Rubén Dri: “El proyecto nacional y popular sin el saber teórico-académico queda manco, como también ocurre que el saber académico sin el movimiento popular queda en el aire”. Entrevista exclusiva al reconocido filósofo.

Reportaje de Vicente Russo

Iniciativa entrevistó en exclusiva al filósofo Rubén Dri. Profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires, ha publicado, entre otros libros, “La utopía de Jesús”, “Autoritarismo en la Biblia y la Iglesia” y “El Antiimperialismo de Jesús”. Es autor además de una vasta obra que analiza el pensamiento de Hegel enFenomenología del espíritu”. Militante del campo nacional y popular, en esta entrevista analiza las transformaciones políticas y sociales ocurridas desde 2003, el rol de los intelectuales y el escenario político que se abre a partir de la candidatura a la re-elección de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Leer más.

En el 2003 se inicia un proceso de transformación política y social que ha generado un corte con la hegemonía neoliberal, re-politizando la cuestión social. ¿Cómo visualiza estos cambios?

Al analizar lo que se produce a partir del 2003 no se debe pasar por alto lo ocurrido en 2001 porque es la respuesta a la crisis del Gobierno de la Alianza. Si utilizamos la dialéctica hegeliana, podemos decir que en el el 2001 se produce la negación del neoliberalismo. De hecho, el que se vayan todos es la negación absoluta del neoliberalismo, de la política que nos había llevado a la destrucción completa. De ese quiebre o primera negación, se tendría que producir la negación de esa negación, es decir la propuesta, eso es lo que comienza a hacer Néstor Kirchner en el 2003. En ese sentido, Kirchner fue un político con una gran visión de lo que necesitaba nuestro país en ese momento. Al anunciar que sus principios no quedaban en la puerta de la casa de gobierno, decía algo muy importante, algo a lo que tal vez nosotros no le dábamos absoluta credibilidad. De cualquier manera él comienza inmediatamente a producir cambios sustanciales como la intervención a la Suprema Corte de Justicia y el descabezamiento de la cúpula militar, estableciendo una verdadera política de derechos humanos. Este fue el eje fundamental que él toma: los derechos humanos. Sin bien desde la derecha y desde determinados grupos de la izquierda se lo interpretó como una manipulación de los derechos humanos, posteriormente se demostró que desde 2003 hay una verdadera política de derechos humanos. El importante trabajo que habían realizado los organismos de derechos humanos (las Madres, las Abuelas, los Hijos, la APDH, la Liga por los derechos del hombre y el Movimiento por los derechos de los detenidos políticos) se transformaba, así, en una política de Estado. En ese sentido, esa lucha significaba también una lucha por la democracia. Comenzó, entonces, una profundización de la democracia de corte  popular.

Por su parte, en la década de los ´90, los militantes populares se habían refugiado en lo social. Fue la época en la que surgen de los movimientos sociales. Ahora bien, los movimientos sociales siempre son movimientos que tienen finalidades bien acotadas y no se plantean el poder político, la transformación del Estado. Trabajaban de acuerdo a problemas bien acotados, que también eran muy importantes porque, independientemente de que podían solucionar problemas, ahí se fue reconfigurando o re-construyendo el espacio político derrotado. Todo ese caudal de luchas da origen a un determinado sujeto popular que necesita, en un determinado momento, una conformación política, necesita una expresión política fuerte y esto es lo que inaugura Néstor Kirchner. Él se da cuenta de esto y plantea que para reconstruir realmente el proyecto popular. Es decir, el movimiento popular como sujeto político, por una parte, necesita de las estructuras existentes, muy golpeadas, pero por otra parte tiene que abrirle espacios a todo lo que se había venido construyendo en los movimientos sociales. A eso se denominó transversalidad.  Fue su intento de superar los límites que le imponía el Partido Justicialista. Y esto no le dio todo el resultado que era esperable. Cuando se produce el enfrentamiento con las corporaciones, en esos momentos expresados fundamentalmente por las corporaciones agrarias, se da cuenta de que su proyecto de transversalidad todavía no había madurado lo suficiente como para apoyarse solamente en el y es cuando vuelve a apoyarse nuevamente en el partido justicialista. Un político como Kirchner pudo ver este movimiento (que para mi no era el mejor escenario) y fue absolutamente necesario. Finalmente le permitió avanzar, a la par que algunos movimientos sociales iban entendiendo la política y se incorporaban al proceso de transformación.

En definitiva, su proyecto político para romper con el neoliberalismo tenía que, inevitablemente, tensionar con corporaciones como el Ejército, con la Corte Suprema de Justicia de la Nación, tenía que enfrentar a la Iglesia, pero ahora se trataba de enfrentar el problema grave de la industrialización.

En ese sentido se puede ver un hilo conductor que atraviesa cada una de las políticas económicas, por ejemplo la Derogación de Ley de Flexibilización Laboral implementado durante el Gobierno de la Alianza.

