Susana Murillo: “La gestión de Macri refundó la Ciudad bajo los principios del neoliberalismo: Se trata de la construcción del egoísmo, la desigualdad y la competencia como los principios fundamentales de quienes habitan una ciudad”. Entrevista exclusiva.

Reportaje de Ariel Goldstein y Telémaco Subijana

Iniciativa entrevistó en exclusiva a Susana Murillo, reconocida filósofa y psicóloga. Doctora en Ciencias Sociales e investigadora de la Universidad de Buenos Aires, dicta materias y seminarios sobre diversas temáticas ligadas al pensamiento de Michel Foucault. Ha publicado “Colonizar el dolor. La interpelación ideológica del Banco Mundial en América Latina. El caso argentino desde Blumberg a Cromañon”, “El discurso de Foucault: Estado, locura y anormalidad en la construcción del individuo moderno” y otros libros y artículos que son producto de investigaciones empíricas realizadas desde el enfoque teórico-metodológico de Foucault. En ocasión a las recientes elecciones de la Ciudad de Buenos Aires, en esta entrevista opina sobre la gestión de Macri, describe el modelo de ciudad impuesto por el PRO y analiza la construcción discursiva que permitió el triunfo macrista y los riesgos que esto implica para la sociedad argentina. Leer más.

¿Cuáles considera que son las causas del triunfo de Macri en la ciudad?

Considero que para explicarlo habría que internarse en la historia reciente de América Latina. En primer lugar, hay que remontarse al período de la última dictadura militar y la instalación del terror a la muerte que genera en los sujetos una necesidad de protección que rompe fundamentalmente el lazo social y que obtura la posibilidad de reflexión. Eso está profundamente instalado en la memoria del cuerpo, aunque no lo esté totalmente en la conciencia. En ese momento, se constituyó un consenso a partir del terror de cierta figura. En segundo lugar, hay que ver cómo ese consenso por el terror se transforma, durante la década del 90, en un consenso por apatía. Es decir, ese terror difundido en la población genera la ilusión de que a través del consumo se podían cancelar todas las faltas, las carencias, las necesidades y la amenaza latente de la muerte, que se resignificaba en situaciones como la hiperinflación. En este sentido, habría que volver sobre la instalación de una cultura banalizada en la población, especialmente como forma de generación de consenso por apatía. Hay una serie de capas en la memoria de la ciudadanía que al fin terminan destruyendo el presente, activando estas cuestiones, no como parte del pasado sino en una suerte de presente. Eso ha llevado a una enorme dificultad por parte de la ciudadanía para desarrollar una reflexión que ahora es reemplazada por la imagen. Por otro lado, se trata de una forma de pensar que tiende a sustancializar los procesos, a poner en algunas figuras el terror acumulado, la apatía y un deseo de consumo que, de algún modo, obtura aquel viejo terror acumulado. El terror a la muerte no sólo quiere decir terror por el genocidio sino por las formas de activación del genocidio que tuvieron que ver con la pobreza y la desocupación.

Se ha acentuado una gran dificultad para reflexionar y una tendencia a colocar en imágenes la esperanza de aquello que falta. Entonces, la campaña de Macri no tuvo que ver con lo que es visible a nivel superficial en las calles, como pueden ser obreros trabajando, baches, etc. Es un conjunto de imágenes del baile, de la alegría, del éxito. Esto tiene que ver con que, en realidad, la pobreza del “otro” resignifica mi propio terror a mi propia pobreza, que en última instancia es mi terror a la muerte. Este es un proceso en el que se conjugan la muerte, por un lado, y el consumo, por el otro, como todo aquello que ficcionaliza la no carencia. Se trata de estos dos elementos fundamentales que llevan a colocar en imágenes salvíficas la huida de todo aquello que da terror. Lo de Buenos Aires no es un fenómeno exclusivo; aquí simplemente es más visible: este proceso abarca a todo el país de distintas maneras. Hay que tener en cuenta búsqueda de figuras salvíficas, por eso el voto no lo explica todo: debemos tener mucho cuidado cuando se analiza a partir del voto. Hace unos años atrás, durante varios meses, la población puso todas sus expectativas en la figura salvífica de Blumberg y luego se encontraron con que era un sujeto profundamente racista que, a pesar de esto, tenía el apoyo por muchas personas. Detrás del racismo se esconde mucho terror a la propia autodestrucción, de tal modo que se proyecta en un “otro peligroso” todo aquello que uno teme y, por derivación, la proyección de una figura salvífica: aquello que me salva. Esto es un fenómeno flotante: puede caer en cualquiera y depende de las imágenes que estén circulando.

¿Le sorprende que no se hayan valorado las transformaciones orientadas por el gobierno nacional, que también impactaron en la ciudad?

