Bicentenario e Identidad

Por Roberto Hilson Foot*

Reflexiones sobre los primeros doscientos años de nuestro país. Una elaboración simbólica del segundo centenario acorde y consistente con las políticas que se están llevando adelante en medio de duras oposiciones y cuestionamientos.


El filósofo Hans-Georg Gadamer (1900-2002) planteó la posibilidad de pensar por lo menos en tres formas distintas la idea de inicio. Por una parte habría un sentido de inicio no reflexivo en el cual se comienza sin tener la conciencia de ser parte de ese principio.  Por otra lado, una idea histórica-temporal de actores concientes de estar iniciando algo nuevo pero sin una completa comprensión de los posibles desarrollos.Estaríamos en estos casos, en una άρχή (arjé) no reflexiva que no conoce con certeza su evolución por estar situada esa conciencia temporalmente en el comienzo. Por otro lado hay un tercer sentido de inicio que es el que nos interesa a los fines de ayudarnos a pensar la celebración del bicentenario y es aquel comienzo que depende del punto de llegada. Está marcado por un final que a su vez define al principio. Esas interpretaciones formuladas desde finales transitorios serán por definición dinámicas y resultantes de relaciones de poder. Serán también indicativas del lugar desde donde estamos reflexionando y nos hacen capaces de generar una presuposición del sentido concreto del principio, en una auténtica forma de resignificación, en la cual se piensa un principio desde la relación de fuerzas del presente. Es por tanto un origen determinado y significado desde un presente agonal y reflexivo, que arrastra a su vez una implicancia sobre lo contemporáneo, basado en la asignación de sentido a un pasado al que se reconoce como portador de un poder genético o aún genealógico, capaz de incidir en la conformación de idearios y proyectos actuales.

Al proclamar un bicentenario como una fecha a conmemorar estamos planteando precisamente un origen reflexivo, estableciendo de este modo estructuras fundacionales para la construcción de sentidos e identidades. Esta elaboración supone una disputa por la hegemonía en términos gramscianos. Los hombres según A.Gramsci (1891-1937) toman conciencia de los conflictos de estructura en el terreno ideológico y esta celebración del bicentenario ha sido el mayor acto de disputa simbólica por la hegemonía a la cual hemos asistido en las últimas décadas. Al hablar de hegemonía estamos poniendo énfasis en la dimensión de los valores que se logran instalar como los del sentido común de los pueblos, valores que se incorporan y ayudan a entender la realidad, posicionándonos en los conflictos de intereses y de clases, buscando la consolidación de liderazgos intelectuales, políticos y morales.

Esta idea es posible acercarla a lo que F.Nietzsche (1844-1900) sostiene al diferenciar el “ursprung” como origen o nacimiento, del “erfindung” como invención, como lo que es fabricado, por lo que el conocimiento, como por ejemplo en el caso del bicentenario, sería siempre una perspectiva construida que implica una doble ruptura, donde el sujeto en este caso un nosotros como actualidad, nos co-constituimos con un objeto que en el presente trabajo es el inicio de cierta forma de nuestra identidad, o sea la fecha que decidimos ubicar como comienzo de lo que somos, desplegando la doble dimensión de “ursprung” y “erfindung”. Indudablemente este saber funciona como poder, pues en la resignificación del inicio comprometemos las antinomias del devenir y nos ubicamos en los fundamentos del ideario de la sociedad a construir.

