“Salvamos los trapos” Elecciones en Capital y proceso político nacional

Por Federico Montero*

Luego de la montaña rusa de emociones, que nos llevaron del triunfalismo a la sensación de derrota, las autocríticas vehementes y las catarsis indignadas, pasando por las interpretaciones mediáticas que intentan desmoralizar al kirchnerismo en la ciudad y, fundamentalmente, dotar de un alcance nacional a un resultado que, en principio, no lo tiene, va sedimentando una lectura nacional de los resultados electorales.

Los resultados muestran, a fin de cuentas, el estado real de la correlación de fuerzas en un distrito que, por su estructura social, por la configuración ideológica mayoritaria de su electorado y por la gravitación de la comunicación política mediatizada, se ha mostrado adverso a las distintas expresiones del campo nacional y popular, una vez más.

Electoralmente, la Ciudad de Buenos Aires, que aporta 1 de cada 10 votos al padrón nacional, no ha sido ni será el punto de gravitación en el armado kirchnerista para definir la elección nacional de cara a octubre. Tampoco es, evidentemente, un distrito prescindible, sobre todo para quienes actuamos en él. Su importancia está en que es el principal escenario de otro plano de la disputa política: su remanido carácter de “caja de resonancia” nacional, lo convierte en el centro de la arena mediática, y el asiento de los poderes políticos y económicos del país, lo convierten en la primera “trinchera” de expresión de movilización popular y ciudadana.

Simplificando, el FPV tiene, desde su conformación, dos estrategias posibles en la Ciudad de Buenos Aires. Si quiere ganar en la local, tiene que construir espacios amplios y con un grado de autonomía cuyos contornos lo excedan, apostar a la articulación de los actores existentes, diluir la identificación directa con el gobierno nacional. La interrupción del segundo gobierno de Ibarra sepultó el principio y el fin de esta variante. De allí en adelante, con idas y vueltas, el FPV decidió, de la mano de Filmus, cambiar de estrategia e intentar vertebrar, política y discursivamente, la expresión local de una fuerza nacional, poniendo en crisis la idea de autonomía, que organiza el imaginario político del distrito desde lejos y hace tiempo. Simétricamente, el PRO decidió, consolidar una fuerza política distrital de proyección nacional, “la ciudad nos une”.

El balotaje del 31 de julio fue el último acto de esa polarización entre la territorialización de lo nacional y nacionalización de lo distrital, cuyos resultados capitalizó, en mayor medida y como era de esperarse, el ingeniero Macri, a expensas no tanto del FPV sino del resto de las apuestas de las fuerzas nacionales que fueron literalmente barridas del escenario. Poroteando: que la primera vuelta terminara 47-27 y no 42-30, como era esperable, se explica seguramente por la imperfección de la campaña que le restó 2 o 3 puntos posibles al kirchnerismo, pero mucho más por los 9 o 12 puntos que, sumados, los candidatos de Alfonsín, Carrió y el propio Pino Solanas – también pretendido referente nacional-, perdieron a manos del macrismo. En una segunda vuelta definida, el kirchnerismo pudo mantener y ampliar su caudal de votos, una señal positiva de cara a las primarias de agosto, mientras que el macrismo se debate respecto de cómo orientar en el plano nacional, si es que lo hace, el contundente 64,5%.

Desde esta perspectiva, si se compara con 2009 (cuando sacó el 11%), puede decirse que el FPV “salió hecho”: recuperó la base electoral del 2007 y se consolidó como la única fuerza nacional en un distrito en el cual la autonomía es la clave de identificación política abrumadoramente mayoritaria. Este resultado, como el de Santa Fe confirmarían el ciclo de ascenso político del gobierno nacional, iniciado en febrero de 2010, que se ha manifestado en el alto índice de popularidad de la Presidenta, en contundentes resultados electorales en distritos favorables (Misiones, Catamarca, etc.), en la recuperación de aliados de fuerzas rivales (Chubut) y en la capacidad de revertir la pérdida de apoyo en los núcleos de la rebelión agromediática (Santa Fe y Capital). El abandono de las pretensiones presidenciales del propio Macri, Reutemann y en menor medida de Pino Solanas puede ser interpretado en este sentido.

Si bien es cierto que, sobre todo en las grandes ciudades, el electorado define sus preferencias en el propio proceso electoral, y que la desestructuración de las identidades tradicionales ha implicado nuevas formas de politización, volatilidad y fluctuación del voto, también las elecciones son el punto de medición de procesos de acumulación de más largo plazo. Sustentado en una compleja articulación de liderazgos territoriales, estructuras partidarias locales, sindicatos y movimientos sociales que encuentran su síntesis en la línea política nacional y en la acción del estado, una de las tareas pendientes del kirchnerismo es la vertebración de una fuerza “propia”que tenga capacidad de arraigo territorial y representación política distrital. Lo de Agustín Rossi en Santa Fe y Daniel Filmus en Capital muestra a las claras que el gobierno puede tener una base de sustentación nada despreciable, con cuadros “propios”, desarrollo militante y perfil nacional, también en el núcleo de la rebelión patronal agromediática.

En adelante, se avizoran dos desafíos: el primero e inmediato, de orden nacional: la ratificación de las hipótesis enunciadas en las primarias del 14 de agosto. Se juega allí la capitalización electoral del ciclo de ascenso político del gobierno desde febrero de 2010, así como también una muestra importante sobre el verdadero estado de la correlación de fuerzas a nivel nacional. Será importante, para esta disputa, que el FPV en la Capital Federal redoble la apuesta militante, mejore el mensaje de campaña y comience a esbozar un reordenamiento de su estructura.

El segundo desafío es encauzar la dinámica del año electoral para profundizar la inserción territorial y, sobre la base de lo acumulado en las elecciones, consolidar una fuerza capaz, ahora sí, de hostigar en su distrito a un Macri lanzado a las grandes ligas y disputar el poder en la ciudad. La clave del distrito será trastocar autonomía por solidaridad.

* Politólogo – UBA.