DEL PROTOCOLO DE KYOTO A LA CONFERENCIA DE PARIS (COP21). “LAS POSICIONES DE EEUU Y AUSTRALIA ANTE LA EMISIÓN DE GASES DE EFECTO INVERNADERO” Parte 1. POR ROBERTO HILSON FOOT

PROTOCOLO DE KYOTO Y LA HIPOCRECÍA DE EEUU Y DE AUSTRALIA

El cambio climático implica un desafío social, económico y político que involucra la forma en que generamos y consumimos energía, producimos bienes, nos transportamos y por supuesto el modo en que extraemos y aprovechamos nuestros recursos naturales. Entre los días 30 de Noviembre y 11 de Diciembre de 2015 se llevará a cabo una trascendental reunión en Paris, la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático COP21/CMP11 a fin de intentar un acuerdo que tenga el objetivo de mantener el calentamiento global en el siglo XXI por debajo de los 2º C aún considerando los efectos inerciales de las emisiones de gases de efecto invernadero del siglo pasado.
No pueden explicarse los graves efectos que ha generado la  posición de EEUU desde 1997 sin entender los intereses que se oponen al cambio de matriz energética y los conflictos dentro de la plutocracia norteamericana por la disputa en torno al predominio creciente del capital financiero que ya representa mas del 650% de la economía total de bienes de EEUU, profundamente modelado por la hegemonía que el sector financiero está desarrollando sobre los medios de comunicación, pues en EEUU hay una fuerte libertad para las empresas periodísticas o en general empresas que además tienen medios de comunicación, pero poco margen para la acumulación de una densidad social de ideas contestatarias, lo cual ha permitido en muchos casos velar y falsificar la desproporcionada responsabilidad de EEUU en la contaminación por gases de efecto invernadero de escala planetaria y de las invasiones, campañas militares y masacres asociadas a la matriz energética que han marcado los últimos treinta años.
Recordemos que este protocolo firmado en la ciudad Japonesa de Kyoto es un desarrollo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático por el cual los firmantes se comprometieron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, con la desgraciada excepción de países como EEUU y Australia que no ratificaron  el acuerdo que formalmente se llamo “Kyoto Protocol to the United Nations Framework Convention on Climate Change”, que fuera acordado en el mes de Diciembre de 1997. El 16 de Marzo de 1998 se abrió el protocolo a la firma de los países signatarios y el 16 de Febrero del 2005 entró en vigencia luego de la ratificación por parte de Rusia. El objetivo era lograr reducir el aumento de la temperatura media de la tierra por medio de una progresiva reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Al momento de la implementación en Febrero de 2005 el acuerdo había sido ratificado por nada menos que 141 países pero que lamentablemente representaban solo el 61% de las emisiones globales. Esta asimetría se debía a que  EEUU en aquel momento el principal emisor y Australia el principal emisor per capita de los países desarrollados no lo ratificaron ni lo respetaron.
El Protocolo ponía un énfasis especial en la acción de los países industrializados por la abrumadora responsabilidad que detentan en la emisión de gases de efecto invernadero como el Dióxido de Carbono CO2, Metano CH4, Oxido Nitroso N2O etc. Los países desarrollados fueron agrupados en el Anexo 1 que son los tipificados como principales responsables y debían por lo tanto reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. A los otros países no incluidos en ese Anexo  se les pautaban metas por debajo de su generación actual por lo que se les reconocía un margen que los habilitaba a mejorar su condición subdesarrollada y opcionalmente “vender” a otros países ese cupo de emisión de gases de efecto invernadero como por ejemplo ocurrió en el caso de los Pases Bajos que compraron a Polonia, Rumania y a la República Checa una cuota de emisión, mecanismo que ha generado un intenso debate.
