DEL PROTOCOLO DE KIOTO A LA CONFERENCIA DE PARÍS. LAS POSICIONES DE EEUU Y AUSTRALIA ANTE LA EMISIÓN DE GASES DE EFECTO INVERNADERO. Por Roberto Hilson Foot.

Volvemos a publicar, esta vez el texto completo de Roberto Hilson Foot.

LAS POSICIONES DE EEUU Y AUSTRALIA ANTE LA EMISIÓN DE GASES DE EFECTO INVERNADERO.

ROBERTO HILSON FOOT

PROTOCOLO DE KYOTO Y LA HIPOCRECÍA DE EEUU Y DE AUSTRALIA

El cambio climático implica un desafío social, económico y político que involucra la forma en que generamos y consumimos energía, producimos bienes, nos transportamos y por supuesto el modo en que extraemos y aprovechamos nuestros recursos naturales. Entre los días 30 de Noviembre y 11 de Diciembre de 2015 se llevará a cabo una trascendental reunión en Paris, la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático COP21/CMP11 a fin de intentar un acuerdo que tenga el objetivo de mantener el calentamiento global en el siglo XXI por debajo de los 2º C aún considerando los efectos inerciales de las emisiones de gases de efecto invernadero del siglo pasado.
No pueden explicarse los graves efectos que ha generado la  posición de EEUU desde 1997 sin entender los intereses que se oponen al cambio de matriz energética y los conflictos dentro de la plutocracia norteamericana por la disputa en torno al predominio creciente del capital financiero que ya representa mas del 650% de la economía total de bienes de EEUU, profundamente modelado por la hegemonía que el sector financiero está desarrollando sobre los medios de comunicación, pues en EEUU hay una fuerte libertad para las empresas periodísticas o en general empresas que además tienen medios de comunicación, pero poco margen para la acumulación de una densidad social de ideas contestatarias, lo cual ha permitido en muchos casos velar y falsificar la desproporcionada responsabilidad de EEUU en la contaminación por gases de efecto invernadero de escala planetaria y de las invasiones, campañas militares y masacres asociadas a la matriz energética que han marcado los últimos treinta años.
Recordemos que este protocolo firmado en la ciudad Japonesa de Kyoto es un desarrollo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático por el cual los firmantes se comprometieron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, con la desgraciada excepción de países como EEUU y Australia que no ratificaron  el acuerdo que formalmente se llamo “Kyoto Protocol to the United Nations Framework Convention on Climate Change”, que fuera acordado en el mes de Diciembre de 1997. El 16 de Marzo de 1998 se abrió el protocolo a la firma de los países signatarios y el 16 de Febrero del 2005 entró en vigencia luego de la ratificación por parte de Rusia. El objetivo era lograr reducir el aumento de la temperatura media de la tierra por medio de una progresiva reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Al momento de la implementación en Febrero de 2005 el acuerdo había sido ratificado por nada menos que 141 países pero que lamentablemente representaban solo el 61% de las emisiones globales. Esta asimetría se debía a que  EEUU en aquel momento el principal emisor y Australia el principal emisor per capita de los países desarrollados no lo ratificaron ni lo respetaron.
El Protocolo ponía un énfasis especial en la acción de los países industrializados por la abrumadora responsabilidad que detentan en la emisión de gases de efecto invernadero como el Dióxido de Carbono CO2, Metano CH4, Oxido Nitroso N2O etc. Los países desarrollados fueron agrupados en el Anexo 1 que son los tipificados como principales responsables y debían por lo tanto reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. A los otros países no incluidos en ese Anexo  se les pautaban metas por debajo de su generación actual por lo que se les reconocía un margen que los habilitaba a mejorar su condición subdesarrollada y opcionalmente “vender” a otros países ese cupo de emisión de gases de efecto invernadero como por ejemplo ocurrió en el caso de los Pases Bajos que compraron a Polonia, Rumania y a la República Checa una cuota de emisión, mecanismo que ha generado un intenso debate.
En Junio de 1997 el Senado de EEUU había aprobado la “Byrd-Hagel Resolution” que se oponía a la firma de protocolos que pudieran supuestamente dañar la economía de EEUU: “the United States should not be a signatory to any protocol to, or other agreement regarding, the United Nations Framework Convention on Climate Change of 1992, at negotiations in Kyoto in December 1997”. Sin embargo los EEUU representados por su vicepresidente Al Gore firmaron el Protocolo aunque nunca logró la administración de Clinton una aceptación por parte de las cámaras legislativas y posteriormente cuando el Demócrata Al Gore fue derrotado por medio del fraude en el estado de Florida en la campaña electoral del año 2000, las posibilidades de ratificación desaparecieron bajo los intereses que se ocultan tras el Partido Republicano y en menor medida bajo el Demócrata. En Marzo de 2001 los EEUU se retiraron en el COP 6 y una afirmación contra el acuerdo del presidente conservador George W. Bush los exponía como un país incapaz de pensar sino era a través de la mediación de los intereses plutocráticos de corto plazo. Parafraseando a Oscar Wilde podríamos decir que “The laws of nature are not going to be suspended for …” (en este caso aplicable a) the american plutocracy. El presidente Republicano para ser consistente con la política de desprecio de los consensos mundiales dejaba en claro que EEUU no ratificaría el Protocolo de Kyoto aunque era el responsable de generar en ese momento cerca del 25% de los gases de efecto invernadero o sea el principal responsable mundial.
Escudados en la irresponsabilidad de EEUU, Australia que había firmado el protocolo en 1997 obteniendo un tratamiento especial por medio del artículo 3.7 decide sin embargo por medio del gobierno también conservador de John Howard (1996-2007) no  ratificarlo en principio exponiendo la incidencia del complejo carbonífero sobre las decisiones políticas australianas. El primer Ministro Howard  perteneciente al Partido Liberal-National Coalition tenía que dar cuenta por un lado del consenso en la sociedad  Australiana que superaba consistentemente el 75% en torno a la preocupación popular por el cambio global y efecto invernadero y por otro el poder de los intereses capitalistas vinculados con la matriz energética y las amenazas de esos poderes corporativos sobre el mercado laboral y los sindicatos, involucrando al extenso número de trabajadores que supuestamente perderían sus empleos si se adoptaban políticas “radicales” en torno a la reducción de la dependencia del carbón. Con frecuencia Howard defendía su argumentación subordinando la posición de Australia al comportamiento engañoso del mayor contaminador del mundo o sea EEUU una curiosa complicidad fraudulenta entre conservadores. Algunos estados Australianos comenzaron a tomar  iniciativas responsables y legislaron en materia de generación de energía renovable sobre todo en el caso de Queensland, Victoria y South Australia. Es dolosa relación con el Protocolo de Kyoto  había a esa altura de los acontecimientos dañado el prestigio de Australia. Se adoptaron bajo el gobierno de John Howard (1996-2007) una serie de medidas que intentaban reparar ese prestigio como en 1997 el “Safeguarding the Future”, programa por medio del cual Australia intentó responder al cambio climático. En 1998 se elabora el “National Greenhouse Strategy” y el  AGO “Australian Greenhouse Office” la primera agencia dedicada al tema del efecto invernadero como forma de compensar por el grave incumplimiento y la manipulación de datos y de políticas que habían llevado a cabo desde Kyoto. En 1999 se elabora el “Measures for a better environment” que se puede traducir como las medidas para un mejor medioambiente y en 2004 bajo gobierno laborista producen el documento “Securing Australian Energy Future” con un intento de elaboración de políticas estratégicas de mediano plazo.
Recordemos que Australia emitía a principios de siglo XXI entre 16 y 18 toneladas métricas per capita por año de CO2 muy por encima de cualquier otro país desarrollado con la excepción de las entre 19 y 21 toneladas métricas per cápita que emitía en ese momento EEUU el mayor emisor del siglo XX y fuente de una política basada en la maximización del proceso de destrucción egoísta del medio ambiente a favor de las ganancias de muy corto plazo de las clases dominantes norteamericanas (Roarty, 2002).
El debate en torno a la relación compleja y problemática entre consumo de energía e impacto sobre el crecimiento expresado como PBI ha arrojado conclusiones diversas en variados estudios, en algunos casos encontrando causalidades bidireccionales en el efecto de la reducción del consumo de combustibles fósiles y el PBI, en otros estudios unidireccionales desde la reducción de consumo a la contracción del PBI.  Otros modelos teóricos han cuantificado situaciones de indiferencia en los cambios de matriz energética lo cual significa que si bien la energía es uno de los componentes indispensables en el crecimiento económico en realidad depende mucho de las estrategias de largo plazo que los países puedan implementar para utilizar de forma extendida e intensiva los recursos capaces de producir fuentes de energía que no generen gases de efecto invernadero. Los debates permiten sostener la tesis de que no estamos condenados a una implementación de los objetivos del protocolo de Kyoto que devengan necesariamente en una contracción del crecimiento y bienestar económico. Solo si se toma como insumo rígido de los modelos econométricos al insumo energético y no se incorpora las externalidades se puede concluir en un impacto negativo de la correlación entre transformación de la matriz energética y crecimiento del PBI. Sin embargo si se implementan tiempos complejos con modelos de incidencia variable en matrices de insumo producto y políticas bien pautadas de transición, así como una cuidada planificación de la nueva matriz productiva se pueden evitar esos impactos negativos sobre el crecimiento económico (Narayan et al. 2008).


