¿Cuántos modelos hay?

Por Adrián Corbella*

En la discusión política de nuestra realidad cotidiana se plantea cada vez más la idea de una lucha entre “modelos”. La idea del “nosotros” o “ellos” es muy frecuente. El discurso “oficialista” interpela a la realidad con esas alternativas, tanto a nivel político como mediático. También hace lo mismo la prensa “independiente”, cuando enuncia su discurso fusionando a todas las fuerzas no oficialistas como “la oposición”, o cuando transforma su prédica militante superopositora en un reflejo de lo que piensa “la gente”, intentando así transformar una postura sectorial en el “sentido común”.

Muchos, a un lado y al otro del mostrador, se sienten cómodos con esta dicotomía pues interpretan la realidad de esa manera, como una lucha entre dos concepciones de país frente a la cual no se puede adoptar posturas intermedias.

Otros en cambio, sobre todo aquellos que se oponen por izquierda al gobierno, muestran más resistencias, afirmando que hay más de dos modelos, o que existe una plena identidad entre viejos y nuevos oficialismos, entre menemismo y kirchnerismo. Esta última argumentación, que equipara a Menem y a los Kirchner, es tan evidentemente errónea, que no voy a tomarme la molestia de rebatirla. Aunque volveré sobre ella más adelante. Me remito a los hechos.

El otro argumento es más profundo, y merece algún comentario: ¿Hay dos o más modelos?… A nivel teórico, uno casi se animaría a plantear que cada fuerza política representa una interpretación distinta de la realidad y que por ello plantea un modelo diferente. Pero, en realidad, las diferencias no son tan profundas, y a veces hay fuerzas políticas que tienen entre sí altos niveles de coincidencia, y que se separan por el respeto a una tradición partidaria, o por celos y ambiciones personales de sus dirigentes. Aunque evidentemente uno puede plantear algunas líneas ideológicas diversas que diferencian a algunas fuerzas políticas de otras, a veces las coincidencias entre personalidades de distintas fuerzas políticas tienen una sorprendente profundidad.

Entonces… ¿Cuántos modelos hay?… ¿Es válido analizar la realidad en términos de “oficialismo” y “oposición”, de “nosotros” y “ellos”?… En primer lugar… ¿Hay un modelo oficialista, kirchnerista?… ¿En qué consiste?… El kirchnerismo sostiene un modelo capitalista con rasgos keynesianos. Incentiva el desarrollo industrial, las pymes y el crecimiento del mercado interno, buscando utilizar los ingresos generados por las exportaciones agropecuarias para fines no agrícolas. En el terreno social hay concretos intentos de lograr una mayor inclusión social. En el terreno político manifiestan una gran preocupación por los derechos humanos, que se patentiza en estrategias no represivas frente a las protestas sociales y en la reactivación de los juicios a los responsables directos y cómplices de la dictadura; favorecen la integración continental latinoamericana vía MERCOSUR y Unasur, y estimulan una relación madura con EE.UU., cordial pero no servil. Respecto al problema de la deuda plantean un desendeudamiento consistente primero en lograr una quita, y luego en pagar con recursos propios para evitar onerosas refinanciaciones y asimismo para sortear las presiones de los organismos internacionales, que si se los deja fijan agenda y adoptan actitudes “proconsulares”, “imperiales” (1). Son políticas muy concretas, y distintas de lo que se venía haciendo en los noventa. Plantear , como hacen ciertos sectores de izquierda, una identidad común por una o dos coincidencias puntuales (mineras por ejemplo), parece un exceso claro y evidente.

¿Hay un modelo opositor, un modelo del GRUPO A?… Aquí habría que dividir a esta oposición al menos en dos sectores : por un lado, el peronismo federal, el PRO y otros liberales, radicales y fuerzas neorradicales (C.C. GEN, y otras), socialistas y partidos provinciales. Llamaremos a este sector Grupo A1. Por el otro, una oposición de izquierda, nucleada mayoritariamente (2) en Proyecto Sur (la llamaremos Grupo A2).

¿Tiene un modelo el Grupo A1?… Uno podría decir que sí, porque se oponen a toda medida que intente desarticular la herencia del neoliberalismo, por lo que podría suponerse que estos opositores apoyan total o parcialmente a ese modelo, bien conocido por argentinos y latinoamericanos en general. La lista de medidas a las que se han opuesto es larga, ya que incluye casi todas las iniciativas del gobierno, pero todas se vinculan a lo mismo : defender fortalezas del neoliberalismo. Se opusieron, por ejemplo, a la reforma de la Corte Suprema, defendieron y defienden un Banco Central que desempeñe las funciones neoliberales que le atribuyó el menemismo, se opusieron a la estatización de las AFJP, de Aerolíneas Argentinas, y de otras empresas, se opusieron a las retenciones móviles, se opusieron a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se oponen ahora a la reforma del sistema financiero o a la participación de los obreros en las ganancias de las empresas (3)…

TODO VA EN LA MISMA DIRECCIÓN, salvo la disputa a fines del 2010 por ley del 82% móvil, que pareció demasiado claramente un show mediático (y no una medida que apoyarían seriamente si esas fuerzas estuvieran en el gobierno. De hecho, casi todos ellos fueron gobierno hace algunos años, e hicieron exactamente lo contrario).

