Sandra Torlucci: “La vuelta de la militancia permitió que las artes empezaran a recuperar relaciones que dialogan políticamente con la situación y con la época”. Entrevista a la dramaturga, Decana del IUNA.

Reportaje de Federico Ghelfi y Ariel Goldstein

Iniciativa entrevistó a Sandra Torlucci, Decana del Departamento de Artes Dramáticas del Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA). Es Profesora de Letras, docente e investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad del Cine y el Departamento de Artes Dramáticas del IUNA. Ha publicado diversos artículos sobre semiótica del cine y del teatro. Fue dramaturgista de varios espectáculos y co-dirigió junto a Teresa Sarrail “Té de Reinas” de Eugenio Griffero y “Muñeca” de Armando Discépolo. Actualmente co-dirige la obra “Antígona Furiosa”. En esta entrevista, analiza las políticas culturales nacionales y de la Ciudad de Buenos Aires y la relación entre arte y política. Leer más.

¿Qué evaluación hace de las políticas culturales que a nivel nacional se han implementado desde 2003?

En cuanto a la actividad que desarrollo específicamente, considero que el mayor impacto en el campo cultural tuvo que ver con incorporar a las Universidades al plan de políticas públicas. Cabe destacar el fuerte impulso que se le ha dado a la extensión universitaria, provocando un impacto cultural muy importante, sobre todo en las clases y sectores sociales donde menos se había trabajado. Se ha reforzado el acceso a la cultura de estos sectores. De ser ínfimo o nulo, el acceso pasó a ser importante, y esperamos que su participación se continúe incrementando. Un programa como el de “Orquestas Juveniles” muestra un tipo de trabajo cultural que implica buscar esa población y brindarles la oportunidad de participar y de que se los incluya a la hora de diseñar e implementar políticas culturales. Se trata de ofrecerles la posibilidad de producir cultura, que es lo que en realidad es la cultura, un espacio donde todos construyen en común. Esto representa una diferencia con respecto a las políticas llevadas a cabo por gobiernos nacionales anteriores, quienes centralizaban toda la actividad cultural en los artistas ya consagrados y atraían a algunos sectores de la burguesía que disfrutaban de esos espectáculos.

Podemos observar lo mismo en otras áreas. La nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual puede ser entendida como una forma de ampliar los alcances de la participación ciudadana en todos los aspectos culturales. A esta ley, que se constituye como un hito, se le pueden agregar todos los programas y las leyes que se hicieron en función del financiamiento educativo.

¿Qué consideración tiene de las políticas culturales del macrismo en la Ciudad de Buenos Aires?

En la Ciudad de Buenos Aires ha ocurrido exactamente lo inverso que en la Nación. El gobierno de Macri desarticuló todo lo que tenía que ver con los centros culturales barriales, con la promoción de orquestas en zonas de emergencia, etc. Esta gestión ha maltratado a los teatros, auditorios y espacios que eran de algún modo significativos para la ciudad. Los despojó, con un gran nivel de tercerización y de vaciamiento, que, en este caso, no es una frase hecha. El Teatro Colón, aunque ha sido un lugar donde solo podía acceder la burguesía, era un espacio importante y simbólico para la Ciudad. El actual gobierno lo dejó con una programación coyuntural, tercerizado completamente y se perdieron los talleres que tenían como objetivo ampliar la participación de otros sectores, como lo venían haciendo los gobiernos anteriores. Macri es un político neoliberal que ha destrozado todo lo relativo a las políticas culturales y educativas. En definitiva: no solo no atendió al Teatro Colón, sino que lo maltrato hasta destruirlo.

¿Cree que existe actualmente una disputa a nivel de la cultura que tiene consecuencias políticas?