Por las especificidades en las condiciones históricas y políticas de la argentina a lo  largo del siglo XX no se  logró conformar un bloque histórico con una clase dirigente capaz de ejercer su hegemonía sobre el proceso social. En el caso argentino ninguna clase social ha logrado la amalgama de la dimensión estructural y super-estructural con poder suficiente como para estabilizar un modelo de desarrollo e inserción internacional. Tanto la impotencia de la burguesía nacional y su falta de conciencia de clase para sí, como el debilitamiento de la oligarquía terrateniente asociada a la decadencia del imperio británico del cual dependían, condicionado por la crisis global del modelo agro-exportador redundaron en la imposibilidad de consolidar un modelo económico. Asimismo la insuficiencia tanto del sector financiero y aún del capital internacional que han demostrado ser incompetentes en el modelado de un proyecto social sostenible en el tiempo, aunque para ello, hayan utilizado la brutalidad represiva militar en los 60’s y 70’s y luego en los 90’s por medio de frustradas participaciones ampliadas de diversos sectores de las clases dominantes con apoyo electoral en un esquema que se dio en llamar neoliberal, que condujo al país a la crisis del 2001-2002 luego de cuatro años de recesión. Han sido estos sectores  los protagonistas y gestores de recurrentes fracasos que han generado verdaderas catástrofes sociales con sus secuelas de torturas, desapariciones forzadas de personas, pobreza y  muerte, con la degradación de las instituciones y el deterioro en las condiciones sociales. Se han mostrado incapaces de consolidar un modelo de desarrollo y han tenido que ser los sectores populares contando con la fortaleza del número pero la insuficiencia de recursos económicos y políticos los que debieron encabezar intentos de transformación social y productiva a la postre también  frustrados ante la intransigencia de las poderosas minorías dominantes, con más poder para obstruir que para construir.

La gestión de tanto Néstor como Cristina Kirchner desde el 2003 a la fecha han permitido la elaboración simbólica de una celebración del segundo centenario acorde y consistente con las políticas que se están llevando adelante en medio de duras oposiciones y cuestionamientos. El modelo que fuera hegemónico hasta la primera guerra mundial y la crisis de 1929-30, emergente de la matriz oligárquica con una estructura productiva agro-exportadora, se ha recombinado y mutado ideológicamente bajo diversas variantes de militarismo, catolicismo pre-conciliar, desarrollismos dependientes y neoliberalismo sin lograr sin embargo hegemonizar las relaciones sociales de producción. Entre otras razones porque esta misma conformación ha estado a su vez atravesada por intereses con frecuencia antagónicos, que han significado la imposibilidad de establecer un liderazgo consolidado en una matriz productiva sostenible. Han sido sin embargo estos sectores lo suficientemente poderosos como para obstruir procesos de desarrollo dinámicos e inclusivos, aun dentro de los límites que impone el capitalismo. El actual gobierno fundado en su solidez financiera, ha podido instrumentalizar al estado para financiar y potenciar espacios para los sectores populares que habían sido debilitados por las derrotas políticas y económicas durante la dictadura militar y los sucesivos golpes de mercado en los 80’s y 90’s que clausuraron para toda una generación cualquier opción por construir una sociedad mas integrada. La gestión K permite repensar un modelo económico y una identidad social basada en una heterogeneidad intercultural y plural, renunciando a la idea de una nacionalidad rígida y preconstituida, evitando como lo mostraron los actos del bicentenario, caer en formas de sustancialización que fueron apropiadas en el pasado por factores de poder como el ejercito, la oligarquía terrateniente y la iglesia católica en diversas instancias históricas, como ideologías de exclusión y como tales de dominación. Debemos precavernos en términos filosóficos de las trampas sustancialistas del lenguaje descriptas por L. Wittgenstein (1889-1951) cuando advertía contra los falsos problemas que son en realidad enredos conceptuales del lenguaje, que nos alejan de la riqueza de la vida. Desde los heterogéneos sectores populares no parece conveniente optar por definirnos a partir de  una esencia, sino más bien lograr una íntima relación con todas nuestras peculiaridades y diversidades populares fascinados por la alteridad, rechazando definiciones exclusivas y excluyentes de corte esencialista, atendiendo a nuestras particularidades históricas, lo cual fue plasmado simbólicamente en la celebración del bicentenario que llevó adelante el gobierno nacional, en concordancia con las orientaciones políticas que defiende.



