“Si no entendemos cómo llegamos a esta situación tan delicada será imposible construir una vocación de mayorías” ALEJANDRO GRIMSON en el tercer encuentro del ciclo “Ideas para el Debate”. Mayo de 2016.

Desde Iniciativa, reproducimos la exposición inicial del investigador y docente Alejandro Grimson, quién también fue parte del ciclo organizado por los profesionales el Movimiento Evita

La pregunta que debemos realizarnos hoy, en mayo de 2016, es cómo poder lograr el fortalecimiento del campo popular, en términos de robustecer la oposición popular al gobierno neoliberal. Creo que es imposible que logremos vigorizarnos sin una reflexión colectiva, profunda, critica y constructiva. Si no entendemos cómo llegamos a esta situación tan delicada será imposible construir una vocación de mayorías. En el contexto democrático eso implica convencer a la mayor cantidad de gente de que las mejores soluciones van a provenir del campo popular, con sus pluralismos, divergencias y controversias.

Me gustaría comenzar citando el artículo que el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, a propósito del balance sobre la derrota del referéndum en ese país. Allí plantea la siguiente pregunta. Cuando una piedra rompe un vaso de vidrio, ¿qué debemos discutir? ¿Por qué es dura la piedra o cuáles eran las fragilidades del vaso? Escuchamos a muchos compañeros sorprendidos de que la derecha sea de derecha, que posea poder económico, que los conspiradores conspiren, etc. Bienvenidos, pero sabíamos de antemano que la derecha es fuerte, cuenta con el poder económico, de los medios de comunicación están concentrados. Eso no es novedad. Ahora cuando la derecha era todo eso y más, gobiernos progresistas o populares le ganaron muchas elecciones en América Latina ¿Por qué en un momento dado ganaban y después perdieron? ¿Qué sucedió?

García Linera sostiene que hay que analizar las debilidades del vaso, marcando dos cuestiones que aportan a nuestro debate. Una es que los gobiernos populares lograron transformar la realidad, de manera distinta en cada país. Con limitaciones se logró transformar la realidad. Pero se siguió haciendo política como si la sociedad continuase siendo la que era antes. Esto permite una comprensión distinta de lo que sostienen algunos compañeros: “lo que pasa es que el kirchnerismo, permitió el ascenso de las clases medias, renovó el consumo de los trabajadores y entonces se derechizaron”. Así plantean una situación sin salida, que deriva en “cada vez que gobernemos vamos a mejorar las condiciones de vida, con lo cual las mayorías dejarán de votarnos”. Un razonamiento catastrófico, porque la solución está en lo que Linera expone: que si se logró transformar la sociedad y mejorar las condiciones de vida, entonces hay que preguntarse por la nueva agenda, las nuevas demandas de la sociedad. No puede sostenerse que las nuevas demandas se resuelvan con la vieja agenda.

Somos conscientes de una serie de dificultades relacionadas a la baja de los precios de las materias primas. No resulta casual que la noción de “Década Ganada”, la propuso Cristina cuando resultaba más claro el creciente problema económico y las dificultades para seguir el proceso de redistribución. El gobierno frente a ese escenario se concentró en defender lo logrado ¿Estaba bien o mal esa idea? A mi consideración, estaba bien y mal: bien en el sentido que en un mundo difícil, con escenarios como los de Francia o EEUU es mundo riesgoso, preocupante. En ese sentido defender logrado no es poco. El problema reside que para defender lo conquistado debemos seguir construyendo mayoría. Ahí se cometió un error fatal, cuando se creyó que con el pasado alcanzaba para ganar. Hacía falta construir una nueva agenda. Cuando la sociedad dice que quiere cambiar – ese concepto era mucho más polisémico- el macrismo logró capturar una parte de esa polisemia y dirigirla políticamente hacia el camino que ahora estamos yendo. Pero esa diversidad de sentidos sobre la idea que había cosas para cambiar, que puede estar relacionada con transparencia en la gestión estatal, un estado más eficiente, abordar de otro modo cuestiones culturales, educativas y de salud. Pero todo eso quedó relegado, porque se llamó a votar para defender lo logrado. Y es muy difícil que una sociedad vote en función del pasado.