PARIS COP 21 Y LA POSICIÓN DE OBAMA

La CMNUCC Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático fue adoptada durante la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992 que entró en vigencia el 21 de Marzo de 1994 y cuenta con 196 estados partes. Esa convención marco implica una declaración de principios que reconoce el cambio global por incidencia antrópica debido fundamentalmente a las emisiones de los países desarrollados.
En el COP21 Francia se convierte en el anfitrión de la 21ª Conferencia sobre el clima a llevarse a cabo en Paris como decíamos en Noviembre-Diciembre de 2015. Es una conferencia de partes en la que los países deben presentar sus contribuciones para lograr el objetivo común de un aumento de temperatura global por debajo de los 2º C. Hasta el mes de Julio de 2015, 49 países presentaron planes de reducción de emisiones sobre el total de países miembros. Para Octubre ya eran 149 países que comprendían el 87% de las emisiones mundiales (incluyendo la República Argentina) que habían presentado los INDC “Intended nationally determined contributions” o sea los compromisos nacionales.  Australia presento su contribución el 11 de Agosto de 2015 y declaró intentando restituir su prestigio tan dañado en el pasado por sus gobiernos conservadores, sus contribuciones que transcribimos a continuación: “Attachment: Australia’s intended nationally determined contribution Target: 26 to 28 per cent below 2005 levels by 2030. Reference point Base year 2005. Time frames Period covered 2021 – 2030. Scope and Coverage Target type Absolute economy-wide emissions reduction by 2030, to be developed into an emissions budget covering the period 2021-2030, Gases covered Carbon dioxide (CO2); Methane (CH4); Nitrous oxide (N2O); Hydrofluorocarbons (HFCs); Perfluorocarbons (PFCs); Sulphur hexafluoride (SF6); Nitrogen trifluoride (NF3). Sectors covered Energy; Industrial processes and product use; Agriculture; Land-use, land-use change and forestry; Waste % of base year emissions covered 100 per cent of greenhouse gas emissions and removals in Australia’s national greenhouse gas inventory”. Un compromiso por lo que vemos de reducción del 26 al 28% sin embargo matizado por una condicionalidad vinculada a desarrollos tecnológicos y económicos.
La  Ministra de Ecología y Energía Segolène Royal tendrá un protagonismo que esperemos le permita conducir a los participantes a plantear objetivos creíbles de mediano plazo. Particularmente importante es ahora la posición de China pues se ha convertido en el mayor emisor de gases de efecto invernadero a partir de 2013-2014 ante lo que recién ahora ha comenzado a impulsar con mayor énfasis políticas de cuidado ambiental, como por ejemplo en el desierto de Gansu en el noroeste de ese país con la instalación de una masiva generación de energía a partir del uso de paneles solares, admitiendo recientemente  la necesidad de reconfigurar su matriz energética.
EEUU por otra parte ha presentado su plan de acción contra el cambio climático de la mano de lo que parece una posición de mayor cooperación internacional por parte de la administración demócrata del presidente Obama. El presidente hizo público este año un nuevo plan de energía  limpia en el cual los EEUU aumentaron la meta de  reducción de emisiones hasta el 32% para el año 2030  y de 26/28% para 2025 con respecto a los niveles de 2005, citamos textualmente “Party: United States of America. Intended nationally determined contribution. The United States intends to achieve an economy-wide target of reducing its greenhouse gas emissions by 26%-28% below its 2005 level in 2025 and to make best efforts to reduce its emissions by 28%”. La estrategia supone que cada estado de la Unión  debe proponer una versión individual acerca de lo que hará dentro de cada uno de los territorios de cara al año 2016 que debe permitir elaborar una  versión definitiva que debe estar lista para el año 2018. De inmediato el Partido Republicano que expresa en buena medida los intereses del sector energético incluyendo las petroleras que son por mucho las más contaminantes y tienden a  considerar la primacía de las ganancias de corto plazo por sobre las problemáticas mundiales más acuciantes, ha comenzado una campaña de fuerte oposición y descrédito liderada entre otros por el senador Republicano por Kentucky Mitch McConnell, pidiendo a los gobernadores opuestos al presidente Barack Obama que no cumplan con los objetivos. En forma coincidente el senador republicano Marco Rubio por Florida, ha amenazado al electorado con aumentos desproporcionados en las tarifas eléctricas distorsionando las cifras en complicidad con muchas cadenas de noticias controladas por los intereses financieros y bancarios. Es ya un patrón de conducta clásico de EEUU el creer que su poder la habilita a estar  por encima del resto de los países del mundo (recordemos por ejemplo su incumplimiento de las resoluciones de la ONU sobre el bloque criminal a Cuba o su negativa a aceptar la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional o su discrecionalidad criminal al  invadir y destrozar países generando cientos de miles de muertos) y claro está ser uno de los principales emisores de CO2 y de gases de efecto invernadero sin comprometerse con el protocolo de Kyoto. La emisión de CO2 per cápita de EEUU duplica la de UE y solo es superada por China en cuanto a la emisión global que recordemos cuadruplica la población de EEUU. Al momento de la firma del Protocolo de Kyoto, EEUU era el principal emisor de gases de efecto invernadero y ejercitó uno de los actos de hipocresía  al cual nos tienen acostumbrados pues luego de firmarlo no lo ratificaron amenazando el esfuerzo mundial por  evitar escenarios de creciente complejidad  a futuro por el efecto invernadero.

LA CLAUSULA 3.7 A MEDIDA PARA AUSTRALIA.

El protocolo de Kyoto no parecía ser en la década del 90 un acuerdo adecuado para los intereses de las empresas que dominaban la matriz energética australiana. Cuando los plazos para cerrar los acuerdos incluidos en el protocolo se estaban agotando en el mes de Diciembre de 1997 las autoridades australianas presionaron para lograr la inclusión del artículo 3.7 que muchos pasaron a denominar la “cláusula Australiana” por considerar que se había redactado a medida de las necesidades de ese gobierno en representación de los intereses capitalistas que dominan la generación de energía de ese país. La cláusula  considera emisiones netas por los cambios en los usos del suelo desde 1990, una estipulación que prácticamente se hizo a medida de Australia entre los países desarrollados. La inclusión de emisiones y de la capacidad de generar sumideros por la alteración en el uso del suelo se impuso con un efecto retroactivo a 1990 ampliando de esa forma el margen de maniobra de Australia. El gobierno de ese país, no especificó y omitió en forma dolosa  que ese proceso se venía registrando desde la década del 80 con una tasa decreciente de deforestación en las fronteras agropecuarias que beneficiaba artificialmente la pretensión australiana de obtener un beneficio por medio del efecto de sumidero, compensando por este medio, el volumen emitido de gases de efecto invernadero, lo cual derivo en  una situación en la que el gobierno de Australia no reportaba de modo transparente las emisiones por la supuesta alteración en el uso del suelo (Hamilton-Reynolds 1998).
Esa forma casi espectacular y sobre el filo de la conferencia de obtener la aceptación de la “cláusula Australiana” o sea el artículo 3.7 en la mañana del 11 de Diciembre de 1997 fue un proceder que anticipaba lo improvisado y dudoso del acuerdo por la dolosa posición de EEUU y Australia que no lo cumplirían. La cláusula 3.7 tiene efectos menores tanto para Gran Bretaña como para Estonia pero en verdad se hizo a medida del único país desarrollado que había atravesado procesos de deforestación en tiempos recientes y que desde la década anterior estaba atenuando ese proceso o sea Australia. La cláusula le permitió un incremento del 8%  en las emisiones de gases de efecto invernadero sobre los niveles de 1990 para los años 2008-2012. La “3.7” era por tanto en beneficio casi exclusivo de Australia dentro de los países del Anexo I entre los que era el que tenía el mayor nivel de emisión de gases de efecto invernadero por persona al punto que duplicaba la emisión promedio de los países desarrollados. La inclusión de la dimensión de deforestación en su carácter de sumidero significó que Australia en la década del 90 no se vio compelida a una política de reducción de emisiones y  se consolidó como el mayor emisor per capita de CO2  pasando de 16.5 toneladas métricas por persona por año a 17,2 en 2000 y a 17,4 toneladas per cápita por año en 2002 sin violar irónicamente el protocolo.
Las mayores deforestaciones se habían dado en el estado de Queensland con 262.000ha entre 1991-95 y en NSW con 54.874ha en solo los años 1994-95. A los fines del protocolo se definía esa reutilización de tierra cuando se alteraba la biomasa asociada a los bosques y se los convertía en pastizales y zonas agrícolas y la reversión a partir de abandonar tierras productivas para convertirlas en sumideros en lo que el IPCC llamaba cambio en el uso del suelo. Por fuentes de CO2 se determinaba la decadencia de la vegetación que por ejemplo se quema o la liberación de dióxido de carbono del suelo perturbado. De la vegetación que muere se asume una liberación lineal de CO2 sobre un período de diez años, igual período de tiempo que se considera para la liberación de la biomasa  del subsuelo. Australia llevo adelante un fuerte proceso de deforestación para convertir tierras vírgenes en productiva por ejemplo con la introducción de ganado vacuno. Esta es una forma de emisión bastante intensa de gases de efecto invernadero estimando unos 21kg de CO2 por cada Kg. de carne producida. Hay un componente político adicional pues muchas de las zonas rurales en las cuales se estaba llevando adelante la deforestación tenían una adscripción política vinculada al National Party antes denominado el Country Party o sea los conservadores con electorados en comunidades rurales que tienden a defender ideas de libre mercado vinculados con el sentimiento de que la regulación del uso del medio ambiente atenta contra la “libertad”. El gobierno de John Howard desde 1996 era una coalición liberal-conservadora y había mantenido una línea discursiva marcada por la agenda del lobby minero industrial, con algún compromiso de sectores sindicales vinculados al discurso de defensa de los puestos de trabajo. El primer ministro Howard se mostró incluso agresivo  con argumentos cercanos al nacionalismo más grosero argumentando que Australia no cumpliría ni siquiera con el inciso 3.7 al que se había comprometido porque no se incluían restricciones para los países en desarrollo o sea  los países que menos gases de efecto de invernadero emitían y porque además la implementación de Kyoto dañaría según estos intereses corporativos a la economía del país. Por último solían justificarse por la posición irresponsable y mentirosa de EEUU que por un lado lo firmaba y por otra no ratificaba el protocolo.
La “cláusula Australiana” les permitió  sobreestimar su línea de base para posponer decisiones sobre su matriz energética altamente dependiente de la quema de combustibles fósiles al tomar datos iniciales que les permite sobrevalorar el efecto sumidero por la  atenuación en el ritmo de deforestación que en realidad  no estaba vinculad a las políticas ligadas al protocolo de Kyoto. En Australia se desato luego de la firma una fuerte disputa acerca de su ratificación, recordemos que se necesitaban 55 ratificaciones para darle curso a un horizonte de reducción global del 5.2% de emisiones por parte de los países desarrollados. Desde Marzo del 2001 estaba claro que no habría forma ni argumentación posible para que EEUU lo ratificara. La posición del Laborismo en Australia había sido favorable a la ratificación del Protocolo durante la campaña electoral a pesar de tener entre su electorado mas leal, a la importante cantidad de obreros de las cuencas mineras que eran fácil blanco de las campañas de la derecha política y de los medios de comunicación que les planteaban con frecuencia amenazas disfrazadas de noticias del enfrentamiento entre “la Australia del trabajo y la Australia simbólica” cuando en realidad era la disputa contra el predominio de los intereses del mercado que sacrifican la maximización estratégica y no se hacen responsables de las externalidades que generan forzando a la sociedad entera  incluyendo a sus obreros a subordinarse a sus ganancias de corto plazo. Finalmente el Primer Ministro John Howard no ratifico el Protocolo aunque se comprometió a respetar su objetivo de no superar el aumento de +8% en las emisiones pero confirmando que no estaba en el interés del gobierno conservador  el ratificar el protocolo a pesar de la concesión absolutamente excepcional que se le había otorgado. Howard como fiel exponente del partido de la coalición liberal adoptó la línea argumental del lobby carbonífero con importantes aliados mediáticos sabiendo de cierta debilidad del laborismo por los vínculos que hemos señalado con los sindicatos mineros y la amenaza de cuantiosas pérdida de fuentes laborales.

