¿”Colectoras de Magnetto”? El formato de la política y la política del formato. Tres notas sobre el escenario electoral.

Por Federico Montero*

Promediando la campaña electoral en la Ciudad de Buenos Aires, tras varios resultados provinciales favorables al gobierno nacional y con avances importantes en la definición del mapa electoral de las presidenciales de octubre -exceptuando, por supuesto, la confirmación de la candidatura de CFK, que pareciera prácticamente definida-, cabe realizar tres observaciones.

1. El camino hacia octubre aparece enmarcado en un ciclo ascendente de apoyo popular al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, quien ha recentralizado la autoridad política luego de la muerte de Néstor Kirchner. La presidenta ha dado muestras claras para reafirmarse como conducción del proceso político y como punto de reconstrucción de la representación en un nuevo formato que se expresa electoralmente en el Frente para la Victoria, pero que política y socialmente lo excede. En algún sentido, el kirchnerismo es un fenómeno que pone en crisis las formas de la personalización y mediatización de la política imperantes en la Argentina en los últimos 15 años, combinando un liderazgo con fuerte presencia en el espacio público mediatizado, junto a expresiones de repolitización de estructuras provinciales y nacionales y la emergencia de una nueva generación en la militancia sindical y juvenil.

Decíamos, a propósito del devenir del kirchnerismo (El discurso de CFK, la cuestión de los trabajadores y los 3 ciclos del kirchnerismo) que desde una perspectiva de mediano plazo, expresaba la redefinición de la ecuación del poder entre estructuras y liderazgo, contradicción fundante del kirchnerismo. Así, en la etapa fundacional -2003-2006-, la potencia de un liderazgo político basado en el apoyo de la opinión pública, la acción de gobierno y el buen desempeño mediático, fueron las claves para construir una salida política a la crisis de representación e inauguraron un proceso de avance popular que se capitalizó institucionalmente de dos formas: en el control del aparato de estado (victoria en 2007 de CFK) y en el control del PJ por parte de Néstor Kirchner (en rigor, un subproducto de lo anterior, desplazando al duhaldismo y otros grupos).

El segundo ciclo, 2008-2009, se caracteriza por la inversión de la ecuación: el enfrentamiento con las patronales agropecuarias, los multimedios y el descontento de los sectores urbanos se traduce en una pérdida de legitimidad del liderazgo presidencial y de Néstor Kirchner. Las estructuras territoriales y sindicales – una vez más, CGT y CTA y movimientos sociales y el PJ- le permitieron al gobierno sostenerse en el poder sin claudicar en su línea de acción, capitalizando la derrota en el Congreso en 2008 (tratamiento de las retenciones) y en la Provincia de Buenos Aires en 2009 (elecciones legislativas) a través de una radicalización del discurso, ampliación de las bases de sustentación popular del gobierno y recomposición del liderazgo político a base de pura iniciativa.

Aquel discurso del 12 de mayo implicaba el cierre de la tercera etapa del kirchnerismo y el comienzo de la campaña hacia las presidenciales de octubre. En adelante, el desafío para el gobierno es la capitalización electoral de la etapa de ascenso en la movilización popular y recomposición de la popularidad presidencial, que se había iniciado el 11 de marzo de 2010 en el acto de Ferro, y que había tenido como hitos los festejos del Bicentenario, la masiva despedida de Néstor Kirchner, el acto en Huracán, la movilización de la CGT el 29 de abril y el apoyo de la CTA de Yasky el 1ro de Mayo.

No se trata, evidentemente, del retorno de los movimientos nacionales, tales como se construyeron a la luz de las batallas ideológicas, los conflictos sociales y las disputas políticas del siglo XX, aunque persistan en la memoria histórica y se resignifiquen a la luz de los procesos actuales. Más bien se trata de un intento provisorio, frágil y siempre sujeto a revisión, de reconstruir la autoridad política democrática sobre la base de la ampliación de la esfera de debate público, la restitución de derechos y el despliegue de mayores grados de organización con el objetivo de acumular una mayor correlación de fuerzas sociales. Una verdadera innovación en la propia forma de lo político en nuestros tiempos.

2. Hasta ahora, el ciclo electoral 2011 confirma la tendencia de fortalecimiento del gobierno nacional y sus aliados. Con una mirada a vuelo de pájaro, las elecciones desde Catamarca hasta Neuquén así lo indican, incluyendo también la irregular situación en Chubut, en la que el FPV estuvo a un centenar de votos de arrebatarle a Das Neves el gobierno provincial, situación que en principio parecía remota. A esto se suma el gran desempeño de la fórmula encabezada por Agustín Rossi en las primarias provinciales de la Provincia de Santa Fé

Es cierto que para los exigentes -cuando no pesimistas o adversarios- son las elecciones de la Capital Federal, Córdoba y Santa Fé, distritos desde siempre esquivos al gobierno nacional, las que verdaderamente indicarán si hay un verdadero cambio en la correlación de fuerzas. Recordemos que, aun en esa hipótesis, la decisión de Mauricio Macri (por no hablar de la indecisión permanente del tiempista Reutemann), de abandonar la carrera presidencial y replegarse en la Ciudad, es un signo de los serios riesgos que implicaba la constitución de una alternativa nacional y, en cierta manera, una aceptación de los límites a las aspiraciones en todo el país del PRO. En el mismo sentido debe interpretarse el abandono de las pretensiones presidencialistas de Pino Solanas. Sugestivamente, la construcción de un liderazgo nacional en tiempos del kirchnerismo parece necesitar de algo más que la exposición mediática de referentes desde los estudios televisivos de la Capital Federal para prosperar. Problema que retomaremos en breve.

