La Ciudad, en su laberinto

Por Edgardo Mocca*

Con la decisión de Macri de renunciar a su candidatura presidencial y lanzarse a su reelección en la Ciudad de Buenos Aires, queda abierto un panorama lleno de interesantes incógnitas para las elecciones porteñas de julio próximo. He aquí algunas de las que podrían considerarse centrales.

1. LA MAGNITUD DE LO QUE SE JUEGA EL PRO

El macrismo no tiene más de un resultado que lo habilite para conservar el importante lugar alcanzado en el orden nacional. Las de octubre no serán las primeras elecciones presidenciales a las que el alcalde pega el faltazo. Debe recordarse que en 2007, antes e incluso también después de su triunfo en la ciudad, había muchas y muy calificadas voces en el universo antikirchnerista que clamaban para que disputara la presidencia. Tanto en aquella instancia como hoy, existe una importante franja de la Argentina que considera que al kirchnerismo hay que enfrentarlo con un desafío abierto en términos de proyecto político y no con alguna variedad de discurso centrista moderado.

Hace cuatro años, esa estrategia fue encarnada intensamente por Elisa Carrió quien, a esa altura, ya había renunciado a sus credenciales “centroizquierdistas” y adoptado como propio el perfil de la resistencia encarnizada al rumbo nacional. Los meses que transcurrieron entre junio (cuando Macri ganó ampliamente la segunda vuelta en el distrito) y las presidenciales de octubre constituyeron el momento de mayor prestigio del político-empresario. A pesar del público pedido de muchos de los referentes de su espacio para que jugara ese capital en la elección presidencial, el ingeniero decidió que semejante salto mortal lo hacía correr un enorme e innecesario riesgo: su tiempo sería 2011.

El triunfo del PRO en la elección de 2011 no tendría el mismo efecto seductor que el de hace cuatro años. Lo pondría en una continuidad de la gestión en la Ciudad que no es el terreno en el que se ha mostrado más firme. De hecho, Macri ha elegido durante los años de su jefatura de gobierno el rol de desafiante del gobierno nacional por sobre el de la gestión porteña, cuyos aspectos deficitarios son hoy una certeza generalizada. Además, si las actuales hipótesis preelectorales para octubre se mantienen, tendría una vez más el horizonte de cuatro años más de gobierno local, en convivencia con un ejecutivo nacional de signo adverso y contra el cual Macri parece haber quemado las naves de un diálogo razonable. Una eventual derrota en la Ciudad pondría al PRO, la más exitosa experiencia de centroderecha en los años de la democracia, en el borde mismo del colapso.

2. ¿CAMPAÑA NACIONAL O MUNICIPAL?

Después de haber renunciado a su candidatura nacional, no parece viable un formato de campaña del oficialismo local dirigido a nacionalizar la campaña hacia la elección de julio. En primer lugar, porque todo indica que la centroderecha no tendrá una opción propia relevante en octubre.

En segundo lugar, porque los sondeos en la ciudad indican una apreciable diferencia a favor de la Presidenta en las expectativas electorales. La nacionalización de la campaña tendería a ceñir los límites electorales del PRO a las franjas más incondicionalmente opuestas al gobierno nacional a las que además no se les ofertaría una alternativa nacional.

Tampoco la candidatura de Solanas puede apoyarse en un perfil nacional. Y hay que decir que ése fue el punto fuerte de la campaña de Proyecto Sur en la elección legislativa de 2009, cuando el cineasta logró absorber el clima antigubernamental junto al deterioro de las figuras de Carrió, Macri e Ibarra en el distrito. Será muy trabajoso para el solanismo pasar de la adhesión difusa a un perfil nacional crítico a la confianza en la viabilidad de un gobierno de ese signo en la ciudad. Pero no parece quedarle otro camino.

El Frente para la Victoria tiene más espacio relativo para la nacionalización de su campaña. Tendrá que hacerlo de modo inteligente de forma de ensamblar la estrategia de encolumnamiento con la Presidenta con la promesa de un buen gobierno porteño; hay que tener en cuenta que buena parte de sus cuadros dirigentes tiene una ligazón política indeleble con la experiencia de gobierno entre 1999 y 2007 que no cuenta con una memoria mayoritariamente favorable entre los porteños. El punto crítico de la campaña del oficialismo nacional será la posibilidad de acompañar los vientos favorables en el plano nacional con una promesa creíble de buen gobierno en la ciudad.