Varios de quienes están aquí seguramente pudieron darse el gusto de conocer Cuba. Yo fui por primera vez en 1988. Tenía veintipico de años y pude frecuentar muchos pibes de edad similar que odiaban al gobierno. Había un discurso en los cuadros políticos muy simplista: “los compañeros que conocieron la dictadura, apoyan este régimen. Los hijos de esos compañeros están todos en contra”.  Semejante explicación ubicaba a los jóvenes cubanos en lugar de imbéciles, pero la realidad era más complicada. Era una equivocación pedirles a los chicos jóvenes que debían conformarse con su realidad comparándola con la Cuba de Batista, el prostíbulo de los EEUU. Había que plantearles una nueva agenda a esos jóvenes. El proceso cubano es muy específico, pero charlando días atrás con algunos dirigentes sindicales, me comentaban que en el movimiento obrero existe una diferencia generacional muy marcada, donde los trabajadores viejos que conocieron los 90, tienen críticas pero votaron al FPV. Algunos de los más jóvenes piensan que la situación de los últimos años era normal ¿Qué es lo normal? Desempleo bajo, un sueldo, poder comprar la tele o la moto en cuotas, las paritarias. Se naturalizó. Nosotros no le pudimos explicar que no era natural y ahora se lo está explicando Macri de otra forma (risas). El 29 de abril, cuando participamos de la movilización, había muchos pibes que seguramente votaron a Macri. Pero el problema es cómo, por qué. Es la fragilidad del vaso, no la dureza de la piedra, retomando la reflexión de Linera.

En el año 2012 el gobierno estaba muy enojado con los sectores medios y eso se  transmitía claramente en su discurso. Nosotros habíamos realizado un estudio, una encuesta en la UNSAM. Era una encuesta en el Área Metropolitana, representaba probabilísticamente a 13 millones de personas. El 78% de los encuestados decía que formaba parte de la clase media, así lo percibían ellos. El área metropolitana es muy representativa de la Argentina, porque tiene una composición muy heterogénea,  de lo que se podía deducir en forma hipotética que el 70% de la población argentina se consideraba parte de la clase media. Si el gobierno denostaba todo el tiempo a la clase media se estaba boicoteando políticamente. No se puede pedir a las personas que nieguen una identidad vinculada a una historia, a la ilusión de un país, y la política debe trabajar con esa realidad. Citando al periodista Martín Rodríguez, “la clase media es el hecho maldito del país peronista”, entre otras cosas  porque el peronismo fabricó siempre clases medias y nunca las terminó de comprenderlas muy bien. Esas clases medias están compuestas por los propios trabajadores. Si vamos a una fábrica y consultamos, esos trabajadores se sienten parte de la clase media. Porque en muchos casos tienen casa propia, coche, sus hijos van a la universidad. En la UNSAM tenemos el 70% de los estudiantes primera generación universitaria. Hay un millón y medio de estudiantes en las universidades públicas. Su subjetividad se percibe desde el imaginario de la clase media. No importa sólo si técnicamente son o no. Es fundamental entender su subjetividad, cómo ellos mismos se perciben. Hay que hacer política desde esa realidad. Las percepciones sociales son parte clave de la realidad.

Todo el mundo sostiene que la Ciudad de Buenos Aires siempre fue muy anti-kirchnerista y anti-peronista. También hay que decir que el gobierno kirchnerista siempre fue muy anti-porteño. Hacer política en la Ciudad y tener pretensiones de mayoría implica convencer a esa mayoritaria clase media, no a un proletariado que no existe

¿Se hace política para los más pobres o para las mayorías? Es una pregunta tramposa. Los problemas de los más humildes sólo pueden resolverse articulando mayorías, nunca perdiendo mayorías. ¿Se hace política para dejar tus principios asentados y decir que tuviste razón o para intentar ganar a las mayorías? Hay compañeros que hacen política, declaraciones, pensando primero en su biografía futura, más que en los hechos concretos que ocurren en la actualidad. Nadie nos puede convencer que si Scioli hubiese triunfado en las elecciones ocurriría lo que sucede actualmente. Alguien podría preguntar ¿Pero acaso tenés plena confianza ideológica en Scioli? Otra pregunta tramposa. El punto clave es que Scioli expresaba otra relación de fuerzas sociales y políticas, absolutamente distinta a la de Macri. Hagamos un pequeño ejercicio imaginario. Si Binner hubiera ganado en 2011, más allá de sus ideas, hubiera tenido que haber bajado las retenciones, porque expresaba esa relación de fuerzas, inexorablemente. El problema fundamental entonces son las relaciones de fuerza.

