Gustavo Ludmer: “Necesitamos una banca pública de desarrollo que financie la inversión productiva”. Entrevista de Iniciativa al economista co-autor del libro “Aportes de la Economía Política en el Bicentenario”.

Reportaje de Telémaco Subijana

Iniciativa entrevistó en exclusiva al economista Gustavo Ludmer, co-autor del libro “Aportes de la Economía Política en el Bicentenario”. Docente (UBA),  Asesor económico del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI-INSSJP) y economista de la Federación Argentina de Jóvenes Empresarios de la CAME, anteriormente se desempeñó como economista del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA) y ha trabajado en proyectos de investigación financiados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Oficina de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO). Analiza la situación económica de nuestro país, el proceso de industrialización iniciado en 2003 y los temas pendientes para los próximos años. Leer más.

¿Qué opinión tiene de la situación económica actual? ¿Cuál es la perspectiva para los próximos años?

El marco económico actual está caracterizado por un ritmo de crecimiento sólido y elevado. Se espera que en 2011 el Producto Interno Bruto de Argentina termine creciendo entre 8 y 9%, lo cual representa un muy buen desempeño. Por su parte, para 2012 se prevé una desaceleración del ritmo de expansión económica– en el orden del 4 al 6%- que resulta lógica luego de un período de rebote y fuerte recuperación de nuestra economía en 2010 y 2011, una vez finalizada la crisis internacional. Por su parte, el empleo se sigue recuperando, aunque a menor ritmo, y cada vez se crean más empresas. En definitiva, la situación económica está sólida pero también considero que, de aquí a los próximos años, se van a tener que resolver algunas cuestiones importantes de la economía. La próxima discusión que creo necesaria dar está relacionada con las causas de la inflación.

¿Qué evaluación hace de la política de desendeudamiento realizada desde 2003 por el Gobierno Nacional? ¿Qué carga tendrá la deuda en relación al PBI en los próximos años?

Una de las más destacadas y reivindicables políticas económicas que tuvo este Gobierno fue el desendeudamiento externo. Hacia el año 2001, la deuda representaba 150% del PIB, y hoy está en torno al 49%. Los plazos de vencimientos promedios se extendieron de los 2 años promedio a más de 10. Mientras en aquel entonces aproximadamente un 95% de la misma estaba nominada en divisas, en la actualidad apenas el 50% no está nominada en pesos. Además, en la composición de la deuda se revirtió la participación de acreedores externos, como era durante la convertibilidad y, hoy en día, prácticamente la mitad está en manos del mismo sector público. En particular, el traspaso logrado en 2008 de los fondos de las AFJPs a manos de la ANSES significó la transferencia de gran cantidad de títulos y bonos de la deuda soberana argentina, que ahora se encuentran en manos del propio Estado. La recuperación del sistema previsional de reparto y solidario, en manos del Estado, rompiendo con el negocio de las Administradoras privadas, fue, en mi opinión, la mejor medida de política económica de los últimos 50 años.

Todo lo anterior configura una situación de cara a los próximos años en la cual la carga de la deuda externa será relativamente baja y fácil de controlar. Esto aliviará la situación de la cuenta corriente de la balanza de pagos, por la reducida necesidad de divisas, a diferencia de lo ocurrido durante las décadas del ‘80 y del ‘90.

Usted se ha manifestado a favor de una reforma del sistema financiero. ¿Qué modificaciones considera necesarias? ¿Cuál es la orientación que deberían tener esas medidas?

En la actualidad el porcentaje de préstamos en relación al PIB, ronda entre el 12 y el 13%, mientras que los depósitos se encuentran en torno al 24% del Producto. Sin ir más lejos, en Brasil los préstamos sobre el PIB representan aproximadamente 50% mientras que en Chile el 75%. Esto significa que tenemos un sistema financiero concentrado en torno a unas pocas entidades -cerca de 30 en total- y de reducida dimensión. En particular, se puede observar que los préstamos están orientados principalmente al consumo y no a la inversión productiva. En torno a los plazos, los mismos se concentran en el rango menor a dos años de duración, siendo el crédito a largo plazo prácticamente inexistente en nuestro país.