Considero que a esto hay pensarlo a partir de una pregunta: ¿qué significa el aumento del consumo? Una de las cosas que indudablemente creció en la Argentina en los últimos ocho años, fue la posibilidad de consumir; esto no lo puede negar nadie. Tal vez nos falta profundizar más y, en ese sentido, ¿qué significa la posibilidad del aumento del consumo sin que al mismo tiempo sea valorado suficientemente el trabajo o el esfuerzo? No estoy diciendo que el gobierno nacional le haya regalado nada a nadie. La situación objetivamente mejoró para mucha gente y esta mejora implicó también un aumento del consumo. Es una construcción subjetiva que viene, en primer lugar, de años de profundo terror y, en segundo lugar, de años de profunda apatía, en donde el consumo es un elemento que intenta tapar todos los agujeros relacionados con la muerte, el terror, la carencia. El consumo generó efectos particulares en buena parte de la población argentina, no sólo la porteña, y el gran testimonio de esto es el conflicto con el “campo” en 2008.

¿Cuál sería esa relación entre el resultado de la elección porteña con el fenómeno del conflicto agropecuario de 2008?

Podemos trazar una profunda relación entre el fenómeno Blumberg, el del conflicto con el campo en 2008 y este hecho. En relación a estos dos últimos sucesos, considero que no hemos analizado suficientemente qué significa el aumento del consumo y las causas que lo produjeron. En nuestra población se pueden encontrar muchos casos –y no particularmente en Buenos Aires- en que prima una sensación de “yo sobresalgo”, “soy distinto”, “soy exitoso”. Esto hay que pensarlo en el contexto de la instauración de una ideología neoliberal que viene instalándose desde la década del ´70 y que tiene como núcleo fundamental al egoísmo, al individualismo, a la competencia, a la ruptura del acto solidario y el acto colectivo. En este contexto, quien se puede comprar un auto mejor o mejorar sus vacaciones, cree que está ganando en esta competencia, y esto no es una cuestión menor. Se trata de una construcción de muchas décadas. La cuestión del consumo tiende a agudizar mucho más el individualismo, la idea de competencia y el deseo del “yo sobresalgo”, por fuera de cualquier construcción de un diagrama solidario de carácter constitutivo. Extrañamente, muchos de los favorecidos por este consumo -repitiendo la historia como en la época del peronismo- depositan todo lo mal en la figura que imaginariamente les dio todo lo que tienen (que es la Presidenta de la Nación). Impresiona encontrar en algunas entrevistas cosas irrepetibles de parte de personas que por primera vez en su vida se van de vacaciones. Además, cuando se les indaga por qué lo hacen, no tienen respuesta. Vale preguntarse ¿cómo al mismo tiempo admiran a ciertas figuras que representan justamente toda aquella política que les va a quitar lo que tienen ahora? Porque, sin lugar a dudas, Macri representa una política neoliberal que viene a destruir todo lo que se pudo conseguir en estos años. Hay un tremendo terror a la pobreza, y, en la medida en que el gobierno nacional transmite ciertos enunciados a través de los cuales expresa solidaridad, respeto e igualdad por los pobres, es justamente en esas figuras donde se deposita de alguna manera todo el odio que expresa, en última instancia, el miedo y la angustia a caer uno mismo en la pobreza. Al mismo tiempo, esta otra figura que encarnan los proyectos de Macri -que van a generar realmente la mayor pobreza e inequidad- se presentan con un conjunto de imágenes exitosas. Son precisamente aquellos en los cuales buena parte de la población argentina proyecta todo aquello que le parece bueno, maravilloso, a nivel puramente imaginario. Esto tiene que ver con una profunda pulsión de muerte en la población argentina.

En referencia a estas cuestiones, ¿en qué cree que se basó la construcción discursiva en torno a la campaña publicitaria? ¿Cuáles fueron los recursos? ¿Qué mecanismos identifica en la campaña?

Precisamente, la simpleza y la superficialidad. El egoísmo, la diversión, la apatía hacia la política. Macri aparecía en un programa de Susana Giménez diciendo “yo no quiero que el teléfono me suene veinte veces por día, me gusta el deporte, la música”, mientras la Presidenta aparece todo el tiempo en televisión ocupándose de problemas que nos atañen a todos. Es decir, frente a una figura ocupada y preocupada, tenemos la figura de alguien absolutamente despreocupado que, además, frente a conflictos como el del Indoamericano, se va de viaje. Cuando Macri habla, se refiere a cualquier cosa menos a un proyecto político. Durante la campaña siguió hablando de cosas banales. Precisamente lo que se ha instalado a nivel de la sociedad argentina es la banalidad, la superficialidad. Pero no porque la gente sea así por naturaleza, o porque se trate de una especie de ontología del sujeto argentino, sino porque esto sedimenta en sus capas de la memoria. La clave de la campaña de Macri está en la aparente apoliticidad. Esto tiene que ver con que la política históricamente fue construida como una especie de sinónimo de la muerte: por un lado los desaparecidos y, por otro lado, la corrupción. En ese esquema, Macri se presenta como apolítico, como un empresario exitoso, como el tipo feliz que tiene una linda mujer feliz, etc. En suma, representa todo lo que en última instancia mucha gente querría tener sin mucho esfuerzo. Esto no es menor porque aquí se ha destruido la cultura del trabajo.

