Eduardo Jozami en el ciclo Ideas para el Debate “PERDER NO ES UN POCO MENOS BUENO QUE GANAR. EL DESMONTAJE DE LO CONSTRUIDO DURANTE ESTOS DOCE AÑOS SE VALORA MÁS FRENTE A LA POLÍTICA DE MACRI”

No siempre uno encuentra el momento y el lugar para el análisis y la discusión crítica de las situaciones políticas, en el medio del fragor  de la lucha, por eso son muy bienvenidas estas oportunidades.

En las explicaciones que se pueden dar en torno a la derrota política-electoral, podemos distinguir entre las cuestiones de fondo, estructurales en algún sentido, y las decisiones políticas desacertadas que contribuyeron a la derrota. Para pensar las cuestiones de fondo es necesario analizar cómo llegó Néstor Kirchner al gobierno en el 2003, lo que tiene mucho que ver con la crisis del 2001. Crisis que como consecuencia del fracaso de la Convertibilidad, el despojo los ahorros por parte de los bancos y el notable incremento del desempleo y la pobreza, habilitó la posibilidad de políticas económicas distintas a las neoliberales. Por otra parte la crisis de representación política graficada en la consigna “Que se vayan todos”, reclamo generalizado que posibilitó la llegada de un presidente que se animó a realizar las políticas que después del 83 no se habían llevado adelante. Ese ascenso de Néstor al gobierno tuvo bastante de casualidad también, es difícil explicarlo sólo por razones económicas sociales, hubo mucho de azar también: recordemos que el primer candidato propuesto fue Carlos Reutemann. El equipo de gobierno que asume con Kirchner no estaba completamente preparado para gobernar y el apoyo de solamente el 22% del electorado lo condicionaba desde el punto de vista de la legitimidad política.

Néstor tuvo una lectura inteligente de esa situación  y entendió la necesidad de construir poder propio, cosa que se logró a través de una política muy audaz e identificada con la mejor tradición del peronismo. Existió un acuerdo tácito entre Kirchner, y quienes más decididamente lo acompañaban, con la estructura del PJ, la gran mayoría de cuyos dirigentes comprendió las ventajas de acompañar este proyecto de gobierno, cosa que no les resultó difícil puesto que el propio presidente era un importante dirigente del justicialismo.

LOS DESAFÍOS DEL PROCESO

Un objetivo necesario para avanzar con el proyecto de gobierno era aumentar el consenso al interior del justicialismo y de otros sectores populares y afirmar, más claramente, la hegemonía kirchnerista en el movimiento popular y este suponía formas organizativas que aseguraran esa hegemonía. La segunda cuestión tenía que ver con las limitaciones tradicionales del modelo de desarrollo argentino. Durante la segunda parte del proceso de gobierno cuando se hace presente con más persistencia la restricción externa, se notaron con más fuerza esas limitaciones estructurales del proceso de crecimiento. La propensión importadora de la industria argentina, el comportamiento de las exportaciones, el escaso interés del empresariado argentino por invertir, relacionado a su tendencia a la fuga de capitales. La sola enunciación de esos problemas hablaba de la dimensión del desafío a emprender. Eso no se cambia en poco tiempo es cierto, pero el reproche que yo le haría a nuestro gobierno es que tampoco nos planteamos con claridad ese tema como un problema y por tanto un desafío a resolver. Esta limitación estructural de la economía tiene que ver con el resultado electoral, aunque cabe aclarar que no lo determinaba en forma necesaria, una elección que se perdió por dos puntos significaba que se podía haber ganado con un poco más de fortuna. Pero no resulta casual que frente al momento que el ritmo de crecimiento de la economía se reduce y nos conformamos con que el poder adquisitivo de los sectores populares no se deteriore, se generan mejores condiciones para la oposición al kirchnerismo, surgiendo fenómenos como los del Frente Renovador.

 

LOS SECTORES MEDIOS

Otra causa de nuestra derrota tiene que ver con la política hacia los sectores medios, entendiendo que esto no se refiere exclusivamente a políticas para sectores de determinados ingresos. En nuestro país (y en distintas regiones) existe una cultura de clase media que a través de los medios se propaga a todos los sectores sociales, un discurso de clase media que se vuelve dominante en el conjunto social. Es evidente el papel jugado por los medios de comunicación en este  tema (aclarando que en otras ocasiones enfrentamos el juego de los medios y triunfamos electoralmente) Estuvimos muy a la defensiva en temas como la corrupción y se logró instalar la idea de un gobierno autoritario. García Linera en un artículo escrito luego de la derrota del referéndum boliviano, tratando de explicar la derrota, analiza las transformaciones y un proceso de crecimiento social con incorporación de sectores enteros a la clase media, argumentando que luego no se supo cómo conducirse políticamente frente a este fenómeno. Las vacilaciones que tuvo nuestro gobierno frente al tema del impuesto a las ganancias también deben ser recordadas. Hubo muchos sectores que habían votado al kirchnerismo que sintieron que ese problema no le interesaba mucho al gobierno. Tiene que ver hasta con un estilo de gobierno, de comunicación y discurso que no tuvo siempre como preocupación la idea de ganar sectores más amplios. No siempre fue así, en algún momento demostramos mayor inquietud como cuando Cristina reivindicaba a figuras como Alfonsín o Palacios -no solamente porque tienen en su trayectoria aspectos reivindicables- pero había allí vocación por intentar convocar a otros sectores. Más allá de la demonización que se realizó de la Cámpora, lo cierto que cuando la Presidenta fue reemplazando en forma gradual el acto con todos los invitados en las convocatorias a la Casa de gobierno, para darle más importancia a los discursos en los patios internos, daba la sensación que había una idea de reforzar exclusivamente a los sectores propios. Esto trajo consecuencias en el conjunto del peronismo, pero también por fuera.

