El arte de crear imágenes desde la pantalla chica (o manual de-formación de la realidad)

Por Tatiana Hirschhorn

La respuesta a la pregunta sobre qué es real y qué no respecto a las imágenes que los medios de comunicación difunden podría ser objeto de innumerables horas de debate e insumiría un espacio que excede la intención del presente artículo. Eftivamente, la intención que nos convoca esta vez es considerar las implicancias que los estereotipos difundidos a través de los medios de comunicación tienen en la formación de imágenes relativas a ciertos sectores sociales.

El domingo 15 de mayo se estrenó en la pantalla de Canal 13 un unitario acerca de un personaje político con un impronta particular quien –conforme la descripción disponible en la página web http://www.eltrecetv.com.ar/– “en tiempos en los que la marginalidad y la pobreza azotan a la sociedad y la gente cree que los funcionarios no escuchan sus reclamos a diferencia del resto de los dirigentes, está cerca del pueblo, escucha sus necesidades y soluciona sus problemas más elementales como vivienda, educación y alimentación”. Claro que, para hacerlo, debe negociar y responder a una red de corrupción política en la que, quienes forman parte de ella, están dispuestos a todo por un poco más de poder. Este es el escenario en el que se mueve Pablo Aldo Perotti, más conocido como El Gitano (Julio Chávez), un puntero político que conoce como nadie su municipio y, gracias a su carisma y trabajo, controla a los más de diez mil votantes que viven allí. Aquí la descripción hace a un lado todo tipo de eufemismos y utiliza, sin vueltas, el verbo “controlar” para describir la relación que se establece entre “El puntero” y su gente.

Al día siguiente del estreno, en la sección “Espectáculos” del diario Clarín se publicó un artículo relativo a dicho unitario que llevó por título “Intenso relato sobre los arrabales”. Palabras más, palabras menos –y siendo fiel al espíritu del artículo, – la autora –Silvina Lamazares- considera que el unitario reflejó con crudeza ciertos manejos políticos. Asimismo, refiere la intención de la productora Pol-ka de contar ciertos arrabales de la política argentina, que esta vez ocurren en el Conurbano bonaerense, pero que, según la autora, en realidad, no respetan necesariamente fronteras urbanas. Conforme esta lectura, el objetivo del ciclo sería “echar luz sobre las oscuridades de algunos manejos y negocios turbios, con toda la crudeza del caso, aún en detrimento de esas sutilezas estéticas que eran casi un sello de los unitarios de El Trece”. Otro pasaje interesante de la nota refiere que “Con la villa en primer plano, con la villa como sede, con las necesidades a la orden del día y también con la mugre que mancha algunos sectores de la política. Apartidario en su trama, el programa escrito por Mario Segade dejó en su debut una sensación de compromiso en su propuesta y cierto vértigo narrativo, con buenas actuaciones (…) y un respeto por el contenido, amén de que ciertos diálogos del comienzo no tuvieron la nitidez necesaria para ser escuchados claramente. Con el correr del capítulo, luego sí la letra y el fervor del relato tomaron la pantalla con intensidad”.

Por su parte, La Nación se refirió al unitario simplemente por su nombre, considerándola el retrato prototípico del hombre suburbano dedicado full time a la política entendida como intercambio de favores y satisfacción de ambiciones personales. Conforme el artículo publicado en dicho diario “Ese uso y juego discrecional de elementos prototípicos acentúa a primera vista el carácter ficcional del relato y lo separa de cualquier asociación inmediata con las experiencias reales que conocemos en la materia. Aún pagando el precio de alguna deliberada confusión (a veces se muestra al Gitano y a sus pares exclusivamente como líderes de grupos de choque parecidos a las barras bravas), el ciclo disimula con habilidad ese distanciamiento con la realidad al aprovechar casi de forma integral un gran trabajo escenográfico y de ambientación en rincones y villas de emergencia auténticas del Gran Buenos Aires. Con todo, será inevitable pensar que estamos en presencia de una radiografía ficcionalizada de ciertos comportamientos característicos del modelo peronista en el suburbio. La trama elude cualquier mención explícita al respecto, que sólo aparece en los créditos iniciales. Sólo allí se nombra a casi todos los partidos políticos en actividad, casi como una formalidad”.

