PICHETTO Y EL OFICIALISMO PERMANENTE. Por Gerardo Fernández

Desde Iniciativa reproducimos una interesante reflexión del periodista Gerardo Fernández del debate sobre la decisión del gobierno nacional de acordar con los buitres y el papel que juega el peronismo en esta circunstancia. Extraído de www.gerardofernandez.net

Macri fue muy claro en lo referido a los buitres, dijo que había que sentarse con el juez Griesa y hacer lo que él ordenase. Todo indica que está a un paso de lograr su objetivo, en una rendición incondicional que asombra por los números ya que mientras Néstor Kirchner arregló con el 94 % de los bonistas con 30 mil millones de dólares, Mauricio está dispuesto a darle 15 mil millones al 7 % restante, un negoción, para los usureros, por cierto (¿Te acordás cuando se decía que los empresarios están más capacitados para conducir el estado porque saben administrar?)

Un sólo obstáculo le quedará a Griesa y los buitres para consumar la victoria y es que el parlamento argentino derogue las leyes “Cerrojo” y de “Pago soberano”. De otra manera la rendición incondicional del macrismo es imposible. ¿Qué necesitan para derogarla? Los votos de una parte del bloque de senadores del FPV puesto que, se supone, en Diputados están más cerca de ganar la votación con el concurso de Bossio, el joven militante del oficialismo, sea con Cristina o con Mauricio, y la decena y media de diputados que lo acompaña. Donde Cambiemos está verdaderamente complicado es en el senado, por eso está realizando todos los esfuerzos posibles para conseguir sea como sea el voto de varios senadores peronistas a quienes les ofrece el oro y el moro para sus provincias y ver si así levantan la mano a favor de los buitres.

Siempre que la materia en estudio es peronismo, es muy difícil anticipar los escenarios posibles que esta votación generará, pero me arriesgo a sospechar que abrirá una brecha de dimensiones gigantescas y que ya nada será como antes. El senador Miguel Pichetto, como encarnación del oficialista permanente está operando a cara descubierta a favor de la derogación y habrá que ver cuántos votos junta, además de los salteños y otros que, se descuenta, lo acompañarán. La coartada discursiva es un rosario de vetustos lugares comunes: contribuir a la gobernabilidad, no poner palos en la rueda y demás hits por el estilo.

En la base del debate, y más allá de la derogación de las leyes para firmar la rendición con los buitres, el dilema que late como bomba de tiempo en el seno del peronismo es qué margen de tolerancia habrá para esto que podríamos definir como “el oficialismo permanente”, esa tendencia a arreglar con la lapicera, independientemente de quién la maneje y que empezará a visualizarse con más nitidez en este tiempo, donde las cajas de la nación y la provincia de Buenos Aires han quedado en manos del macrismo. Bossio y Pichetto son los abanderados, se escudan en la cerrazón de Cristina y La Cámpora para no confesar sus verdaderos objetivos. A ver: es cierto que el cristinismo se ensimismó en demasía (aquí hablamos oportunamente al respecto) pero a no confundirse: Una cosa es la disputa interna con un sector y muy otra la compulsión a arreglar con el poder de turno a como dé lugar, pisoteando el mandato que nos dio la sociedad mediante su voto.

El oficialismo permanente se fue desarrollando en casi tres décadas de manejo del estado nacional y la PBA. Fue menemista en los noventa y kirchnerista del 2003 en adelante. Y ahora, como si nada, se arrima al macrismo. Para el oficialista permanente todos estos movimientos tienen siempre una florida fundamentación. El punto es determinar dónde está el límite y cómo se distingue a aquellos intendentes y gobernadores que asumen con dignidad el rol de opositores -que es donde nos colocó la sociedad- para desde ahí negociar todo lo que sea negociable con el poder central, y aquellos que son meros militantes de la tesorería y poco les importa si está en manos del peronismo o del macrismo.

Hacer política de mayorías implica amplitud, pero ser amplios no significa que todo da lo mismo.