¿Qué es el macrismo? Para hacer política siempre se necesita una caracterización adecuada. Muchos comparan a este gobierno con la derecha tradicional y sostienen que es similar a Alsogaray. Eso no es cierto. Este es un gobierno encabezado por personas ideológicamente de derecha, pero que quieren ganar elecciones. Y han ganado elecciones en la ciudad y en el país. Y con ese objetivo no sólo modifican su discurso, sino que ingresan al tira y afloje propio de la política. Obviamente apuntan al libre mercado, se orientan hacia Estados Unidos, etc. Pero Alsogaray nunca hubiera podido sostener que iba a mantener la AUH, nunca hubiera podido hacer el cambio de discurso que realizó Macri en 2015. Entonces algunos compañeros argumentan que Macri se disfrazó. Sucede que si las percepciones sociales son parte de la realidad, en política la pregunta más importante para entender su triunfo no es si decía la verdad o mentía. La pregunta clave es por qué resultó creíble para el 51%. Para ser precisos: nosotros tenemos y queremos trabajar con la verdad, pero también es fundamental ser creíble. Ahora si queremos trabajar apegados a la verdad, sinceramente no podemos tener la máquina de mentir en el Indec apuntando una mentira todos los meses, porque eso bombardea todas las verdades que vos querés defender. Todas los argumentos ciertos del kirchnerismo se debilitaban porque todos los meses existía una máquina de mentir que era obvia, pública, inclusive para algunos de los propios ministros de gobierno. Ese fue uno de los errores, parte de las causas de la derrota. En el Conicet hay 9 mil investigadores, de los cuales dos mil son de ciencias humanas y sociales; no existe ninguno que defienda lo que se hizo en Indec, cuando la gran mayoría votó por el FPV.

Todo eso es parte de una historia de la cual haremos un balance, con matices y diferencias sobre errores y aciertos. El proyecto de la 125 que finalmente se votó en el Senado era mucho mejor que el original, porque segmentaba en función de diferenciar pequeños productores de los otros. Lo que no se entiende es por qué se demoró tanto en reconocer la necesidad de segmentar. Es un precepto básico a la construcción de hegemonía,  realizar alianzas para enfrentar a los poderes concentrados, no enfrentarse con todos al mismo tiempo. El punto es que muchos de esos errores eran “errores no forzados”, que generaron una fuerte erosión de capital político.

Todo sería una anécdota si no hubiese vuelto a suceder. Pero el FPV fue derrotado en 2015 por cuestiones similares. El 49% tiene un contenido alto de votos anti-Macri, es un porcentaje muy heterogéneo. Debía ser un “poquito” más heterogéneo para ganarle.  En la situación actual estamos sorprendidos porque Macri procede como se denunció en la supuesta “campaña del miedo”. Pero no es la dictadura, ni es la Libertadora. No existe la “libertadora sin tanques”. No existe la dictadura sin terrorismo de estado. El macrismo busca aplicar políticas neoliberales y de concentración de riquezas, pero con la legitimidad del voto popular. Esto es la matriz básica del macrismo: ganar elecciones para aplicar planes neoliberales y eso plantea una tensión. Existe una dimensión de cierto pragmatismo del gobierno. El gobierno tiene memoria de lo que podemos denominar como “el fantasma López Murphy”. Un caso testigo de quien fue el ministro de economía de Alianza durante diez o quince días. Los primeros días estuvo estudiando donde aplicaría recortes, luego se fue a Chile y cuando retornó ya no era ministro ¿Por qué? Porque había decidido meter mano en la universidad pública y eso motivó una movilización de la comunidad universitaria que bloqueó varias ciudades del país. Ese es el fantasma que el gobierno va a tener en cuenta para negociar las paritarias que vienen con los docentes universitarios. El gobierno tiene memoria y temores de esos escenarios y maniobrará pragmáticamente.

Con esto quiero caracterizar una situación de tira y afloje, de ofensiva neoliberal pero hasta ahora con por ahora sin derrota social. Nosotros debemos ser claros: “el gobierno tiene el derecho a gobernar porque para ello los eligió el pueblo argentino, pero no los eligió para destruir derechos”. Es una estrategia difícil, que lleva una contradicción, porque la realidad es contradictoria.