Australia se colocó en una posición refractaria hacia una transformación radical de su matriz energética que dependía en un 85% del carbón incluso con una parte de la dirigencia y de los medios de comunicación que descartaban, o postergaban la discusión en torno a una etapa del desarrollo post carbón. Posteriormente los sucesivos gobiernos intentaron introducir una rectificación de la política energética no tan dependiente del lobby minero e industrial al establecer en 2007 la ratificación del Protocolo. Sin embargo en Mayo de 2009 introducen una postergación de la implementación apartándose de la tendencia que estaban implementando los gobiernos estaduales sobre todo a partir de la decisión de NSW de establecer lo que llamaron las NETS National Emission Trading Schemes con una intención de iniciar políticas de reducción de emisiones a partir de políticas locales. La iniciativa también la tomaron  Queensland con la exigencia de llegar al 13% de la energía vendida que debía ser generada a partir del gas natural, Victoria con el objetivo de llegar al 10% de generación de energías renovables y South Australia con el objetivo de llegar al 20% de la generación de fuentes renovables para el año 2014. Sin embargo el daño a nivel internacional estaba hecho y Australia que había tenido una política progresista de vanguardia en la preocupación por el calentamiento global con un liderazgo mundial en los 80´s con el Laborismo de Bob Hawke (1983-1991) cayó a partir de 1996 en creciente descrédito en materia ambiental  con los gobiernos conservadores-liberales  de J. Howard y K Rudd (Crowley 2007). Recientemente Kofi Annan señalaba que Australia había perdido su posición de referente mundial en materia ambiental al ceder en su política energética a los lobbies del carbón con posiciones difíciles de justificar como la oposición expresa de J. Howard a la energía eólica.