Por otra parte, la otra clave de la campaña de Macri es un ocultamiento feroz del fascismo, de la UCEP, de las escuchas ilegales y de lo que ocurrió con la AMIA. Recuerdo una entrevista donde le preguntaban por Sergio Burstein: “¿quién se le murió? ¿la ex mujer?” lo decía con desprecio. El deterioro de las escuelas, de la salud, el racismo, la destrucción de los comedores, de los centros culturales populares, la venta de tierras, todo esto no ha aparecido y, si aparece, no lo hace en boca del macrismo. Para una población que se basa en la imagen, meterse en estos temas resulta de escasa relevancia. Además, a una parte de la población argentina que hoy esta colmada por el consumo no le interesa, incluso hasta el racismo, la posición respecto de los pobres, la no preocupación por los hospitales, tampoco le importa demasiado.

Respecto de la cuestión de la administración del espacio público, ¿qué consideraciones hace de la gestión del macrismo?

Considero que se ha cometido un error en la campaña en cuanto a decir que Macri no hizo nada. Hizo muchísimo: su gestión fue muy exitosa en instalar un nuevo modelo de ciudad, un nuevo modelo de hacer política, que es una gestión de carácter claramente neoliberal y, en sintonía con ello, instaló un modelo excluyente que restringe el derecho a la ciudad. En esto fue absolutamente exitoso. Macri refundó Buenos Aires bajo los principios del neoliberalismo, en tanto la salud, la vivienda, la educación y la alimentación de todos los ciudadanos debe obtenerse por medios propios. Se trata de la construcción del egoísmo, de la desigualdad y la competencia como los principios fundamentales de quienes habitan una ciudad. No es que no ha hecho política, la ha hecho y muy bien. Un error de sus opositores es no ver suficientemente que es simplemente un hombre, y que en todo caso expresa algo mucho más complejo, y que su aparente tontería o falta de inteligencia no es nada más que la cara sencilla con la que se presenta para una población que está siendo construida en la banalidad. La gestión de Macri apuntó a eso. La sub-ejecución del presupuesto en salud, educación y vivienda social tiene que ver con esto. En contrapartida, el macrismo sobre-ejecutó el presupuesto en lo que tiene que ver con los espacios públicos (como por ejemplo las absurdas bicisendas, el arreglo de calles o la instalación de pantallas que vigilan, entre otras medidas). Todo esto, que todo el mundo conoce, es exitoso. Ha terminado de re-construir una subjetividad que empezó a constituirse en la dictadura, que es la subjetividad neoliberal, egoísta, competitiva, macartista. Este es el modelo Macri. En lo que respecta a todo lo que tiene que ver con la gestión de escuelas, de hospitales, de plazas, el macrismo tiende a que esto se privatice, lo define en tanto lugares a los que solo se les puede acceder si uno paga. Uno paga en la medida en que es más o menos exitoso en la vida, y uno es más o menos exitoso en la vida en la medida en que uno compite mejor o peor, en que uno tiene más o menos capital humano. Se trata ni más ni menos de los principios básicos del neoliberalismo tal como se plantearon [Carl] Menger y [Gary] Becker hasta el presente. Esto es lo que Macri ha hecho efectivamente. Aquel al que se excluye en la lucha por la vida es al pobre -según la vieja idea malthusiana y darwiniana- y esto le pasa porque no supo ser lo suficientemente hábil con los instrumentos que tenía. En esta línea, al que le toca eso se tiene que ir de la Buenos Aires porque esta ciudad no es para ellos: es para exitosos, es la ciudad para los grandes negocios, los turistas, la gente que triunfa en la lucha por la vida. Reitero, es el modelo del viejo darwinismo social y del malthusianismo. Esto es lo que ha venido a hacer el macrismo y lo hizo sin la menor duda. Su gestión es política, no nos equivoquemos más. Macri realizó una muy buena gestión en consonancia con un proyecto político concreto. Ese proyecto es el neoliberal.

¿Cuáles son las principales dificultades que identificó durante la campaña en relación a los sectores progresistas?

No se si los sectores que podemos llamar progresistas tuvieron deficiencias. Considero que el problema es mucho más profundo porque justamente en la medida en que los sectores progresistas plantean la complejidad de ciertos procesos y denuncian ciertos fenómenos que son realmente abominables, ese discurso no llega a buena parte de la población -aunque si llega a otra, esto también debe decirse. No llega, no por errores de campaña, sino por una construcción de décadas que facilita su discurso. En todo caso, el error es construir políticas por arriba: no darse cuenta que esta nueva forma de vivir ha sido consolidada durante décadas desde abajo, con una serie de instrumentos que tienen que ver no sólo con los medios de comunicación, sino con todo lo que ocurrió en la Argentina. La realidad social es compleja, que incluye un tremendo fascismo social -en palabras de Boaventura de Sousa Santos-, que no es exclusivo de Buenos Aires. Tiene que ver con el periodo de mano dura, que es anterior a Macri. En este sentido, lo ocurrido en 2008 en torno a las retenciones fue terrible y la adhesión de muchos sectores del país, no sólo de Buenos Aires, fue muy fuerte.