La estirpe del gorilismo

Por Mario Toer*

El ser Gorila puede describirse dentro de ciertas variaciones pero uno de los aspectos más singulares de este mote devenido en cuasi categoría sociológica en nuestra tierra, es que atraviesa el espectro ideológico de derecha a izquierda. 

Esto se debe a que en esencia supone, finalmente, un mecanismo de negación de la realidad, el manifiesto deseo de que “eso” no debe estar allí. Incluso en un inicio, recordemos, se pretendió suprimir, extirpar la identidad política que asumieron las mayorías populares de la Argentina. No son tantas las cosas que han cambiado.

¿Qué es ser gorila, entonces?  Ser gorila implica pretender que la escena política y las prácticas que allí tienen lugar puedan transcurrir sin que se requiera procesar, metabolizar, atravesar, acompañar la experiencia peronista, que como es sabido constituye la identidad más extendida, más duradera y la mística más arraigada en la estirpe popular de un país. Pero, claro está, no de cualquier peronismo. No del que convoca a la UCEDE a integrar al gobierno o invita a los videlistas a una nueva confluencia. Hablamos del irreverente, plebeyo, que incluso suele imaginar cánticos groseros.

Para sustraerse de este síndrome no resulta requerible fusionarse o “hacerse” peronista. Tampoco supone renunciar a sensibilidades, ponderaciones de otros valores que jerarquizan aspectos de la vida social que, en su medida, pueden hacerla más rica y expresiva. Hay otras tradiciones que resultan también afluentes de indudable valor. De lo que se trata, en todo caso, es de contribuir a concebir objetivos que puedan ser compartidos por quienes provienen de esta estirpe mayoritaria, de esa arraigada experiencia. Imaginar lugares de confluencia para marchar juntos.

Este requisito, que algunos concibieron, con diversas intenciones, diferentes perseverancias y variada suerte, no siempre fue sencillo, debemos reconocerlo, dada la diversidad que anidó en este movimiento desde su origen. Pero hoy día las cosas están más claras. Con su proyección y su convocatoria los Kirchner instalan un claro eje divisorio. Hay que ser muy necio para no verlo. Nadie puede decir que existe un peronismo, auténtico, popular, en las huestes del llamado peronismo disidente: Duhalde, Romero, Menem, Barrionuevo, De Narvaéz, sustentan intereses muy evidentes, propios de la variante conservadora que medró en su seno y que hoy se mimetiza con las expresiones más orgánicas de la derecha política y económica. Menos aún es dable imaginar un tercer peronismo, preñado de sensibilidad ecológica.

Lo que se ha nucleado en torno a los K, a pesar de la usual desprolijidad movimientista, se sitúa en las antípodas de todo aquello que reclama como virtuoso el establishment desde todas sus tribunas.

Ninguna construcción política victoriosa puede concebirse sin la afluencia de quienes convocan al ala mayoritaria y popular de este conglomerado. Y esto es así porque las identidades que han sido cauce de conquistas duraderas y estandarte en la defensa de intereses esenciales, no se abandonan o se recrean por un repentino descubrimiento del intelecto por parte de individuos que se esclarecen sino que se actualizan y redefinen en el curso de nuevas luchas, de vívidas experiencias compartidas.

¿Puede haber una izquierda que renuncie a procurar esta convergencia? En la dimensión de la política, de tratarse de una izquierda política y no meramente ideológica, es impensable. Implica instalarse en lo peor del voluntarismo, ajeno a los cursos que la dimensión de lo real despliega. Quienes pretenden semejante tránsito no hacen más que instalarse en la quinta esencia del gorilismo. Así lo hace, por ejemplo, Beatriz Sarlo en un reciente reportaje en La Nación, el 19 de abril, donde se dice de “izquierda” y reivindica de la escena política a Carrió, a Lozano y Solanas, hoy por hoy posiblemente tan gorilas como ella, a la luz de las destempladas manifestaciones que conjugan éstos, sus referentes. Porque hete aquí que se cumple el viejo adagio que dice que no hay peores que los que vienen del palo original y no saben cómo exorcizar sus frustraciones (válido para todos los nombrados, excepto Carrió).

