Eric Calcagno: “La distribución del ingreso, de la palabra y del conocimiento es lo que nos va a convertir en un país desarrollado; el resto es literatura”. Entrevista exclusiva al Senador Nacional y candidato a Diputado.

Reportaje de Vicente Russo y Federico Ghelfi

Iniciativa entrevistó en exclusiva al Senador Nacional y candidato a Diputado por la Provincia de Buenos Aires del Frente para la Victoria, Eric Calcagno. Es Licenciado y Magister en Sociología de la Universidad de Paris V – Réné Descartes y graduado de la École Nationale d’Administration de Francia. Fue profesor en las Universidades Nacionales de Lanús, Lomas de Zamora y La Plata. Ha publicado: “El resurgimiento argentino, un libro para la militancia”, “Terra Incógnita”, “La deuda externa explicada a todos” y “Una Argentina posible”, entre otro libros. En esta entrevista opina sobre el escenario político nacional,  analiza el rol de los medios de comunicación y explica cómo profundizar el modelo de desarrollo con justicia social. Leer más.

Teniendo en cuenta el actual escenario político, tanto a nivel nacional como en la Ciudad de Buenos Aires ¿Cuál es su visión sobre el triunfo de Cristina Fernández en las primarias?

En primer lugar, me parece que el arco opositor cometió tres series de errores. Se trata de tres errores de percepción que dieron lugar a otra serie de errores instrumentales. El primer error fue creer que los resultados locales en la Capital Federal, en Santa Fe o en Córdoba, significaban un mar de fondo contra el modelo que inició Néstor y continuó Cristina. Ese fue el primer error de la oposición porque se trataba de campañas locales, eran escrutinios de índole local y después al otro día salían diciendo “ha perdido el proyecto nacional”; y lo que finalmente se vio es que las compulsas electorales en el nivel local tuvieron un sentido local y las primarias tuvieron claramente un sentido nacional. De allí los resultados. Ese fue el primer error conceptual importante del arco opositor. El segundo error fue ningunear a las primarias: decir que las primarias no servían, que no valía la pena ir a votar, que era una especie de encuesta en tiempo real; en todo caso, ¡qué no dijeron de las primarias! Y de hecho, lo que sucedió fue que las primarias fueron una muestra de una gran participación popular (prácticamente como en una elección general) y que, como sistema y como metodología, transparentan y fortalecen el funcionamiento de los partidos políticos. Eso también implica un aumento de la calidad institucional, que es lo que va a permitir elegir a las personas que tengan mayor legitimidad y una mayor articulación con la realidad. Sin dudas, creo que lo que se marcó es el buen momento del proyecto político. Al equivocar el sentido nacional con el sentido local, al errar la importancia del significado de las primarias, desdeñándola y viendo después que era importante, pasamos a la tercera serie de errores de la oposición. Se trata de creer que las elecciones generales del 23 de octubre, ahora van a ser como legislativas. Entonces, en el fondo, lo que tenemos es gente –la oposición- que cree que las elecciones en el nivel local impactan en lo nacional (algo que no sucedió) que las primarias no servían y que la ciudadanía le iba a dar la espalda (tampoco pasó) y, por último, que las elecciones presidenciales del 23 de octubre se toman como si fueran legislativas (algo que evidentemente no es así). Así que, a fuerza de ponerle una etiqueta a las cosas -de cosas que no son-, hay que decir que esa operación no las va a convertir por sí misma en lo que ellos quieren que sean. Es decir, no es a fuerza de repetir que un piano es un vaso de agua, que ese piano se convertirá en un vaso de agua, o, como decía Federico Engels “la prueba del cake [la torta] es que podemos comerla”.

Entonces, en definitiva, tenemos un primer punto que marca a las claras que hay un gran desconcierto: no hay una articulación pertinente o significativa (en tanto productora de sentido) del arco opositor con la realidad. Están desorientados.

Una de las particularidades del contexto político nacional es que los medios de comunicación y gran parte de la oposición construyen una estructura ideológica que carece de una voluntad política capaz de sostener y dar carnadura a ese proyecto ¿Cómo analiza esa tendencia?