El proyecto político tiene una gran coherencia desde el 2003 hasta ahora. Se podrían distinguir los Gobiernos de Néstor Kirchner y el de Cristina Fernández de Kirchner no como dos partes separadas, sino como dos momentos distintos, como dos etapas de un mismo proyecto. El primer momento de Néstor Kirchner es el más grave. En este sentido, es admirable la capacidad que tuvo para elaborar ese proyecto en el contexto que recibió el mando presidencial. Todo se había venido abajo, el Estado no existía más, la desocupación era masiva, la deuda externa era absolutamente impagable y las recomendaciones eran de mayor ajuste. Ante este contexto, la gestión de Néstor Kirchner comienza  a reconstruir el Estado, y eso solo puede hacerlo un estadista y alguien que tiene una voluntad política muy fuerte. A partir de ahí se comienzan a ver los frutos, pero cuando asume Cristina Kirchner viene el embate más fuerte que sufrió el proyecto que fue el de las corporaciones agrarias. Esta disputa termina con una derrota, en la que considero que se cometieron algunos errores.

Si bien no fue implementado de manera consistente, y eso derivó en una derrota política, la medida de las retenciones en sí misma tiene coherencia para el esquema macroeconómico que planteó el kirchnerismo desde el 2003. ¿Qué opina al respecto?

Es totalmente coherente con lo que representa el modelo. Hemos peleado para que se incrementasen las retenciones y estamos totalmente de acuerdo con el proyecto, pero me interesa recalcar que fue una derrota. Volviendo a Hegel, fue la primera negación de una segunda negación. La derrota en las elecciones de 2009 es una derrota a partir de la cual surge el proyecto con más fuerza. No solamente a partir de ahí no se abandonaron las banderas del proyecto, sino lo contrario. Desde ahí comienzan las medidas de mayor profundización: la AUH, la estatización de Aerolíneas Argentinas, la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Todas medidas de una gran profundidad y que se fueron realizando a partir de una derrota. Aquí resurge el movimiento con mayor fuerza y se demostró que no es simplemente un proyecto basado en el apoyo popular, sino que hay una absoluta convicción por sus ideas rectoras.

Lamentablemente en 2010 se produce la muerte de Néstor Kirchner y se pierde un líder de primer nivel que nos permitía pensar que este proyecto tenía un horizonte de posibilidad, que había que llevarlo adelante por lo menos unos treinta años, de manera que quede completamente afirmado. Su papel era fundamental, pero su muerte, que podemos considerarla una derrota, es una negación; produce una segunda negación que es el resurgir del movimiento popular y de la juventud. Se manifestó algo que estaba, en cierta forma, latente. Sale a la luz una fuerza impensada que asombró y le brindó a Cristina Fernández la posibilidad de afirmarse.

¿Qué escenario político imagina que se abre a partir de que Cristina Fernández de Kirchner competirá por la reelección?

Estamos ante un momento muy importante. Considero que hay dos aspectos fundamentales: uno es ganar la elección a nivel nacional, que creo está asegurado. Sin embargo, las elecciones son un aspecto importante, pero no el más determinante. Lo más significativo es la construcción social y política, la construcción de poder. Me refiero a la construcción desde abajo, a la construcción de poder popular. Esto es necesario porque tenemos que implementar transformaciones muy importantes que dejen concretamente al neoliberalismo atrás. Para hacerlo, tenemos que quebrarlo socialmente.

Hay reflejos estructurales del neoliberalismo que aún perduran en la sociedad y que de alguna manera el kirchnerismo está dando una batalla cultural para contrarrestar ese sentido común ¿Cree que se ha ramificado por sectores importantes de la estructura social?

Ha permeado bastante en la estructura. En Argentina hay una clase media muy fuerte por lo que no es esperable que se de una transformación desde una concepción neoliberal-gorila a una concepción popular alternativa tan fácilmente. Por otra parte, hay otros en los cuales el discurso no ha perneado. En estos momentos, veo un aire nuevo, que es político. Una nueva esperanza, un horizonte abierto que permite volver a creer, a tener esperanza. La incorporación de la juventud le da muchísima fuerza.

Lula señaló que Néstor Kirchner le devolvió la autoestima al pueblo Argentino. ¿Qué opina al respecto?

Creo que es una frase importantísima y muy cierta. Nosotros habíamos perdido nuestros símbolos, no sentíamos que el himno nacional o la bandera fueran nuestros (nos los habían robado: sentíamos que la bandera era del Ejército, que era de otros). Actualmente cantamos el himno con entusiasmo y esto se cristalizó en el Bicentenario en 2010, que yo lo califico como nacional, popular y latinoamericano. Nacional porque realmente nos ha vuelto la estima como nación, hoy es un orgullo ser argentino. La Argentina se planta como un sujeto que tiene voz, que tiene voluntad política, que no se inclina. Hemos superado la humillación y las relaciones carnales. Eso fue algo realmente lamentable y humillante. Hoy en día hemos recuperado el orgullo nacional y nuestros símbolos. Estamos ante un necesario momento de identidad grupal. Por otra parte es nacional popular, es decir que son sobre todo los sectores populares los que en este momento están más representados.

