David “Coco” Blaustein: “A partir de la ley de medios, la ciudad tiene un potencial comunicacional enorme que debe ser articulado con la propuesta cultural”. Entrevista exclusiva al Cineasta y candidato a Legislador porteño.

Reportaje de Ariel Goldstein

Iniciativa entrevistó en exclusiva al director de cine y guionista David “Coco” Blaustein, integrante de la lista de candidatos a Legisladores porteños por el Frente para la Victoria. Ha dirigido “Porotos de Soja” (2009), “Botín de guerra” (2000) y “Cazador de utopías” (1996), entre otros títulos. Integrante de Carta Abierta y del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), opinó sobre la política cultural del macrismo, del significado del espacio que encabeza Daniel Filmus en la ciudad y de la importancia estratégica de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales para la profundización democrática. Leer más.

En 2009 ud. realizó el documental “Porotos de Soja”, acerca del conflicto con las patronales agropecuarias. ¿Cómo analiza el escenario político a dos años de ese suceso?

Una cosa es lo que uno dice racionalmente y otra lo que siente. Hace dos sábados fui a una radio comunitaria sostener un debate sobre “Porotos de Soja” y me “tragué” los 30 minutos finales de la película nuevamente pero como si tuviera 10 años; y este me pasó por todo lo que pasó en medio de aquel conflicto. Fue muy fuerte. Para ser un poco exagerado -algo que me gusta-, fue muy fuerte el escenario de “guerra civil”, de la Argentina fracturada. Asistimos cómo la derecha argentina sigue siendo tan genocida,  fascista y mediocre. Me impresionó la virulencia y lo brutal del cambio político y también la felicidad por los “ovarios” de Cristina de haber salido por izquierda. Ese fue un conflicto como para salir por derecha y negociar una especie de pax, de armisticio, con el mundo agro-mediático Finalmente, Cristina salió por izquierda: con el matrimonio igualitario, con la “Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”. No fue solamente la muerte de Néstor Kirchner lo que provocó la aparición de los jóvenes. Los jóvenes estaban en la plaza de “la 125”, en la Ley de Medios y en el Matrimonio Igualitario. Como hay gente que analiza la realidad sólo a partir de los recortes periodísticos, hay ciertas cuestiones de la práctica social que se les escapan. El día del festejo de la aprobación de la media sanción de “la 125” en la Cámara de Diputados [luego rechazada en el Senado], el 70 % de los que estaban en la plaza eran jóvenes que se habían hartado del manejo de los multimedios.

Continúa el proyecto que Ud. tenía de realizar un documental acerca de los medios de comunicación ¿Qué derrotero ha seguido?

Estamos compaginando la película que trata acerca de la Ley de Medios, con un diagnóstico de los medios y un intento de resumir el tratamiento en el Congreso que tuvo la ley y la experiencia que se generó en torno a ella. La película está en la última etapa de su realización e intenta historiar la Ley buscando la relación de experiencias de los medios y plantear el escenario de disputa frente a la red privada de medios. Por otro lado, creo que la Ley de Medios es un triunfo de la política, una experiencia en la cual el gobierno nacional expresó haber entendido y aprendido lo que sucedió en “la 125”. Fue un cambio sustancial en la actitud, en la articulación y en la forma de ampliar su representatividad social. Podríamos recorre punto por punto las diferencias con el derrotero de la 125. La ley de Medios se debe, en primer lugar, a la voluntad política de Cristina Fernández de Kirchner. En segundo lugar, al excepcional trabajo de la Coalición por una Radiodifusión Democrática como agente movilizador y articulador. En tercer lugar, se debe a un bloque de Diputados flexible, con vocación de poder y que sabe de las tareas que tiene que hacer con el resto de los bloques tiene quen ser exigentes, duros y dignos en determinados momentos, y flexibles, blandos y pluralistas, en otros. Fue un aprendizaje político excepcional. El rol de Agustín Rossi, debe ser destacado, al igual que el de la Coalición por una Radiodifusión Democrática. Ante esta notable batalla, hubo un error político mayúsculo de la derecha. Puede decirse que la derecha planteó la estrategia inversa a la de Fidel Castro cuando sale de México, cuando acuña la famosa frase “si salgo llego, si llego entro, si entro gano”. La derecha hizo lo mismo, pero al revés. Apuntó a que nunca se iba a enviar el proyecto de ley, que nunca iba a pasar por las comisiones respectivas y que nunca iba a llegar al recinto; luego que nunca se iba a votar y que nunca iba a tener mayoría. Así la derecha se fue equivocando sucesivamente. Lo notable de toda esta experiencia es que al interior del grupo mediático mayoritario no hayan pagado ningún costo y que siga con la misma conducción política. En cualquier lugar del mundo, semejante derrota hubiese significado un desplazamiento interno. De todas maneras, quedan dos temas en torno a la Ley. Primero, la resolución del artículo que tiene que ver con todo el proceso de des-inversión y, por otro lado, lo relativo a la sustentabilidad de la Ley. Esto tiene que ver con una enorme cantidad de pasos de gestión que me parece que la nueva entidad [la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual – AFSCA] todavía le cuesta avanzar. Eso sí es preocupante: deben ser agilizados todos los precoseos que tienen que ver con el jurado, con las licitaciones y con el Plan Nacional de Frecuencias.

