Alfredo Zaiat: “La re-estructuración de la deuda en 2005-2010 permite que la Argentina se encuentre mejor posicionada ante el impacto de esta crisis del capitalismo global”. Entrevista al economista de Página/12.

Reportaje de Federico Ghelfi y Telémaco Subijana

Iniciativa entrevistó en exclusiva al economista Alfredo Zaiat. Es jefe de la sección de economía y del suplemento Cash del diario Página/12. En esta entrevista explica el estallido de la crisis económica internacional como una fase del capitalismo global y el papel hegemónico del sector financiero. También analiza las razones por las que Argentina y América Latina pueden sobrellevar los impactos negativos de la crisis y los desafíos en materia económica de nuestro país, de cara a los próximos años. Leer más.

¿Cómo evalúa a nivel internacional lo que está sucediendo con la crisis de la deuda de Estados Unidos luego de la negociación entre demócratas y republicanos y lo que acontece con el derrumbe de las bolsas mundiales?

La crisis, tanto en Estados Unidos como en Europa, es el estallido de una fase del capitalismo global dominado por las finanzas. No es un hecho fortuito ni inesperado ni sorprendente o fuera de libreto, sino que es parte de un ciclo del capitalismo dominado por las finanzas que tiene su raíz y su origen en la deuda. Esto implica que el motor principal vinculado con el desarrollo del mercado interno está dado por el endeudamiento privado y público a partir de una estrategia de concentración de riqueza de los sectores de la cúpula de la pirámide social. El grueso del crecimiento económico desde 1970 a la fecha -que se puede medir a través del incremento en la productividad de la economía- fue hacia utilidades de las empresas. El ingreso real de los trabajadores bajó (en Estados Unidos, en Europa) pero, ¿cómo se explica el ritmo sostenido de consumo? Por la deuda. En el marco del crecimiento de la deuda privada (o de las familias) hubo, en cada uno de los períodos, momentos de agotamiento. De este modo, el sector financiero ha ampliado el universo para que las familias puedan recibir el crédito. De esa forma, seguían alimentando la burbuja de la deuda y, a la vez, el nivel de consumo. Hasta que llegó al punto crítico de dar crédito a familias sin capacidad de pago, que es la famosa crisis de las subprime. Ahí estalla la crisis de la deuda privada y pública y, por consiguiente, lo que actualmente se ve en la caída de las bolsas es parte de este ciclo de estallido de la burbuja que comenzó, estimando una fecha arbitraria, en septiembre de 2008, pero que tiene un ciclo largo donde las finanzas pasaban a estar por encima del sector productivo y ocuparon una posición hegemónica. Cuando me refiero a las “finanzas”, no se trata solamente de bancos, también son empresas del sector real pero que están íntimamente relacionadas con el sector financiero. Por ejemplo, General Motors y General Electric tienen un departamento propio dedicado a las finanzas pero, al mismo tiempo, van al mercado financiero para la colocación de títulos y acciones a los fines de financiar su expansión local e internacional. Esta íntima relación con las finanzas se dio también con los grandes conglomerados empresarios industriales. Todo este andamiaje del desarrollo capitalista dominado por las finanzas y por su soporte teórico, que es el neoliberalismo, entró en crisis. Esto es lo que se está viendo y lo que se está desarrollando.

En este sentido, ¿Cómo evalúa las diferentes soluciones que se han venido tomando?

Las medidas que se tomaron en los países centrales, en Estados Unidos y en Europa, tienen una misma lógica de funcionamiento. Como las finanzas son hegemónicas, las políticas que realizan los gobiernos subordinados a la lógica de las finanzas se dirigen a salvar al sistema financiero. Entonces, los “millonarios paquetes de rescate” son para salvar a los bancos, no a los países ni a los gobiernos. Lo que repito una y otra vez es que aparecen títulos catástrofes con “caídas de las bolsas”, pero en realidad, la catástrofe se está dando a nivel sociolaboral. La preocupación se centra en si hay default de la deuda cuando en realidad lo importante y urgente son los costos para las economías, para los pueblos y las sociedades, un “default sociolaboral” con una desocupación elevadísima como no había desde hacía mucho tiempo. Todas las medidas tomadas tienen esa matriz teórica neoliberal y de ejecución práctica en beneficio de los sectores más concentrados. Las respuestas son calcadas en Estados Unidos y en Europa: disminución del gasto público afectando a los sectores sociales, previsionales, derechos laborales, derechos sociales, disminución de salarios. Todo eso apunta a generar recursos para poder seguir pagando la deuda y haciendo un ajuste político, social y económico-crediticio.

¿En qué posición cree que está Argentina en el marco de esta crisis?

