Conjura urgente de “Nuestra” Buenos Aires

Por Federico Montero*

Lo dicen los diarios: el resultado de las elecciones porteñas del 10 de julio arroja un escenario de balotaje, en el que la fórmula Filmus-Tomada debe transitar por un camino difícil pero no imposible, para obtener el triunfo en segunda vuelta.

Según los analistas, “el comportamiento electoral de los ciudadanos porteños no fue el esperado” y, más allá de un balance aun pendiente, debe ser interpretado a la luz de un largo período de políticas neoliberales que permearon el sentido común, consagrando el individualismo por sobre la solidaridad y la apuesta a un proyecto colectivo, con un Estado presente para garantizar la igualdad de derechos de todos y todas, a través de políticas que le permitan gobernar con autonomía pero en defensa de los intereses nacionales.

Nos indigna -nos vuelve indignos- la desidia deliberada y el desapego por lo público de la gestión macrista, el discurso xenófobo y el cliché de la buena onda. Por eso aspiramos a recuperar la salud y la escuela pública; promover la producción y el trabajo a partir de un proyecto estratégico de desarrollo económico sostenido en el financiamiento productivo, la creación de PyMES y la ejecución de la obra pública como motor de la economía; solucionar los problemas de inseguridad a través de una visión amplia e inclusiva; abordar los problemas de la región metropolitana; y profundizar el proceso de descentralización que se inicia con la elecciones comunales, para generar nuevas herramientas de resolución de problemas y canales de participación ciudadana.

En su campaña, Daniel Filmus convocó a movilizar el imaginario de una ciudad protagonista de las grandes disputas por el destino del país en los últimos 200 años: “nuestra” Buenos Aires. Desde aquella que después de resistir las invasiones inglesas impulsó la Revolución de Mayo, hasta la que festejó el Bicentenario y ayer nomás despidió a Néstor Kirchner y le pidió a Cristina que no afloje. La misma de la Revolución del Parque, la que saludó a un coronel en el balcón de la Rosada un 17 de octubre, la que soportó los bombardeos en el ’55, la que cobijó a las Madres de Plaza de Mayo en sus rondas, la que participó de las manifestaciones por el fin de la dictadura, defendió la democracia en la primavera alfonsinista, fue testigo de las marchas de resistencia al menemismo en los ’90, la que asestó el golpe de gracia a la ALIANZA y puso en crisis al neoliberalismo… En fin, la que se reconcilió, con la asunción de Néstor, con un destino latinoamericano y se animó, una y otra vez, a volver a tener dignidad y esperanzas.

En todos esos momentos -sin duda contradictorios, sin duda habitados también por “otra” Buenos Aires, que al resguardo de los cuarteles o en el monumento a los Españoles, también tomaba partido y se constituía en representación del otro proyecto en pugna, el del “sálvese quien pueda”-, el pueblo de la ciudad supo y pudo trascender. Lo hizo porque, sucesivamente, fue capaz de reconstruir un destino atado al de las grandes mayorías del país y al de Nuestra América.

Será difícil, pero no imposible. Sin regateos: como dice el querido Fito Páez, “lo que importa es el camino”, la convocatoria a una voluntad popular mayoritaria que vuelva a poner a la política – es decir, a un proyecto colectivo- en el centro de la discusión, también en la ciudad.  “Nuestra” Buenos Aires se lo merece.

*Politólogo – UBA.