El macrismo, el kirchnerismo y los sectores medios

Por Ariel Goldstein

El triunfo del macrismo en las elecciones del pasado domingo fue recibido con sorpresa por propios y ajenos y exhibe la complejidad en la composición del electorado porteño. Lo que resulta especialmente sorprendente es la escasa importancia que parece haberle atribuido la ciudadanía a las múltiples deficiencias de la gestión macrista durante los últimos años, que incluyen su procesamiento por las escuchas ilegales a los familiares del atentado a la AMIA, el vaciamiento de la salud pública, la irresolución del problema de las inundaciones, el nombramiento y la posterior renuncia de Abel Posse y “El Fino” Palacios, entre otras, pero que sin embargo no le han significado en las urnas un costo político. Por supuesto, no es posible comprender este resultado sin reflexionar sobre la posición que ha ocupado en esta elección el kirchnerismo, segunda fuerza en la Ciudad y primera a nivel nacional.

En este sentido, resulta interesante trazar líneas de continuidad en torno a lo sucedido el pasado domingo en relación con el conflicto agropecuario de 2008. La inscripción de los sectores medios en el antikirchnerismo fue desde el principio una definición no económica en un sentido estricto, sino especialmente ideológica, como lo fue en 2008 salir a protestar por la baja en las retenciones a las exportaciones a los productos agropecuarios cuando el devenir de esta medida no afectaba en forma directa a estos sectores. En ese momento, el “campo” operó como un exitoso representante de demandas contra el oficialismo latentes en los sectores medios entre las cuales se encontraban: la necesidad de poner un límite a la supuesta “vocación hegemónica” del gobierno nacional -aquí el relato trazado por los medios se conjugó con la concepción moralista de estos sectores en un curso de reforzamiento mutuo de estas percepciones-, un rechazo a la conflictividad política en reivindicación del consenso y una defensa de la “autonomía de clase” respecto de las políticas de inclusión y distribución que el Estado argentino emitía hacia los sectores populares.

Como señaló Pierre Bourdieu, en cualquier conjunto poblacional, quienes más alto se encuentran en la pirámide social tienden objetivamente a adquirir las posiciones más conservadoras. Es el caso de la Ciudad de Buenos Aires, con el máximo producto bruto del país y donde la necesidad de conservar esta acumulación privilegiada por parte de estos sectores mayoritarios constituye un electorado reactivo a colocar la conflictividad social en el centro del espacio público, que es lo que suele hacer el kirchnerismo cuando intenta afectar los intereses de ciertos sectores concentrados a nivel material y simbólico en nuestro país. Frente a ello, en su discurso de triunfo del domingo, Macri reivindicó la “pluralidad” del consenso frente a la “división” del antagonismo, disputa la demanda de la igualdad y contra la exclusión con el kirchnerismo, es decir, expande su horizonte de interpelación en sectores que no quieren distribuir la riqueza pero sí se sienten interpelados por un discurso como el de Macri que denuncia desde una posición de exterioridad y en la forma moralista-abstracta la desigualdad existente.

El kirchnerismo por su parte, mostró dificultad, en parte por circunstancias de orientación ideológica objetivas de un proyecto, para realizar una propuesta compleja y plural hacia sectores medios con matrices de percepción divergentes de los sectores populares y que configuran sus estructuras de percepción del mundo en gran medida a partir de las formas de construcción de sentido de los medios hegemónicos. Se reiteró aquí este problema, que no es nuevo sino que acompaña al kirchnerismo desde el conflicto agropecuario, pues fue allí cuando se efectivizó la ruptura del pacto de tolerancia mutuo con los sectores medios, a pesar de que esta última elección evidencie cierta recuperación de la popularidad del gobierno nacional en este escenario adverso en comparación con el clima propio de 2008.

Es posible además, que el kirchnerismo no haya calibrado la real composición político ideológica del macrismo, que, como señaló Natanson, no es la reproducción del neoliberalismo noventista, sino un producto más sofisticado y adaptativo al contexto latinoamericano y mundial de crisis de esta cosmovisión. En este sentido es necesario considerar como parte de la estrategia macrista la sostenida voluntad de establecer un espacio de identificación a nivel de la opinión pública en la sociedad porteña, que extrae gran parte de sus votantes de sectores medios y medios altos que buscan: poner límites a una supuesta “vocación hegemónica” del gobierno nacional y poner freno a un Estado nacional activo por la redistribución del ingreso ante la percepción del riesgo que ello implica para los sectores acomodados. El fuerte despliegue publicitario macrista basado en las técnicas del marketing y la imagen fue vital para diluir las preocupaciones de carácter social y en cambio proclamar la “buena onda”, lo “juvenil”, lo “moderno”, lo “estilizado” e inscribir así esta opción política en los intereses de ciertos sectores que responden a una concepción del mundo individualista, pos-ideológica, exitista, acríticamente cosmopolita, residual del neoliberalismo. A su vez, todo esto fue presentado bajo un despliegue multiculturalista, lo que genera una combinación que diluye las expresiones xenófobas, privatistas, contra los derechos humanos y por la preservación de un orden policial excluyente. La propaganda “Vos Sos Bienvenido” realizó una operación de formidable interpelación ideológica. Al mismo tiempo que escenifica “estereotipos” ficcionalmente representativos de la población porteña, los asocia al imaginario de falsa diversidad pos-ideológica macrista y constituye por efecto sujetos sujetados a ese aparato de producción de subjetividades.

Esta disolución vía despliegue publicitario del conflicto, su licuación bajo proclamas de la “felicidad”, la “buena onda”, fue vital para que la ciudadanía no percibiera la necesidad de hacer pagar un costo político a Macri en la Ciudad, a diferencia de 2009, donde se redujo su caudal electoral, si bien menos que las otras fuerzas. El resultado de las elecciones porteñas del pasado domingo confirma la complejidad de un escenario que habrá que repensar respecto de los errores cometidos por el espacio progresista, nacional y popular pero que, más allá de los errores propios, presenta a priori y estructuralmente por razones objetivas importantes dificultades para la consolidación de una propuesta superadora del kirchnerismo para la Ciudad de Buenos Aires.