EL BICENTENARIO EN LA REAPERTURA DEL TEATRO COLÓN


Es pertinente tomar como parámetro de la concepción de país, que defienden los sectores minoritarios y elitistas actualmente representados por la gestión del gobierno de la ciudad, al modelo ideológico expuesto en la celebración del bicentenario con la reapertura del Teatro Colón llevado adelante por las autoridades locales. El jefe de gobierno Ing. M. Macri puede ser identificado con la corriente política más conservadora, vinculado social e ideológicamente con la tradición sectaria, anti-popular y reaccionaria definible con el rótulo de neoliberal, resultante de su entorno familiar, su educación y los vínculos sociales que construyó a lo largo de su vida (ver “El Pibe” de G. Cerruti). Esto lo expresó de forma fervorosa con su apoyo a la gestión de C.S.Menen entre 1989 y 1999, combinando pasión ideológica con multimillonarios negocios, e incluso ratificando su apoyo público al menemismo en las elecciones de 2003.

Como jefe de gobierno han sido notables las inconsistencias entre las proclamas y banderas electorales y luego las políticas llevadas adelante por la actual gestión. La realidad de su gobierno contrasta notablemente con sus dichos, como por ejemplo en  el caso del abandono y desfinanciamiento del T.M.G.S.M. con los reiterados conflictos a lo largo del 2008 y 2009 por la falta de pago en tiempo y forma a los actores, y la lamentable falta de mantenimiento y además con la insuficiente inversión en los  teatros de la ciudad, sumado a la poca trascendencia otorgada a la gestión cultural lo cual pretende ser ahora cubierto con la reapertura del Teatro Colón. Es posible notar esta misma actitud en la reducción del presupuesto educativo en el año 2008 que fue algo inédito en la gestión de la ciudad desde la recuperación de la democracia bajo gobiernos de diversas orientaciones políticas. La reaparición escandalosa de la  censura ideológica en los contenidos ministeriales acerca del bicentenario, el deterioro de los sueldos de los docentes de la capital federal en comparación con los del resto del país, la convocatoria fugaz, insostenible e irresponsable de una figura como la de Abel Posse el cual sin antecedentes en materia educativa, sin planes específicos para el área al cual fue designado y sin equipos de trabajo se agotó rápidamente, convocando a un nuevo ministro con escasos antecedentes en materia educativa  y ello después de haber proclamado en la campaña electoral que se contaba con numerosos e importantes equipos técnicos de trabajo. En la actualidad el ministro se encuentra atrapado por la falta de inversión, la censura, el  reposicionamiento y control ideológico del Opus Dei en el PRO y en el ministerio, por los ásperos conflictos con líneas internas de supuestos aliados políticos y por si fuera poco últimamente por  la reducción en la planta de profesionales, la discontinuidad en varios proyectos e incluso en la rebaja de los sueldos de parte de los contratados, incumpliendo reiteradamente con las promesas de campaña acerca de la construcción de los polos educativos.