Se ha dicho en estas últimas semanas luego de los resultados, y a modo de excusa, que los medios de comunicación -dominantes monopólicos- “no tienen nada que ver” en cuanto a su influencia en la política. Esto es, una vez más, un posicionamiento de situarse en el centro de las cosas: los medios “son, existen, hacen y deshacen”. Cuando, en realidad lo que sucedió es que las electoras y los electores, así como las lectoras y los lectores de otros medios ya no les creen más a estos grupos. Es enorme la diferencia entre lo que ellos dicen y lo que es. Aclaremos que todo análisis de la realidad tiene en parte un componente de subjetividad, de analizar algo en lo que uno también es parte; es decir, uno no escapa al objeto que está estudiando. Mas allá de esa honestidad intelectual que el comunicador debe anunciarle al comunicado, quizás el comunicado en algunos casos ya no le cree más a ciertos comunicadores. Entonces hay que decir que los medios sí tuvieron influencia. Lo que sucede es que estos son medios que son también hijos de determinadas relaciones de poder, de determinada situación de la historia argentina, y que esas relaciones de poder y esa situación de la sociedad argentina ha evolucionado y, mientras tanto, estos grandes medios monopólicos siguen hablando y pensando como antes. Entonces, pongamos por caso, es como si estuviéramos en plena Revolución Francesa: todavía hay gente que dice que el Rey es Rey de derecho divino; tenemos que decir “bueno, no”, la historia ya pasó por ahí, hay un cambio. Y lo que hacen algunos es no seguir ese cambio. Llegó el momento de decir: “la sociedad argentina ha cambiado, en qué ha cambiado, qué aspectos, cómo, cuál es el sistema de representaciones de la sociedad argentina hoy”. Es cierto que no es lo mismo un sistema de representación en el cual había la mitad de la sociedad incluida y la otra mitad excluida, que un sistema de representación donde de repente entraron 20 millones de personas a su calendario. Yo creo que ese viaje es una de las bases de nuestro proyecto político y de nuestro proyecto económico. Considero que lo que sucedió es que algunos sectores siguen hablando acorde a relaciones políticas y relaciones sociales que ya no existen más, que han evolucionado. ¿Cómo hablarles a un millón de chicos que tienen netbooks? Ese millón de chicos que tiene netbooks puede -con ellas- leer Clarín ¿Lo hará? ¿Qué va hacer Clarín para que lo lean? Si ya no hay más una cuestión de automaticidad o una situación de monopolio, sobre todo una vez que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual pueda ser aplicada en su totalidad. Luego, creo también que es importante remarcar que los partidos políticos del arco opositor han actuado haciéndole “la segunda” a los grupos monopólicos de comunicación. Es como si los grandes grupos de comunicación dictaran la agenda política de diferentes partidos políticos del arco opositor, lo cual es muy malo para los partidos políticos del arco opositor porque los tiempos periodísticos o las urgencias que pueden tener esas empresas no son los valores y los principios que tienen los partidos políticos (hasta los centenarios), que hoy revistan en el arco opositor. Extraño aquel tiempo en la Argentina en el cual los anarquistas tenían La Protesta, los socialistas, La Vanguardia, los radicales tuvieron también su diario en la época de Yrigoyen, La Época, los peronistas en el gobierno de Perón tuvieron Democracia. Entonces, había diarios que estaban claramente identificados con una corriente política y no pretendían eso que es una atrocidad, llamado “periodismo independiente”. ¿Independiente de qué? ¿Cómo se puede estar fuera del alcance y del tiempo? Si está fuera del espacio y del tiempo es posible que no esté en ningún lado. Entonces sería terrible que esas personas, que se piensen en un espacio y en un tiempo, no lo digan. Esto es parte del articulo uno del “Código de Confianza” con los lectores o las lectoras: decir desde que lugar se habla, qué posiciones se defiende y por qué.

En el actual ciclo de debates “Economía y Política” organizado por la Casa Nacional del Bicentenario, usted reflexionó sobre que “la oposición no es post-peronismo, no es post-kirchnerismo, sino pre-peronismo, pre-kirchnerismo” ¿A qué se refiere?