Sí, estoy convencida. Actualmente me encuentro elaborando una obra de teatro que me exige realizar entrevistas a diferentes sectores involucrados en luchas sociales que no tenían nada que ver con ningún movimiento y que trabajan temas que no estaban incorporados en las agendas políticas de ningún partido. Tuve la oportunidad de reunirme con las personas que trabajan en la Fundación “María de los Ángeles” que preside Susana Trimarco –que luchan contra la trata de personas-, con las madres de la “Red de Madres contra el Paco”, con Estela de Carlotto, entre otras personas. En todos estos temas el Gobierno nacional ha tenido proyectos para que todas estas personas que estaban excluidas del universo cultural pudieran contar con un mayor nivel de participación y logren la inclusión. Estos sectores se han empezado a incorporar a través de ayudas directas, económicas, pero también a partir de las posibilidades que brindan las políticas culturales. Tomando como ejemplo el trabajo que se hace con las mujeres víctimas de trata, nos encontramos con chicas que vienen de estar secuestradas y que han perdido la relación simbólica de su propio cuerpo y toda noción de red vincular. Estaban excluidas en términos literales. En este sentido, me parece que este gobierno empieza a ocuparse (y no solo preocuparse) de revisar el significado de la inclusión, para que su materialización sea absoluta, sea completa. Esto significa ser parte de la cultura. Este proceso también es evidente en la forma de pensar de los grupos intelectuales que empiezan a trabajar en relación con la militancia. “Carta Abierta” expresa esto: intelectuales, investigadores, docentes universitarios y artistas ampliando el campo y el horizonte de sentido de todo lo que había estado fuera de la escena política, social y cultural. Me parece que, a partir del 2003, eso fue cambiando de manera absoluta, permitiendo una mayor apertura social y que la cultura pudiera extenderse a otros sectores

Siendo especialista en semiología, ¿cómo percibe la construcción que hacen muchas veces los grandes medios de comunicación respecto del gobierno nacional?

En principio, cabe decir que es una construcción compleja. Hay mucha gente que no tiene la capacidad de desentrañar o de desenmarañar un entramado discursivo, que es entre hipócrita y cínico.  A modo de ejemplo de cómo funciona la construcción mediática actual, recientemente leí una nota -titulada “El negro le sienta bien”- sobre cómo Cristina Fernández de Kirchner se viste en relación al luto por la pérdida de Néstor Kirchner. Todo lo que decía ese artículo era absurdo desde el punto de vista del razonamiento y de la lógica. Es absurdo porque lo que está diciendo es una cosa que fuerza demasiado la interpretación. No está mal que alguien se vista como cree que debe vestirse en función de cómo se siente o cómo interpreta el sentimiento de un grupo. En realidad esta nota es perversa porque trata de imponer un valor moral tergiversado a una acción política o a una acción humana, como es el duelo. Mintiendo, se trata de construir un discurso con basamentos ideológicos muy complejos. En términos más simples me parece que los medios de comunicación hacen lo que hicieron siempre: defienden los sectores de poder y construyen, con ínter-textos establecidos, algunos valores que, por supuesto, defiende a ultranza y este gobierno combate. Se oponen al proceso de transformación que inició este gobierno e intenta construir un discurso desde los cimientos. Le hablan a aquellos que piensan como ellos y generan ciertos nivel de sinrazón ¿Quiénes los leen o escuchan? Sólo las personas que de algún modo coincide con ellos, y tienden a cerrarse cada vez más. La Ley de Medios ha logrado cercar esta construcción mediática en un discurso cada vez más cerrado y trabado. Los medios han caído en un círculo vicioso porque no pueden salir de la protesta y la chicana política.

¿Cuáles obras de teatro y de arte, en general, cree que expresan o que están en sintonía con los cambios de esta época?

