Mempo Giardinelli: “La defensa de la democracia debe incluir necesariamente a la libertad de lectura, que deviene así en un hecho político más allá de qué tipo de libro o literatura escoja leer cada uno/a”. Entrevista exclusiva al reconocido escritor y periodista.

Reportaje de Federico Ghelfi, Ariel Goldstein y Telémaco Subijana

Iniciativa entrevistó en exclusiva al reconocido escritor y periodista Mempo Giardinelli. Es autor de novelas, libros de cuentos y ensayos, y escribe regularmente en diarios y revistas de la Argentina y otros países. Ha publicado artículos, ensayos y cuentos en medios de comunicación de casi todo el mundo. Entre sus últimas producciones se destacan: “9 historias de amor”, “Soñario”, “Volver a leer. Propuestas para ser un país de lectores”, “Visitas después de hora” y “El país y sus intelectuales. Historias de un desencuentro”. En esta entrevista, en que encontramos una visión y una apuesta a la reconstrucción cultural de nuestro país, repasa el contenido de algunas de sus obras y opina sobre las producciones literarias actuales . También analiza los debates políticos recientes, en los que siempre ha estado comprometido. Leer más.

En una entrevista en 2006 para el diario La Nación expresó que “la lectura es la gran enemiga del poder”. ¿A qué se refiere con dicha frase y de qué manera le parece que se vinculan la defensa de la democracia y la lectura por parte de la población como un hecho político?

Vengo desarrollando esta idea en diversos trabajos, basado en la idea de que históricamente los poderes políticos han practicado diversas formas de censura, como es sabido, pero ésta se entiende generalmente como que se aplica solamente a los libros, que en realidad son el vehículo de las ideas a censurar. Y eso es un error. Porque es la lectura misma la que se reprime, y la libertad de lectura es anterior incluso al objeto libro y a la censura. De este modo, la defensa de la democracia debe incluir necesariamente a la libertad de lectura, que deviene así en un hecho político más allá de qué tipo de libro o literatura escoja leer cada uno/a.

En diferentes intervenciones ha insistido en que somos “una nación en recuperación lectora”. ¿A qué se refiere con esto?

En vinculación con lo anterior, y puesto que la lectura fue para mí algo así como el desaparecido 30.001, como tengo escrito en mi libro “Volver a leer” y en diversos ensayos y discursos, la democracia resulta ser un proceso natural de recuperación lectora. La Argentina, que era un país muy lector, dejó de serlo durante la Dictadura, y los resultados nefastos empezaron a verse en democracia a partir del 83-84. Eso requirió un enorme esfuerzo de fomento de la lectura durante veinte años, y sólo ahora, y sobre todo en los últimos cuatro o cinco años, empiezan a verse frutos positivos. Hoy en la Argentina se lee mucho más que en los últimos 20 o 30 años, y eso significa que los esfuerzos privados y las políticas públicas de recuperación están finalmente dando buenos resultados.

Ud. ha expresado su preocupación, frente al empobrecimiento del lenguaje, por el mejoramiento de nuestro idioma y una utilización más propia del mismo. ¿Hacia dónde puede avanzar el enriquecimiento de la lengua? ¿Cuánto ha influido en este reconocimiento un autor que Ud. ha seguido mucho pero tan poco leído como Juan Filloy?

Es evidente el empobrecimiento del lenguaje coloquial de los argentinos, y podemos apreciarlo y evaluarlo desde que en 1986 lo subrayó Don Juan Filloy. Pero la cuestión ahora no es necesariamente enriquecer nuestro idioma, sino, más bien, y por el momento, detener la pobreza lexical, la extranjerización y la pauperización expresiva. Y no hay otro camino para ello que fomentar la lectura y recuperarnos como nación lectora.

Sus novelas  “La revolución en  bicicleta” (1980), “Luna Caliente” (1983) y “Qué solos se quedan los muertos” (1985) están atravesadas por la experiencia y la significación del exilio. Ud ha marcado, luego de publicarlas, que podría abrirse un interesante debate acerca del valor testimonial de ciertos textos escritos en contextos específicos como el exilio, en la que entran en juego –y polemizan- la necesidad autoral de encerrar en un texto una épica y la propia literatura, su calidad y su lógica de creación. ¿Puede explicarnos un poco más esta tensión? ¿Qué condiciones  -históricas, políticas, culturales- encuentra para regenerar un debate como éste?

