DOS MESES DE GOBIERNO PRO. INTENTAN UN CAMBIO DE RÉGIMEN

Con este primer texto, comenzamos con una serie de artículos cortos de reflexión sobre la coyuntura política.

Esta reflexión debe comenzar con una autocrítica. En el último artículo  publicado en esta página, caracterizábamos que la llegada al gobierno del elenco Pro, sin un escenario de crisis ni económico-social ni política (en parte, esa ausencia fue un logro de la estrategia implementada por el gobierno de CFK, quien utilizó el conjunto de los recursos de poder para impedir el caos y la desestabilización que sí buscaban los grupos económicos) Deducíamos que esta imposibilidad de crisis, condicionaba al macrismo para la puesta en marcha de políticas que atacasen directamente el conjunto de logros de la década ganada. Nos equivocamos.

El gobierno de Cambiemos, aprovechando muy bien la legitimidad otorgada por el triunfo electoral, la llegada de fin de año y una lectura muchísimo más correcta que la nuestra sobre la relación de fuerzas en el plano de la conciencia y la ideología de grandes sectores de la sociedad argentina (cuestión que también intentaremos profundizar en otro artículo) ha avanzado con firmeza, audacia y en menos de dos meses de gobierno, demostró que se propone dar curso a la voluntad de los grupos de poder internos y externos, para dar vuelta la tortilla y producir un verdadero cambio de régimen político y social en nuestro país.

Cuando nos referimos a una modificación integral aludimos a lo siguiente: reposicionamiento en la escena internacional, realineando nuestra política exterior en el marco de la del imperialismo norteamericano y desestimando el proceso de integración regional autónoma; modificación en forma drástica de la distribución de la renta nacional en favor de los grupos concentrados a través de la devaluación,  la apertura comercial, la reducción de retenciones y  el  re-endeudamiento con el único fin de garantizar la fuga de capitales; utilizando  mecanismos institucionales, para-institucionales y extra-institucionales para desarticular la oposición política y social, lo que incluye una alianza con los sectores más reaccionarios del poder judicial y los grupos empresariales de medios de comunicación.

Este gobierno de centro-derecha y pro-mercado, dispuesto a satisfacer los intereses de los grupos de poder económico, financiero y mediático más concentrado, junto con los de los organismos del imperialismo como el FMI o el Departamento de Estado, representa una combinación peligrosa, que amenaza despedazar el incipiente proceso de democratización y reconstrucción del tejido social emprendido por los gobiernos de Néstor y Cristina en los últimos doce años.