Sergio Woyecheszen: “El desafío es profundizar la definición de una política industrial integral que corrija desequilibrios estructurales y la dependencia a los vaivenes de la coyuntura externa”. Entrevista exclusiva al economista de SID Baires – ONU.

Reportaje de Telémaco Subijana

Iniciativa entrevistó en exclusiva al economista Sergio Woyecheszen, especialista en temas de trabajo, empleo e industria. Es Coordinador del Departamento de Trabajo y Empleo de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (SID-Baires) -red global creada bajo la órbita de Naciones Unidas- e Investigador del Instituto de Economía Aplicada de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES). En esta entrevista analiza la economía argentina y explica las características del sector industrial y del mercado de trabajo. Leer más.

¿Qué opina acerca de la situación económica de nuestro país? ¿Cuáles cree que son los desafíos en materia económica para los próximos años?

La economía argentina ha venido mostrando, durante 2010 y lo que va de 2011, un intenso dinamismo, recuperando en muchas tramas de producción los niveles de actividad vigentes antes del impacto de la crisis internacional.

En este marco, las previsiones de crecimiento para 2011 superan el 8%, casi 4 puntos porcentuales por encima de lo que se espera sea la tasa promedio de América Latina.

Cuando uno analiza este comportamiento diferenciado, si bien surge que es producto– al menos en parte -  de no dejar apreciar el tipo de cambio en un contexto de fuerte subas en el precio de los commodities, presenta también como contracara un mayor impacto en lo que hace a presiones inflacionarias, haciendo más acuciante la necesidad de plantear los ejes a través de los cuales se administrará este escenario de mayor liquidez internacional.

Esto supone, en esencia, debatir los contenidos de una agenda positiva, que pondere los avances y plantee las correcciones necesarias para acelerar las transformaciones estructurales de una matriz productiva que sigue mostrando fuertes limitaciones a la hora de absorber ocupaciones desde los segmentos de mayor informalidad.

En este sentido, el desafío pasa no solo por recrear de forma permanente una macroeconomía pro desarrollo - avanzando en la coordinación de los distintos instrumentos de política  monetaria, cambiaria, comercial, fiscal y de ingresos – sino también por profundizar la definición de una política industrial integral, que vaya corrigiendo los desequilibrios estructurales y reduzcan la vulnerabilidad y dependencia del aparato productivo a los vaivenes de la coyuntura internacional.

Se trata de un proceso complejo, en el que habrá que ir creando y fortaleciendo instituciones, aumentando la provisión de infraestructura, educación, facilitando la generación y difusión de innovaciones, entre otros elementos de relevancia.

¿Qué evaluación hace del proceso de re-industrialización que se inicia en 2003? ¿Cuáles considera que son sus principales logros y desafíos para los próximos años?

El proceso es conceptualmente muy rico, presentando aristas de relevancia incluso antes, con la recuperación de herramientas de política y la reversión de muchas tendencias previas ya en 2002.

El eje primario del nuevo patrón de crecimiento abierto estuvo sustentado, desde un principio, en la vigencia de un tipo de cambio depreciado que permitió el aumento de la rentabilidad relativa de las actividades productivas, por sobre las financieras especulativas. Al mismo tiempo, tanto la aplicación de retenciones a la exportación de productos de la canasta alimenticia, como el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos, permitieron separar -al menos parcialmente- la fuerte caída de los costos laborales en dólares de la evolución del poder adquisitivo de los trabajadores.

A partir de esto último, en el marco de una extendida capacidad ociosa en la industria, estuvieron dadas las condiciones para un elevado crecimiento económico, con recuperación de tramas productivas intermedias, generación de empleos y paulatina recuperación salarial en términos reales. En primer lugar, la recuperación se dio en los tramos formales de actividad y luego en los informales, traccionados positivamente por la recuperación de instituciones como el Salario Mínimo y la negociación colectiva.

De forma subyacente a esta dinámica agregada, se destacó la recuperación – de forma heterogénea y no sin problemas – del entramado PYME industrial, en el seno de numerosos complejos de producción, con mejores resultados que el promedio en relación a elementos clave como innovación, valor agregado y complementariedades.

Esto supone un principio de reversión de las tendencias previas, con particular intensidad en lo que se refiere a la informalidad laboral al interior del sector industrial.

Al mismo tiempo, se manifestó el paulatino cierre de brechas sociales luego de más de 25 años de deterioro, el cual sirvió además para dinamizar la demanda agregada, de vital importancia para captar economías de escala.

Como un todo, estos elementos conforman un escenario con muchos avances, oportunidades pero también desafíos, que atañen en particular a cuestiones estructurales derivadas de la magnitud que tomó la fragmentación productiva y social en nuestro país hasta el 2001.

