Ricardo Aronskind: “La crisis de los países desarrollados abre la posibilidad para América Latina de discutir e implementar políticas nacionales y regionales más autónomas”. Entrevista al economista del Plan Fénix.

Reportaje de Telémaco Subijana y Federico Ghelfi

Iniciativa entrevistó en exclusiva al economista Ricardo Aronskind. Docente e investigador (UNGS y UBA), es integrante del Plan Fénix. En esta entrevista reflexiona acerca de la crisis internacional, el impacto en la economía mundial de los acontecimientos políticos y sociales del Mundo Árabe, el proceso de integración regional y los desafíos de la Argentina de cara a los próximos años. Leer más.

En el actual contexto de crisis económica internacional, ¿cómo evalúa la situación económica de nuestro país?

En notable como una buena parte de la sociedad argentina no ha percibido el buen desempeño de nuestro país durante la crisis económica internacional. En relación a los problemas que han tenido otros países, hemos sabido afrontar este contexto. Esto tuvo que ver con que hemos estado desconectados de los mercados de financiamiento internacional porque se tomaron medidas distributivas, porque se estatizó el sistema jubilatorio y porque se usaron esos fondos para estimular fuertemente la actividad económica. Esta actuación, como dije, no es reconocida ni entendida por parte de la población. Preocupa no solo el escenario internacional, sino que también el hecho de que hay fuerzas locales sumamente destructivas desde el punto de vista económico y social, capaces de tener influencia hegemónica sobre sectores medios y empresariales que deberían estar más interesados en resguardar el mercado interno, el nivel de actividad económica y la perspectiva de industrialización.

¿Qué opinión le merece el programa votado por el Congreso estadounidense en relación a la crisis de la deuda? ¿Se trata de una solución al problema  solo lo dilata?

Considero que el acuerdo entre demócratas y republicanos para evitar el default es un momento más en una larga negociación que no está terminada. En este sentido, se trata de una oportunidad que aprovecharon muy bien los republicanos y los sectores más conservadores en lo económico para arrancarle concesiones al gobierno existente, que asumió la preocupación por el posible corte del crédito internacional en Estados Unidos. Lo cierto es que el resultado es malo porque implica un conjunto de medidas contractivas que probablemente lleven a que el próximo año EEUU tenga un crecimiento nulo. En definitiva, con este acuerdo se agravan los problemas preexistentes.

El año pasado diversos analistas anticipaban la “guerra de monedas”. Ante este contexto de crisis de deuda en EEUU, ¿cómo queda posicionado el dólar como moneda hegemónica?

Hay dos cosas que conviene separar. En primer lugar la guerra de monedas se refiere a una estrategia actual que tienen muchos países, que consiste en depreciar en términos relativos su moneda para ser más competitivos internacionalmente y obtener una mayor parte de la demanda internacional. En la guerra de monedas pueden participar todos, incluso la Argentina. En este sentido, la cuestión de fondo tiene que ver con diferentes especulaciones en torno a situaciones catastróficas con respecto al dólar. Considero apresurado decir que el dólar va a ser desbancado de su actual posición de moneda de cambio internacional y de reserva de valor. Hay un camino muy largo que todavía que no se recorrió.

¿Y qué opina sobre la situación en Europa?

Lo que ocurre en Europa tiene que ver con un contexto muy grave porque el conjunto de países endeudados deben mucho más de lo que los fondos de rescate europeos permitirían salvar.  Por otro lado, da la impresión que se está llevando un concertado ataque a la deuda griega, como así también a la española, a la portuguesa y a la italiana, en el sentido de que no se les da tregua para poder asentar una solución al menos transitoria. Mi impresión es que la crisis europea requiere de un seguimiento concreto porque todavía no tiene visos de solución. Los países más desarrollados de la Unión Europea no muestran una clara disposición para hacerse cargo plenamente de lo que ocurre con los países que tienen mayores complicaciones. Esta situación, en el fondo, tiene similitudes con lo ocurrido en Argentina en 2001, en el sentido de que si no se hace una operación mayúscula -como puede ser la total reorganización de la deuda externa y otros compromisos- no hay salida.

Hay que aclarar que todo este proceso tiene que ver con la crisis económica internacional iniciada en 2008. Nos encontramos ante una de sus varias manifestaciones. Se ha dicho que si en aquel momento se hubiera seguido la dinámica de “le prestamos a todo el mundo porque lo que sobra es dinero”, esto no hubiera estallado. En realidad considero que esto debe ser leído al revés. En muchas situaciones que hoy se consideran como de imposible resolución, en aquel momento estaban encubiertas por una dinámica tan expansiva del mercado de crédito que hasta las actividades más disparatadas podían obtener crédito. Lo cierto es que, como en toda burbuja, en algún momento el disparate tiene un límite, un punto de saturación. En este caso ya llegó ese tiempo.

En este sentido, ¿cómo avizora el reordenamiento del sistema político y económico mundial y el papel relativo de EEUU?

Es complejo poder hacer un cuadro de esa situación. Considero prematuro anunciar un reemplazo del liderazgo norteamericano por cualquier otro liderazgo porque el mismo está asentado en puntos muy sólidos y en logros de décadas. Reemplazar el rol actual de EEUU no es una tarea sencilla aunque salga relativamente debilitado de la crisis. En cambio, sí podría aseverar que se abre un escenario más conflictivo que el que precedió a la crisis 2007/2008. Creo que este escenario va a presentarse a través de diversos efectos políticos, económicos y sociales.

En este sentido, ¿considera que los BRICs (el bloque compuesto por Brasil, Rusia, India y China) podrían asumir el rol esperado por sus mayores promotores?