En cualquier caso, aunque la campaña en la Ciudad parece estar aún en la “entrada en calor”, el candidato del gobierno nacional, Daniel Filmus, aparece con serias aspiraciones a polarizar la elección y forzar una segunda vuelta de final incierto con Mauricio Macri, ante las dificultades para resintonizar con el electorado de Pino Solanas. Luego de una precampaña a tres bandas – Amado Boudou, Daniel Filmus y Carlos Tomada –, que le dio volumen político al espacio en un distrito adverso, las listas del FPV y adherentes expresan al amplio espectro de fuerzas que apoyan al gobierno nacional en la capital, con un fuerte contenido militante.

Como contrapartida, el PRO, que “madrugó” a sus adversarios, intenta repetir la fórmula que le permitió alzarse con el triunfo en 2007, redoblando el discurso de renovación política sobre tres elementos. Los atributos personales del liderazgo de Macri, un discurso publicitario (“vos sos bienvenido”) que -al mejor estilo del multiculturalismo liberal- enmascara el problema de la desigualdad social a través de la exaltación de las diferencias culturales, y una estética de la “buena onda” esencialmente antipolítica que busca reforzar su carácter de “outsider” con ya cuatro años de gobierno. En gran medida, la elección del Rabino Sergio Bergman como primer candidato a legislador y verdadero partenaire de Mauricio Macri – ante las dificultades para instalar a su vice María Eugenia Vidal-, refuerzan esta impronta.

3. Restando la definición del candidato del oficialismo, tema no menor, el escenario nacional parece más o menos delineado a partir de una fuerte dispersión de la oposición que intentó construir -en la mayoría de los casos- perfiles más nítidos desde los cuales ensayar una eventual polarización, por sobre el armado de frentes amplios. Así, el peronismo disidente terminó desorganizado en dos fórmulas (encabezadas por Duhalde y Rodríguez Saá) que ni siquiera contienen a todas sus referencias – Felipé Solá archivó sus apiraciones presidenciales con destino incierto aún y De Narváez persiste en su apuesta provincial-. La Coalición Cívica de Elisa Carrió acentuó su carácter de partido liberal de centro, y Hermes Binner se lanzó a constituir una alternativa del liberalismo social-democrático (“progresismo”) ante la decisión de la UCR de Alfonsín de persistir con su acuerdo de 2007 con un sector del peronismo de la Provincia de Buenos Aires que le garantiza la presencia en el distrito, ante la carencia de cuadros con peso electoral por fuera del propio Alfonsín. Mención especial merece el frente de izquierda, que por primera vez agrupa a los sectores más representativos del trotskismo en un mismo espacio.

Más allá de la discutible clasificación política de las alternativas electorales al oficialismo a nivel nacional, cabe una última reflexión sobre las innovaciones de la propia naturaleza y formas de la representación política que en este campo se produjeron en la etapa del kirchnerismo. En particular, se destacan los límites que ha mostrado el formato mediático-personalista, que ha hegemonizado los armados políticos aquí y en las democracias capitalistas en la etapa de la globalización financiera, para construir alternativas nacionales una vez cuestionado el rol de los medios de comunicación, como sucede en Argenitna a partir de 2008 y también en otros países de la región.

Así, el declive del Vicepresidente Cobos, el mutis por el foro de Reutemann, ex gobernador de Santa Fe, y el repliegue a escala local de las apuestas de Mauricio Macri, Francisco De Narváez y Pino Solanas, son ejemplos tanto de la versatilidad ideológica del formato, como de los límites del mismo. Límites que se expresan, en primer lugar, en las dificultades para desarrollar un arraigo territorial que de sustento y continuidad a su proyección nacional, que implica la articulación con redes territorializadas y militantes que exigen participación en la toma de decisiones, muchas veces obturada por el peso de una figura mediática que acapara toda la legitimidad y límites que también inciden en el desempeño discursivo, que supone siempre un acuerdo tácito con las empresas de comunicación sobre lo que se puede y lo que no se puede decir al aire, que termina homogeneizando las intervenciones políticas en los puntos álgidos del debate. Tal es el caso de los posicionamientos frente a los grandes temas que ha planteado el kirchnerismo, como la estatización de los fondos de pensiones, la nacionalización de Aerolíneas Argentinas, la nueva ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y tantas otras, en los que el alineamiento de las distintas expresiones de la oposición con el discurso tributario del formato mediático ha resultado funcional al intento del gobierno de presentarlos como “colectoras de Magnetto”.

* Politólogo – UBA.