3. ¿QUIÉN SERÁ EL CHALLENGER PRINCIPAL?

Nadie pone hoy en duda que la elección se definirá en el ballottage; así lo reconoció esta semana el propio jefe de gobierno. De manera que la cuestión principal es quién será el que enfrente al macrismo en ese segundo turno. En ese punto, y según los sondeos, la entrada al ruedo de Pino Solanas ha cambiado el panorama que hasta hace pocas semanas situaba de modo seguro al FPV en ese lugar.

Es muy interesante el hecho de que existe una intersección virtual entre los electores potenciales de ambos espacios: es el espacio de los independientes que se definen como “progresistas”. Hay que aclarar que no estamos diciendo que los progresistas constituyen todo el electorado de las dos fórmulas, ni siquiera su mayoría, sino la parte que estará en disputa. Hoy se ha lanzado una disputa interpretativa sobre si ese sector existe realmente y cuál es su relevancia. Las encuestas pueden decir mucho al respecto pero a veces se les hace decir mucho más, de acuerdo al interés de quien las pague y quien las interprete. No parece aventurado, pensando, por ejemplo en el color político-ideológico de los festejos del Bicentenario, que una parte de los apoyos del gobierno nacional viene de esa imprecisa cantera. Lo mismo se desprende del perfil de sus apoyos en el mundo cultural e intelectual y del tipo de mensaje que sistemáticamente emanan los referentes principales del Gobierno y los programas televisivos que lo apoyan. De modo que reducir el kirchnerismo porteño a una sección local del peronismo clásico -si es que tal cosa existiera- parece más una operación posicional a favor de determinadas tribus políticas que una constatación de sociología política.

También puede decirse que el electorado potencial de Solanas tiene un importante componente de antipolítico, sólo parcialmente adjudicable a las veleidades progresistas. En ese punto hay un parentesco entre el voto de Proyecto Sur en 2009 y el debilitamiento de la figura de Elisa Carrió. Pero parece innegable que Pino tiene un ascendente importante entre quienes defienden posiciones nacionalistas populares desde una perspectiva crítica con ciertas políticas del kirchnerismo. Ese sector progresista no votante del PJ  del electorado tiene que decidir entre las dos propuestas que aspiran a disputar con Macri la segunda vuelta. Las colectoras de Martín Sabbatella y de Aníbal Ibarra a favor de la candidatura central del FPV pueden pesar en esa disputa. Pero la cuestión central será el discurso político de cada candidato. Es seguro, además, que el mensaje político hacia la primera vuelta tienda un puente hacia la pelea por los “neutrales” en el ballottage.

4. EL PESO DE LAS “CUARTAS FUERZAS”

La pregunta concierne a un punto llamativo: el de la escasa expectativa electoral con que parece contar la UCR en el distrito. Tal vez sea el lugar donde más caro pagó el radicalismo el desenlace de su última experiencia de gobierno nacional. Como están hoy las cosas, es esa fuerza la única que parece en condiciones de desafiar al oficialismo en las presidenciales de octubre. De modo que la elección en la Ciudad aparece como un examen intermedio muy importante. Como suele ocurrir, el radicalismo deberá disputar un puesto detrás de los aspirantes centrales al Gobierno, con otros elencos surgidos de sus entrañas, particularmente los de la Coalición Cívica. Para el radicalismo, un grado de recuperación en la Ciudad de Buenos Aires resulta vital en la perspectiva de su desempeño en octubre. Derrotada en Catamarca, donde gobernaba, irrelevante en Chubut y en Salta, con buenas pero no seguras chances en Santa Fe, el resultado en la ciudad capital marcará el clima que rodeará a Ricardo Alfonsín en la subida de la dura cuesta de las presidenciales.

Para la Coalición Cívica se trata de si podrá frenar la ostensible tendencia a la pérdida de relevancia que la aqueja, que se expresó muy fuertemente en las legislativas de 2009. Marginadas en su principal reducto, las huestes de la CC no tendrían un panorama muy alentador hacia octubre.

*Por Edgardo Mocca para Revista Debate