NATURALEZA Y CONVENCIÓN EN LA SOCIEDAD AUSTRALIANA

Es necesario para poder entender con mayor profundidad la faz agonal de estas políticas que estamos explicando, presentar algunos aspectos socioculturales en los cuales está inserta esta discusión ambiental. En la década de los 80´s Australia superó los 15 millones de habitantes con una densidad muy baja de apenas algo más de 2 personas por kilómetro cuadrado pues el país tiene una superficie de 7.682.300Km2 con una línea de costa de nada menos que 37.735Km. Es el continente más árido de la tierra con una altura promedio de apenas 300m sobre el nivel del mar o sea la mitad del promedio mundial de las tierras emergidas y menos del 10%  tiene una altura superior a los 600metros con un porcentaje de población urbana del 85%. La composición étnica ha sido una obsesión por momentos racista de la clase dirigente Australiana, sintiéndose asediada por potenciales aluviones inmigratorios desde las islas de pacífico, desde el sudeste de Asia o desde las ex colonias británicas. Hacia fines del siglo XX aproximadamente el 80% de la población era anglo-australiana, con un porcentaje decreciente de británicos cercano al 5%, con un 3% de la población entre italianos y alemanes y un porcentaje inferior al 1% de “aborígenes”. Destaquemos que la población aborigen originaria fue devastada por la invasión europea y apenas un siglo después de la conquista el número de pobladores originarios había caído a 70.000 otro caso de la violencia implacable del colonialismo europeo que devasto poblaciones por decenas de millones en todos los continentes en nombre de la razón y la civilización moderna. Para 1992 se contabilizaban unos 250.000 aborígenes y los que se denominan Torres Straits Islanders. Fue pertinente la declaración de Paul Keating primer ministro laborista (1991-1996) que afirmó en 1992 “We committed the murders. We took the children from their mothers. We practised discrimination and exclusion. It was our ignorance and our prejudice, and our failure to imagine these things being done to us”, dando cuenta de un costado particularmente turbio del colonialismo europeo a la hora de ejercer la discriminación, el crimen y avasallamiento de los pueblos originarios y posteriormente la continuación de muchas de esas conductas por parte de los australianos blancos occidentales y cristianos. Estas afirmaciones fueron afortunadamente complementadas con los dichos del Primer Ministro también laborista Kevin Rudd en 2008 cuando dijo “We apologise for the laws and policies of successive parliaments and governments that have inflicted profound grief, suffering and loss on these our fellow Australians. We apologise especially for the removal of Aboriginal and Torres Strait Islander children from their families, their communities and their country. For the pain, suffering and hurt of these stolen generations, their descendants and for their families left behind, we say sorry. To the mothers and the fathers, the brothers and the sisters, for the breaking up of families and communities, we say sorry. And for the indignity and degradation thus inflicted on a proud people and a proud culture, we say sorry”, pedir perdón por siglos de oprobio, discriminación y masacres que inició el colonialismo inglés en el siglo de las luces fue sin duda un gran progreso para la conciencia de la población australiana.
Habíamos anticipado el carácter eminente urbano de la mayor parte de la población del país. Para la década de los 90´s Australia tenía cinco ciudades con más de un millón de habitantes que en orden decreciente eran Sydney con 3.300.000, Melbourne 2.800.000 y luego con poblaciones apenas por encima del millón en Brisbane, Adelaide y Perth lo cual explica que sea  el continente más urbanizado. El crecimiento demográfico es lento, hoy en día cuenta con una población que apenas ha superado los 20 millones de pobladores. El censo de 2011 indicaba una población de 21.5 millones de habitantes con cerca de un 25% de inmigrantes que progresivamente han enriquecido la diversidad cultural del país. Una de las razones más importantes de ese escaso crecimiento ha sido la baja tasa de natalidad sobre todo de la población de origen europeo y que a mediados de los 80´s era de apenas 15.8 por mil, unido a una política muy restrictiva en materia inmigratoria que ha sido determinante. La “White Australia Policy” con antecedentes en el siglo XIX se puede rastrear incluso en los 1850´s por ejemplo en el resentimiento de muchos mineros en relación con la competencia de los esforzados trabajadores chinos. Las clases dominantes han tenido la habilidad de convencer a sectores trabajadores de que la inmigración es una amenaza a sus ingresos  por lo que con frecuencia el apenas disimulado discurso racista  ha contado con un cierto apoyo electoral. Esta política de la Australia blanca se mantuvo con la constitución  y la independencia en 1901 y no fue sino hasta los 70´s con el gobierno laborista que se comenzó a replantear el contenido claramente racista de la medida. Recordemos que hacia fines del siglo XIX esas restricciones inmigratorias se impusieron contra los “Kanakas” para trabajar en las plantaciones de azúcar sobre todo de Queensland. El primer ministro William Hughes (1915-1923) descaradamente llegó a decir que la política de una Australia blanca era “the greatest thing we have achieved” y ello estaba enraizado en la “Inmigration restriction act” de 1901 en pos de esa pureza de raza. Desde 1945 hasta 2010 Australia recibió más de 7.000.000 de inmigrantes siendo los principales contingentes provenientes  de Nueva Zelanda el 16%, del Reino Unido el 13% y luego porcentajes descendentes de India, China y  Sud Africa. Uno de los picos máximos de inmigrantes anuales fue por ejemplo en 1969-70 con 185.099. La trama de argumentaciones contra los inmigrantes en general encierran un burdo racismo aunque en algunos casos han elaborado complejas estrategias argumentativas que pretendían prohibir la inmigración para no alterar un óptimo de población en relación con los recursos naturales incluso los energéticos que estamos analizando o se argumentaba que por la falta de vivienda no se podían permitir muchos inmigrantes o se justificaba la restricción por la falta de empleo, argumentos que han gozado de bastante predicamento y que contrasta con por ejemplo la posición reciente de Argentina un país también condicionado por la inmigración que ha declarado a la inmigración como un derecho humano fundamental. En 1997 el Ministro Philip Ruddock demandaba  un recorte en la cantidad de inmigrantes por la amenaza que implicaban para la tasa de desempleo. En los 90´s se agravaron los debates con las detenciones de los inmigrantes ilegales durante el gobierno de Paul Keating  o el episodio del “Tampa” el barco mercante noruego que había salvado 438 náufragos de nacionalidad afgana así como indonesios y pakistaníes y  también algunos de Sri Lanka todos ellos hacinados en condiciones desesperantes  y que el gobierno del primer Ministro John Howard adoptando una línea  dura en materia de inmigración no autorizó a desembarcar. Hemos dado simplemente una breve selección de los problemas asociados con la inmigración pero también con la idea de óptimos demográficos ligados a cierta constante en las condiciones naturales de Australia en relación con un medio ambiente marcado por la insuficiencia de precipitaciones y como consecuencia una inmensa superficie que es en realidad en buena medida un desierto, uno de los más grandes del mundo que incide en las argumentaciones sobre el uso de recursos, sus efectos sobre el medio ambiente y en la relación entre la naturaleza y lo que llamamos la convención o sea el entramado cultural. El Ministro de Relaciones Exteriores de Australia, Alexander Downer (1996-2007) quién había sido presidente del Partido Liberal declaraba a finales del siglo XX que no quería destruir su sociedad con una inmigración excesiva, estructurando el argumento en torno a la protección de una identidad nacional y justificando su accionar al impugnar el proceder de mafias que trafican con inmigrantes, lo cual constituye el epítome de la hipocresía, pues esas mafias existen porque existen las restricciones en muchos casos racistas en la inmigración y no al revés. A pesar de todo el debate y las impugnaciones hacia fines del siglo XX Australia admitía unos 85.000 inmigrantes por año.
El territorio Australiano  de más de 7 millones de km² es un inmenso territorio pero el desarrollo humano esta condicionado por la aridez en algunos casos extrema y repetimos que es una verdadera obsesión cultural y política de los Australianos  tomar recaudos ante el hecho de ser un país muy árido con promedios de precipitaciones entre 450 y 500mm con vastas regiones desérticas que reciben menos de 200mm. Casi un tercio de Australia se encuentra al norte del Trópico de Capricornio lo cual genera índices de ETP muy altos y persistentes déficit hídricos. Entre el 40 y el 45% del territorio es desértico  con precipitaciones inferiores a los 250 mm y que sufre recurrentes sequías y devastadores incendios, como ocurrió en 1994 cuando casi 1.5 millones de hectáreas fueron arrasadas por los incendios o el caso de los terribles incendios de Febrero de 1983 con el saldo de 71 muertos. El siglo XXI se inicia en Australia con lo que se denominó la sequía del Milenio “The Millenium Drought” que se extendió entre 2001 y 2009 en parte explicable por el efecto del El Niño Oscilación Sur (ENSO) que explica un 44% de la sequía de la costa este del país y es responsable de algo menos del 10% de la sequía de Australia del Sur convirtiéndose en el forzante más significativo del “Milleniun Drought”, que fue seguido por una Niña que trajo fuerte lluvias e incluso inundaciones en 2010. A estos eventos se les debe complementar con los descubrimientos en torno al efecto de lo que se ha tipificado como P.D.O “Pacific Decadal Oscillation” que contribuyo  a la disminución de precipitaciones en algo menos de un 10% en la costa Este pero en cerca de un 40% de la disminución de precipitaciones en South Australia, eventos que permitieron poner en el debate la forma en que el país debía cuidar su medio ambiente y sus recursos hídricos teniendo en cuenta que casi la mitad de la producción agropecuaria Australiana requiere complemento de riego. La productividad de vastas regiones se vio afectada en esta primera década del siglo XXI con caídas en la productividad de entre 15 y 25%. No se notó al principio de esa sequía un efecto significativo en el almacenamiento de agua en los acuíferos pero a partir del año 2006 se dificultó gravemente en algunas regiones la disponibilidad de reservas de agua para cultivos ante la disminución del ritmo de recarga por infiltración y percolación. Otro efecto negativo fue la disminución del caudal medio de la mayor parte de los ríos que en forma natural por la sequía se habían reducido en un 45% de su descarga pero con la gran demanda antrópica sobre zonas con graves insuficiencias en las precipitaciones, los ríos llegaron en algunos casos extremos a perder el 80% de su caudal, lo que trajo aparejado una contracción de la producción agrícola ganadera de algo más del  2% del PBI incidiendo en una caída en el rubro exportaciones de casi un 20%. Esto impactó generó sobre el trabajo rural una contracción del -3% del empleo en la primera década del siglo XXI (Dijk, 2013). Si bien los forzantes no tienen una relación lineal con la incidencia antrópica, si despertó una vez más en la ciudadanía la preocupación por la cuestión ambiental y posiblemente haya alterado la percepción del electorado llevándolo a pensar que la problemática de las sequía implica un patrón de recurrencia para el que el país debe hacer esfuerzos planificados en el manejo responsable de sus recursos favoreciendo las argumentaciones en torno al cuidado del medio ambiente y un mayor compromiso con los debates internacionales sobre el cambio climático.
La secuencia de grandes incendios  generando cientos de muertos y heridos contribuyó a reavivar los debates sobre medio ambiente y el calentamiento global. El “Department of the Environment and Heritage” interesante asociación entre patrimonio, herencia y ambiente, adscribe al concepto de desarrollo sustentable tomando con frecuencia en documentos oficiales de lo dicho en el Bruntland Report “Our Common Future” en el cual se define al desarrollo sustentable como el desarrollo que puede enfrentar las demandas del presente sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para enfrentar sus necesidades. Australia en 1992 adopto la “National Strategy for Ecological Sustainable Development” (NSESD) en el cual definió su concepto de sustentabilidad con una consideración hacia los procesos ecológicos de los cuales depende la comunidad introduciendo un énfasis en la calidad de vida más que un sentido cuantitativo y aplicando el concepto de equidad intergeneracional aunque esta adopción confronta recurrentemente con las argumentaciones productivas y económicas.
Como hemos señalado la disponibilidad de agua es uno de los más graves problemas de Australia. En NSW hay 439 ríos en buena medida gracias a la barrera orográfica de la Gran Cordillera Divisoria siendo el estado con mayor densidad  de cuencas hídricas. El río Murray con 2375km es el más largo del país con una cuenca que excede el millón de Km. cuadrados pero implica un caudal medio de no más de 450 cumecs al cual le siguen tres ríos con entre 1400 y 1500km de largo en orden descendente el Murrumbidgee, Darling y el Lachlan. Sin embargo los caudales son muy bajos. El Darling en general tiene un caudal de 100cumecs lo cual da cuenta de las escasas precipitaciones que recibe el país. Es como hemos dicho el continente más seco de los habitados con promedios de precipitaciones del orden de los 450/500mm por lo que es el continente con menor descarga de agua en ríos. Esa escasez ha llevado a Australia a desarrollar desde muy temprano en su historia estudios meteorológicos por ejemplo en la época del gobernador Thomas Brisbane (1821-1825) que estableció un observatorio en 1821 en NSW. Posteriormente se construyó un observatorio oficial en Sydney  en 1859 y en Melbourne en 1854. El primer boletín del Bureau of Meteorology se emitió el 1º de Enero de 1908. Esta acuciante problemática llevo a los gobiernos de Australia a implementar medidas y a contar con instituciones que siguieron con detenimiento los problemas hídricos como en el caso del AWAP, Australian Water Availability Project, buscando crear un registro satelital en la década del 90 de recursos hídricos. La aridez del continente ha dado argumentos al SPA Sustainable Population Australia para pedir la limitación a la inmigración por la idea de insuficiente disponibilidad de agua. La “Optimum Population Trust”  afirma que Australia esta sobrepoblada planteando un óptimo demográfico de 10millones de habitantes. Han convertido estos sectores conservadores conceptos ecológicos y demográficos en herramientas políticas que esconden la discriminación y el racismo e inciden en la política exterior del país.
La relación entre su territorio y su matriz energética ha desatado con frecuencia fuertes debates en Australia. Ha habido espacio para sectores que cuestionan la conversión de la naturaleza en mercancía  y plantean una sustentabilidad propia del sistema capitalista, en la que la naturaleza se convierte en proveedora de recursos. En un sentido político es posible seguir dentro del partido Laborista un esfuerzo por imponer una lógica sobre los ecosistemas que no este atada a la lógica de maximización de beneficios  potenciando los deterioros gestados por las externalidades. Dicho eso no podemos dejar de notar que esa  posición no ha sido hegemónica por lo que ha habido intensas claudicaciones en parte incididas por la lógica del ingreso y de la supervivencia de las unidades productivas y el trabajo. A pesar de la posición impuesta por los conservadores durante el gobierno de J. Howard (1996-2007) en relación con el Protocolo de Kyoto, se han tomado una serie de medidas como la “Safeguarding the Future: Australia´s response to Climate Change” de 1997, luego la “National Greenhouse Strategy” de 1998 seguido por la “Measures for the better Environment” en 1999 y en 2004 la “Securing Australia´s Energy Future” todas iniciativas destinadas a compensar la grave deficiencia y desprestigio internacional generado a partir del incumplimiento y la posición engañosa frente al Protocolo de Kyoto. A su vez a nivel de cada estado hay estudios y autoridades de aplicación en materia ambiental que en forma creciente adoptan como políticas de largo plazo la idea de la sustentabilidad. Por ejemplo en Western Australia hay un Departamento Gubernamental de Medio Ambiente que demanda un manejo más equitativo del recurso escaso o sea el agua con la convicción de que puede haber un uso sustentable que permita pensar en términos intergeneracionales.