Es decir, se financia un televisor de plasma a dos o tres años pero no se financia la inversión productiva de las empresas, quienes no pueden conseguir financiamiento. El único recurso que le queda para poder realizar las inversiones necesarias son los recursos propios, para lo cual necesitan una elevada rentabilidad. Sería recomendable que las empresas tengan menores márgenes de rentabilidad pero puedan financiar sus inversiones con crédito, que es lo que ocurre en la mayoría de los países del mundo. En Argentina, como el sistema financiero es tan pequeño y concentrado, todavía no vemos este proceso.

En este sentido, el sistema financiero argentino necesita ser reformado en tres grandes líneas importantes que se deben destacar. En primer lugar, es preciso modificar la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA) para permitir una mayor intervención de la autoridad monetaria central. Por otra parte, sería importante contar con una nueva Ley de Entidades Financieras -en línea con la propuesta del Diputado C. Heller- que permite la regulación y la creación de incentivos para destinar el crédito a la inversión productiva, desalentando el financiamiento al consumo suntuoso. Cabe destacar que la legislación actual data del año 1977, cuando el Ministro de Economía de la última Dictadura Miliar Martínez de Hoz, cambió la normativa, tornándola muy amena para los negocios del sistema financiero internacional pero no para las necesidades del desarrollo económico nacional. Para lograr servir a la inversión productiva, los créditos deberán extender sus plazos, ya que muchas veces, las inversiones productivas requieren plazos de amortización más distantes.

En tercer lugar, considero que debemos avanzar hacia la creación de una Banca Nacional de Desarrollo. En Brasil, por ejemplo, el Banco Nacional do Desenvolvimento (BNDES) presta, aproximadamente, el equivalente al 45% del PIB del país. Esto representa el cuádruple en términos relativos de todo lo que presta el sistema financiero local. Necesitamos una banca pública de desarrollo que financie la inversión productiva. Al tiempo que se avance en la regulación del sector privado, necesitamos avanzar hacia sistemas públicos de financiamiento.

¿Cómo caracterizaría el cambio de la matriz productiva iniciado en 2003?

El proceso de recuperación de la matriz productiva que se inició en 2003 es sumamente interesante y tuvo muchos méritos que pocas veces se le reconocen al Gobierno. Sería bueno destacar que la industria creó 500.000 empleos en blanco, que representaron un aumento de 50% de su dotación. Por su parte, la productividad creció más del 70%.

Desde aquel entonces, la producción industrial creció en términos de cantidades físicas en un 80%, no sólo según datos del INDEC, sino también de la Unión Industrial Argentina. Por su parte, si bien fue la industria la que encabezó la recuperación económica, también hay muchos otros sectores que aún siguen con el comportamiento microeconómico de décadas anteriores. En ellos, aún no se vislumbra un cambio estructural.

Sin embargo, la dinámica actual de crecimiento industrial, no está exenta de problemas. Por ejemplo, las industrias más dinámicas de los últimos 2 años -alimentos y bebidas o automotrices- crecen rápidamente pero no traccionan el resto de la producción nacional de bienes intermedios. En particular, el sector automotriz crece a razón de la importación de autopartes, generando un resultado no tan positivo en la balanza comercial

Por otra parte, el resto de las industrias vinculadas al mercado interno son bastante deficitarias en términos de comercio exterior. Las únicas producciones superavitarias son las de alimentos y bebidas, curtiembres y la industria automotriz. Dada la configuración de la economía argentina, y su historia, la industria de bienes de capital (de bienes necesarios para la inversión productiva como por ejemplo) es de reducidas dimensiones. Por su parte, la industria a su vez está poco integrada entre sí, y muchas producciones dependen de la importación de bienes intermedios. El caso más destacado es la fabricación de autos, poco integrada productivamente con las fábricas nacionales de autopartes, configurando una situación donde para producir un auto se necesita importar las autopartes como motores, cajas de cambios, entre otras.