Desde lo estrictamente vinculado a la forma en que el Ing. M. Macri celebró el bicentenario es un dato no menor el que haya privatizado la televisación de la jornada. Durante la misma, la transmisión fue permanentemente interrumpida para mostrar el arribo de los personajes que a criterio del multimedia eran significativos, despreciando la labor de los artistas en escena, subordinándolos irrespetuosamente a una heterogénea amalgama de vulgaridades mas propias de la experiencia menemista. Esos asistentes privilegiados  no apreciaron el espectáculo de música y danza brindado a toda la sociedad, sino que llegaban en medio del mismo para participar del “verdadero” espectáculo, aquel en el cual lo que importaba era ser visto como perteneciente al círculo de los convocados que son por lo general los que realmente han dirimido los destinos nacionales y que hoy en día están  limitados  por la gestión K. En realidad lo realmente significativo ocurría cuando terminaba la proyección y espectáculo para los “vecinos” que se retiraban a sus casas para que los verdaderos protagonistas celebraran en la “intimidad” de los que cuentan y pertenecen. Como dijo  una de las asistentes al evento al elogiar la corrección de la organización que lograba por medio de vallados y de policías metropolitanos que “la gente no molestara”. Es absolutamente claro que molestamos, que las mayorías populares somos un estorbo para estas elites incapaces de pensar un país democrático e inclusivo y es completamente pertinente que la presidenta no haya asistido a ese evento,  así como tampoco lo hizo al Te Deum de la oposición en la catedral metropolitana, aunque si paseó junto a los mandatarios de países hermanos latinoamericanos por toda la extensión de la Plaza de Mayo y Diagonal entre el pueblo, para asistir junto al pueblo al extraordinario espectáculo realizado por el grupo de Teatro Fuerzabruta para el pueblo, que recrea una Argentina con memoria, mas plural, democrática y popular. Digamos de una vez por todas, que la jerarquía de la Iglesia Católica  Apostólica y Romana (de muy buenas relaciones en la actualidad con el gobierno del PRO), se opuso tenazmente a la revolución de Mayo en 1810, y desde entonces se ha opuesto a todos los gobiernos democráticos que intentaron transformar las estructuras  sociales, y por otro lado ha apoyado a todas las dictaduras militares a lo largo del siglo XX. El modelo social y político simbolizado por esa dirigencia nos otorga a la mayoría del pueblo un rol subordinado en el cual no podemos aspirar a vivir con un mínimo de dignidad aún dentro de los estrechos límites del capitalismo, no han sido capaces de diseñar un país inclusivo que  brinde un mínimo de bienestar y dignidad para las mayorías.

Pero a su vez la misma celebración aun para los convocados, denotaba una ostensible decadencia de esa clase dirigente comparada por ejemplo con la oligarquía de principio de siglo XX que por lo menos podía asistir y disfrutar de una opera como Aída de G. Verdi presentada en la inauguración del teatro en 1908. En esta ocasión los convocados entendieron ser más importantes que los músicos por lo que un alto porcentaje de los mismos desertaron luego del largo intermedio, pues sus egos ya habían sido satisfechos por medio de la  exposición pública y lo que ha dado en llamarse la exposición mediática. El contraste entre las dos celebraciones: la popular, pluralista, federal e inclusiva por parte del gobierno nacional y la claramente elitista y sectaria y en última instancia lamentablemente chabacana del gobierno de la ciudad, no es algo coyuntural sino que marca una profunda diferencia en torno a proyectos sociales y políticos.

PRIMER CENTENARIO, LA RESIGNIFICACIÓN OLIGÁRQUICA.


Tanto durante el mes de Mayo con los actos del gobierno de la ciudad, como luego en Julio de 2010 en la inauguración de la edición 124 de la exposición rural de la  S. R. A. fue posible advertir como estos sectores dominantes en la vida política y económica Argentina han tratado de enfatizar como modelo contra fáctico a la visión del país defendida por el gobierno nacional, al primer centenario a fin de degradar y desacreditar la situación actual en concordancia con lo que citábamos de H.G.Gadamer acerca de un final agonal que pretende reelaborar sus inicios. Obviamente que nos corresponde desde lo ideológico analizar la trama que esconde esa valoración considerando los procesos de resignificación de los inicios de los que hablábamos al comienzo de este artículo en función de los intereses que representan.