Sarlo manifiesta también allí que ella se aleja definitivamente de los K al comprobar, con el conflicto del “campo”, que en ellos no existía disposición para dialogar. Entendiendo por diálogo, claro está, el consensuar con los poderosos. Curioso y significativo. Ella y algunos otros hacen este recorrido cuando un nutrido conjunto de intelectuales hacían precisamente el recorrido opuesto. Con diversas procedencias se sumaban para constituir Carta Abierta, al constatar dónde se estaba reconstituyendo el campo popular, manifestándose por consiguiente dispuestos a defender al gobierno de CFK frente a la fronda mediático campestre.  Confluyen en la certeza de que para apuntalar una alternativa creíble frente al orden neoliberal se necesita reconocer fronteras políticas claras que ubiquen con nitidez al adversario. Y para esto no se requiere un enrevesado malabar conceptual. La vida misma lo delinea con elocuencia. Por eso no resulta trivial lo que se escucha con frecuencia: “apoyo a este gobierno porque está muy claro quienes están enfrente”. Éste es el antagonismo que fluye y no el que pergeñan arrebatados deseos.

Quienes hicieron el recorrido opuesto al de Sarlo y quienes ella pondera, ¿consideran que en el equipo gobernante todas son rosas y su trayectoria un dechado de prolijidad? De modo alguno, incluso cuestionan aspectos tácticos que precedieron o emergieron durante ese conflicto, pero en la certeza de que la índole de tales desprolijidades se correspondían con el historial que constituía a este bloque sin que por esto quedara desvirtuada la vocación transformadora que se pondría de manifiesto antes y después de la 125.

Además, dicho sea de paso, las virtudes de las vestales que compondrían el bloque “Ahhh” han quedado en evidencia tras sus denuedos para entorpecer a cualquier costo el accionar del gobierno sin miramientos formales y aunque las consecuencias impliquen atizar dificultades en la economía a costa de deteriorar la vida cotidiana de las mayorías.

Los reclamos de prolijidad se siguen fusionando así con la prédica destituyente, en sus diferentes énfasis, con acuerdos impensados con la Sociedad Rural o, posteriormente, componiendo el susodicho bloque A que se reparte las comisiones en el parlamento, aún con aquellos que ostentan un ropaje de presunto izquierdismo.

Ripol y Solanas compartieron no hace mucho una tribuna reclamando el “no pago de la deuda” y seguramente habrán de encontrarse en confluencias parecidas con Sarlo, Lozano, Carrió y otros espíritus progresistas de esta laya, reiterando un coro singularmente afinado. El diputado Solanas incluso se sitúa en pináculos que solo había alcanzado Carrió al denunciar a los 300 blogueros presuntamente sostenidos por el Jefe de Gabinete para denostarlo.

Ninguna trayectoria de triunfos en la historia se gestó a partir de instalar febriles combates con expresiones populares mayoritarias como los que esta gente no deja de postular y provocar para beneficio exclusivo de la derecha política en sus diferentes variantes.

Dicho esto se puede concluir que, de última, no resulta tan difícil no ser gorila, cuando son buenas las intenciones. Y que tampoco resulta tan difícil reconocer a los gorilas auténticos  cuando insisten en sus prédicas deletéreas. Quizá por eso haya sido tan estruendoso el cántico que atronó en el aula magna de la facultad de Derecho en la garganta de muchos cientos de jóvenes, en ocasión del merecido doctorado honoris causa otorgado a Álvaro García Linera, cuando cierto grupo se hizo presente:

Si llegan a reparar en la índole de los vientos que están sembrando, quizá todavía estén a tiempo de comenzar a aceptar la realidad con sus  elocuentes y variadas enseñanzas y sumarse para contribuir al afianzamiento de la alternativa transformadora que viene redimiendo a la política y convocando a entusiastas multitudes como la que desfiló en apoyo a la ley de medios, desde que comenzó a abrirse paso en el 2003. ¿O acaso imaginan una multitudinaria marcha junto a Biolcati y Carrió para arrancarle al gobierno el 82% y el no pago de la deuda?

* Profesor titular de Política Latinoamericana en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).