Rumbo a Octubre: un contundente reconocimiento al proyecto nacional

Por Jorge Makarz*

El domingo la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner se impuso en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) con más del 50% de los votos. Pese a los poco auspiciosos pronósticos de los medios de comunicación -que luego del desempeño electoral del FPV en Santa Fe y la Ciudad de Buenos Aires anunciaban una caída en la intención de voto en las PASO- la elección popular legitimó la gestión del kirchnerismo y del modelo que se viene desarrollando desde el año 2003. El resultado da cuenta de un reconocimiento por parte de la ciudadanía de los cambios transformadores que se han llevado adelante durante el gobierno de Néstor Kirchner, primero, y el de Cristina Fernández, actualmente. La recuperación de la economía y el trabajo, los derechos humanos como política de Estado, la inclusión social mediante medidas como la Asignación Universal por Hijo o el Programa de Inclusión Previsional y la re-estatización de los fondos previsionales –tan criticados por quienes perdieron el domingo– son algunos de los motivos que permitieron una arrasadora victoria de la Presidenta en este gran test preelectoral.

Aún en los lugares menos favorables electoralmente, la población inclinó su voto por el kirchnerismo. Las provincias que recientemente habían sido reconfirmadas como supuestos bastiones opositores –Capital Federal, Santa Fe y Córdoba con sus particularidades– fueron ganadas con claridad por la lista encabezada por la Presidenta. Más aun, el conjunto de los candidatos opositores vieron cómo Cristina Fernández de Kirchner fue la candidata más votada en sus propios distritos -a excepción de Alberto Rodríguez Saá, aunque en una provincia como San Luis que equivale el 1% del total electoral. La hasta hace dos años nítida relación entre el “voto del campo” y la representación política del “antikirchnerismo” fue pulverizada a la luz de los resultados en las zonas principales de la producción de soja y maíz.

La construcción mediática de cara a las primarias se basó en dos grandes ejes. Por un lado, se intentó establecer -a partir del asedio permanente de una agenda sólo cargada de sospechas, obstáculos y malas noticias- un clima de retroceso político irreversible del oficialismo nacional. Al mismo tiempo, se buscó perfilar un escenario que le permitiera al segundo candidato nacional más elegido, poder posicionarse como la opción opositora –la “oposición de todas las oposiciones” – de cara a un anhelado ballotage. Las PASO fueron una gran demostración de que, más allá del grado de influencia de los medios y las presiones corporativas en la definición de los intereses sociales, la política pasa por la construcción de derechos y la reivindicación de las demandas ciudadanas.

Por otra parte, estas elecciones primarias han dejado en claro el debilitamiento de todos los espacios del arco opositor, particularmente de quienes estructuraron su discurso en base a un ataque permanente y sin concesiones al Gobierno Nacional y su gestión. De allí que podamos decir que el verdadero y gran derrotado de estas primarias es el “antikirchnerismo” como tal. Representando el extremo del declive, sobresale el espacio liderado por Carrió, que hizo de la negación y la destrucción su bandera principal. Su partido pasó de un 23% de los votos en las presidenciales de 2007 a un magro 3%, que la dejó mucho más cerca del piso necesario para disputar la primera vuelta en octubre que de posicionarse como la principal fuerza opositora, tal como ella misma esperaba y ocurrió hace 4 años. Algo similar puede decirse de Proyecto Sur. Luego que Pino Solanas se corriera de la contienda nacional -quizás anticipando lo que pasó este domingo-, su candidata Alcira Argumedo no logró obtener siquiera la posibilidad de participar en las próximas presidenciales.

Para los representantes de las frustradas esperanzas de la derecha por perfilar un solo opositor de cara a un imaginario balotaje, también hay cosas para decir. Ellos también fueron los grandes derrotados: con una diferencia de más de 35 puntos en relación a CFK ya no puede hablarse seriamente de Alfonsín o Duhalde como segundas opciones competitivas. En el caso de Ricardo Alfonsín, su alianza con Francisco De Narváez en la Prov. de Buenos Aires para incorporar a su proyecto una base “demográfica-peronista”, sólo quedó en un intento marcado por giros, adaptaciones y asimetrías que, ni funcionaron para capitalizar el voto radical tradicional ni para acaparar una fracción importante del electorado que había acompañado a De Narvaez en las legislativas de 2009. En cuanto al “peronismo federal”, luego del papelón que significó la frustrada interna entre Eduardo Duhalde y Alberto Rodriguez Saá, ambos postulantes presidenciales compitieron entre sí, ignorando la eficacia que estas primarias podrían haber tenido en la formación de un espacio mayor. Los números finales, 12,1% y 8,1% de los votos respectivamente, son un indicador del tamaño del horizonte político conservador que comparten para la Argentina, sintetizado en el apoyo que Duhalde obtuvo en los barrios acomodados de una derecha porteña tradicionalmente antiperonista.

Si dejamos de lado la actuación del kirchnerismo, puede destacarse -dentro del conglomerado opositor- la aceptable performance del Frente Amplio Progresista liderado por Binner, espacio que resultó una excepción dentro de la radicalidad autodestructiva de sus pares. Aun sin contar con un bloque social importante –ni apelar al mismo-, ni tener la capacidad de conformar un proyecto nacional, ha sostenido una cierta coherencia en el modo de hacer política opositora.

Son varias las enseñanzas que nos dejan estas flamantes primarias. En primer lugar, no basta con una estrategia mediática para ganar una elección. Por otra parte, la inmensa mayoría de la sociedad distingue y reconoce un proceso de transformación como el que está llevando adelante el kirchnerismo desde 2003. El pueblo se ha expresado a favor de la continuidad del actual gobierno en un proyecto que encabeza un sinnúmero de medidas que el conjunto social no desea alterar. La jerarquización de la política y el reconocimiento del Estado como árbitro de las relaciones sociales son valores muy importantes que ninguna construcción mediática sin contenido puede enfrentar ni un conjunto heterogéneo de políticos sin política puede disputar. Ante un mundo en crisis, los argentinos votaron por un país soberano que apuesta al desarrollo con inclusión y que pueda afrontar los desafíos todavía por venir. El actual gobierno es el único en condiciones de profundizar esa vía.

* Director de Iniciativa.