El proyecto tiende precisamente a que los sectores populares sean los sectores que finalmente recuperen los derechos que les han quitado. También es un movimiento latinoamericano porque la política exterior actual no mira a Europa ni al Imperio, sino que mira fundamentalmente a Latinoamérica. Como latinoamericanos hemos tenido triunfos en otro momento impensados. Hemos derrotado al Imperio en su proyecto fundamental del ALCA, y este no es un dato menor porque se hizo en Argentina con protagonismo popular y de nuestro gobierno. El papel de Néstor Kirchner ha sido fundamental, la superación del conflicto entre Colombia y Venezuela era un conflicto sumamente grave y ahí se ha tenido también la capacidad política de superarlo. Estamos recuperando el concepto de Patria Grande no simplemente como concepto sino como realidad latinoamericana. Estamos recuperando ese ideal y esa es la única posibilidad que tenemos de plantarnos frente a los grandes poderes imperiales.

En este marco de re-politizacion, donde la cuestión social está, a grandes rasgos, politizada ¿Qué rol, si es que le corresponde alguno, le cabe al intelectual?

Claro que le cabe un rol; uno de los grandes fenómenos fue Carta Abierta. Es muy importante, porque es un grupo de intelectuales que se comprometen políticamente con el proceso popular, y ese es un ingrediente fundamental para movimiento popular. Este proyecto nacional y popular sin el saber teórico-académico queda manco, como también ocurre que el saber académico sin el movimiento popular, queda en el aire. Es importante que haya una confluencia como la que está habiendo en este momento. El fenómeno de Carta Abierta está aportando mucho, pero cabe una aclaración: el intelectual tiene que sentirse pueblo, tiene que sentirse como el pueblo, no sentirse que está arriba. Esto, a algunos intelectuales les cuesta porque tienden a sentirse por encima del pueblo, que pueden bajar consignas a determinado sector y que, además, pueden hacerlo sin condicionamientos de las luchas reales –cosa que entra en las contradicciones en que, en general, el intelectual es bastante alérgico a aceptar.

Se ha cumplido un año de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario y se está discutiendo en los foros de la sociedad civil sobre avanzar en la Ley de Identidad de Género y en la Ley de despenalización del aborto, entre otros proyectos. ¿Cómo cree que se posicionará la Iglesia frente a esta tendencia?

La Iglesia está absolutamente en contra de todo esto. A partir de 1979, con Juan Pablo II como referente, ha habido en la Iglesia transformaciones muy profundas y se desarrolló  un proyecto para revertir totalmente la situación que se había creado durante las dos décadas anteriores (1959-1979), expresada fundamentalmente por el Concilio Vaticano II. Esto provocó la vuelta a una rigidización de la estructura dura de la Iglesia, con sus dogmas y con sus leyes, completamente reaccionaria con respecto al género. En este sentido, aquí la Ley de Matrimonio Igualitario puede ser tomada como su derrota más dura en el aspecto cultural. La Iglesia tuvo una postura muy fuerte y va a seguir peleando en contra de todos estos avances. De todas maneras, considero que lo hará en inferioridad porque habiendo ganado esa batalla tenemos todas las posibilidades para seguir avanzando. No lo digo con absoluta facilidad, pero veo que todo lo que viene es posible a partir de ese avance antes impensable, Para la Iglesia es algo completamente aberrante. Ha establecido que hay dos sexos, que Dios ha establecido un hombre y una mujer, y que en el comportamiento sexual ha establecido leyes que no se pueden cambiar de ninguna manera, y en eso se mantienen sus tesis. La atemporalidad es absoluta. No hay coyunturas políticas, y en ese aspecto no existe ninguna circunstancia cultural donde se puede relativizar ese precepto.

Este avance en materia de leyes fue motorizado básicamente por movimientos sociales,  ya existía un entretejido social que estaba velado y que el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner lo hizo inteligible políticamente. ¿Qué análisis podría hacer respecto de la recomposición de los movimientos sociales a la luz del nuevo marco político instaurado en el 2003?

En primer lugar hay que decir que un conjunto, no todos, de los movimientos sociales que no entendieron el proceso político han quedado un tanto aislados. Sin embargo hay una gran reconversión de los movimientos que sí entienden este momento y se reconfiguran en el ámbito de este momento político.  Naturalmente esta lectura va en contra de la de aquellos movimientos que no logran hacerlo porque han quedado todavía muy marcados por la desonfianza de lo político y se inclinaron hacia un tipo de ideología antipolítica. Lo interesante es analizar al kirchnerisrmo como un espacio donde convergen intelectuales, movimientos sociales, sindicalistas, empresarios, y en ese aspecto es cierto que hay movimientos sociales que están al margen de ese espacio y otros que ven en el kirchnerismo un espacio propicio para profundizar sus expectativas.

Considero que no deben confundirse determinados actores y agrupaciones sociales y suponer que otro gobierno les va a solucionar el problema. En este espacio tenemos el paraguas para poder seguir conquistando derechos, seguir luchando y convertirse en un sujeto colectivo.

Cuando la política quiere transformar tiene naturalmente contradicciones, sino se trataría simplemente de gestión ¿Qué tipo de gestión?. La de los poderes establecidos, ayudando a que éstos sigan con su depredación.