Si el peronismo como movimiento nacional ha logrado dar a lo largo de su historia respuestas a determinados problemas que planteaba la sociedad argentina, si el kirchnerismo como estilo político del movimiento nacional hoy también da respuesta a las necesidades que tiene la sociedad argentina, entonces gana una cierta legitimidad en los hechos, en la gestión, uno ve los resultados. Luego tenemos el arco opositor: lo que plantea son todas cosas que son anteriores al 25 de mayo de 2003 en una faz positiva, o anteriores al 17 de octubre de 1945 o anteriores incluso al 25 de mayo de 1810. En el caso de los sectores más conservadores, todavía niegan la posibilidad de que se discuta la función social de la propiedad, algo tan revolucionario que figura en la Doctrina Social de la Iglesia; es ahí donde nosotros podemos medir el arco opositor, viendo en qué lugar del pre kirchnerismo o del pre peronismo se quedaron. Es una lástima el caso de algunos sectores políticos que han demostrado en su historia una determinada trayectoria popular, una determinada vocación de poder, pero que hoy no las tienen. Por lo tanto, cuando me siento en el recinto del Congreso, lo que veo no es un frente pos-kirchnerista o pos-peronista sino fórmulas antiguas que se demostró que no funcionaban. Creo que si vamos a la discusión más bilardista de la gestión, podemos decir: “bueno, nuestro modelo funciona, el de ustedes no funcionó”. Tanto más es así que los referentes económicos del arco opositor se cuidan mucho de decir sus ideas porque son las del Fondo Monetario Internacional antes de que Néstor los mandase a donde tienen que estar. Entonces, cuando uno analiza el presupuesto que el famoso “Grupo A” elaboró, se trata un proyecto sobre la base del pago de los compromisos externos con presupuesto; eso es volver al ajuste, pero ¿por qué no lo dicen? Si no les gusta “Fútbol para Todos”, ¿por qué no lo dicen? Es una opinión valedera, lo mismo si no les gusta la “Asignación Universal por Hijo”, si no les gustan los subsidios al transporte, que sin dudas hay que estudiarlos -hay que ver de qué modo sostenemos la demanda y podemos ser más pertinentes en aportar un salario indirecto a la trabajadora o al trabajador que tiene que usar un medio de trasporte público- pero si no está de acuerdo, que lo digan. Hay que tener la gallardía de sus propias opiniones, y sino los esperamos no somos ni sectarios ni cerrados, y bajo el sol de la patria hay lugar para todos.

En su último libro, Horacio González (“Kirchnerismo: una controversia cultural”) señaló que durante los noventa la cultura era un espacio más o menos homogéneo articulado alrededor del rechazo al menemismo y que la irrupción del kirchnerismo trastorna ese campo y genera polémicas nuevas ¿Cómo visualiza las discusiones que se dan en el ámbito cultural?

La polémica viene de polemos que en griego quiere decir algo así como “la guerra”. Por lo tanto, uno está en una situación de conflicto: no es malo el conflicto, el problema es que se puede no reconocer que efectivamente exista el conflicto. La buena noticia es que vivimos bajo un sistema político llamado democracia en el cual sublimamos ese aspecto violento de la polémica enraizada en la idea de guerra, del fin del adversario y, gracias a la democracia, nosotros lo que queremos es sacar más votos que nuestros adversarios pero no queremos que nadie deje de jugar este juego, porque me parece que en este juego ganamos todos. Ganamos como partidos y como políticos, como militantes, como sociedad, por lo tanto, lo que tiene la política democrática y civilizatoria, es que sublima esa violencia, pero esas polémicas pueden y deben existir. Una sociedad sin polémica es una sociedad que no se interroga más sobre sí misma, sobre lo que hace bien o sobre lo que puede hacer mejor. Por eso, el hecho de que hayan surgido más de 1200 intelectuales en el ámbito de Carta Abierta es promisorio para el proyecto nacional. Pensemos cuál fue la actitud de los intelectuales durante el primer peronismo. Nos costó un par de decenios, pero ahora esa parte, la parte más digna, seductora e inteligente (entendiendo la inteligencia como la adecuación del concepto al objeto) ahora los intelectuales están de este lado. Del otro lado lo que tenemos son señoras y señores que miran viejos álbumes de familia y fotos color sepia. Es una lástima, porque la intelectualidad argentina da para más, de un lado o del otro. La discusión siempre es buena y fructífera cuando se da justamente en un marco democrático. Desconfío de los consensos artificiales en los cuales todos hacen concurso para ver quién realiza la sonrisa más amable al establishment. Néstor Kirchner lo dijo claramente: nosotros no dejamos los principios en la puerta de la Casa Rosada, y cuanto más cerca del poder estamos, más duplicamos la apuesta, no aplicamos el “Teorema de Baglini sino el “Teorema de Néstor”, por lo tanto lo que se da ahí es una repolitización de las cuestiones, y quien dice “repolitización” dice análisis de las relaciones de fuerza, de los actores sociales, del margen de maniobra que realmente existe para llevar adelante las transformaciones que queremos. Y ese análisis no lo hacemos para desanimarnos cuando quizás el margen de maniobra es muy estrecho, sino para tomar datos de allí y aumentar ese margen para realizar nuestro proyecto, siempre sometidos al veredicto popular. Nosotros no tenemos otra fuerza no sea la que surja de un sufragio universal. Cuando uno mira la campaña de Cristina -podemos compararla, si queremos ser crueles con las otras campañas- fue realizada en torno a valores, la fuerza de la dignidad, del trabajo, de la familia. Se trata de una identificación con una personalidad, con un hombre de Estado como Néstor Kirchner, su fuerza, pero al final todo termina en la “fuerza de un pueblo”. Esa campaña en torno a valores hace que uno pueda reconocerse a sí mismo y también reconocer la parte del trabajo propio en el proyecto nacional. Esto es lo contrario de la idea de algo exclusivo o que connote agresividad o cualquier elemento de comunicación que busque infundir el miedo. A veces las propagandas del arco opositor parecían propias de bomberos pirómanos (como los de Fahrenheit 451). Me parece importante señalar que hay muchos que hablan de crisis, de desastres, de Apocalipsis, porque se plantean como los que pueden sacar al país de esas crisis, de esos desastres, de esos Apocalipsis. El problema es que en la Argentina no tenemos desastres ni Apocalipsis, al contrario, allí tenemos “Tecnópolis”, que demuestra que no somos un pueblo ni superior ni inferior a todos los demás, pero sí distinto, y que nosotros reafirmamos esa diferencia en la igualdad, en la creatividad, en la posibilidad de aceptar al otro y de hacer una propuesta política que de ganas de seguir adelante con estas transformaciones. Lo que yo siento es que, como muchas veces dice la Presidenta, vamos por más: “nunca menos” es una cosa, el “vamos por más” es otra, y nosotros no hacemos la plancha, ni en el ejecutivo, ni en el legislativo, ni en la militancia.