Tanto Argentina como Latinoamérica están en una situación relativa muy favorable, pese a un bombardeo mediático-conceptual de los economistas tradicionales que han fracasado una y otra vez en la Argentina, incluso cuando tuvieron responsabilidades de gestión como asesores de empresas, bancos y gobiernos. Pese a lo que sostienen, Argentina y Latinoamérica tienen un horizonte muy favorable, como también lo tiene el área de las potencias emergentes asiáticas. Dentro de Latinoamérica hay realidades dispares, y, al interior de esa heterogeneidad, la Argentina se encuentra infinitamente en mejor posición que en décadas pasadas ante el impacto de esta crisis de funcionamiento del capitalismo global. Esto se debe a su desconexión de las finanzas globales. Recordemos el default, la reestructuración de la deuda en 2005-2010, el desendeudamiento, la disminución sustancial del peso de la deuda sobre el producto, sumado a que de esa deuda que queda, solo la mitad está en manos privadas. Y de esa mitad en manos privadas, sólo un poco menos de la mitad está en dólares, el resto está en pesos. De modo que Argentina tiene su canal financiero bastante aliviado. Por el lado del canal comercial, se da como en cualquier economía donde se produce una caída fuerte del comercio internacional. No estoy seguro que sea lo que se va a dar ahora, pero sí ocurrió en 2008-2009, cuando el comercio cayó un promedio de 10% (según la Organización Mundial de Comercio). Esa fue la caída más fuerte del comercio internacional desde el crack del ’29 y la Segunda Guerra Mundial. Allí hubo un impacto fuerte, pero, pese a esa caída, los productos que Argentina exporta no están tan afectados –los bienes donde impacta más negativamente son los industriales- porque un tercio de ellos son materias primas y otra parte son materias primas industrializadas (por ejemplo aceite de soja).

Ud. ha señalado que existe en América Latina un esfuerzo de los países por solucionar las desigualdades estructurales, ¿Cómo avizora una mayor integración económica regional en América Latina que acompañe la profundización de la integración política?

Creo que cuando se presentan este tipo de acontecimientos a nivel internacional y se piensa a la Argentina dentro de Latinoamérica, la iniciativa de la UNASUR, y por consiguiente también incluyendo al MERCOSUR, se convierte en una variable estratégica fundamental. La reunión de Ministros de Economía en Lima del pasado fin de semana, la próxima que se realizará en Buenos Aires, y la que inició la reunión de presidentes de la UNASUR a partir del encuentro por la asunción del presidente peruano Ollanta Humala, dan cuenta de una mayor conciencia de la dirigencia política de la región en la que se piensa la cooperación en un marco de confianza e integración. Ese es el marco político. En cuanto al marco práctico, lo que se requiere es acelerar los mecanismos de protección regional con medidas preventivas. Entre ellas, un fondo de estabilización con las reservas para amortiguar shocks externos (fuga de capitales o movimientos especulativos), lo que requeriría también un mayor control sobre los capitales especulativos. Otra medida concreta sería avanzar en forma acelerada con la implementación práctica del Banco del Sur, entendido como un banco de financiamiento de infraestructura regional y no meramente financiero. La infraestructura regional es básica tanto para la integración como para el desarrollo económico de los países.

A partir de la crisis, se pone en cuestión el papel de EEUU y la hegemonía del dólar como reserva de valor internacional. Frente a la debilidad del dólar y la inestabilidad de esa moneda universal, lo que queda es la desdolarización del intercambio comercial. De esa forma, aumentan los márgenes de autonomía sobre la cantidad de divisas que tienen los países de la región. Cuando se “desdolariza” el intercambio comercial es porque se deja de lado la utilización del dólar, tanto de un lado como del otro y, de esta forma, se reduce la dependencia y el condicionamiento de la cantidad de divisas que se pueden acumular.

En ese sentido, ¿Cuáles son los desafíos de cara a profundizar la reindustrialización que se inició en 2003?

A la Argentina se le plantean desafíos relacionados a la reformas estructurales necesarias, que pueden tener diferentes etapas. No necesariamente se tienen que implementar en forma abrupta y terminante, pero es importante destacar tanto la reforma financiera como la reforma tributaria, sumado a un contexto de definición de un perfil industrial que sea competitivo, que tenga valor agregado y de innovación y desarrollo tecnológico propio. El impacto de estas transformaciones necesarias tiene que ver con la inclusión social y la mejora de las condiciones materiales de la población: disminución de la pobreza y la indigencia, creación de puestos de trabajo de mayor calidad y, por consiguiente, mejores salarios. De esa forma, se puede avanzar en romper un núcleo duro de pobreza y de desempleo que aún se mantiene.

Con respecto a la cuestión de la inflación en este modelo, ¿de qué forma lo analiza?

Hay un tema político y hay un tema específico de política económica sobre el tema de la inflación. El político refiere a un espacio de disputa política gremial gatillado a partir de la modificación e intervención que se realizó en el INDEC a partir de fines de 2006 y comienzos de 2007. A partir de ahí empezó una disputa política gremial alrededor de las estadísticas públicas. La acusación de que son deficientes y han perdido legitimidad.