La cuestión remite directamente al grado de desarrollo de nuestra economía, y a la capacidad futura de mantener la reducción del desempleo, subempleo y precariedad laboral, principalmente en los establecimientos pequeños, con reducida productividad y sujetos a una fuerte inestabilidad.

En tanto no se avance sobre estos temas no solo surgirán límites concretos a los efectos de la acción gremial y las posibilidades de incrementar las remuneraciones reales, sino incluso a la intensidad de los cambios estructurales hacia dentro de la matriz productiva, dado que se verán afectados la generación y distribución de ingresos, la trayectoria de los niveles de inversión-ahorro y las capacidades de acumulación.

Usted ha mencionado que en los últimos 45-50 años el tipo de cambio real tuvo un comportamiento errático. Dada la importancia que asume esta variable para cualquier “proyecto social sustentable”. ¿Qué nos puede decir sobre el tipo de cambio actual y qué otras medidas para mejorar la competitividad considera necesarias?

Es cierto. Si uno pasa revista, de los últimos 45 años Argentina ha convivido con un tipo de cambio real sobrevaluado prácticamente la mitad del tiempo, afectando los procesos de inversión, de mejora técnica y desarticulando muchas cadenas de valor. Ello tuvo como correlato no solo la casi nula variación en los niveles de PBI per cápita entre mediados de la década de 1970 y finales de los 90’, sino también la fuerte caída de las tasas de empleo pleno, la mayor incidencia de la informalidad y precariedad laboral y el continuo deterioro distributivo y social de la Argentina.

No quiero decir con esto que el tipo de cambio resolverá estas cuestiones de aquí en adelante, pero creo que existe un amplio consenso respecto a que es una variable clave para las decisiones de producción y para la estructura microeconómica de la economía, que favorece la producción de bienes exportables y permite el desarrollo de estrategias de sustitución de importaciones, lo cual otorga mayor cohesión al tejido productivo y fortalece los multiplicadores de empleo.

Ahora bien, en el marco de lo que fuimos conversando, de lo que se trata es de ir trabajando de forma simultánea con los distintos elementos a los cuales fuimos haciendo alusión, que son los que irán conformando un escenario de mayor competitividad sistémica.

Se trata de un enfoque conceptualmente más amplio, incluyendo las subas en productividad por mejora tecnológica, sustentabilidad ambiental, equidad y cohesión social y territorial.

En este marco, la revisión empírica de las distintas experiencias sobre desarrollo económico marca que, más allá de la proliferación de numerosos subprocesos que se manifiestan al mismo tiempo, el proceso descansa – en sus aspectos dinámicos – en la capacidad de introducir innovaciones y difundirlas a través del aparato productivo, adentrando a las firmas en círculos virtuosos de generación de ventajas competitivas endógenas, donde el salario pasa a jugar un papel clave por sus vínculos con la pujanza de la demanda agregada y el mercado interno.

¿Qué características asume el sector industrial de nuestro país? ¿Podría darnos una breve caracterización de cómo está conformado en cuanto a los principales rubros y al tamaño de las empresas?

Argentina es un país industrial, con un perfil productivo muy rico que incluye sectores de base (siderurgia, petroquímica, celulosa, cemento), una producción automotriz que crece fuertemente recuperando la integración nacional, un sector farmacéutico de punta que exporta altísimo valor agregado, una industria alimenticia que gana sofisticación “marca país”, la metalmecánica, con cerca de 23.000 PyMEs y eslabonamientos crecientes, al igual que plásticos y madera. Una trama textil indumentaria que desarrolla diseño y marca, la industria del software, de acelerado crecimiento, intensiva en conocimiento. Los ejemplos son muchos y no agotan la realidad.

En cuanto al tamaño de las firmas, nuestro país replica el fenómeno mundial del post fordismo, asociado a la fuerte participación del entramado de micro, pequeñas y medianas empresas en el total, que se traslada a la estructura ocupacional.

Los desafíos pasan por incrementar la densidad (estamos a mitad de camino que el promedio europeo, y mal distribuidos territorialmente) así como lograr que mejoren sus capacidades de innovar y desarrollar complementariedades con otras firmas y el resto de organizaciones e instituciones.

¿Vislumbra, de cara a los próximos años, algún riesgo de estrangulamiento externo?

No existen a corto plazo elementos que me hagan dudar respecto de la sostenibilidad de los términos de intercambio actuales. Sin embargo, como lo dije antes, el gran tema hacia delante es administrar esta bonanza para evitar caer en la reprimarización de la economía.