Entonces, el crecimiento de la industria requiere la importación de bienes de capital y de bienes intermedios generando una creciente necesidad de dólares. En los últimos 8 años, las exportaciones respondieron positivamente, lo cual permitió la obtención de sucesivos superávits comerciales. Sin embargo, si bien las ventas al exterior de productos argentinos crecieron en términos de cantidades, también jugó un papel importante el efecto positivo que tuvo el alza de los precios internacionales de nuestras commodities. Haciendo cálculos a precios constantes, el resultado entre exportaciones e importaciones de algunos trimestres de 2008 y 2010 hubieran cerrado en déficit comercial. En particular, a los precios de 2000, durante 2010 hubiéramos cerrado con un déficit de entre mil y dos mil millones de dólares, pero, dada la suba de precios internacionales, cerramos con un superávit en torno a 12 mil millones de dólares.

Ahora bien, este es el aspecto positivo para nuestro país que tuvo el aumento de precios de las commodities, como materias primas y alimentos. El impacto negativo, que pocas veces se menciona, fue el traslado a precios internos: si el trigo, la soja, el maíz, la avena, el azúcar, la leche, la carne, aumentan sus precios en dólares, y dado el esquema de retenciones de coeficientes fijos, dichos aumentos internacionales se trasladan a los precios internos. En el año 2007 los precios en dólares se despegaron, provocando una aceleración inflacionaria local.

En este sentido, alguien podría preguntarse por qué los otros países latinoamericanos no tuvieron un aceleramiento inflacionario. La respuesta tiene que ver con que los otros países apreciaron sus monedas respecto del dólar. Al hacerlo, tuvieron menos inflación pero también menor crecimiento económico y más primarizacion de la economía. Se debe rescatar que el Gobierno Nacional decidió sostener una política de tipo de cambio competitivo para alentar un mayor crecimiento económico y de su industria y, a la par, sostener los niveles de empleo. Todo ello a costo de un mayor aceleramiento de la inflación. En este marco, todavía no se han podido llevar a cabo algunas alternativas superadoras, como hubieran sido las retenciones móviles (que fracasaron políticamente en el Senado) o políticas como la nacionalización del comercio exterior de granos –medida que considero muy necesaria. Hay que ver qué pasa si, a partir de octubre de 2011, se logra el poder político necesario para implementar medidas de este tipo.

En relación a lo anterior, ¿vislumbra, de cara a los próximos años, algún riesgo de estrangulamiento externo?

Es interesante remarcar un par de cuestiones que hay que matizar para no caer en el Apocalipsis que muchos anuncian. Una de las rasgos más importantes que tuvo el desendeudamiento y la acumulación de reservas por el tipo de cambio competitivo fue que hoy el BCRA dispone de 52 mil millones de dólares de reservas, cifra récord en la historia de argentina. Esto hace que hoy día el Estado tenga más herramientas para responder ante un riesgo de estrangulamiento externo.

Por otro lado, como mencioné anteriormente, Argentina vivió un proceso de desendeudamiento muy fuerte, lo que significa una menor cantidad de salida de dólares por cuenta corriente para el pago de intereses. Esto oxigena la economía en términos de estrangulamiento externo. En definitiva, todas las cuestiones que hacían que el estrangulamiento sea fenomenal, ahora se encuentran matizadas. Otra cuestión a remarcar es que el estrangulamiento externo respondía a una situación de déficit comercial y para el año 2011 se estima un superávit comercial de entre 7 y 8 mil millones de dólares, una cifra importante. Para el 2012 los analistas del mercado también estiman entre 5 mil y 7 mil millones de dólares de superávit comercial. Ni tenemos una situación dramática de estrangulamiento externo ni, pasadas las elecciones, va a haber necesidad de una devaluación. Todavía tenemos margen para aplicar las políticas necesarias para evitar volver a caer en un stop and go.

Sin embargo, la tendencia actual muestra que las exportaciones crecen en mucho menor medida que las importaciones. Esta dinámica puede desembocar en los próximos 3 o 4 años en una situación de déficit comercial que requiera de algún ajuste. Sin embargo, como mencioné, existe el tiempo suficiente para que las soluciones sean aplicadas.