MARCUSE SOCIEDAD Y NATURALEZA EN EL CAPITALISMO

El pensamiento de Herbert Marcuse (1898-1979) ayuda a desentrañar esta intrincada relación que estamos planteando entre el desarrollo económico, tecnológico y el mundo natural así como las responsabilidades políticas asociadas al calentamiento global por parte de los países desarrollados. Los defendidos como progresos técnicos y  científicos vinculados con  la clásica concepción de la “conquista de la naturaleza”, no han eliminado ni pareciera que pueden eliminar, la necesidad de trabajo alienado propio del capitalismo, un trabajo con frecuencia sin placer y sin autorrealización individual. Parece necesario recordar, a los fines de este artículo, que esa supuesta conquista de la naturaleza no la hace el hombre o la humanidad en su carácter de cogito ahistórico, en abstracto sino las sociedades atravesadas por sus relaciones de dominación, sociedades que se despliegan y se apropian de recursos afectando entornos y que en tanto  sociedades viven en relaciones de poder. No podríamos entender la problemática asociada con el Protocolo de Kyoto sin asumir la complejidad políticamente mediada que se encuentra en un sujeto político como “Australia”. Partidos y organizaciones sociales australianas han invertido la creencia de Marcuse de que la lógica ecológica es la negación pura y simple de la lógica capitalista, entre otras razones porque usan argumentos maltusianos y ecologistas para impedir la inmigración y han colocando en la dimensión humana abstracta la problemática de la sustentabilidad, obviando con frecuencia, que son siempre los seres humanos  insertos en relaciones de producción y relaciones políticas de poder los que se enfrentan a las limitación ambientales y demográficas.
La raíz de nuestra sociedad capitalista tan hábilmente discutida por Marcuse, esta vinculada a una concepción de la ciencia dirigida por la técnica rentable. Esa técnica es la que da dominio de la naturaleza para satisfacer todas las necesidades que son socialmente gestadas y políticamente discriminadas.   Es la faz agonal de la ciencia que lo genera como producto social, disputado por voluntades de poder y por lo tanto no el resultado de un mero ejercicio cognitivo de humanidades libres y trascendentales que hacen ciencia abstracta y luego implementan tecnologías neutras.
Resistir la mutilación de la entidad humana por parte del sistema en el caso de las sociedades con estados de bienestar, como es la situación australiana, demanda según Marcuse  la necesidad de liberarse en un sentido radical, sobre todo allí en los países en donde el sistema funciona relativamente bien y son por tanto sociedades ricas y poderosas, sociedades en cierto sentido opulentas según Marcuse, generadoras de grandes cantidades de desperdicios, con estratos inferiores que viven en la pobreza casi como un producto de la lógica que une productividad y destrucción, con una reducción de la libertad a un sistema de hegemonía, debiendo demandar frente a ella una transformación desde la cantidad hacia la calidad, que propicie una nueva sensibilidad contra el discurso de la eficiencia. Defiende, el filósofo alemán, la felicidad como un valor social de refugio contra la transformación de la sociedad contemporánea como sociedad productiva que gesta un mundo objeto en una dimensión totalizadora del cuerpo y del espíritu humano. El mundo no es libre y tanto el mundo como la naturaleza se dan en condiciones de enajenación diferentes por tanto de lo que son. Negar la falsa esperanza, el pequeño optimismo de subordinaciones a lo existente es lo que en forma voluntarista demandaba Marcuse. La gestación de una nueva vida  debe transformar el proyecto del hombre de habitar el mundo. Nuestra civilización es en gran parte responsable de nuestra desdicha y muchos nos sentimos decepcionados por la técnica. Esa unidimensionalidad implica un mundo en que las oposiciones se resuelven dentro de la sociedad lo que  plantea algo que resulta muy iluminador de las dificultades que encuentra la discusión sobre la reforma de la matriz energética australiana, en  una sociedad que paradójicamente muestra una gran preocupación por las cuestiones ambientales y arrastra una conciencia aguda de los condicionantes climáticos para el desarrollo. Con el sometimiento de todas las dimensiones de la existencia privada y pública a la racionalidad maximizadora, la pobreza y la destrucción planetaria conviven con la productividad explosiva de los medios de producción y la mayor producción de bienes de la historia de la humanidad. El universo de la unidimensionalidad implica la abolición de todas las formas de oposición y de contradicción sistémicas con la posibilidad de aplanar el mundo hacia sistemas capaces de absorber las contradicciones, lo que parece ser el caso del capitalismo en su etapa financiera, liberándose incluso de su generación material de bienes aunque no de los daños que puede ocasionar el sistema productivo sobre condiciones finitas y agotables de recursos. Las personas ahora se reconocen en sus mercancías y el espacio privado se esta esfumando y la formalidad  democrática consolida la dominación de clase de forma más eficiente que las brutales dictaduras logrando en el caso australiano una amenazadora concentración de los medios de comunicación que acotan y condicionan las discusiones públicas. Es necesario entender que  son sociedades de cierta opulencia como gustaba destacar Marcuse en las cuales las conquistas y avances de las técnicas y las ciencias han hecho posible la supresión del hambre y la indigencia. Las necesidades políticas de una sociedad se están  convirtiendo en necesidades y aspiraciones individuales y su satisfacción promueve el desarrollo de la producción y de la mejora en los ingresos, lo que genera en buena medida una sociedad sin oposición. La sociedad contemporánea parece poder reglar y conducir el cambio absorbiendo las contradicciones sistémicas lo que se aprecia con los ritmos del cambio en Australia que son impuestos por los sectores dominantes de la economía. Desaparecen los agentes del cambio político radical, los sujetos históricos capaces de transformar y no solo de adaptar aspectos del sistema sin alterar la propiedad de los medios de producción. “El hombre unidimensional” de Marcuse oscilará continuamente entre dos hipótesis contradictorias, por un lado que la sociedad industrial avanzada es capaz de contener la posibilidad de un cambio cualitativo para el futuro previsible y por otro que existen fuerzas y tendencias que pueden romper esta contención y hacer estallar la sociedad” (Marcuse, 1984, 23-24).

La tecnología de una economía autonomizada de la política y de la misma cultura se facilita  en sistemas de dominación omnipresentes que absorben y devoran todas las alternativas sistémicas. La optimización de las necesidades sociales impuestas y manipuladas no en un sentido democrático gesta un sistema de control social compatible con el pluralismo partidario electoral. Las formas de control se han vuelto tecnológicas, científicamente estudiadas y escoger entre una amplia gama de bienes y servicios no implica un ejercicio de libertad si esos bienes y servicios se mantienen por medio del sistema de dominación económico o sea un agora que vive por la dinámica de acumulación económica y que anula el poder de la asamblea política que no puede decidir sobre las cuestiones centrales de la producción o de la matriz energética del país. Incluso la discusión política adopta la lógica económica y las opciones electorales se convierten en bienes de consumo sobre los que decidimos en la reclusión de nuestras salas de estar a lo sumo incididos por un proceso similar al de las modas que apelan a la libertad del consumidor cuando en realidad son formas de uniformidad en las conductas de los que quieren ser afines. El espacio privado incluso con el beneplácito de los miembros de la sociedad es invadido e incluso cercenado por la tecnología. En este capitalismo avanzado la racionalidad técnica se encierra en el aparato productivo pero este se desarrolla en forma casi autonómica de las decisiones políticas. La dilución de la potencialidad de la política se complementa con la progresiva anulación del espacio interior capaz de sustentar una subjetividad política que pueda cuestionar al sistema, invalidando las posibilidades de una contradicción sistémica y logrando por el contrario la afirmación del dominio del sistema que puede absorber las contradicciones.