Por otro lado está el tema de la inflación, del aumento de precios. Ahí hablamos sobre política económica. En general, se presentan dilemas en las decisiones de política económica vinculadas al crecimiento económico, la creación de empleo y el tipo de cambio competitivo para fomentar las exportaciones y para actuar como una barrera natural en el ingreso de importaciones para lograr superávit comercial y conservar un superávit de cuenta corriente. De esa forma tenemos un piso de consistencia macroeconómica. Ahora bien, para eso se necesitan tasas de interés bajas y un tipo de cambio alto. En un contexto internacional de buenos precios internacionales de las materias primas que Argentina exporta, sumado a una mejora de los salarios y una puja distributiva, lo que tenemos por el lado de los precios internacionales es una influencia de lo que se denomina “inflación importada”, porque los precios internacionales se trasladan a los precios internos. Por ese motivo son tan importantes los derechos de exportación, vulgarmente denominadas “retenciones”. Y es por eso que los derechos de exportación móviles, hubiesen sido una herramienta extraordinaria. Una ironía es que los principales responsables de la suba de precios en estos últimos dos años fueron Julio César Cleto Cobos con su voto no positivo y el resto de los senadores que votaron en contra. Eso es en relación al sector externo y los precios internacionales. Cuando hablamos de la “puja distributiva”, se trata de un mercado interno dinámico con una mejora de salarios debido a la ampliación del universo de trabajadores. En términos reales, los salarios están hoy al nivel previo al comienzo de la crisis pero no recuperaron sus niveles históricos y el incremento de productividad que se dio en este ciclo fue capturado por el sector empresario, es por eso que se observan los niveles elevados de rentabilidad. En una estructura de presión de precios por parte el sector externo y un mayor dinamismo del mercado interno con ampliación del universo laboral en un escenario sindical de fortaleza de gremios históricos en la Argentina  (a diferencia del resto de los países de la región donde no hay un sindicalismo tan fuerte como aquí), se producen una puja distributiva. Eso es lo que hoy pasa con los precios, no es ni por variables monetarias, ni por variables fiscal, ni por incremento de costos laborales.

En relación al tipo de cambio que tiene una fuerte influencia sobre los precios, ¿consideras que hay que hacer algún ajuste o que sigue siendo competitivo?

La competitividad del tipo de cambio hay que evaluarla en un ciclo. Si comparamos la competitividad del tipo de cambio actual con respecto al que existió en 2003-2005, vemos que es más baja, pero si se la compara con el promedio de 1995-2001 sigue siendo competitivo. Tanto en relación al dólar y al euro (por encima del 10 o 15%) como contra el real (un 45%). En sectores exportadores pero que son de mano de obra intensiva, como los sectores agrarios frutihortícolas, hoy tienen una situación más complicada con respecto a la de hace unos años atrás. Pero estos factores puntuales no deben ser generalizados porque sino producen una profunda inequidad en la decisión de la medida económica. Para mejorar la competitividad de los diferentes sectores, tiene que haber políticas específicas y tienen que tener una base cambiaria, pero a partir de ahí hay que buscar otros factores de mejora de la competitividad. De todas maneras, a nivel de variación del tipo de cambio nominal la Argentina es casi el único país en América Latina que sigue apuntando al alza. En general, los otros países tienen una apreciación de sus monedas, como ocurre en Chile, Uruguay y  Brasil.

Recientemente escribió una nota a partir de una reunión entre ex-Secretarios de Agricultura de la Nación. En este sentido, ¿qué papel cree que debe desempeñar el sector agropecuario en un modelo de desarrollo con inclusión?

El sector agropecuario es muy importante en la estructura económica argentina. Es indudable que se necesita un sector agropecuario dinámico, integrado al modelo de desarrollo, competitivo y productivo. El esquema campo vs. industria es instalado por los sectores más conservadores y retrógrados del sector agropecuario para plantear la idea de un enfrentamiento. Todo país desarrollado lo ha hecho con una base industrial muy fuerte y  un sector agropecuario moderno, dinámico que permita un desarrollo industrial, una base tecnológica de innovación y una competitividad importante. No estamos hablando de un desarrollo industrial de molienda de soja, que es importante porque puede ser una agregación de valor: es más importante el biocombustible que la soja. Pero ese enfrentamiento es hoy un enfrentamiento falso.

Para finalizar, teniendo en cuenta que este es un año político, ¿considera que existe una discusión sobre el modelo económico por parte de las distintas fuerzas políticas?

No hay una discusión muy profunda sobre modelos económicos. En realidad, lo que hay son discusiones sobre algunas variables económicas que, en todo caso y en última instancia, encubren una discusión sobre el modelo. Si se discute qué pasa con los precios, con las tarifas, la integración en el mundo, lo que se está discutiendo es un modelo que no está explicitado en su forma más sustancial. Hasta ahora, lo que se observa en gran parte de la oposición política es un modelo mucho más vinculado a un sector agroindustrial exportador, que a un esquema industrial competitivo que desarrolle el mercado interno exportador junto con un sector agropecuario también dinámico.