Las luchas sociales más complicadas, más tensas, como una huelga docente, se ganan o se pierden no por los efectos económicos que produce, sino por la capacidad de cada sector por construir hegemonía en la sociedad. ¿De qué lado se colocan los padres, las madres, los estudiantes? En ese sentido, el mayor de todos los errores sería caer en provocaciones de la derecha que generen respuestas que aíslen campo popular de la sociedad. Ese aislamiento se produce cuando hay reclamos que la sociedad no entiende, que no generan cadenas de solidaridad. O también cuando se defienden cosas indefendibles. Eso aisla y le da aire al gobierno. Es por esa razón que Los Impresentables tienen tanto espacio mediático.

Es necesario comprender la relación de fuerzas, la complejidad de la lucha hegemónica, la importancia del plano simbólico. Entonces, podremos tener una estrategia inteligente , colocar balizas a la ofensiva neoliberal, darle espesor a los significados y a la relevancia de los derechos, de los logros, de los reclamos sociales. El auge neoliberal de los noventa no sólo tuvo como condición la experiencia de la hiperinflación. También fue clave la derrota social, sintetizada en la frase “ramal que para, ramal que cierra”. Eso fue una derrota en las calles, en las huelgas, también en los telefónicos en esa época. Esa es la pregunta que viene, si habrá una derrota del movimiento obrero en las calles. Cuidado. Debemos evitar a toda costa esa derrota. Necesitamos mantener situaciones de tensión, de condicionamiento y defender las conquistas sociales y culturales.

Quienes creen que en seis meses se arrasó lo que se consiguió en doce años es porque no entiende cuál era la situación del país hace doce años. Evidentemente, el poder adquisitivo fue muy dañado, pero hay muchísimas cosas que fueron logros de largos reclamos sociales, que ni siquiera fueron discutidas. Recién ahora se escuchan voces, y no con gran repercusión, cuestionando a la universidad pública irrestricta. Pero ningún gobierno que hace todo lo que quiere y desea. Eso generalmente no es bien entendido. Menem nunca aranceló la universidad ¿estaba a favor de la universidad gratuita o calculaba el costo político de semejante medida? Había límites, incluso hasta para Menem que corrió casi todos los que uno se podía imaginar, pero siempre hay porque existe la lucha, el conflicto.

El gran capital político del macrismo sigue siendo la fragmentación sindical y la oposición política. El apoyo electoral del macrismo puro fue en torno del 25 al 34%. De ahí lograron irse al 51% en el ballotage, pero ese voto ya es mucho más heterogéneo. Cuando un gobierno gana una elección lo más habitual es que su apoyo crezca. Según distintas encuestas alcanzó un 65 o 70% de imagen positiva. Desde allí comenzó a descender, pero para las medidas que tomó no fue nada abrupto. Mantiene un apoyo en torno al 50% porque una parte de la sociedad creyó su discurso de que el ajuste es por problemas del gobierno anterior.

La fragmentación de la oposición es grave. En el plano sindical, los sectores mayoritarios, agrupados en las 3 CGT que se unifican, decidieron dar un paso atrás para preservar el poder de organización sin pasar ahora a una confrontación política. Las dos CTA quedaron aisladas con el tema empleo. En el pan-peronismo hay amplios sectores que favorecen el acuerdo por dos razones distintas y complementarias. Unos, porque gobiernan provincias o municipios. Otros porque apuestan a una colaboración crítica que los posicione en la carrera presidencial. Durante unos meses la vertiente opuesta era el ultrakirchnerismo, colocando énfasis en defender a rajatabla todo lo que sucedió en doce años.

Ni la estrategia acuerdista que renuncia a construir un proyecto a mediano plazo ni la estrategia ultra K que dice “yo estoy aquí, cuando todos ustedes se den cuenta, vengan conmigo” es muy parecido a cierto trotskismo que postula “estoy en la posición correcta, un día las masas vendrán”. Lo que nos enseñó el peronismo que es más importante transformar la realidad que tener razón.

En ese marco se da la discusión sobre Cristina. Si se considera el pan peronismo es obvio que hay sectores que nunca se sentarían a hablar con ella y que ella nunca se sentaría hablar. Otros sectores quisieran que simplemente se desdibuje pacíficamente, sin estridencias. Hay otros sectores que establecieron con Cristina una relación que Cristina no quiere o no puede sostener en esta etapa. Reclaman una conducción que ella decidió no ser. Vino, planteó una idea, la de Frente Ciudadano, con muchas similitudes a aquella idea de “articular heterogeneidades”. Dijo que la sociedad debía dividirse entre los que estaban mejor y peor que el 10 de diciembre. Pero nadie le hizo caso. Un sector del ultrakirchnerismo interpretó el frente ciudadano como una nueva etapa del Frente para la Victoria. Es que no Cristina y ni FPV podían dirigir ese frente, si se concretaba. Si el kirchnerismo quería conducirlo, no podía haber frente ciudadano. En realidad si queremos constituir una gran oposición anti-macrista no la va a dirigir ningún sector. Nadie puede conducir -por lo menos en el corto plazo, luego se verá- si hay posibilidad de articulación de la heterogeneidad, será sin una dirección única.