El objeto de reflexión central por lo tanto es la ideología de la sociedad industrial avanzada que  tenemos en el caso australiano en que se ha desarrollado  una sociedad tecnológica sustentada en una matriz energética que es cuestionada en  las conciencias de la mayoría de los ciudadanos, pero que es social y hegemónicamente mediada por  oligopolios de medios de comunicación y relaciones de poder que perturban el proceso democrático. Esos medios son  portavoces de los poderes establecidos e incluso son parte corporativa de los poderes dominantes sin mediaciones. En este contexto el hombre unidimensional que recae en la aspiración a mejorar su condición pero dentro del sistema, encuentra un límite al poder de la política, como es el caso de los sectores políticos y sociales más progresistas que encuentran contradicciones entre un deseo abstracto de políticas de protección ambiental y por otro lado el comportamiento político electoral concreto condicionado por los miedos del corto plazo de los efectos resultantes de la implementación de políticas favorables a la disminución de la emisión de gases de efecto invernadero. Estas disyunciones  resultan del poder hegemónico de la potencia enunciativa de los sectores dominantes. Asistimos como anticipaba Marcuse a cambios notables en el carácter del trabajo y en los instrumentos de producción que facilitan paulatinamente una integración de muchos  trabajadores en los valores de la sociedad capitalista modificando tanto su actitud como su conciencia logrando de este  modo que la dominación se transforme en administración optimizadora de recursos.

SISTEMA PRODUCTIVO AUSTRALIANO

La comprensión de la unidimensionalidad nos ayuda a pensar la incidencia de la matriza energética y el sistema productivo en las condiciones políticas de la sociedad australiana. Tradicionalmente  ha sido un país proteccionista en lo económico desde su misma raíz al conformarse la confederación en 1901 y al aprobarse la constitución luego del acta constitutiva del Commonwealth de Australia  el 9 de Julio de 1900  que autorizaba a declarar la Unión a partir del 1º de Enero de 1901. Desde su inicio adoptaron una política de protección de su economía y sobre todo del desarrollo industrial. La Parte V de la constitución establece que es facultad del parlamento establecer disposiciones sobre comercio y relaciones con otros países y establecer primas sobre la producción o las exportaciones con competencia en la regulación de la pesca y en materia monetaria, bancaria y en seguros. La constitución habilitaba al parlamento a adquirir ferrocarriles y legislar sobre sociedades nacionales y extranjeras lo cual indicaba un deseo fundacional de una ingerencia del estado en la economía. El Commonwealth podía cobrar derechos aduaneros, impuestos y subvenciones poniendo de relieve que se entendía la necesidad de autonomizar sus decisiones económicas del poder inglés. Piense lector el camino de subordinación que siguió la Argentina por ejemplo con el control de nuestra economía por parte de empresas norteamericanas o del Tratado Roca Runcimann y podrá ver las razones de los caminos disímiles que siguieron ambos países. En Australia se reconoció en el Artículo 90 la facultad del Parlamento de imponer derechos aduaneros, impuestos internos, subvenciones a la producción y a la exportación de mercaderías. El artículo 91 contemplaba  poder establecer asistencia o subvenciones para la explotación de minas y para la asistencia a la producción y para la exportación de mercaderías que puede ser implementado por los estados. Australia es uno de los principales productores mundiales de bauxita y cuenta con grandes reservas de carbón, plomo, zinc, cobre etc. Si bien no es un productor importante de petróleo posee sin embargo una gran capacidad de refinamiento utilizada para el mercado interno y para las exportaciones.
En general los sucesivos gobiernos Australianos se mantuvieron dentro de ese espíritu constitucional que habilitaba a la intervención del estado en la economía. Por ejemplo en el caso de la industria azucarera que se orientaba en más el 75% a las exportaciones y se producía sobre todo en Queensland y el NE de New South Wales, en 1915 se crea el Sugar Cane Price Board, a fin de acordar las pautas y organizar todo el ciclo de producción (Hoyle 1984). El gobierno adoptó también políticas de regulación y control migratorio como habíamos anticipado implementando por ejemplo una política restrictiva con la mano de obra barata de los Kanakas, trabajadores golondrinas desde las islas del Sud-oeste del Pacífico prohibiéndola, aunque de paso estableciendo pautas muy rigurosas por caso prohibitivas de inmigración de las poblaciones asiáticas, un capítulo muy controversial de la historia Australiana. En su comercio internacional tradicionalmente tuvo un primer momento de gran relación con el Reino Unido llegando a mediados de siglo XX a ser el origen del 40% de sus importaciones. Posteriormente otros actores desplazaron la hegemonía británica que al final del siglo XX solo representaba alrededor del 5%. Esos nuevos actores fueron fundamentalmente EEUU, Japón y China.
La economía Australiana ha estado sujeta  a la incidencia de las fluctuaciones del mercado internacional que en general han impactado en su nivel de producción pero también en su nivel de inflación por efecto de precios internacionales, con un predominio en el efecto de los commodities para las exportaciones australianas y cierta aunque atenuada dependencia en sus importaciones, de productos industriales lo que incide en sus términos de intercambio en los momentos en los que acontece el deterioro de los mismos. En general el país no tiene capacidad de incidir en la formación de precios de esos commodities y debe ser considerado un tomador de precios en el marcado internacional (Nimark 2007). Para el consumidor australiano una rebaja en los precios de los productos importados tiende a aumentar la proporción de los mismos en la canasta de compras familiares, aunque hay cierto apego a conservar cierta lealtad consumidora a determinadas marcas y productos nacionales a pesar de su encarecimiento relativo y existen también patrones de mercado monopolísticos en algunos sectores de consumos suntuarios y servicios del país. Todas las crisis externas tienen un impacto significativo sobre el marcado interno afectando entre un 30 y un 50% a los niveles de inflación, producción y tasas de interés, con un impacto máximo sobre PBI y mínimo sobre inflación. Con respecto a esta última, las políticas cambiarias tienen un efecto inflacionario aunque atenuado y la apreciación del dólar australiano causa en general una caída proporcionalmente menor de la inflación o sea presentando cierto nivel de inelasticidad.
En cuanto a sus exportaciones la tendencia a lo largo del siglo XX ha sido un porcentaje declinante de los productos agrícola ganaderos que paso de ser más del 80% de las exportaciones en la década del 50 a algo menos del 50% en los70´s y bajó a menos del 25% en los 90´s. Por el contrario los productos industriales ascendieron de ser solo el 5 al 10 % de las exportaciones en los 50 y 60´s hasta exceder el 40% en los 80´s. El otro rubro que aumento significativamente fue el de la producción de servicios que se cuadruplico entre 1950 y 1995 llegando ser algo más del 20% de las exportaciones. También Australia ha cambiado el destino de sus exportaciones y se ha atenuado el predominio del mercado británico y europeo que constituía  más del 50% en los 50`s hasta menos del 20% en los 90´s. EEUU ha oscilado en general entre el 10 y el 15% del destino de sus exportaciones mientras Japón tuvo un gran incremento en los 60 y 70´s para estabilizarse en torno al 25% de las exportaciones australianas en los 90´s La zona que se ha potenciados en su capacidad de demanda de las exportaciones australianas ha sido  el Asia Pacífico y sobre todo China con un crecimiento exponencial desplazando al resto y conformando el principal destino de las exportaciones. En la década de los 90´s también sintió la incidencia del paradigma neoliberal, con una tendencia a desregular la economía y tender a la apertura con reducción de aranceles. La asistencia al sector manufacturero cayó desde niveles que superaban el 35% en los 70´s a menos del 10% en los 90´s (Anderson 2000). Se produjo una apertura del sector bancario y postal así como de las telecomunicaciones y también del transporte. Creció en la década del 90 la exposición de su economía a la participación del comercio exterior como porcentaje  de su PBI desde un valor cercano al 30/35% hasta el 40/45% con un aumento muy significativo del IED hasta alcanzar el 30% del PBI. Es posible medir un aumento en la productividad de la economía en general a lo largo del siglo XX.