¿Cuales son esas medidas a las que hace referencia y cómo se asocian con el tipo de cambio y la competitividad de la producción nacional?

Hay varias respuestas. Se debe remarcar que la competitividad de un país se puede medir por dos aspectos: por el nivel de competitividad cambiaria (cuán barato o caro podés ser en base a tu moneda, es decir si está depreciada o apreciada) o por el nivel de competitividad en base a la productividad. En este sentido entre 2001 y 2002, Argentina fue mucho más competitiva, pero no porque aumentó la productividad de las empresa nacionales. Lo fue porque al devaluar más de 300%, cayeron los costos de producción en dólares. Esa extraordinaria competitividad cambiaria (también conocida como espuria), se perdió en los últimos años a partir del proceso de apreciación. Es decir, dejó de estar en los niveles extraordinarios que tuvimos a la salida de la devaluación de 2002.

Sin embargo, en la actualidad la competitividad cambiaria sigue siendo entre un 50 y un 60% superior a la de la década del 90 (cosa que pocas veces se dice). Si se analiza el tipo de cambio multilateral, aquel que analiza qué fue lo que pasó con las monedas de nuestros socios comerciales y no sólo lo ocurrido con el dólar, Argentina hoy está en un 60% por encima de la convertibilidad.

También hubo un fuerte avance en la competitividad por el lado de la productividad. La inversión productiva en la Argentina tocó récord en el año 2007-2008 con respecto a los últimos 30 o 40 años. Eso significó un fuerte incremento de la productividad que hizo más competitiva a la producción nacional. En este sentido, es importante seguir apostando a la inversión productiva, al incremento de la productividad de la industria, para no depender de la competitividad cambiaria y para que no necesitemos de una devaluación para bajar los salarios en dólares. Esto no es otra cosa que el tránsito al desarrollo económico.

Ahora bien, para lograr una mejora en la competitividad vía productividad, es necesario que haya financiamiento. Si éste sigue representando, como en la actualidad, un 12% del PIB, de los cuales el 10% va a financiar bienes de consumo como LCDs, tendremos problemas. Es necesario desarrollar un sistema financiero orientado a la producción, que financie la inversión productiva para no necesitar de la competitividad cambiaria.

¿Qué otras medidas, además del financiamiento, se constituyen como necesarias para alentar la producción?

La más importante es el financiamiento, pero hay otras. También son importantes la permanencia de las retenciones y del esquema de subsidios que contribuyen a generar un tipo de cambio diferenciado (si un agente exporta una heladera recibirá cuatro pesos por cada dólar que exporte, ahora si quiere exportar 100 toneladas de soja, en vez de 100 dólares sólo recibirá 65 dado el esquema de retenciones) que significa un estimulo o una transferencia en ingresos hacia el sector industrial para que no se aprecie la moneda y el único que pueda exportar sea el sector agropecuario.

Otra de las cuestiones que están en debate, y tenemos que discutir, es la inflación. En este sentido, desde el año 2007, con la aceleración inflacionaria producto de los aumentos de precios internacionales antes mencionados, los salarios reales han disminuido su ritmo de crecimiento. Los aumentos de precios desataron una puja distributiva, en un contexto de mercado laboral fuerte, con 7% de desocupación. En este sentido, al producirse aumentos de salarios del 20 al 25 %, que empatan su magnitud con la inflación, hay sectores de la industria (por ejemplo Pymes industriales) que al aumentar 20% los salarios en dólares año a año pierden competitividad. En un contexto en que los salarios reales se empataron con la inflación, los que terminan ganando son los grandes traders y los rentistas del sector agropecuario, es decir, las cadenas comerciales que hay en el medio. No sólo las seis acopiadoras han captado gigantescas masas de beneficios, sino también cadenas comerciales como Carrefour, Coto, y todo un sistema de intermediarias que se ven beneficiados con la inflación. Poco se dice al respecto pero hay agentes que se benefician con la inflación.