En uno de sus últimos discursos, Néstor Kirchner manifestó que su principal preocupación era llegar al “50% / 50%” en el reparto de la Renta Nacional, ¿Qué lectura podría hacer al respecto? ¿Cómo se avanza en la redistribución?

Yo creo que este proyecto nacional tiene tres ejes, todos ellos relacionados con la redistribución. La primera redistribución es la que hacia mención Néstor, que es la distribución del ingreso: el trabajo es el gran ordenador social, por lo tanto lo que nosotros queremos son trabajadores integrados, en blanco con buenos salarios, no sólo por un imperativo de justicia social sino porque es lo que hace funcionar la máquina económica. Cuando vemos que en los países centrales, Estados Unidos, Europa, se desmantela el Estado de Bienestar, nosotros, por el contrario, reconstruimos, mejoramos, perfeccionamos y reinventamos el Estado de Bienestar en Argentina para el siglo XXI. ¿Qué quiere decir el Estado de Bienestar? Que a uno le puede ir bien y a otro le puede ir menos bien, pero que a nadie le tiene que ir mal, porque ese es el mensaje importante y eso solo se logra mediante la distribución del ingreso, que no es una cuestión que espontáneamente surge de los actores, de las fuerzas sociales, y sin duda no es el mercado quien puede hacer eso, sino de un estado estratégico, un estado socio, un estado acompañado que también -como lo señala Cristina- tiene como uno de sus fuertes asegurar una demanda agregada dentro del país. Esto significa que los empresarios, los industriales y los demás actores económicos, sepan que enfrente hay personas con dinero en la mano para comprar sus productos, y ese dinero en la mano lo tienen porque tienen mejores salarios. Es importante todo el trabajo que se hizo en contra del trabajo en negro, la recuperación de los salarios, la recuperación de las jubilaciones y la ley de movilidad jubilatoria. Nosotros distribuimos ingreso que es uno de los pilares del proyecto. La segunda redistribución es de la palabra: no hay distribución del ingreso duradero y sustentable si no distribuimos la palabra, y justamente eso que le da tanto miedo a -le voy a dar una categoría de la cual carecen- los intelectuales orgánicos del establishment, porque no se si son intelectuales u orgánicos, pero del establishment seguro, lo que logran es decir escandalizados “¿qué es el relato kirchnerista?: ¿decir que Rosas merece ser rescatado por la Vuelta de Obligado, Dorrego por el federalismo popular, Juana Azurduy por su coraje?”. Es muy interesante ver cómo el kirchnerismo pelea por determinados valores, y como esos valores son compartidos por la sociedad. O sino ¿cómo se explica el voto si no es por una cuestión de identificación de valores? Ahora bien, hay otro relato planteado, que por supuesto abreva lo mejor de nuestras tradiciones populares pero que es un relato que tiene que ser contextualizado y operativo, por eso la Ley de Medios lo que permite es repartir la palabra.  Nosotros no queríamos sacarle éter, tinta o pantalla a nadie, pero sí queremos completar ese escenario, ese sistema de representaciones con los diferentes actores, las diferentes sensibilidades y las diferentes opiniones. Eso va a hacer que a la hora de tomar decisiones nos demos cuenta que la realidad tiene tres dimensiones y no una: por lo tanto, primero, distribución del ingreso, segundo, distribución de la palabra, y en tercer lugar viene la distribución del conocimiento. La distribución del ingreso es lo que nos asegura el combate que estamos llevando adelante por la homogeneidad social, por la justicia social; la distribución de la palabra nos asegura la continuidad del proyecto en tanto y en cuanto el marco conceptual, que uno piensa siempre, percibe las cosas antes de hacerlas y que ese marco de percepciones pueda rendir cuenta de los problemas y los desafíos que tenemos que enfrentar; y el tercer punto, la distribución del conocimiento, tiene que ver con 18 universidades en la Provincia de Buenos Aires o las nuevas universidades nacionales en el Conurbano: no es el pueblo el que tiene que ir a la universidad, sino la universidad que va al pueblo. ¿Qué significa eso? Que al cabo de cinco, diez, quince años vamos a tener diplomados en sectores sociales que jamás hubieran accedido a la educación superior de no ser por este proyecto nacional y este modelo económico. Siguiendo grandes apotegmas del movimiento nacional, el peronismo que siempre se nivela para arriba. Desde la mejora en las jubilaciones hasta “Conectar Igualdad” estamos hablando de la igualdad de oportunidades, de poner la universidad a disposición, en el territorio, para los chicos y chicas del conurbano. Por lo tanto, distribución del ingreso, de la palabra y del conocimiento es lo que nos va a convertir en un país desarrollado; el resto es literatura.

Como Presidente de la Comisión Bicameral de Control de Fondos de Seguridad Social ¿Qué papel está cumpliendo y hacia donde debería orientarse la ANSES para fortalecer la capacidad de inclusión del modelo de desarrollo con justicia social?