Usted es co-autor de “El financiamiento en Argentina: hacia esquemas más innovadores”. ¿Cómo generar más y mejores fuentes de financiamiento para el sector productivo?

Este es otro de los grandes desafíos estructurales en nuestra economía, harto complejo. En la concepción tradicional, el sistema financiero es un intermediario pasivo entre el ahorro y la inversión; sin embargo, existe evidencia muy fuerte respecto al hecho que la inversión es un factor que promueve el incremento del ingreso y, con ello, del ahorro, por lo que la fisonomía que adopte la institucionalidad del financiamiento no resulta neutral, teniendo influencia como determinante de las fuentes, volumen y plazos del financiamiento a la inversión.

Ahora bien, ello no ocurre por generación espontánea y los países en desarrollo no pueden prescindir de la actuación del Estado para promover el aumento del bienestar de la sociedad. La experiencia internacional muestra la relevancia que tiene una mayor coordinación entre el gobierno y el mercado, y la función de banca de desarrollo es uno de los principales ejemplos en este sentido, en particular para orientar inversiones hacia sectores, regiones y acciones de política industrial de interés público a través de brindar financiamiento a largo plazo.

Entre las opciones específicas que busquen, además, fomentar el desarrollo de las firmas de menor tamaño se pueden mencionar algún tipo de régimen de desgravación impositiva para incentivar la ejecución de proyectos de inversión industrial de largo plazo, la mayor articulación de líneas existentes para explotar a mayor escala, las mejores condiciones de acceso a esquemas como los vigentes durante la Ley de Promoción de Inversiones, entre otros temas de relevancia.

¿Cómo caracterizaría al mercado de trabajo de nuestro país?

Con luces y sombras. Por un lado, en los últimos años hemos podido recuperar el crecimiento de la tasa de empleo pleno, de mayor calidad, lo que traccionó a la baja la incidencia del desempleo y subempleo. Se han fortalecido también las instituciones, el Salario Mínimo, la negociación colectiva, permitiendo incrementar el poder adquisitivo de los salarios, con mayor intensidad en los tramos del sector privado formal, particularmente la industria.

No obstante esto,  hay que señalar que se mantiene la incapacidad estructural para generar suficientes empleos de calidad para absorber la aún fuerte participación de ocupaciones informales, de mayor inseguridad e inestabilidad, donde la penalización por ingreso supera el 45%. En buena parte, los desafíos en torno al cambio productivo del que vinimos hablando se sustentan en la necesidad de dar respuesta en este tema.

¿Cómo fue la evolución del empleo, luego de la crisis de 2001?

Mostró la tendencia de la que fuimos hablando. Lo más significativo fue la recuperación de las tasas de empleo pleno, con un renovado aporte de las firmas de menor tamaño.

Al mirar en particular la dinámica de las ocupaciones asalariadas formales, las microempresas mostraron una expansión acumulada previa a la crisis internacional (entre 2002 y 2008) de 66%, seguidas por las pequeñas (58,1%) y medianas (56,9%), lo que derivó en una fuerte caída de las posiciones no registradas a la seguridad social.

¿Cuáles fueron los sectores más dinámicos en relación a la creación de nuevos puestos de trabajo?

En primer lugar, como dijimos, se destacó el renovado aporte cuantitativo de las firmas de menor tamaño relativo, no solo por la mayor tracción que mostró en la demanda de bienes y servicios y nuevos eslabonamientos productivos, sino en particular por sus implicancias en la generación de empleo. Un estudio reciente del Ministerio de Trabajo acerca de las características de las empresas con alto crecimiento del empleo en el último período mostró que de las 6.200 firmas con mayor dinamismo en el empleo, más del 71% presentaron un tamaño que osciló entre 10 y 24 ocupados, seguido por aquella franja de entre 25 y 49.

Un segundo aspecto de relevancia surge al indagar acerca del perfil sectorial de este sub grupo de firmas, en buena parte intensivas en mano de obra e ingeniería, las cuales a su vez habían presentado las caídas más intensas durante la recesión de 1998 – 2002, en torno a los 60 mil puestos de trabajo en cada uno de estos dos conjuntos

En lo que hace al dinamismo en el empleo de los sectores mano de obra intensivo, se destacaron en particular las actividades de confecciones y textiles, muebles y colchones, calzados e impresión, en tanto que en aquellas con mayor contenido de ingeniería resaltaron los casos de productos elaborados de metal, maquinaria y sustancias químicas. En términos generales, se trata de ramas de producción que orientan su oferta principalmente al mercado interno, replicando los desafíos para sostener y ampliar el proceso de reindustrialización en Argentina.