   A partir de la década del 80 y luego en los 90´s se inició un proceso de reconversión vinculado a una mayor apertura de la economía y menor intervención del estado por ejemplo con una reducción de las contribuciones para los productores laneros en 1988.
En general se redujeron los subsidios para la agricultura y las reglamentaciones con una caída en la tasa efectiva de asistencia a los granjeros desde un 25% en los 70´s a un 10% hacia fines del siglo XX. Entre otras medidas se estableció una reducción de la majada por ejemplo entre 2001 y 2002 de -4% y de -9% entre 2002 y 2003 de ovinos esquilados. Con la crisis internacional generada por EEUU a partir de 2008 algunos de los precios de commodities entraron en una meseta e incluso caída que perjudicaron las exportaciones de Australia que es lo que aconteció con la caída en el precio del mineral de hierro en el mercado Chino que se contrajo de precios por encima de los 100US$  con máximos en torno a los 180US$ la tonelada a precios por debajo de 100US$ la tonelada. Los últimos años han presentado algunos problemas en muchas empresas radicadas en Australia como por ejemplo el anuncio de retiro de Toyota del país en 2017, los masivos despidos en Quantas, o la caída en la producción de vinos y en la extracción de carbón. Entre 2013 y 2014 se registró un aumento de desempleo superando el 6% con una caída en la mano de obra empleada en la minería. En este contexto se comenzó a percibir con más claridad en 2013 los números de una burbuja financiera que impactó en la economía. En 2014 se negoció el FTA entre el Presidente Xi Jinping de China y el Primer Ministro Australiano Tony Abbott, con una apertura considerable del sector de servicios.
    En cuanto a la economía en negro (underground, black or unofficial economy) vinculada evasión de impuestos corporativos, segundos trabajos no reportados, trueques, ingresos no declarados etc. se estima que representa entre un 14 y un 16% del PBI (Bajada 1996) en comparación con alrededor del 10% para EEUU o en general menos del 5% para el caso de Gran Bretaña o Alemania. Este desarrollo económico importante en el sector secundario y terciario necesita de una provisión abundante y estable de electricidad lo que ayuda a explicar lo delicado desde el punto de vista económico y social de la discusión en torno a la generación de energía.

MATRIZ ENERGETICA AUSTRALIANA

Australia incrementó considerablemente su consumo de energía  y es altamente dependiente de la quema de combustibles fósiles como el carbón. Los combustibles fósiles han sido  recursos mas baratos y convenientes en función de su disponibilidad para la extracción.
Australia atravesó tres etapas en la generación de electricidad. En el siglo XIX y principios del XX la generación respondía a políticas locales, cada pueblo o ciudad intentaba resolver el problema de abastecimiento eléctrico de forma local. Una segunda etapa  a lo largo del siglo XX en que las políticas pasan a incluir una aproximación vinculada a los estados o sea una ampliación territorial ante la insuficiencia de las respuestas locales que habían generado inmensas disparidades y limitaciones. Ese intento de consideración estadual de las políticas energéticas  desembocó en la crisis energética de principios de los 80´s con los cortes y disrupciones de los años 1981/83. Australia enfrentó la  necesidad de implementar leyes y políticas ahora nacionales. En 1985 se conforma la Commision of Enquiry into Electricity Generation Planning en NSW y paulatinamente creció en todos los estados la necesidad de comenzar a rediseñar la matriz energética  y se fue imponiendo la idea de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y comenzar a buscar con más ahínco la implementación de fuentes renovables. Se establecieron objetivos como en el caso de NSW de llegar a generar el 20% de su electricidad por medio de energías renovables para el año 2020 y en Victoria ese porcentaje fue del 25% para el 2020. En 1997 se creó el National Electricity Market y se consigue implementar la Federal State Cooperative Arragement bajo jurisdicción del gobierno federal con un Código de Electricidad Nacional. La “Federal Energy Policy” apoyó durante muchas décadas la generación de electricidad a partir del gas y del carbón lo que transformó a Australia en un país dependiente de la quema de combustibles fósiles sobre todo del carbón. Claro que una consecuencia de ello fue que el 35/40% del CO2 o sea del gas de efecto invernadero emitido por el país fuera producto de esa matriz energética convirtiendo a Australia en uno de los mayores emisores per cápita del mundo desarrollado. El año pasado o sea 2014 la matriz energética daba cuenta de que menos del 10% correspondía a fuentes renovables. Si tomamos por ejemplo la situación al final de la primera década del siglo XXI el carbón representaba  entre el 75/85% de la generación de electricidad, el gas natural con ciclos combinados entre el 10/15%, la energía hidroeléctrica alrededor del 5% y apenas el 2% se genera a partir de biomasa y petróleo. Con el carbón se generaba en 2009 29.000Mw  (más que toda la generación de la Argentina). Australia había comenzado el siglo XXI con una proporción de entre el 5 y el 7% de su generación eléctrica por represas sobre todo del Snowy Mountaim Scheme. En la primera década del siglo algo menos del 2% por de generación eólica  y algo menos de energía solar, con también algunos desarrollos de energía a partir de olas. Más conflictiva ha sido la situación de la energía nuclear. El primer Ministro John Howard se había mostrado  de acuerdo con el desarrollo de la central de Jervis Bay en NSW, pero en 2007 fue derrotado y varios estados han tomado políticas activas en contra de la generación nuclear como en el caso de Queensland con su prohibición de construir plantas en su territorio lo cual fue seguido por Tasmania también en contra de autorizar plantas nucleares en la isla.  El costo por MW osciló entre los 30 y 50 $ australianos en esta última década. Se ha desarrollado la energía geotermal sobre todo en el centro del país y ha habido un desarrollo del biodisel que produce menos CO2 que la quema de carbón y emite menos sulfuros a la atmósfera.
Al terminar el siglo XX el sector eléctrico representaba el 1.6% del PBI con más de 32.000 puestos de trabajo (Narayany Smyth, 2005). Con el predominio académico y político de modelos econométricos que tendían a asociar mayores ingresos per capita y más empleo con un mayor consumo de energía, se dificulta el debate para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Para 1998  o sea al año siguiente al acuerdo de Kyoto las emisiones netas de CO2 eran un 30%  mayor que en 1990. Recordemos que ese año se introduce el National Electricity Market y se inicia el siglo XXI con idea de establecer metas compulsivas en  la introducción de energía renovable. Tuvo un impacto considerable la situación generada  en 1999 y 2000 cuando Australia volvió a enfrentar una escasez de energía lo cual trajo cortes de luz en muchos lugares. También se ha promovido en el siglo XXI las reducciones voluntarias de consumo, buscando formas de quebrar la lógica argumentativa de la correlación entre un mayor empleo seguido de un mayor consumo eléctrico que tiende a simplificar la cuestión pero logrando convencer a parte del electorado. En el gobierno de Howard (1996-2007) con frecuencia las estrategias argumentativas privilegiaban las consideraciones económicas de la generación de electricidad por medio de la quema de combustibles fósiles sobre todo el carbón y el hecho de que era confiable y de abastecimiento asegurando, por las reservas disponibles que implicaba que en Australia no faltaría el recurso así como el argumento de tanto la dependencia de los puestos de trabajo como de la tarifa eléctrica de la matriz basada en el carbón. La actitud de Australia en relación con Kyoto estuvo condicionada por años de gran proximidad política y seguidísimo de EEUU que por ejemplo arrastraron al país a colaborar la destrucción de Irak amparados por las ahora admitidas  mentiras de G. Bush y de Tony Blair. La creciente dependencia política de EEUU a lo largo del siglo XX en consonancia con la decadencia del poder Británico a nivel mundial. Sin embargo hubo una saludable reacción con el laborista Kevin Rudd quién se negó  en 2009 a aumentar el contingente militar en Afganistán despegándose, tibiamente hay que decirlo, de las políticas agresivas de su predecesor y de buena parte de la predica de derecha encarnada por los medios dominados por  Rupert Murdoch. La relación política de Australia seguirá un derrotero interesante de contraste entre nostalgias y prejuicios étnicos y realidades económicas de un Asia Pacífico más dinámico y expansivo. Recordemos que fue el laborista Rudd quién retiró parte de las tropas de Irak, y pidió disculpas a los aborígenes por los abusos  cometidos durante la colonización e incluso flexibilizo ligeramente las política de inmigración para atenuar su carácter expulsivo.
Siendo el cuarto productor mundial de carbón hay extracción en prácticamente todos los estados del país, por lo que es difícil pensar en estrategias políticas que cuenten con apoyos territoriales diferenciados. Australia es uno de los principales productores mundiales de carbón, lo cual implica que la quema del carbón ha abastecido en buena medida a la generación de electricidad muy superior a la generación por hidroelecticidad con 16 represas grandes y por gas natural. El gobierno de Kevin Rudd (2007-2010) mantuvo un fuerte enfrentamiento con las corporaciones eléctricas sobre la posibilidad  de aplicar un impuesto a las compañías mineras para poder enfrentar las externalidades que generan. Las compañías por supuesto que amenazaron con recortar la nómina de sus trabajadores y las inversiones por 17.000 millones de dólares. De hecho tan poderoso fue el enfrentamiento que lograron dejar a Rudd sin soporte siendo una de las causas de su caída. El nuevo gobierno de Julia Gillard (2010-2013)  también laborista reformuló el proyecto reduciendo el monto desde el 40 al 30%  en la alícuota, pero tampoco fue aceptado por las corporaciones que apostaron al triunfo del partido de derecha lo cual aconteció en 2013. Es necesario señalar que el sistema energético recibe distintas formas de subsidios  como por ejemplo para el transporte e incluso para el costo de la electricidad distribuída a los domicilios o sea en las redes de baja tensión.

