valores abstractos en las cuales nos reconocemos. Lo mismo ocurre en relación al enorme avance en cuanto al reconocimiento de la diversidad y las diferencias en clave de igualdad. Esta expresión de más del 50% de los votos en las PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) es indudablemente una enorme fortaleza en términos de una evaluación de esta gestión de gobierno del Estado Nacional. También despeja cualquier mediocridad y mezquindad de aquellos que se empeñaban en caricaturizar, ridiculizar y menospreciar el temple de la Presidenta Cristina Fernández y su capacidad política para gobernar. Esta operación no solamente descansaba en los medios hegemónicos de comunicación sino también en los pasillos oscuros del poderío y los pactos que tanto daño nos hicieron a los argentinos. En definitiva, las primarias fueron una respuesta contundente por parte de la ciudadanía y, para quienes formamos parte de este proyecto político, constituye una exigencia a reconocer que el voto de confianza fue a un modelo de país y que la adhesión fue a la Presidenta.

¿Cómo caracteriza el modelo político iniciado en 2003?

Me gustaría hacer hincapié en la gestión de Cristina aunque bien reconozco y valoro con enorme pasión lo que significó la gestión de Néstor Kirchner. Cuando él asumió era impensable que se pudiera cambiar la realidad: su gobierno fue una novedad para una Argentina que vivía una epidemia de escepticismo que nos había penetrado en la cultura cotidiana. El camino iniciado por Margaret Thatcher en Inglaterra y continuado por las expresiones del neoliberalismo habían calado hondo aunque ese modelo significara la pobreza de las mayorías, el desempleo de muchos o la angustia de todos; era lo único que había. En ese contexto, Néstor Kirchner demostró que no había un único camino. Probó que se podía renegociar la deuda, cambiar la Corte Suprema de Justicia y, en definitiva, sincerar el debate político. Su gestión se constituyó como un punto de partida fundamental hacia transformaciones imprescindibles.

Por su parte, desde que Cristina asumió la presidencia, se produce indudablemente una transformación en la voluntad y en la decisión de cambiar las relaciones de poder en la Argentina. Esto fue un cimbronazo. Cristina Fernández no es la presidenta de los vetos y los Decretos de Necesidad y Urgencia, sino la de las políticas públicas que se garantizaron en normas que significaron un giro copernicano en la historia argentina.

¿Cuáles considera que son los avances más significativos?

Se han llevado a cabo grandes transformaciones, una de las más importantes tuvo que ver con la administración estatal de la seguridad social. Cuando estaba rifado el presente de los jubilados y jubiladas y el futuro de los trabajadores y trabajadoras activas, tomó la decisión de recuperar un sistema basado en la solidaridad, tal como lo instruyen, indican y orientan todos los instrumentos regionales e internacionales de derechos humanos. Esto sirvió para resguardar estos fondos de la timba financiera y la economía-casino que habían instalado las AFJP no solamente en nuestro país sino que también los sistemas previsionales en el resto del mundo. Esto lo están sufriendo en la actualidad los países desarrollados. Esta posición política e ideológica llevó a que nuevamente surgieran en la escena ciertas paradojas, contradicciones y fantasmas. La paradoja tuvo que ver con que aquellos que durante la década del 90 habían vociferado que estaban en desacuerdo con las siniestras privatizaciones del sistema de jubilaciones y pensiones, votaron ahora en contra de la re-estatización. La contradicción tuvo que ver con quienes, al momento de discutir el proyecto, decían que recuperar para el Estado la administración de las AFJP iba a significar que el mercado se resintiera y que el crecimiento en la Argentina se iba a detener porque sería un signo de incertidumbre para los inversores; fue la realidad la que los contradijo. Por último, respecto a los fantasmas que se anunciaban respecto a que el sistema iba a ser deficitario y que iba a servir para el jolgorio de los amigos del poder, todos pudimos ver como esos miedos se despejaron. La re-estatización fue una medida revolucionaria y una política sustantiva. Debemos recordar que en el periodo previo el Estado estar subsidiando a las AFJPs por la suma de $ 4.000 millones para que pudieran pagarle -y mal- a los jubilados dado que se habían rifado los recursos. Ahora no solamente hemos refinanciado el sistema, sino que sancionamos una ley de movilidad que obliga a realizar dos incrementos anuales de los haberes jubilatorios. Esto no solamente se cumple sino que también los fondos de la ANSES han servido para implementar la Asignación Universal por Hijo (AUH): la política de mayor impacto y extensión de América Latina. Significa el 1.3% del PBI de la Argentina, mientras que un programa equivalente como es “Bolsa Familia” en Brasil -un excelente programa que se constituyó como una superación por parte del gobierno de Lula al “Bolsa Escola” implementado por F.H. Cardoso- no llega al 1% del PBI. Esto no lo expreso como una crítica al gobierno brasileño sino que lo tomo a modo de ejemplo para dar cuenta de que la AUH es el programa de inclusión más importante no solamente en relación al PBI sino que también en lo que respecta a las consecuencias de su implementación. La AUH contribuyó a un aumento de la matricula educativa del 27% y a la incorporación e inclusión en el sistema de salud de una gran cantidad de madres y niños.