Es indispensable referirnos a ciertas situaciones históricas de ese primer centenario por las significaciones que tienen con respecto al modelo de país que estos sectores defienden y las consecuencia sociales que acarrearían si lograran imponerse. En Noviembre de 1902 se dictaba la ley 4144 llamada de residencia, impulsada originalmente por el senador M.Cané (1851-1905) durante el segundo gobierno de J.A.Roca (1898-1904), que ordenaba la deportación sin mediaciones judiciales de extranjeros por cuestiones ideológicas. Afirmaba el Artículo 2º “El poder ejecutivo podía ordenar la salida de extranjeros cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público.” Esto se llevaba adelante sin la intervención de jueces y por medio de la más absoluta discrecionalidad por parte del poder ejecutivo. Inmediatamente se sancionó  también en Noviembre de 1902 la ley 4145 decretando el estado de sitio, que entre 1902 y 1910  fue dictado en cinco ocasiones como una de las  herramientas utilizada para desatar las brutales represiones. Esta Argentina reivindicada por M.Macri y H. Biolcatti en su discurso de Julio de 2010, reprimía brutalmente a militantes Anarquistas, Socialistas y Comunistas y practicaba un sistemático encarcelamiento de los dirigentes sindicales generando un entorno político violento con atentados políticos como una de las formas de respuesta al avasallamiento de los derechos políticos del pueblo por parte de la minoría gobernante. Estas brutales represiones marcan otro notable contraste con la actual gestión que ostenta un excepcional respeto por la protesta pública, como no se ha visto jamás en toda la historia argentina. En aquellos años reivindicados como dorados por las elites, los reprimidos respondieron en forma violenta por ejemplo en los casos de los atentados contra tanto el Presidente Manuel Quintana en Agosto de 1905 como también contra José Figueroa Alcorta en Febrero de 1908.

Las condiciones laborales, sociales y habitacionales del país fueron relevadas por Juan Bialet Massé cuyo informe fue editado en 1904 donde denunciaba los abusos de comerciantes, la desconsideración hacia los empleados, el maltrato, el uso de los vales por parte de estancieros, los fraudes, los jornales miserables, las arbitrariedades y pésimas condiciones de higiene y salud al cual estaban sometidas “las clases obreras argentinas a comienzo de siglo”. A pesar de esta explotación que conocían pues la generaban, esas elites fueron incapaces de dictar un código laboral que protegiera las condiciones de trabajo de los obreros del campo y de la ciudad que producían la riqueza del país. Hoy en día el sector que representa el señor H. Biolcatti quién dice estar muy preocupado por la pobreza, esta probablemente entre los que pagan los sueldos de convenio más bajos y tiene uno de los mayores porcentajes de trabajadores en negro. En 1904 la fórmula presidencial  M.Quintana-J. Figueroa Alcorta se impuso con un escandaloso fraude electoral y al año siguiente en Febrero de 1905 la U.C.R. que hoy parece desmemoriada, inicia una revolución contra el régimen que decreta el estado de sitio con intervenciones federales violentas con una secuela de muertos en combates, fusilados, encarcelados y toda clase de abusos y arbitrariedades cometidas contra los obreros y sus organizaciones, que enlutaron al país. El mismo presidente M. Quintana había dicho “que a cualquier jefe u oficial del Ejercito que tome sublevado, con las armas en la mano, lo fusile inmediatamente bajo mi responsabilidad”.