Entonces el salario sale empatado y las Pymes industriales resultan perjudicadas a costa de una inflación que beneficia a unos pocos. Entonces, de cara al futuro, para evitar que continúe la apreciación cambiaria y que cada vez entren más productos importados que desplazan a la producción local se debe discutir sobre el problema de la inflación. Esa es la disyuntiva que estamos teniendo y debe ser abordada porque generalmente cuando hay un periodo de stop and go, es decir, de estrangulamiento de la balanza de pagos, se sale con devaluación. Y esta medida significa un ajuste del salario real y quienes terminan perdiendo son los trabajadores.

¿Cómo fue la evolución del salario general del 2003 a la fecha? ¿Y en los diferentes sectores?

Para hacer un análisis de la evolución de los salarios reales conviene remontarse al 2001 y a la devaluación. En el año 2002, la devaluación significó un incremento de precios en torno al 40 ó 41%, en un contexto de un mercado laboral muy deprimido, con un elevado índice de desocupación (26%) que significó que los trabajadores carezcan de poder de negociación de sus salarios. Prácticamente no hubo aumentos nominales, lo que significó una caída del salario real del 30%. Es decir, la salida de la convertibilidad la pagaron los trabajadores con sus salarios.

A partir del año 2002 2003 cuando comenzó la recuperación económica, en particular en la industria y que luego se fue trasladando al resto de los sectores, empezaron a aumentar los salarios nominales. Entre 2003 y 2005 en un contexto de baja inflación, un 10 ó 15% de aumento nominal se trasladaba a un 10 o 15 % de aumento del salario real. A partir de 2006, y en particular del 2007, con la aceleración de la inflación, los salarios empiezan a estar empatados. En el 2007 hubo un fuerte aumento de precios, por los precios internacionales, y los salarios incluso cayeron uno o dos puntos hasta que en 2008, cuando se renegociaron las paritarias, empezaron a subir en términos nominales cada vez más, para terminar ganándole uno o dos puntos a la inflación. Es así que desde 2008 se observó crecimiento de salarios reales, pero a un ritmo considerablemente menor al del período 2003-2006. Ante esta situación, se debe trabajar para que no crezcan las importaciones que desplazan a la producción local, a la par que los salarios reales mantengan su valor.

¿Cuál es el impacto de la inflación en el resto de las variables sociales?

En términos de pobreza, como la inflación está vinculada con el aumento de los precios internacionales de los alimentos, los alimentos locales fueron los que más aumentaron, impactando fuertemente en los sectores de menores recursos, que son los que mayor proporción de sus ingresos destinan a la compra de alimentos. Por lo tanto, se ve que desde 2007 la pobreza deja de caer tan pronunciadamente como en el periodo 2003-2006. Es decir, se desacelera el ritmo de caída de la pobreza y de la indigencia. Ante esta situación, el Gobierno a partir del año 2009 implementa la Asignación Universal por Hijo, que se constituyó como una medida muy efectiva para disminuir los niveles de pobreza e indigencia, al tiempo que equipara derechos de los desocupados y de los trabajadores informales (en negro) con las personas que tienen trabajo registrado.

En este sentido, cabe aclarar que la inflación no afecta a todos los trabajadores por igual. Para un trabajador registrado, en blanco y sindicalizado, es muy probable que los aumentos salariales nominales sean superiores a la inflación, recuperando su poder de compra incluso en los valores inflacionarios actuales. Ahora, si un trabajador está en negro, es menos probable que tenga un sindicato que defienda su salario, por lo que los aumentos nominales van a ser menores. También se observa que en el empleo público, los aumentos de salarios serán menores. Entonces, tanto en el sector no registrado como en el sector público, los aumentos salariales no llegaron a cubrir la inflación, con lo cual salieron empatados. Por lo tanto, la inflación afecta a los sectores de ingresos constantes o a los desocupados, es por eso que se implementó la AUH para desocupados e informales, para compensar desde el Estado la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos.

Hablando de la importancia de la AUH, ¿qué otras estrategias distributivas crees importantes?