Otra medida transformadora fue la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, tantas veces querida, debatida y comentada en los ámbitos académicos, sociales y políticos. Es importante remarcar que durante los ´90 muchos dirigentes políticos se convirtieron en comentaristas. Y, como sabemos, comentar no entraña riesgos; en tal caso estos comentaristas estaban (y están) más o menos invitados a los espacios mediáticos dependiendo de su atractivo o su grado de histrionismo, es decir, de cuánto podían contribuir al rating. En este contexto, todo lo contrario ocurre cuando un gobierno exhibe y materializa una intención de transformación. La voluntad de decidir es la que implica poner sobre la mesa ideas, intereses y proyectos. Y en este sentido se da la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, con el valor agregado de haber contado con una enorme participación social antes, durante y después de su tratamiento. Se promovió el debate sobre la difusión y el protagonismo que surge de los diversos medios emergentes, que considero que ya no deben llamarse “alternativos” a la hegemonía sino “medios genuinos de comunicación social, popular y comunitaria”. Este es otro de los grandes logros de esta gestión, aunque falte mucho por delante en la materia. Recordemos que no fue fácil transitar el camino: intentaron torpemente la vía de la judicialización a través de amparos en distintas provincias -la política había sido víctima no solo del “comentarismo sin riesgos”, sino que también de la “judicialización con privilegios”- pero se fue demostrando una y otra vez que se contaba no solo con la legalidad sino también con una legitimación social. Finalmente a las corporaciones les salió el tiro por la culata, porque cuando argumentaban la “crispación de la prepotencia” para fundar el amparo, mostraron la “concentración de la prepotencia”. La democratización de los medios sigue siendo un tema en debate y se relaciona con una construcción cultural.

Por último, otros de los grandes hitos fue la discusión en torno a la resolución 125. No empecé por la 125 porque para eso me reservé este momento. Este conflicto no puede explicarse si no entendemos todas las políticas públicas llevadas a cabo desde el 2003 –entre ellos, las primeras, del desendeudamiento que siguió siendo una política del gobierno y la inclusión jubilatoria, que se aceleró y profundizó. Todo esto se llevó a cabo en un contexto de crecimiento de la economía nunca antes visto en la historia argentina. Esto no puede ser explicado por el famoso “viento de cola” del que hablan desde la oposición. Actualmente, nos encontramos ante un contexto de crisis internacional y, a pesar de esto, se estima que nuestra economía crecerá en torno al 8%. Siendo mendocina puedo dar cuenta de lo que es el “viento de cola”. A modo de ilustración, cuando uno viaja en avión desde Mendoza a Buenos Aires, el trayecto dura –con viento de cola- alrededor de unos 20 minutos menos que cuando se realiza el camino inverso. Siempre puede haber “vientos de cola” o “vientos de frente”: el asunto es si el piloto o la pilota puede conducir el avión, si sabe adónde va, cómo despegar y cómo va a aterrizar. Entonces, ¿qué importa que haya viento de cola? Siempre se trabaja sobre escenarios de oportunidad e hipótesis de complejidad/dificultad. Dicho lo anterior, podemos avocarnos a la 125. En este sentido, uno de mis últimos discursos como senadora nacional fue dedicado –en aquella votación de la 125- a quien está por terminar como un hombre gris, que ocupó la vicepresidencia prestada (porque los votos eran de Cristina y suya fue la traición). En ese momento había cierta apología de la libertad de conciencia por parte de algunos bloques unipersonales. Decían que había que ir contra el verticalismo. En ese momento yo pensé: “qué degradación tan cínica”. Lo cierto es que lo que verdaderamente se atacaba era el voto deliberado de mujeres y varones militantes que saben por qué y para qué han ocupado una banca legislativa. Participar en política implica estar de acuerdo con un programa, y si se lee la plataforma del 2007 de la candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner (aquella en una de las propagandas decía “Cristina, el vicepresidente y vos”), claramente se expresaba la búsqueda de una redistribución más justa de la riqueza y la aplicación de retenciones a las rentas extraordinarias. Por lo tanto, o el vicepresidente no leyó la plataforma (cosa muy frecuente en algunas personas que acceden al poder sin tener un compromiso por el proyecto en el que participan), o lo hizo y no actuó acorde al programa del que era parte. Por eso le cabe lo que con dramatismo, lucidez y coraje le dijo el senador Pichetto: “si lo tiene que hacer, hágalo ahora”; el mensaje era que cuando se decide traicionar para ser funcional a una corporación poderosa, “que no le tiemble el pulso, si ya lo decidió, anímese y hágalo de una vez; traicione y deje de titubear”. Y en contraposición, cabe destacar el papel, la presencia, el acompañamiento, el cuidado, el enojo, la ternura y el desbordado amor de esos días, explicitado en las calles, en los actos, por Néstor Kirchner para con Cristina. La 125 fue un momento en el cual había que aprender que tomar decisiones en favor de las mayorías, una vez más, no era gratuito. Ya había ocurrido que, cada vez –en muchas ocasiones- que se había intentado esto, se habían acabado los gobiernos democráticos, se habían producido golpes de estado o debilitamientos inmediatos de los poderes legales y legítimos; y el reemplazo o condicionamiento de parte de los poderes fácticos.