Cuando llega Néstor Kirchner al poder, la ANSES era una administración residual. En este sentido, el problema que enfrentan todos los proyectos transformadores es que tienen que transformar la sociedad al mismo tiempo que transforman –valga la redundancia- el instrumento de transformación de la sociedad, en este caso el Estado. Aquí nadie está bancado por una gran multinacional, ni tiene fértiles extensiones de tierra infinitas, ni está tocado por la varita de modo inexplicable; acá simplemente se trata de un grupo de militantes comunes y silvestres que han estado a la altura de las circunstancias, como lo fue Néstor, como lo es Cristina. Luego, con mucha humildad y trabajo se transformó la ANSES en uno de los pilares de la reconstrucción del Estado de Bienestar, porque la ANSES lo acompaña a uno desde antes de nacer hasta después que se fue. La ANSES está con cada argentino siempre -como dice la propaganda- y eso se llama seguridad social. Ahora, para que la seguridad social sea efectiva, hay que tener el manejo y control de la supervisión de que esos fondos sean correctamente recaudados y derivados a las personas que efectivamente lo necesitan. Previamente la ANSES era un organismo residual, mientras hoy distribuye 14.000 millones de pesos a 11 millones de personas y lo que no entiende el arco opositor, es que cuantos más beneficios da la ANSES, menos discrecional puede ser, mas universal es el gasto. Entonces, son interesante las acusaciones de clientelismo, porque yo no me imagino de qué modo se puede hacer clientelismo con las netbooks, o  con la movilidad jubilatoria dos veces por año, habida cuenta que es una sabia ley que marca el aumento cada dos años, en un 50% por todo lo que aportan los activos, y en un 50% de los ingresos fiscales, ¿por qué? Porque en la Argentina tenemos sólo dos activos por pasivos, y los sistemas de reparto, para que funcione el reparto, tienen que tener por lo menos cuatro o cinco activos por cada pasivo. Por lo tanto, la comunidad nacional hace a través de sus impuestos un importante aporte para que los adultos mayores, y otros sectores que son también beneficiarios de la seguridad social, puedan acceder efectivamente a esos beneficios. Entonces, para mi lo que se está haciendo en la ANSES es una administración correcta, metódica, rigurosa, que todos los ingresos que llegan a la seguridad social y que después se reparten en forma justa a partir de la condición social en cual está la persona, en donde el Estado interviene eficazmente para subsanar o ayudar determinada cuestión. Eso es una opción política: nada sucedía cuando las AFJPs saqueaban alegremente el ahorro de los argentinos. Ahora que el Fondo de Garantía y Sustentabilidad, es decir lo que se recibió de las AFJPs, pasó de 80 mil a cerca de 170 mil millones de pesos, eso es lo que sirve de reaseguro del sistema y se invierte mediante criterios muy estrictos en determinadas áreas que uno tiene que crear empleo en blanco y bien pago, porque eso va a las cuentas de la seguridad social de todos los aportes. Segundo, tiene que crear actividad económica porque los impuestos que se paguen también van a la seguridad social, que por un 50% se financia sobre recursos fiscales.  Tercero, tiene que ayudar a que la sustentabilidad económica de la Argentina continúe para que no caigamos en crisis ni tengamos este problema de financiamiento. Y cuatro, se trata del conjunto haciendo funcionar el conjunto: así hacemos que la sociedad pueda avanzar y que cada argentina y argentino, se sienta mejor y sea un poco mejor dentro de la sociedad. De lo contrario pasamos a una sociedad en estado de naturaleza, como diría el compañero Hobbes, el hombre lobo del hombre y todas esas cosas. Por el contrario, la recuperación de la administración de los fondos jubilatorios, la asignación de los recursos fiscales correspondientes, hacen que uno pueda tener un haber jubilatorio