 

LIMITACIONES EN LA CONSTRUCCIÓN POLÍTICA

Mencionamos que uno de los desafíos era transformar esa situación casi azarosa en la que Néstor llegó la presidencia en una hegemonía fuerte. Se podría decir que se avanzó en ese tema. Al principio del gobierno la militancia kirchnerista era casi inexistente (recordemos cuando se planteó el conflicto con las patronales agrarias) hasta este momento actual, donde se puede afirmar que la única fuerza política con militancia es el kirchnerismo. Pero no se avanzó en otro aspecto, que es el de darle al FPV, el ámbito político del kirchnerismo, cierta estructura política organizativa y al mismo tiempo si no se hacía esto, tampoco se hizo con el PJ. Recuerdo la visita que hizo Néstor a Carta Abierta en el 2009, se le preguntó a Néstor porque había aceptado la presidencia del PJ. Uno podía esperar respuestas argumentando la importancia del partido en la estructura territorial, la tradición peronista del pueblo argentino etc. Lo que dijo Néstor no tenía nada que ver con estas cuestiones, sino que afirmó “Si no agarro yo ¿a quién voy a poner?”. Esta respuesta es muy interesante, porque demuestra que no había una política hacia el PJ, sino que había que congelarlo para que no se planteara ningún conflicto de liderazgo con esa fuerza partidaria.

La estructura política generada por el kirchnerismo parecía mucho más  importante que lo que realmente se construyó. El día de la derrota electoral había tanta militancia en la Plaza de Mayo que no se podía pensar observando esa imagen, que se podía haber perdido. Hay que profundizar esta mirada para poder discernir que la capacidad de convocatoria de Cristina no siempre coincidía con el arraigo, la implantación orgánica de esa militancia en el seno de la sociedad. Con relación al movimiento obrero por ejemplo (que seguramente no tiene el mismo peso específico de los años 70) el peso del kirchnerismo allí es muy limitado. Primero que hubo sectores importantes que no dudaron en pasar a la oposición, y los que conformaban los gremios afines al gobierno en la CGT oficialista, tampoco demostraban mucho entusiasmo en apoyar las iniciativas del gobierno, con excepciones como la CTA de Yaski. Este análisis se puede trasladar a otros sectores como el movimiento estudiantil. Hay dificultad para transformar la adhesión a Cristina en apoyo organizado y eso se acentúa en este momento cuando tenemos que reorganizarnos y se observa la vacilación de muchos sectores.

LOS ERRORES EN LA ELECIÓN DEL 2015

Los efectos de la crisis internacional, las dificultades para transformar las limitaciones estructurales del modelo de desarrollo argentino, las limitaciones para generar una fuerza política más orgánica a partir del kirchnerismo para poseer mayor incidencia sobre el conjunto del movimiento peronista, todo esto explica porque la elección del 2015 se presentaba en condiciones más desfavorables que la del 2011, pero no demuestra necesariamente porque perdimos. Estoy convencido que con una estrategia electoral más correcta se podría haber ganado. La  campaña que en las últimas semanas adoptó otro dinamismo, producto del accionar de sectores sociales que compensó la falta de entusiasmo de aquellas estructuras montadas para movilizarse en una campaña electoral, demostró que podía haberse ganado la elección.

Nunca se sacaron conclusiones sobre lo que significaba el hecho que Cristina no podía ser reelecta. Al día siguiente de las elecciones del 2011, las encuestas ya pronosticaban una oposición muy fuerte de la sociedad a la re-reelección. Allí se observó claramente que el kirchnerismo no había construido una sucesión de Cristina que garantizara la continuidad del proyecto. Luego vino la discusión sobre Scioli, que partía de que las encuestas mostraban que era el mejor posicionado en la opinión pública. Frente a esto se podían hacer dos cosas: construir otro candidato con el que tuviésemos mayor grado de acuerdos en función de su trayectoria y definiciones, o apoyar a Scioli. Finalmente lo que se hizo en los últimos seis meses es difícil de entender porque a Scioli lo termina designando Cristina, eludiendo la interna, pero luego de eso no se apoyó decididamente al candidato. Eso demostraba que no había claridad  respecto de cómo enfrentar la elección y lo que se jugaba. Esos errores y vacilaciones se conjugaban con la escasa discusión dentro de nuestras filas. En determinados momentos como por ejemplo cuando se produjeron algunos enfrentamientos con otros pre-candidatos como Randazzo, la definición pareció digna de una corte florentina. Una elección que se planteaba difícil de entrada, se complicó con nuestros errores.