Además, en la coyuntura la cuestión de la corrupción está arrinconando a la dirigencia kirchnerista. La única manera de continuar un diálogo con la sociedad es acompañar su reclamo de que se sepa toda la verdad. No se pueden buscar excusas o justificar lo injustificable. Se debe ser claro: juicio a los corruptos. No aceptamos condenas mediáticas, no aceptamos que sólo se juzgue a funcionarios del gobierno anterior y se perdone a lo de este como ya se perdonó al menemismo. Y no aceptamos que por cada corrupto pretendan cargarse un derecho.

Otro punto que debemos mirar con perspectiva histórica. Quienes hacíamos política en los 90, no teníamos proyecto de gobierno. En los 2000 la derecha sudamericana no tuvo programa por eso no ganó una elección. Asumamos lo siguiente: cuando se le pregunta a un compañero ¿Cuál es nuestro programa? Y la respuesta es “todo bueno, para el pueblo” eso no es un programa. ¿Qué hay que hacer con cualquier tema que preocupe a la sociedad? La respuesta no puede ser volver a la posición anterior al 2015, porque la mayoría de la Argentina ya eligió no volver al escenario político anterior a la elección porque veía problemas, querían algún cambio. No se convence a la gente diciendo “volvamos al pasado” es pésima esa consigna. Hay que volver a tener un proyecto a futuro que vuelva a enamorar, que implica mucho debate.

Tenemos una disyuntiva, cualquiera que llegue al gobierno: ajusta un poco (es una opción que tiene cualquiera que llegue mañana a ser presidente a la Argentina) la otra refiere a un término que se planteó de forma equivocada respecto a “profundizar”, que dicho de manera muy esquemática, significa que en vez de pagar los de abajo, paguen más lo de arriba. Por ahora esa opción no parece tener un acompañamiento social mayoritario, para ello hay que convencer a la sociedad y para ello se tiene que enamorar a la mayoría, no insultarla y gritarle “tenemos razón”. Esta es una sociedad muy compleja, muchos pensaban que la capital tenía un voto “volátil” pero en la provincia de Buenos Aires estaba “fidelizado”…se cortó boleta y listo. Córdoba votó a Cristina y luego a Macri. No es sólo en la Ciudad, los argentinos después de 30 años van sabiendo cómo votar, incluso con los sistemas más raros y las boletas más largas.

Construir un proyecto alternativo implica primero ponerle freno a los planes neoliberales. Para ello necesitamos una gran articulación de todas las diversidades en distintos planos: en la escuela, el barrio, el sindicato y luego veremos si podemos en el plano electoral. Tenemos varios problemas, el primero que varios dirigentes piensan absolutamente lo contrario, que primero debemos ser los abogados de los doce años pasados. Ningún proyecto vive del pasado, la política vive de demostrar que se pueden resolver los problemas de hoy mañana, no ayer. Por supuesto tenemos que reivindicar todo los que se realizó en materia de ampliación de derechos,  lo que ganó el pueblo, pero eso tiene un límite histórico.

El segundo problema es que estos mismos dirigentes se plantean como protagonistas de la próxima etapa con lo que la respuesta a la sociedad es que quienes protagonizaron como dirigentes o funcionarios los doce años pasados van a ser los protagonistas de los que viene. Si no se realizan modificaciones, una ecuación entre  continuidad y cambio, una fuerte renovación es una condición. Creo que muchos dirigentes valiosos a quienes aprecio hoy tienen un rol a jugar desde un segundo plano, acompañando, juntando fuerzas. No salir a los gritos por los medios. Hay que salir de la catarsis como método político porque es lo contrario, es un obstáculo y en ese sentido todos nosotros tenemos que pensar, controlar nuestras emocionalidades para pensar una nueva estrategia política. Salir a la calle a disputar en política porque es necesario, cualquiera que quiera hacer política en este país en oposición a este gobierno, necesita militancia social y política. Hoy debemos fortalecer a esta militancia y entender que allí radica una de las claves de lo que puede surgir.