que cuando llegó Néstor era de 150 pesos y hoy con Cristina está cerca de 1400 pesos. Por supuesto que queremos más, pero este es un camino de construcción política económica y social y no, como quiere la oposición una cuestión de “páguese a todos alegremente tanto”, con quiebre de la ANSES, el desfinanciamiento del presupuesto y, con todo eso, volver a meter a todos en una crisis, que es en general lo que saben hacer estos buenos muchachos. Bueno, como nosotros no estamos dispuestos a rifar 8 años de esfuerzo de los argentinos y 200 años de historia, tenemos la actitud que tenemos y nos la bancamos como cultos caballeros. En la Comisión de la ANSES en el Senado, cada requerimiento de la oposición ha sido satisfecho y hemos dado respuesta a todas las inquietudes de los legisladores de la oposición, porque creemos que, al contrario, cuanto más mostremos lo que hacemos, mejor nos va a ir.

En el contexto económico de crisis mundial pareciera ser que son las finanzas las que, de algún modo, opacan la política o, como usted se refirió en alguna oportunidad, el “rapto de la política”, ¿Qué análisis podría hacer al respecto? ¿Y en relación a Latinoamérica?

Primero que nada, hay culpa de los políticos que se dejan raptar: a nadie le sacan gratuitamente lo que defiende con uñas y dientes, pero quizás, como en otras épocas bastante oscuras de nuestra historia, los sectores políticos decidieron renunciar a la política y pensar que aplicando determinadas reglas económicas, iba a darse un desarrollo ininterrumpido a lo largo de los siglos. Pero como tal cosa no existe y hay que hacer política todos los días, y hacer política significa designar a quién voy a favorecer y quién va a pagar el precio de mi política (y si no le gusta me votara en contra, pero uno tiene que ser sincero respecto al conjunto del cuerpo social). Por otro lado están los que dicen hay que salvar a Grecia, España o Irlanda y en realidad lo que están salvando son los bancos de países como Alemania o Francia que están expuestos en Grecia, España o Irlanda. Lo que se llama “salvataje” del sistema financiero, que lo hubo en la crisis de 2008-2009, le costó muchísimo a los estados. Los estados, por su parte, tratan de endosárselo a los pueblos y los bancos le dicen a los estados “no, ahora no: tenés que tener mas déficit”. Entonces, en Europa, prácticamente reina el sector financiero porque así lo desean, porque así lo marca su sistema de representación, en lo más profundo de su íntima convicción.  Lo que sucede con los indignados en España o con los obreros en Grecia es que no tienen un contenedor político desde donde se pueda conducir una salida de la crisis: les hace falta un poco de peronismo en sus países, porque la socialdemocracia europea hace los ajustes con pena, mientras la derecha europea los hace con fruición. Pero todos hacen ajustes, por lo cual llegó la hora de mandarles a “Nestornópoulos”: si los griegos hace 2.000 años nos regalaron la política, creo que es de buen jugadores hoy decirles “muchachos, esto se resuelve políticamente: los pueblos no pueden esperar su salvación de parte de las calificadoras de riesgo” ¿Quién maneja las calificadoras? ¿Cómo llegaron? ¿O son una especie de religión pagana? En este caso, saquemos a todos los mitos y leyendas de escena y volvamos a las efectividades conducentes que es saber cómo se sale de la crisis. Como hizo la Argentina, la respuesta es, repartiendo el peso de la salida de la crisis, y se sale con una cuestión de saber que hay que subsanar el empleo. Néstor desendeudó a la Argentina porque de ese modo la liberaba de todo lo que son las articulaciones neocoloniales con el capitalismo financiero internacional, por lo tanto, la negociación de la deuda y el pago al FMI, fueron etapas en la posibilidad de conquistar nuestra posibilidad de hacer una política económica autónoma, nacional, y, reconozcámoslo, tan mal no nos va.