 

PROBLEMAS AMBIENTALES AUSTRALIANOS Y LOS COMPORTAMIENTOS ELECTORAL

Ha sido en la arena política donde se ha dirimido la compleja relación entre naturaleza y convención, entre sustentabilidad y agotamiento de los recursos con suertes dispares para los sectores más desposeídos. Sin duda uno de los sectores más postergados fue el de los pueblos originarios y la competencia por el acceso a la tierra entre los aborígenes  y los no aborígenes, articulada por  la demanda por el reconocimiento de su relación privilegiada con la tierra ha generado  tensión en ciertas zonas rurales, pues entraña una lógica que no siempre se subordina al ideal de maximización de recursos, al cuestionar el uso de la naturaleza como recurso siendo uno de los ámbitos en los que se problematiza la matriz energética y el impacto global que genera. Unido a este antagonismo cultural se ha desarrollado un tema particularmente grave y persistente como ha sido el problema de la erosión del suelo, la conservación de los cursos de agua, las contaminaciones químicas  y por supuesto el agudo debate en torno a las problemáticas de la exposición a los rayos UV por el agujero en la capa de ozono estratosférico y al calentamiento global resultante de la emisión de gases de efecto invernadero La opinión pública australiana es una de las más receptivas a las políticas de defensa del medio ambiente pero por otro lado ha sido reiteradamente amenazada con las consecuencias negativas para el desarrollo y el empleo de una reconversión en la matriz energética. Algunas  actividades resultantes del uso de la tierra pueden expresarse como cantidades cuantificables de gases  (LULUCF-land-use change and forestry) que pueden remover o para ser más preciso actuar como sumidero de CO2, conservando en algunos casos la biodiversidad y contribuyendo a la sustentabilidad. En el artículo 3.4 del Protocolo se abordaba la situación de la forestación o reforestación y  se consideraba los efectos sobre los gases de las prácticas en el manejo del suelo. Durante el COP 4 se procedió a especificar las condiciones del artículo 3.3 pero subsistían tensiones entre las diversas posturas lo que desembocó en le fracaso de las negociaciones en el COP 6 de 2001 con fuertes desacuerdos sobre LULUCF y sobre la ponderación de los sumideros de gases de efecto invernadero sobre todo para el CO2. Recordemos también que en Marzo de 2001 los EEUU añadieron a su hipocresía con relación al protocolo la absoluta indiferencia y negatividad en la construcción de un mundo más sustentable al retirarse del Protocolo.
El otro problema ambiental que suele ser considerado como prioritario por los australianos es el del agua al punto que el Australian Bureau of Statstics (2002) ha llegado a afirmar que “Water is a critical limiting factor for much of Australian environment and economy. Most of Australia is classified as semi-arid or arid…” lo cual da cuenta de la preocupación ambiental, social y económica  en torno a la problemática de la escasez  del agua. En el X Congreso Mundial del Agua en Melbourne en Marzo del año 2000 se había presentado con claridad al país como uno de los continentes mas áridos del mundo y se había señalado la importante incidencia negativa que resultaba de la colonización por parte de los europeos alterando en algunos casos de modo drástico la capacidad de carga de los ecosistemas.
Las encuestas suelen detectar un 80% de sus ciudadanos preocupados con el cambio global sobre todo asociado a mayores temperaturas y menores precipitación que por lo general resultan en incendios y cerca del 90% del electorado tiende a captar la necesidad de que el gobierno intervenga a favor de reducir la emisión de gases de efecto invernadero o sea la necesidad de un actor social que no se estructure en función de la rentabilidad de corto plazo. Diversas encuestas por lo general ubican la aprobación a la energía solar por encima del 80% y de la energía eólica entre el 60 y el 70%. Es evidente la incidencia de la dimensión política que estructura intereses privados sobre la discusión pública y es incluso posible hablar de ecología política en los cuales asoman complejas discusiones  acerca de los procesos de significación, valorización y apropiación de la naturaleza (Leff, 2003) con profundas diferencias en torno a la forma de conceptualizar la relación entre naturaleza y convención incluso llevando la discusión a cuestionar la categoría de recursos que implica una antropización instrumental de la naturaleza pero no en un sentido universal ni humanista sino una antropización que esta determinada no por la relación entre la humanidad y la naturaleza sino de sociedades atravesadas por relaciones de dominación que imposibilitan pensar en una relación  democrática en la que cada ciudadano se enfrenta en igualdad  jurídica y económica con esa naturaleza sino que lo hace atravesado por las relaciones de dominación propias del capitalismo en su etapa financieras en la cual se ha producido un desacople entre la producción real de bienes y servicios y lo que antes podría entenderse como su simbolización monetaria o financiera. En la actualidad esa dimensión ha cobrado una autonomía que ha revertido en un dominio de lo simbólico sobre lo extenso en el cual los signos financieros valen independientemente de toda referencia a la generación de bienes en el mundo productivo pero adicionalmente el inmenso excedente de valores financieros genera una demanda potencial imposible de satisfacer por parte de los bienes disponibles, lo cual lleva a temer por un ejercicio maximizado de demanda al punto de amenazar la sustentabilidad de los recursos naturales. La desnaturalización de lo extenso, su antropización como parte de entramados de poder social capaces de expandir de forma global y absolutamente exhaustiva a todas las entidades las escalas de valor de cambio y en forma creciente logrando la anulación del concepto de una relación espacial de la humanidad con una alteridad exceptuada o que se configura por fuera de las lógicas de apropiación de la renta capitalista motorizada por su dimensión financiera, en un sentido extremo podemos decir la desaparición de la naturaleza. Pareciera que en la ecología política se dirimen estos conflictos. En el caso australiano, contrasta una sólida mayoría de la población preocupada por el impacto antrópico sobre el Sistema Climático Terrestre (SCT) y las consecuencias adversas y recurrentes que sufre ese país y por otro lado los poderosos intereses capitalistas vinculados al complejo carbonífero tan relevantes que logran involucrar la acción de los sindicatos, de los votantes e incluso del Partido Laborista el cual no ha podido generar un marco de disputa hegemónica en torno a la preservación de una dimensión no regida por la maximización de beneficios privados en la que pueda jerarquizarse una decisión política superior a los imperativos del mercado.
Existen en la  disputa social y política iniciativas y partidos con marcadas temáticas particulares vinculadas a la forma de relacionarse con los espacios verdes y al modo de encarar el tema de la sustentabilidad como Animal Justice Party, el Australian Fishing and Lifestyle Party (contra los verdes), Shooters and Fishers Party, Australian Motorist Enthusiastic Party, Outdoor Recreatioin Party, No Carbon Tax Climate Party que a pesar de que pueden parecer en algunos casos una broma, representan sin embargo las forma  complejas en que la sociedad se relaciona con el medio ambiente y las complejidades asociadas a las políticas ambientales. Por supuesto que con mayor peso electoral esta la que con frecuencia ha sido la tercera fuerza electoral o sea Australian Greens G.R.N. con el liderazgo de Christine Milne con un caudal electoral que oscila entre el 7 y el 13% de los votos. Esta visión política requiere abandonar una visión simplista instrumental del estado para pensarlo como una institución en disputa en la cual la fase agonal supone que la sociedad civil no tiene en el mundo financiero una correlación de fuerzas favorable, ni dispone de lógicas discursivas y valores que establezcan parámetros que no sean dependientes de la lógica capitalista. No hay problema global  sino existe una humanidad global pues la relación de los seres humanos no se establece desde la abstracción individual sino como partes de sistemas y relaciones de poder que nulifican, alteran o transforman los mandatos potenciales de las mayorías.
Pensemos por último en el caso interesante del Primer Ministro Australiano Tony Abbott (2013-2015) que renunció recientemente, cuando  hizo declaraciones antojadizas y poco fundadas contra la energía eólica. Como todo representante de las derechas conservadoras, la matriz intelectual le demanda discursos políticos, valores y decisiones subordinadas a los intereses de los dueños de los factores de producción. La estrategia argumentativa que utilizo fue la de  descalificar a los molinos como  “awful” feos y ruidoso, argumentando que podía ser incluso riesgoso para la salud  sin dar explicaciones fundadas al respecto. La opinión desde los sectores políticos enfrentados con su gestión señalaba que solo intentaba erosionar los presupuestos asignados a energías renovables o sea una crítica que concedía una inteligibilidad fiscal a esa posición. Las partidas presupuestarias para el “Australian Renewable Energy Agency (Arena)” fueron establecidas por el gobierno de la laborista Julia Gilliard y en 2001 el gobierno de Howard había  establecido objetivos en materia de energía renovable que fueron luego expandidos por el gobierno de Rudd (Arup 2015). Recordemos que al presente Australia tiene más de 1800 turbinas eólicas instaladas con una creciente cantidad de techos con paneles solares pero en el total solo representan el 13,5% de la matriz sumada a todas las formas alternativas de generación sustentable. En última instancia subsiste el predominio de la razonabilidad instrumental del impacto de tecnologías alternativas en las que las decisiones políticas deben adaptarse a las posibilidades rentables del sistema económico. La descalificación de Abbott parece contradecir la mirada maximizadora al introducir la dimensión estética “los molinos son feos” pero en realidad lo que importa es que la afirmación se da en un contexto de hegemonía productiva capaz de absorber la disparidad evaluativa de esa afirmación. Hubo duras declaraciones en Junio de 2015  por parte de Kofi Annan con respecto a como Australia deterioró su credibilidad y liderazgo en cuestiones ambientales a partir de sus decisiones políticas en relación con el protocolo de Kyoto. Esperemos que en el COP-21 podamos contar con una sincera y constructiva contribución de esa sociedad que cuenta con tantos actores colaborativos que saben de los perjuicios sociales por los desbalances climáticos.

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