A lo largo de esa década del primer centenario fueron intervenidas las provincias de Mendoza, San Luís, Salta, San Juan entre otras, contrastando con las aspiraciones supuestamente federales de los grupos reaccionarios, con la modificación bajo presión de muchas de las constituciones provinciales. Recordemos que durante las gestiones K tenemos el menor promedio de intervenciones federales de toda la historia argentina con el único caso de Santiago del Estero. En 1908 ese país modelo para M.Macri no pudo votar su presupuesto y el presidente J. Figueroa Alcorta acuartelo las tropas y ocupó el edificio del congreso, impidiendo el acceso de los legisladores, estableciendo por decreto el presupuesto de ese año, asusta creer que este es el país que anhelan. En 1909 la represión policial fue especialmente dura y en la conmemoración del primero de Mayo, el jefe de la policía Ramón Falcón desata una feroz represión con decenas de heridos y muertos en lo que se conoce como la semana roja. Los Anarquistas reaccionaron con el atentado contra ese jefe de la policía que le costo la vida a Ramón Falcón en Noviembre de 1909 a partir de lo cual se decreto un nuevo  de estado de sitio. El mismo Mayo de 1910 hubo una marcha multitudinaria  de la FORA contra las leyes del gobierno, la situación social y política del país. En el año de centenario por si algo faltaba también hubo elecciones fraudulentas, violentas y amañadas con abstenciones y coacciones por lo que si de algo podemos estar seguros es que para aquellos que reivindican ese primer centenario la democracia no constituye un valor importante y el bienestar del pueblo esta subordinado a los privilegios oligárquicos. Si en 1907 en la ciudad de Buenos Aires los inquilinos llevaron adelante una huelga denunciando las condiciones de hacinamiento e insalubridad de los conventillos, en 1912 los campesinas arrendatarios de la pampa húmeda, llevaron adelante su revuelta contra los grandes terratenientes, movimiento conocido como el “Grito de Alcorta” y organizaron La Federación Agraria Argentina, desvirtuada actualmente por sus líderes en su  subordinación a los grandes terratenientes y pools de siembra contra los que combatieron en el pasado, traicionando el legado histórico de aquellos humildes y esforzados campesinos. Todos estos aspectos sombríos y trágicos suelen ser justificados por los exegetas de la patria oligárquica en función del crecimiento del país y de su inserción al mercado internacional y un supuesto lugar de privilegio entre los países del mundo. En realidad buena parte de los fracasos posteriores de la Argentina están originados por este modelo rentista, latifundista, agro-exportador y subordinado al imperialismo británico que se imponía en ese primer centenario. Es falsa la idea de un país que se estaba desarrollando y para eso me remito a la visión contemporánea de los hechos expresada en 1916 por  V.Lenin en “El imperialismo, fase superior del capitalismo” trabajo en el que menciona el caso Argentino tipificándolo como de condición semicolonial con dependencia financiera y comercial de Inglaterra que controlaba su economía. Citaba al  economista G. von Schulze-Gaervernitz y la obra de Sartorious Von Waltershausen que perciben las limitaciones estructurales del modelo impuesto en la argentina. Una minoría rentista dilapidó la riqueza que esforzadamente producían las grandes masas populares perdiendo por su falta de contracción al trabajo su incapacidad de ahorrar y reinvertir en bienes de capital y su dependencia ideológica del imperialismo, una inmejorable ocasión de capitalizar e industrializar al país. Haber contado en esa coyuntura histórica con una metrópoli imperial e industrial ávida de materias primas que podían ser provistas por la oligarquía argentina, no convirtió a nuestro país en un modelo sostenible de desarrollo por lo que junto a la decadencia del poderío británico es posible ver la simultánea descomposición de la riqueza local, tal como Lenin había percibido. Reivindicar en 2010 el primer centenario devela un proyecto antidemocrático, elitista, antipopular, subordinado a intereses extranjeros y a la postre insostenible en el tiempo. Entendamos que la génesis de las recurrentes crisis de nuestra Argentina a lo largo del siglo XX está en la opción por una economía primaria y dependiente hecha por la oligarquía terrateniente, modelo que nunca pudimos quebrar y que hoy en día estamos con grandes dificultades  intentando modificar.

Si la derecha más conservadora construye un inicio que orienta hacia una apología del  primer centenario, nos toca pensar un inicio que rescate los aspectos más democráticos y revolucionarios de la gesta  sudamericana de Mayo de 1810 en función de la elaboración de un modelo económico y social distinto. Esto forma parte de una lucha por generar nuevos paradigmas y sentidos comunes para un pueblo que defienda  un modelo democrático, pluralista con más justicia social y mayor integración de los sectores populares. Es necesaria una actitud de acercamiento y convergencia con todas las fuerzas populares, cuanto más nos dividan más oportunidad tendrán para derrotarnos.

*Geólogo