Tampoco quiero olvidar otras iniciativas. El matrimonio igualitario es otra de las medidas más emblemáticas.

En esa y otras oportunidades algunos sectores plantearon que no se trataba de una iniciativa “genuina” del gobierno ¿qué opina sobre esos planteos?

Cabe aquí una anécdota. En uno de los viajes desde Mendoza a Buenos Aires, una distinguida abogada progresista (entiendan lo que quieran con eso) me dijo: “Ustedes los peronistas son siempre los mismos ¡Qué bárbaro esto que hizo Cristina! Sacarle una idea que era de otras personas y adueñarse del matrimonio igualitario cuando nunca jamás se le habrá ocurrido”. Esto es algo que considero como una mezquindad, una torpeza y una mediocridad por parte de ciertos sectores. Escuchamos lo mismo cuando Néstor Kirchner y Cristina decidieron poner fin a la impunidad, no solamente declarando nulas y derogando las leyes de Obediencia Debida y los indultos, sino avanzando en los Juicios por Verdad, Memoria y Justicia. En esa ocasión también decían que “nunca estuvieron en la Ronda con las Madres”, lo cual puede ser, pero también hay que contestarles que nunca estuvieron picaneando en un Centro de Concentración a un compañero, o siendo cómplices de hacerse los que no sabían lo que estaba pasando. Por otra parte, Cristina sí había presentado proyectos en el sentido de deslegitimar, criticar y derogar las leyes de Obediencia Debida, Punto Final o Indulto. Cuando fue diputada había presentado, y se promulgó, la derogación de las Leyes Secretas. También había votado en contra de la privatización del Correo, se había enfrentado con su Bloque por Yaciretá, con el por  entonces Ministro de Defensa O. Camilión por la venta de armas a Ecuador y Croacia (coas que le valió que la echaran del Bloque: un caso único). En definitiva, cuando se sancionó la Ley de Matrimonio Igualitario en 2010, no se había presentado un proyecto en forma previa, pero se supo escuchar -como tantas veces- una demanda social. Si se mira cómo se construyen las minorías, se debe tener en cuenta que pueden serlo cuantitativamente pero también pueden ser una mayoría culturalmente. Por ejemplo: puedo decir que las personas trans no llegan a ser 7.000.000, pero tal vez haya más de 30.000.000 de argentinos y argentinas que quieren la igualdad y la no discriminación para las personas trans. Con lo cual, no sirven las evaluaciones apresuradas si no se analiza por completo cómo se construye una sociedad. El problema es que se enojan cuando a la Argentina le va bien y a la sociedad le va mejor. ¿Qué impedía que una presidenta se hiciera cargo de una demanda social? En nuestro país muchas cosas han impedido que un presidente o una presidenta se hiciera cargo de una prolongada demanda social: cúpulas eclesiásticas de distinto signo, intereses económicos, discriminadores por profesión, pitonisas sin destino, etc.

Cuando se está ante la oportunidad de tomar decisiones como la de promover el reconocimiento del matrimonio igualitario, seguramente otros presidentes lo habrán medido en términos de conveniencia y no resuelto en términos de principios. Esto muestra lo que es Cristina y esto es lo que anhelamos que sean estos próximos años. No pretendemos perpetuarnos en el poder sino que se siga liderando esta enorme oportunidad que hemos tenido, primero con Kirchner, de sacarnos el escepticismo y el miedo, y ahora con Cristina, de sentirnos curiosamente libres e inmensamente dignos para construir igualdad, libertad y, como dijo hace poco, de hacer “Patria” (que no es una categoría tradicionalista). Patria tiene que ver con la libertad de los derechos individuales, de los derechos humanos, aquellos para los cuales cada individuo como persona irrepetible pueda elegir su proyecto de vida con autonomía. Pero no se puede ser libre sin igualdad, que es la dimensión social de los derechos humanos. No vale la libertad de uno a costa de la desigualdad de otros

¿Hacia dónde cree que se debe orientar o profundizar el modelo?

Más igualdad, que significa más personas integradas al trabajo decente, terminar con siete de cada diez mujeres víctimas de violencia, más pibes y pibas en la educación media, superior y universitaria, más trabajo decente, más disfrute y proliferación cultural y celebración de lo diverso, más reconocimiento del otro en términos de no discriminación, más distribución de la riqueza. En definitiva, considero que no hay que reinventar el modelo, hay que cuidarlo y avanzar.