Me parece que la obra más significativa es la de Mauricio Kartun. Todo lo que él hace tiene una lectura muy atenta a lo que ocurre en el contexto social. Hay muchas obras que recuperan viejas problemáticas que siguen teniendo vigencia. Por mi parte, estoy trabajando en algo que no se estrenó, pero estará en el mismo ciclo de Susana Robles Molina. Son textos que recuperan la problemática de los derechos humanos. Se ha vuelto a trabajar mucho en relación a esta temática y, en esto, mucho tiene que ver las posibilidades abiertas por la política que lleva adelante este gobierno. Se trata de trabajar seriamente, y como política de estado, en todo lo que tiene que ver con los derechos humanos, donde aparece la dictadura pero también la nueva trama de problemas sociales como la trata de personas. Todos temas de los que el gobierno se hace cargo casi como si tuviera que curar esas heridas que son consecuencia de aquellas otras. En este sentido, también el cine actúa en consecuencia. Las películas que se hicieron en relación a las gestas –“Revolución” y “Belgrano”- enfocan, desde algún lugar, la historia que no se había contado antes y que se había limitado a enfocarse en reductos de la cultura muy específicos, que no era masivos. También debemos hacer referencia al ámbito televisivo. Por ejemplo, “Encuentro” es una gran productora de contenidos. Allí se recupera el arte, el documental, la política, la historia. Se van recuperando elementos muy importantes que no tenían un espacio para expresarse. En este sentido, no debemos olvidarnos de tantos actores y directores que siempre estuvieron comprometidos con la realidad social. Personas comprometidas como Tristán Bauer, Leonardo Favio, entre tantos otros.

¿Qué nos puede decir respecto a la relación entre dramaturgia y política?

Recientemente trabajé este tema con motivo de elaborar mi disertación en la ceremonia de que realizó el IUNA para otorgarle Doctorado Honoris Causa a Griselda Gambaro. Puede decirse que ella es como el modelo de dramaturgia que está absolutamente unida a la problemática política. El arte está en vinculación directa con la política. No podría pensarlo fuera de esa relación, en vinculación con la vida, como diría Friedrich Nietzche. En ese sentido, el ejemplo de una dramaturga como Griselda Gambaro, que entrega la escritura a la gente casi como un acto amoroso, da cuenta de esto. Es el modelo que trabajamos desde el IUNA. Es lo que queremos replicar desde la Maestría en Dramaturgia que dicta esta institución. Es interesante como las diferentes agrupaciones estudiantiles realizan diferentes iniciativas culturales y sociales. En este tipo de actividades, en las que participan dramaturgos que tienen un gran compromiso social, aparece otra vez el interés por el texto que recupera la problemática del país. Es una manera de que no solo se trabaje con autores como Berthold Brecht, Antón Chéjov o William Shakespeare.

A nivel general, ¿Cuándo el dramaturgo se relaciona con la política y cuándo no?

Es una pregunta difícil. Es compleja porque, como ocurre con el literato o cualquier otro artista, se trata de una polémica. Hay distintas formas de relacionarse. Volviendo al ejemplo de Griselda Gambaro, cuando ella empezó a escribir, elaboró una obra que se llama “El desatino” en lo que era el contexto realista, que era un realismo socialista que practicaban los artistas de esa época, durante los años ´60. Esa obra fue acusada de estar lejos de la realidad política inmediata cuando en realidad es una obra que está anclada en alguna influencia del absurdo, del  simbolismo, y, en menor medida, del grotesco. En este sentido, me parece que la respuesta depende mucho de lo que se entienda que es la relación del arte y la política en cada momento histórico. En este momento no me parece que sea grave que alguien tenga una influencia poética con fenómenos más alejados del realismo y tampoco considero que eso aleje al teatro de la política. Es importante no confundir la relación documental o de referencia inmediata en términos semióticos con la despolitización. Se puede hacer un teatro político sin hacer referencia directa a los problemas inmediatos del contexto. Los dramaturgos, de todas maneras, como hacen teatro y no literatura, cumplen una función importante de diálogo social cuando hacen una relación con el contexto más inmediato. Considero que, actualmente, esa relación es necesaria. No importa si el procedimiento es el realismo -puede ser otro. pero tiene que aparecer el compromiso político e ideológico en esa relación, en el diálogo con el contexto. Se debe manifestar a través de las diferentes problemáticas, en los temas que trata o en la forma en la que se organiza la puesta en discurso. Desde cualquiera de esos lugares tiene que aparecer el compromiso por la realidad social y la base ideológica. Semióticamente hablando se trata del ideologema: cómo trabaja y cómo opera el discurso dramatúrgico en relación a un contexto. Si se decanta la ideología, si no se asume el discurso dramatúrgico como un discurso ideológico, en realidad se trabaja distanciado del problema político, y esos son los dramaturgos que a mi en particular me parece que no están funcionando. Si bien hay autores de moda que están lejos de la problemática sociopolítica, no son los que más interesan. Dramaturgos como Rafael Spregelburd, hacen un tipo de teatro más divertido, más liviano, pero tampoco realizan obras de teatro que generen fundamentos fascistas o neoliberales. Son autores que no se ocupan de lo político y -si bien a mi no me interesa- me parece que es una persona talentosa y que podría juntar una cosa con la otra. Por otro lado, hay dramaturgos a los que solo les interesa la comercialización del teatro.