Considero que incluso el término BRIC es un invento de las calificadoras de riesgo. Esta agrupación está compuesta por países que no tienen nada que ver entre si. Son muy distintos y no actúan conjuntamente. Al no compartir visiones similares, incluso pueden avizorarse tensiones comerciales entre países como China y la India. En este sentido, no veo ninguna perspectiva de bloque.

¿Cómo impactan en la economía mundial las crisis políticas de los países de África del Norte y Medio Oriente?

Lo que ocurrió a partir de la crisis de estos países es que realimentó la preocupación en relación al petróleo. Esto ha puesto en estado de movilización y en una fluidez política diferente pero muy interesante, a toda una zona que era considerada relativamente controlada desde Occidente. En este sentido, estos son tipos de contextos políticos dinámicos que a los mercados no les gusta. Los mercados, tal cual como se los entiende, no son asépticos sino que son básicamente conservadores y reaccionarios políticamente. Por este motivo, todo lo que sea democratizador, participativo, dinamizador, no les gusta. En términos generales, podríamos aseverar que los mercados están preocupados, asustados, y,  producto de no contar con un interlocutor válido, se encuentran ante una gran indefinición.

¿Cuál cree que será la repercusión de todos estos escenarios que ha analizado en Argentina y la región?

Considero que se pueden mencionar dos tendencias. Por un lado, una claramente positiva en cuanto a que hay un cierto orden político internacional que está en proceso de resquebrajarse o desordenarse, en el sentido de que no hay un solo liderazgo absolutamente consensuado como el de los años ochenta o noventa. Esto está en discusión y es importante porque permite abrir el campo hacia el diseño y la implementación de políticas nacionales y regionales más autónomas. También permite sistemas de alianzas diferentes y variadas, con lo cual el mundo, en ese sentido, se vuelve más pluralista. Desde el punto de vista económico, entramos en una zona muy turbulenta porque la crisis es severa y no hay medidas anti-cíclicas, sino pro-cíclicas, que profundizan muchos problemas. Es visible la desesperación de diversos actores internacionales por saber quien se hace cargo de esto y quiénes serán los salvadores que les compren su producción. El famoso salvador-comprador no aparece ni va a aparecer, por lo cual hay una zona de disputa por la demanda mundial. Hasta el momento, en América Latina nos venimos salvando parcialmente pero se observan procesos de revaluación de las monedas nacionales en muchos de los países. Esto provoca el aumento de las importaciones en detrimento de la producción local. En este sentido, en Brasil, por ejemplo, se acaba anunciar un gran paquete de medidas porque están tratando de defender la industria de la apreciación cambiaria. Este tipo de presiones son contrarias a la continuidad de los crecimientos autónomos de los países de América Latina.

Qué nos puede decir en relación al proceso de integración regional, teniendo en cuenta los últimos sucesos políticos -como la asunción de Ollanta Humala en Perú- y comerciales -como fueron los renovados roces entre Argentina y Brasil?

Lo de Perú es una buena noticia diplomática en el sentido de que Ollanta Humala está mucho más interesado en un destino sudamericano que en una alianza estratégica con los EEUU, algo que caracterizaba a sus predecesores. La presión por alinearse a las demandas del mercado será importante y veremos cuál será su margen de maniobra. Desde el punto de vista diplomático, tiene una orientación clara hacia la región pero económicamente han tratado de acotarlo. En cuanto a la construcción del MERCOSUR y los roces comerciales entre Argentina y Brasil, el problema es del bloque y de cada uno de los países de América Latina, que tiene que ver con el grado de autonomía relativa de los estados nacionales respecto a los intereses parciales de las burguesías locales. En este sentido, desgraciadamente nos encontramos ante estados que históricamente han tenido una gran vulnerabilidad a las presiones particulares de los grupos económicos, que han provocado un retraso de cara a un proceso de integración económica. Este debería ser acelerado en pos de construir una unidad económica viable a nivel continental frente a los desafíos a nivel económico internacional.

Ante este escenario, ¿considera viable un proceso de industrialización a nivel regional?

Es muy complicado. De todas maneras, no se puede renunciar al intento de industrializarse. Al mismo tiempo tenemos dos problemas: uno es de índole tecnológico y de productividad, que tiene que ver con el bajo nivel de gasto en tecnología que realiza América Latina. Particularmente, podemos señalar que el empresariado latinoamericano es ineficiente en este sentido. El otro problema se da en relación a los bajos costos laborales de otro grupo de países encabezado por China. Esto nos produce problemas de competencia muy grandes porque implican, en el fondo, bajar los costos salariales a niveles que América Latina no debería volver a tener.

Por último, volviendo al contexto nacional. ¿Cuáles cree que son los principales desafíos de cara a los próximos años?

El escenario externo de crisis internacional va a continuar, por lo cual es muy importante que se desarrolle una conducción estratégica frente a este contexto. Con esto me refiero tanto al nivel nacional como al regional.  Es interesante el dialogo que se está llevando a cabo con Brasil para tomar medidas protectivas. Debemos orientarnos hacia la autonomía financiera e ideológica del Estado, en relación tanto con el contexto internacional como con las fracciones rentistas de la burguesía local. Esto, a la par de que se sigue abandonando ideológicamente el neoliberalismo, aunque sea solo parcialmente. Creo que el paso siguiente es admitir y aceptar que, en un contexto como este, el Estado no solamente tiene que hacer políticas anti-cíclicas sino que también tiene que intervenir más directamente en la producción de bienes y servicios para satisfacer las necesidades sociales de toda la población.