En línea con esta lectura del unitario se aprecia la interpretación de las intenciones y estrategias utilizadas realizada en la crítica “Las segundas intenciones” publicada en la edición del 17 de mayo del diario Página/12. El artículo comienza considerando que aunque resulta bastante obvio el intento de transmitir un mensaje contra la política en un momento en que se reavivó la militancia y en que el Grupo Clarín sostiene un conflicto con el Gobierno, el ciclo demuestra la calidad esperable en Pol-ka. La trama del unitario y su semejanza con el mundo real estuvo identificada con una clara intencionalidad política; “Basta con señalar como argumentos que en el debut del ciclo escrito por Mario Segade ese grupo de choque que comanda Aldo Perotti estuvo signado por los colores celeste y blanco que remiten al Partido Justicialista, o que su principal ladero llevó durante buena parte del episodio una remera que llevaba la estampa de `Nestornauta´, la imagen con la que el kirchnerismo recuerda al ex presidente Néstor Kirchner a partir de su muerte. Sin otras referencias partidarias visibles, `El puntero´ no parece, entonces, estar exento de la coyuntura política actual”. En el cuerpo de la nota el autor sostiene que “la emisión del capítulo inicial terminó por corroborar las presunciones de que El puntero iba a formar parte del explícito enfrentamiento entre el Grupo Clarín y el Gobierno. De otro modo no se explica que las únicas referencias con nombres y apellidos de la vida real hayan sido todas de dirigentes justicialistas, desde Antonio Cafiero hasta Carlos Menem, pasando por la imagen-símbolo de Kirchner”.

Luego de haber visto el ciclo, ansiosa frente a la actuación de tantos talentosos actores y actrices, la autoría del guión, la dirección y con el aditamento de la ostentosa producción del Pol-ka, entiendo que la trama de la historia se pierde en medio de divagues y en la utilización de imágenes preconcebidas, cargadas de una concepción negativa y clientelar de la política. El reclamo constante por “planes” por parte de las personas que habitan en la villa utilizada como escenario principal y las figuras que rodean a “El puntero” contribuyen a formar imágenes si no desprovistas de realidad, sí sumamente exageradas y rayanas en la exageración.

La historia abunda en clichés reiterativos que persiguen la finalidad de mostrar el rol de los punteros como sujetos provistos de una ética y valores cuestionables, amén de la estigmatización de los adolescentes y jóvenes que viven en las villas miserias, conforman una imagen de la política como un terreno “sucio”.

En el transcurso de un año electoral, la emisión de un programa televisivo a través de un canal de aire, enfrentando al actual gobierno nacional a partir de la sanción y promulgación de la Ley N° 26.522 “Ley de Servicios Audiovisuales” no puede ser considerado un hecho aislado carente de intencionalidad política. Esta intencionalidad no es desdeñable, muy por el contrario, tiene sentido en la lógica comunicativa de los tiempos que corren. Lo que puede objetarse y que debiera dar lugar al debate, en un marco de respeto por la libertad de expresión, es la sustanciación de estereotipos hacia las personas que habitan las villas miserias y hacia quienes perciben planes sociales. Otro es el alcance real de dichas medidas, a las cuales se refirió la Presidenta de la Nación en el discurso pronunciado el pasado 12 de mayo en la localidad de José C. Paz, cuando dijo que “Ni qué hablar de la Asignación Universal por Hijo, que hoy permite llegar no con el beneficio del puntero de turno sino con la dignidad que merece tener quien recibe una ayuda del Estado porque aún no consigue un salario que pueda sostenerlo”.

Pensar a las medidas de alcance universal destinadas a sectores que históricamente han sido relegados como moneda de cambio de favores políticos constituye la difusión de un prejuicio que atenta contra la dignidad de cientos de miles de habitantes de nuestro país. Ello, sumado a una visión negativa de la política en una etapa histórica de nuestro país, cuando los jóvenes que nos hemos volcado a la política somos también cientos de miles, poco aporta al debate político sustantivo.