¿Cómo llega a la candidatura como Legislador por el Frente para la Victoria de qué modo confluye su militancia en este proceso?

En primer lugar, debo decir que fue un lugar que no busqué. En su momento, me acerqué a Carlos Tomada para trabajar en su campaña desde un lugar profesional pero también político. Finalmente, me encontré en un lugar de militancia y mi relación con él terminó siendo de mucho compañerismo. Como diría Luis Salinas en el final de “Cazadores de Utopías”, Carlos [Tomada] “es una buena persona”. Cuando empezó a aparecer la necesidad de la configuración de las listas, Tomada expresó su interés para que yo formara parte. Teniendo en cuenta la lectura que hago del proceso político de los últimos años, no tuve inconvenientes en decidirme. Uno se da cuenta que aparte del aporte que pueda hacer como cineasta, de la militancia en la causa nacional y popular, de la participación como hombre de Carta Abierta y de integrar la Comisión Directiva del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), -en fin, desde todos los lugares en que uno siente que aporta a la política-, había que poner el cuerpo en algo que ni remotamente estaba previsto. De repente me encontré en esta lista y estoy muy contento con esto.

¿Qué expresa la fórmula Filmus-Tomada frente al macrismo en la ciudad?

Creo que esta fórmula expresa 8 años de una innovación política, de experiencia en políticas públicas, audacia y compromiso. Daniel es un intelectual, una persona comprometida con un proyecto de educación que no pensábamos que iba a ser realidad. Expresa un sector de la ciudad, de un pensamiento nacional, popular y democrático. Cristina Kirchner hace mucho hincapié en la cuestión democrática, da cuenta de la conformación del frente popular, nacional y democrático. Es un mensaje para los que piensan que este es el peronismo de la década del ´40 o del ´70. El factor democrático es un tema a discutir. La Presidenta se refirió claramente a la necesidad de un frente nacional, popular y democrático: tanto el año pasado en Entre Ríos como este año en el acto de Huracán. Creo que Daniel Filmus expresa claramente este Frente. Carlos Tomada, por su parte, expresa una especie de socio ideal: juntos son como el dúo “Simond and Garfunkel”. Carlos expresa un peronismo más militante con referencia en el mundo del trabajo. El es la pasión y Daniel la racionalidad. Representan un equilibrio entre la confrontación (bien entendida) y la negociación (bien entendida); dos términos que tienen mala prensa. A la derecha no le gusta la confrontación y a sectores de la izquierda no les gusta la negociación. Filmus expresa la gestión y las leyes aprobadas en el Congreso mientras Tomada la confrontación y la negociación para salir adelante y bajar la desocupación de 24 al 7 %. En definitiva, la fórmula Filmus-Tomada expresa con claridad el armado de un frente nacional, popular y democrático.

¿Cómo evalúa la gestión del PRO, especialmente a nivel cultural, y hacia dónde cree que debería orientarse el gobierno porteño en esta materia?

El PRO es un mundo muy limitado. Yo no puedo dejar de asociar a Macri con el Partido Popular (PP) español. En Argentina, uno venía deseando la necesidad de una derecha democrática con capacidad de negociar. En su momento, había la expectativa que el macrismo fuese una expresión de eso y que nos pusiera, a los que participamos en la gestión de Ibarra, la vara más alta para que tuviéramos que volver a gestionar. En este sentido, el macrismo fue decepcionante por lo limitado, lo mediocre, lo conservador, por los social-cristiano y por lo “macartista”.