LAS PERSPECTIVAS ACTUALES

Ahora ya se perdió y se puede dimensionar cabalmente que  perder no es un poco menos bueno que ganar. El desmontaje de lo construido durante estos doce años se valora más frente a la política de Macri. No debemos minimizar la derrota, animando un optimismo fácil respecto que este gobierno de va en poco tiempo. Existía ese espíritu en ciertos sectores, que afirmaban que en pocos meses la política de Macri desalentaría a los que lo votaron, lo que provocaría la salida anticipada del gobierno del PRO.  Presuponiendo que nosotros sostenemos de este lado la adhesión del 49% que votó a Scioli en el ballotage, ignorando que la derrota trae consecuencias como cuestionamientos internos, apertura de ciertos debates y enfrentamientos. Hoy tenemos mayor conciencia en nuestras filas de que se nos plantea un proceso de reorganización del movimiento popular, no se trata de ver como se saca 3% más de votos o como elegimos al mejor candidato para la próxima elección. Hay dos temas centrales en el debate actual, uno tiene que ver con el peronismo y otro con Cristina.

Respecto al debate sobre el rol del peronismo tengo una reflexión personal, mezclada o mejor dicho compartida con mi experiencia y la de muchos compañeros que venimos de sectores combativos. El primer gran sacudón y decepción fue el menemismo, formé parte de quienes rompieron, junto con Germán Abdala y Chacho Álvarez, también con muchos de los que no se fueron compartíamos la idea que el peronismo renunciaba a sus objetivos nacionales y populares. Quienes nos fuimos cometimos el error de entender demasiado categóricamente que el peronismo estaba agotado como proyecto de transformación, que ya nada podía esperarse del PJ. Luego apareció Néstor Kirchner y tuvimos que revisar en un punto esa afirmación (el mismo Kirchner explicaba que con el peronismo solo ya no bastaba)

Rodolfo Walsh en el 76 en la discusión que tuvo con la dirección de Montoneros, afirmaba que no se podía pensar en el “montonerismo”, porque en los momentos de derrota las masas se aferran a sus identidades, no van a buscar nuevas (Walsh, que no era de los más peronistas dentro de la organización) lo recuerdo, porque hoy tenemos una diferencia. En ese momento el “montonerismo” no tenía arraigo alguno en la sociedad –la tenían los montoneros-  pero el kirchnerismo son doce años de gobierno y es lo que naturalmente aparece cuando decimos que hay que librar una disputa contra el macrismo oponiendo un frente que exprese a sectores más amplios de la sociedad. Las políticas que le vamos a oponer a Macri, son  las políticas del kirchnerismo. La verdadera discusión hoy no es qué hacer con el peronismo, del peronismo que no podemos hacer mucho, va a seguir estando allí y no siempre puede ser sintetizado en una propuesta política-electoral, pero lo que aprendimos es que no puede existir una propuesta popular que no se haga cargo del peronismo. La discusión es qué hacemos con el kirchnerismo, frente a este proyecto liquidacionista que implica la política macrista, porque no se puede pensar hoy en la revitalización del peronismo en un proyecto popular sin defender la continuidad del kirchnerismo.

La segunda cuestión es qué hacemos con Cristina. Nosotros –con críticas y diferencias- no dejamos de apoyar a la Presidenta. El liderazgo de Cristina es demasiado importante como para dejarlo de lado en el camino. Al mismo tiempo algo debemos aprender de la derrota y, en consecuencia, la discusión en torno al rol que puede asumir Cristina a futuro, no tiene que desligarse de los debates y las críticas que hemos mencionado porque correríamos el riesgo de volver a una situación parecida. No es fácil porque a la gente  le resulta difícil cambiar y a los líderes les cuesta mucho más…pero creo que esto tiene menos que ver con lo que haga Cristina que con lo que podamos realizar nosotros. El ejemplo es cómo los cinco pre-candidatos presidenciales, ante el pedido del “baño de humildad” de la Presidenta, ninguno de ellos, ni las organizaciones que los apoyaban, expresó que eso debía ser discutido de forma colectiva, al contrario, parecía que se competía por quien cumplía esa orden lo más rápidamente posible. Todos terminamos aceptando esas reglas del juego.

Ahora debemos trabajar para una dirección distinta, donde el líder del movimiento  no podrá decidir de manera unilateral el conjunto de las decisiones políticas de un espacio colectivo, como ocurre en otros países del mundo.  Brasil por ejemplo, donde Lula es el líder sin duda y convence a todo el mundo, pero tiene que tomarse el trabajo de persuadir a todos, convocar a la dirección del PT, discutir, eso debe ser parte del aprendizaje. En determinado momento confiamos las decisiones a un mecanismos que no entendíamos, que no discutimos y del que no participábamos y de alguna forma todos terminamos (con distintos niveles) como responsables en los resultados.