Sí, a finales de los 80 yo esperé ese debate, que sin embargo no se produjo. Y hoy ya no creo que valga la pena insistir. Por lo visto mi voz es demasiado pequeña para estas proposiciones, las resistencias argentinas son muy grandes y, bueno, a mí estas cosas me superan y me cansaron bastante. Tampoco quiero proponer debates nacionales, no soy quién para hacerlo. Y además he aprendido que los argentinos, solitos, deciden qué y cómo quieren debatir, y sobre todo cómo prefieren no hacerlo. Que es lo más común. Lo que yo hice en los 90 fue escribir mi novela “Santo Oficio de la Memoria”, que en lo personal cerró mi ciclo.

¿Qué producciones actuales a nivel literario le parecen interesantes? ¿Y sobre aquellas que se relacionan con la realidad política argentina actual?

Desde hace algunos años me interesa mucho más lo que escriben las mujeres. Al menos en la literatura argentina, me parece que ahí está la producción más original. Samantha Schweblin, Eugenia Almeida, Patricia Suárez, Liliana Bodoc y tantas más siguen la tradición de Angélica Gorodischer, Tununa Mercado, Lili Heker, Ani Shúa, María Rosa Lojo y siguen las etc… Algunas abordan la realidad y otras no, pero eso no es lo que más me importa. La literatura trasciende lo real y establece otra realidad ético-estética.

¿Cómo cree que han impactado en la idiosiocincracia de los argentinos (si es que así lo considera) los debates que se han dado en los últimos años en la esfera de la política: Retenciones, Estatización de los fondos de las AFJP, Ley de Medios, Matrimonio Igualitario, etc.?

Son todas manifestaciones de un proceso de madurez democrática. Es muy saludable que todo eso lo estemos viviendo y protagonizando. Al menos en mi generación muchos creímos que no íbamos a verlo. Y el impacto es el que se aprecia: la sociedad cambia constantemente, la democracia se hace más y más fuerte, y los nostálgicos de la dictadura y el autoritarismo devienen dinosaurios. Qué bueno que eso suceda.

¿Cuáles considera que son los logros más importantes de este gobierno y por qué? ¿Cuáles son los desafíos para afrontar?

Entre los logros, sin dudas la recuperación de la economía y la política monetaria; la recuperación de la previsión social y la educación pública. También la gestión cultural federalista y el nuevo perfil democrático de las fuerzas armadas sometidas al poder político. Sin dudas la Ley de Medios. Y también señalaría la finalización de las “relaciones carnales” a cambio de una posición soberana. Y obviamente la política de Derechos Humanos que ahora cierta oposición —monitoreada por dinosaurios de la Dictadura— quiere destruir.

Del lado de los defectos, señalaría sin dudas la incapacidad del gobierno de dialogar con la oposición, que es una oposición especialmente mezquina, que sirve más y mejor a los grupos monopólicos que al país, pero a la que en lugar de azuzar habría que morigerar. La política es eso, también: encontrar interlocutores, calmar a las fieras. Y eso no lo sabe hacer la gestión kirchnerista. Y es una pena, porque sería muy útil reconocerlo y corregirlo. Para que de paso, y por ejemplo, alguna vez los ciudadanos que apoyamos al gobierno desde perspectivas independientes y críticas pudiéramos ver que alguien va preso por corrupción.

Pienso que están a la vista tanto los méritos como los defectos de este gobierno. Si fuésemos un país más sereno, se podría hacer mucho con esto, para mejorar. Pero en las actuales condiciones de crispación es muy difícil. La crispación de que se acusa al gobierno la fomenta, en realidad, la irresponsable oposición que padecemos. Pero a su vez el gobierno se encierra en cierta soberbia que en nada contribuye. Y así andamos. Ése es el desafío de la hora: serenar la locura, parar la pelota y dejar que asome la grandeza en los protagonistas. Claro… habría que ver si tal grandeza la tienen todos… Yo todavía tengo algunas esperanzas. Si no, estamos fritos. •