La otra estrategia distributiva histórica que realizó el Gobierno Nacional fue la incorporación de 2.0000.000 de adultos mayores de 65 años que estaban desprotegidos y no tenían jubilación. La administración de Néstor Kichner primero, y Cristina Fernández después, a partir de 2006-2007, aplicaron moratorias que facilitaron la cobertura total de esa población. La tasa de cobertura previsional pasó de menos del 60% en 2001-2002 a prácticamente el 90% en 2010. Fue una política distributiva muy importante que pocas veces se reconoce. La jubilación mínima se incrementó más de 800% en términos nominales, lo que descontado la inflación significó un aumento de más de 140% en su poder de compra.

De cara al futuro, tiene que continuar y profundizarse el combate al empleo no registrado; es decir, disminuir la cantidad de asalariados informales no cubiertos por la seguridad social. Estas personas son las que reciben menores salarios y si se busca tener un mercado laboral que se pueda defender por sí sólo, es necesario que los empleados estén en blanco, sindicalizados. Ese es el punto donde mayor hincapié se debe hacer.

¿Cómo se termina con la heterogeneidad del mercado de trabajo?

En primer lugar, la heterogeneidad del mercado de trabajo no tiene una única causa. El empleo en negro, informal, responde a diferentes causas según su especificidad. Por lo tanto, para combatirlo harán faltan distintas medidas. En efecto, cerca del 20-25% del empleo en negro está explicado sólo por el servicio doméstico y otro tanto por el empleo rural en explotaciones de muy amplia magnitud. En relación al empleo doméstico no hay una valorización por parte de la sociedad en cuanto a que es una relación laboral, y hace falta concientizar al respecto e informar de que el monto que debe pagar el empleador de cargas sociales no es significativo. Por otro lado, en las grandes explotaciones agropecuarias, con amplio margen de rentabilidad, lo que se necesita es mejorar el poder de inspección. Por su parte, en las Pymes industriales nacientes -sectores muy sensibles que no tienen acceso al financiamiento para desarrollarse- hacen falta herramientas de apoyo, como podrían ser dar algunos subsidios o algunos planes de facilidades para que las cargas sociales -que representan una buena parte de sus costos- sean de alguna forma diferidas en los primeros años.

¿Cómo defender o generar puestos de trabajo en las regiones que han sido atravesadas por transformaciones del mundo rural, que cada vez ocupa menos personas?

Es interesante como el agro con su tecnificación es expulsor de mano de obra. Ante la inevitable pregunta de a dónde se van a insertar esos trabajadores antes empleados en el campo, la respuesta debe ser orientada hacia el rol fundamental que tiene que cumplir el Estado. Sin planificación del Estado, los desocupados van a migrar a las grandes ciudades para tratar de conseguir algún empleo. Sin embargo, respecto a 2003 se ve que el crecimiento de la industria a lo largo de todo el país, no sólo en los grandes centros urbanos, hizo que se reabsorba una buena parte de los trabajadores marginados. De todas formas hace falta profundizar esa planificación estatal para generar las condiciones necesarias para que continúe el crecimiento industrial y todos esos trabajadores sean absorbidos en puestos de trabajo registrado.

En ese sentido, ¿cómo profundizar el proceso industrial en un contexto de integración regional?

Brasil es el principal socio estratégico de Argentina, y hay amplios márgenes para complementarse. Hay muchas industrias en las cuales nosotros producimos y ellos no, y les vendemos y viceversa. Por lo tanto, la integración regional es útil en tanto y en cuanto genera una escala de venta/producción posible que sin ella el negocio no sea rentable. Por ejemplo, la producción de aluminio no es rentable si se produce en pocas cantidades; es decir, no es rentable tener una planta de aluminio si se va a producir sólo para el mercado doméstico. Ahora, si se da una integración con Uruguay, Brasil, Bolivia, Paraguay, Venezuela y/o Perú (que se quieren asociar al MERCOSUR), es probable que muchas producciones se vuelvan rentables, y ahí radica la importancia estratégica de la integración comercial. No es lo mismo comprarle a Estados Unidos o a Europa que comprarle a Brasil. Las complementariedades estratégicas son mucho mayores con nuestro país vecino.