Sabemos que acaba de publicar su último libro “El resurgimiento argentino, un libro para la militancia” ¿Cuál es el argumento del libro? ¿Cuáles fueron sus intenciones?

El argumento del libro que hice en conjunto con mi padre y publicó la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, nace de algún modo, de la bronca de ver especialmente todos los medios monopólicos de comunicación diciendo cosas que no son ciertas, o que por lo menos deberían poner como opiniones de lo que ellos creen que son certezas. Este es un libro desde la política para la política porque se trata de 64 artículos que publicamos con mi padre en Miradas al Sur, divididos por cuestiones políticas, sociales o económicas. La intención es ofrecer al militante una propuesta para encarar con éxito cualquier discusión o argumentación sobre cualquier tema, y de cómo la militancia se ejerce desde la comida familiar del domingo (donde hay que conversar con alguna tía o alguna tía medio gorila, o algunas primas medio socialista) donde hay que ir a decirles “no, mira, esto es lo que nosotros hemos hecho, estos es lo que hacemos, esto es lo que haremos” y acompañar las cifras y las cuantificaciones correspondientes para que nuestros argumentos sean consistentes y sostenibles.

En relación a la militancia, y lo que mencionaba acerca de la política como el lugar donde el Estado toma partido, que no nos encontramos más frente a un Estado neutral, sino que tiene una valoración de las relaciones de fuerza, ¿Cómo analiza esta relación?

La conducción del Estado tiene una valoración de las relaciones de fuerza: nosotros, como conducción política, somos cuadros auxiliares de la conducción y tratamos de hacer avanzar las cosas en lo que a cada uno toca, todos los días un par de centímetros en el sentido correcto. El Estado nunca es neutro, siempre interviene, puede hacerlo a favor de los intereses populares o de los intereses concentrados. Cuando el Estado dice “voy a dejar la libre importación” puede estar favoreciendo a algunos y perjudicando a otros; la famosa propaganda de la época de Martínez de Hoz donde uno veía que antes había una silla nacional que se rompía y después venían un montón de sillas importadas y estábamos en el mejor de los mundos posibles, bueno, hizo falta una dictadura militar para arrasar con varias generaciones de dirigentes y establecer un determinado modo de pensar, y lo que significa el 25 de Mayo de 2003 es retomar de algún modo la formación de la conciencia nacional, como diría Hernández Arregui, allí donde fue abandonada. Por lo tanto, se trata de intentar rehacer lazos con nuestra historia; no en vano las primeras acciones del gobierno de Néstor se refieren a los derechos humanos. Hicieron un castigo efectivo a los culpables de los delitos aberrantes durante la dictadura y es muy difícil hacer una política económica nacional y popular, esta política es un todo -con sus cosas buenas y sus cosas menos buenas- pero hay que tomarlo como un todo. Se puede hablar de cualquier concepto y se puede discutir cualquier acontecimiento, pero nosotros estamos acá, hablamos desde este lado, y creemos que el Estado debe ser transformado para que responda efectivamente a los intereses populares, es en ese sentido que nosotros nos embarcamos y es el sentido de nuestra militancia.