De todas maneras, no creo que hoy en Buenos Aires haya representantes de la cultura legitimados que sean dañinos como hubo en otras épocas. No creo que haya personas desmoralizantes. En todo caso, son figuras más o menos industriales. De mayor o menor grado de entretenimiento, de mayor profundidad poética o más banales. Tendríamos que hablar del teatro comercial para encontrarnos con casos de ese tipo.

Lo que más me interesa actualmente es cómo se está repensando la cultura, el alcance cultural y las redes que empiezan a restablecerse. Esos lazos sociales que se habían perdido, ahora se empiezan a restablecer. La vuelta de la militancia permitió que el teatro, la danza, la música y la cultura –en definitiva todas las artes- empezaran, en los últimos años, a recuperar relaciones que dialogan políticamente con la situación y con la época. Considero que todo esto se debe gracias a la política de este gobierno y al modelo implantado desde 2003.

¿Considera que durante el neoliberalismo esa situación se había agotado?

No sólo estaba agotado sino que se había trabajado fuertemente para derrumbarlo. Esos lazos que existían fueron desestructurados, como lo hace Macri en la ciudad. En ese sentido cuando se dice que Macri no hizo nada, se está siendo benévolo. Yo creo que hizo daño en relación a la cultura, al arte y a la educación. También estoy segura que en otros ámbitos pasó lo mismo. En este sentido, esa política de militancia que genera este el Gobierno nacional recupera la discusión, el diálogo y la acción conjunta. Son todas herramientas necesarias para salvar y desarrollar la cultura. Al observar la campaña de Macri, semióticamente hablando, recupera el hipertexto de la fiesta menemista. Es casi obvio lo que hace: el logo, el papel picado, el amarillo, la frescura de sacarse el bigote; todas esas cosas tienen que ver con la “felicidad”. Los últimos discursos en los que hace menciones del tipo “queremos estar cómodos y estar felices”, dan cuenta de esto. Es casi la fábrica de la felicidad de Coca-Cola ¿A quién le ofrece eso esa fiesta? Puede ser que se la ofrezca a los pobres porque no tiene otra cosa para ofrecerles. Entonces los pobres, como igual ya están perdidos y no pueden esperar mucho, les puede ofrecer la fiesta. También es un discurso para los que ya están de fiesta, del mismo modo que lo hizo Carlos Menem. Entonces ante la pregunta recurrente de ¿dónde consigue los votos Macri? La respuesta se obtiene en el que sólo quiere la fiesta porque ya no puede esperar otra cosa y en el que quiere la fiesta como corolario de todo lo que tiene. Macri no apunta nunca a la clase que culturalmente está instalada en algún lugar, ya sea progresista o de sectores socioculturales medios. Apunta a los sectores más bajos y a los más altos. Es evidente, es la misma organización de imagen que la de Menem. Eso es complicadísimo, y es preocupante que tenga tanta intención de voto. Esto obliga a trabajar culturalmente para incorporar a los sectores de menos recursos. Incluirlos para concienciar en cuanto que un gobernante no les tiene que dar un globo amarillo. Tiene que darle la casa, trabajo, un hospital, la escuela. Después sí viene el globo. El esfuerzo se deber realizar desde el teatro, la música, los medios y desde todos los lugares. En ese sentido, el gobierno nacional tiene un problema con que la ciudad esté en manos de Macri: hay que ganarle para poder trabajar en esos ámbitos.