En términos de la gestión cultural, el macrismo nunca tuvo un proyecto. Tuvo dos nombramientos que fracasaron: uno fue vetado por la Iglesia por ser gay y otro que renunció por mediocre. Al tercer funcionario que nombraron es a [Hernán] Lombardi, una figura asociada al turismo. Esta asociación y la falta de gestores culturales dan una idea del proyecto cultural del PRO: frenaron las obras del Teatro Colón, las del Centro Cultural San Martin, la del Museo del Cine y Arte Contemporáneo, la del Palacio de la Música; todo esto porque no tenían un proyecto. Más aun, tercerizaron una gran cantidad cuestiones y recién a partir de que se llegaba a un escándalo empezaron a hacer algo. La gestión cultural macrista tuvo que ver con un proyecto de “cultura-espectáculo”, asociado al marketing y al turismo. No sostuvieron un proyecto cultural propio, como sí lo hicieron en su momento Darío Lopérfido, Gustavo López, Jorge Telerman, Silvia Fajre o Grossman. Con sus pros y sus contras todos ellos tenían claramente un proyecto. Hoy tenemos que reordenar todo esto hacia el futuro. En primer lugar, debemos terminar con las obras inconclusas vinculadas con la cultura y, en segundo lugar, generar un proyecto cultural que tenga como eje la descentralización. Se trata de construir un centro cultural por Comuna y articular esos nuevos espacios con los clubes de barrio. A partir de esto, necesitamos generar políticas y darles contenido. Por otro lado, se deben resiginificar los grandes aparatos de poder cultural de la ciudad de Buenos Aires, como lo representan el Centro Cultural San Martín o el Centro Cultural de la Recoleta (que fue de vanguardia en su momento). Además, la aplicación de la nueva Ley de Medios Audiovisuales en la ciudad, implicará una gran revolución porque ésta tendrá derecho de tener un canal abierto de televisión pública, con un lugar estratégico en la grilla. A esto tenemos que agregar “Televisión Abierta”, pensado, como lo fue en su momento, en términos de un canal de cable de experimentación estética. A partir del centro multimedial, de la nueva señal de televisión, de la señal de cable, de la Radio AM (que hay que reestructurar), de la Radio FM Tango, etc.,se generan grandes herramientas. En definitiva, a partir de la ley de medios, la ciudad tiene un potencial comunicacional enorme que debe ser articulado con la propuesta cultural.

¿Qué opina del programa de televisión 6, 7, 8?

Tengo dos sensaciones distintas con este programa: por un lado fue una herramienta de resistencia que en un determinado momento pudo pasar a la ofensiva. Forma parte de lo primero que dijimos: de esta excepcional capacidad de Cristina de salir por izquierda y 6, 7, 8 es básicamente la expresión de esto. Es la voluntad política de un proyecto que quería resistir. Pero no hay una real conciencia de lo que significó 6, 7, 8 en el interior. Fue central para que la gente pudiera informarse, pero también formarse, capacitarse y asumir una posición. Por otro lado, tiene un formato, una estética y un discurso que creo hace un tiempo que está necesitando una resignificación y una lavada de cara. Hoy el kirchnerismo necesita construir algo que no sea consolidar a una parte y auyentar al resto. Me parece que los productores e integrantes de 6, 7, 8 tienen la suficiente inteligencia como para poner al programa al servicio de otro círculo concéntrico que no sea solo nuestro mundo. Pienso que ése es el desafío.

¿Qué realizaciones a nivel cinematográfico le parece que expresan un compromiso con la realidad nacional?

La más importante se estrena el martes que viene: se trata de “Aballay”, de Fernando Spiner, un western criollo basado en un cuento de Antonio Di Benedetto. Agregaría las películas como “El secreto de sus ojos” de Juan José Campanella (donde cuenta una historia de violencia de la “Triple A” en Argentina, aunque la crítica cinematográfica la obvió o no quiso verla), las películas de Marcelo Piñeyro, “El Pulqui”, de Fernández Mouján, también “El Che, un Hombre Nuevo” de Tristán Bauer, la estética de “El hombre de al lado” de Mariano Cohn y Gastón Duprat (que con mucha calidad artística critica y retrata al fascismo), entre otras. Creo que todo el tiempo tenemos un tipo de cine, de distintas jerarquías y envergaduras, que nos plantean un cine argentino potente en cuanto a la expresión de la época, al generar una visión crítica de la realidad, que no es fácil encontrar en otros lugares de América. La última película de Leonardo Favio, “Aniceto” puede estar dentro del mismo grupo. En definitiva, creo que es una paleta de colores, no hay una sola.

¿Qué opina de la gestión cultural del gobierno nacional?

Creo que el principal logro a nivel cultural fue la Ley de Medios Audiovisuales. Asimismo, tuvimos un conjunto de hitos culturales muy interesantes y dinamizadores, entre ellos, todo lo que se generó con el Bicentenario, la televisión digital y la política cinematográfica.