Pero este último show, el que vivimos en torno al 82% en las semanas previas a la muerte de Néstor Kirchner, nos ha mostrado las profundas diferencias que separan a la gente del Grupo A, ya que cuando debieron explicar su voto, en el recinto legislativo o ante las cámaras, mostraron la fragilidad  y disparidad de sus posiciones. Alfonsín dijo lacónicamente, como hiciera antes Carrió, “la plata está”, sin dar mucha explicación, en lo que suena a dogma religioso o metafísico; Cobos afirmó que había que votarla y luego debatir profundamente de dónde sacar el dinero (es decir, puso el caballo delante del carro. Primero compra y luego ve si tiene la plata); Sonia Escudero, del peronismo federal, reconoció que sería necesario recurrir a los organismos de préstamo internacional (¿Nos endeudamos para pagar las jubilaciones?… Y luego vienen los procónsules del FMI e imponen el ajuste); Rubén Giustiniani, del socialismo santafesino, declaró que había plata “para dos años” ( y luego … ¿El diluvio?…). Incluso Mauricio Macri, con su exótica metáfora del lomo y el tapado de visón (4), dio un dato muy significativo: la plata, se está usando para otra cosa. Si hay que dejar de gastarla en eso (el tapado de visón de Macri) para pagar las nuevas jubilaciones (el lomo), eso significa, en buen romance, AJUSTE. Sólo faltaría averiguar si el “tapado de visón” es tal, o se trata de cosas más modestas como la Asignación Universal por Hijo, entre otras cosas. Es decir, lo único que une a esta heterogénea oposición, además de su furia antikirchnerista, es su sacrosanta defensa de las fortalezas del neoliberalismo.

Y este hecho no se modifica porque ahora, que ya se ven en campaña , salgan a decir que apoyan medidas del gobierno a las que se opusieron en el debate parlamentario, como han hecho algunos referentes del radicalismo.

Nos queda el Grupo A2, la gente de Proyecto Sur. Una fuerza que se plantea a sí misma como de izquierda, o al menos de centro-izquierda. Ellos señalaban la necesidad de cobrar nuevos impuestos para pagar el 82% -cosa teóricamente correcta-, aunque habilitaron con su presencia en el recinto legislativo el voto mayoritario que aprobó la ley SIN FINANCIACIÓN. Es decir : Proyecto Sur se ubica, desde lo discursivo, desde la política de café, claramente a la izquierda del oficialismo. Piden MÁS, MÁS PROFUNDO Y MEJOR. Pero, en la práctica política concreta, cuando hay que votar en el recinto de diputados, funcionan como el ala izquierda de un grupo A que hace MENOS, SIN PROFUNDIDAD Y MUCHÍSIMO PEOR… Son funcionales al grupo A; son la “pata progre” de los dinosaurios neoliberales…

Entonces: ¿Cuántos modelos hay?…

En lo teórico, al menos tres, y si uno agregase a pequeñas fuerzas sin representación parlamentaria, en su mayoría de extrema izquierda (trotskistas varios, maoístas, etc), seguramente muchos más. Pero aquí hablamos de modelos teóricos, ideológicos, no de opciones políticas. Por eso,  términos de política real, en términos de posibilidades reales de llevar ese modelo a la práctica a corto o mediano plazo, hay sólo dos proyectos: el oficialista, y el del Grupo A1 –neoliberal-. Es un “nosotros o ellos”, guste o no. Ser neutral es imposible, porque uno de los dos va a ganar. Con la realidad se puede hacer cualquier cosa, menos negarla.

En la práctica, la neutralidad favorece el continuismo de un modelo neoliberal que ha sido golpeado, herido, jaqueado, y que se encuentra verdaderamente acosado por el kirchnerismo… pero que aún está vigente en muchos ámbitos de la vida económica, social y cultural de los argentinos.

Y que todavía tiene fuerza para perdurar mucho tiempo, si no se lo reemplaza por otro modelo, aquí y ahora.

Por eso, es en rigor un “nosotros o e llos”: hay muchas opciones ideológicas, pero las opciones políticas son sólo dos: profundizar el cambio, o volver atrás.

* Profesor de Historia.

EL LINK DEL ARTÍCULO ORIGINAL, SIN MODIFICAR, ES EL QUE SIGUE :

http://adriancorbella.blogspot.com/2010/10/cuantos-modelos-hay-por-adrian-corbella.html