En Junio de 1997 el Senado de EEUU había aprobado la “Byrd-Hagel Resolution” que se oponía a la firma de protocolos que pudieran supuestamente dañar la economía de EEUU: “the United States should not be a signatory to any protocol to, or other agreement regarding, the United Nations Framework Convention on Climate Change of 1992, at negotiations in Kyoto in December 1997”. Sin embargo los EEUU representados por su vicepresidente Al Gore firmaron el Protocolo aunque nunca logró la administración de Clinton una aceptación por parte de las cámaras legislativas y posteriormente cuando el Demócrata Al Gore fue derrotado por medio del fraude en el estado de Florida en la campaña electoral del año 2000, las posibilidades de ratificación desaparecieron bajo los intereses que se ocultan tras el Partido Republicano y en menor medida bajo el Demócrata. En Marzo de 2001 los EEUU se retiraron en el COP 6 y una afirmación contra el acuerdo del presidente conservador George W. Bush los exponía como un país incapaz de pensar sino era a través de la mediación de los intereses plutocráticos de corto plazo. Parafraseando a Oscar Wilde podríamos decir que “The laws of nature are not going to be suspended for …” (en este caso aplicable a) the american plutocracy. El presidente Republicano para ser consistente con la política de desprecio de los consensos mundiales dejaba en claro que EEUU no ratificaría el Protocolo de Kyoto aunque era el responsable de generar en ese momento cerca del 25% de los gases de efecto invernadero o sea el principal responsable mundial.
Escudados en la irresponsabilidad de EEUU, Australia que había firmado el protocolo en 1997 obteniendo un tratamiento especial por medio del artículo 3.7 decide sin embargo por medio del gobierno también conservador de John Howard (1996-2007) no  ratificarlo en principio exponiendo la incidencia del complejo carbonífero sobre las decisiones políticas australianas. El primer Ministro Howard  perteneciente al Partido Liberal-National Coalition tenía que dar cuenta por un lado del consenso en la sociedad  Australiana que superaba consistentemente el 75% en torno a la preocupación popular por el cambio global y efecto invernadero y por otro el poder de los intereses capitalistas vinculados con la matriz energética y las amenazas de esos poderes corporativos sobre el mercado laboral y los sindicatos, involucrando al extenso número de trabajadores que supuestamente perderían sus empleos si se adoptaban políticas “radicales” en torno a la reducción de la dependencia del carbón. Con frecuencia Howard defendía su argumentación subordinando la posición de Australia al comportamiento engañoso del mayor contaminador del mundo o sea EEUU una curiosa complicidad fraudulenta entre conservadores. Algunos estados Australianos comenzaron a tomar  iniciativas responsables y legislaron en materia de generación de energía renovable sobre todo en el caso de Queensland, Victoria y South Australia. Es dolosa relación con el Protocolo de Kyoto  había a esa altura de los acontecimientos dañado el prestigio de Australia. Se adoptaron bajo el gobierno de John Howard (1996-2007) una serie de medidas que intentaban reparar ese prestigio como en 1997 el “Safeguarding the Future”, programa por medio del cual Australia intentó responder al cambio climático. En 1998 se elabora el “National Greenhouse Strategy” y el  AGO “Australian Greenhouse Office” la primera agencia dedicada al tema del efecto invernadero como forma de compensar por el grave incumplimiento y la manipulación de datos y de políticas que habían llevado a cabo desde Kyoto. En 1999 se elabora el “Measures for a better environment” algo así como las medidas para un mejor medioambiente y en 2004 bajo gobierno laborista producen el documento “Securing Australian Energy Future” con un intento de elaboración de políticas estratégicas de mediano plazo.
Recordemos que Australia emitía a principios de siglo XXI entre 16 y 18 toneladas métricas per capita por año de CO2 muy por encima de cualquier otro país desarrollado con la excepción de las entre 19 y 21 toneladas métricas per cápita que emitía en ese momento EEUU el mayor emisor del siglo XX y fuente de una política basada en la maximización del proceso de destrucción egoísta del medio ambiente a favor de las ganancias de muy corto plazo de las clases dominantes norteamericanas (Roarty, 2002).
El debate en torno a la relación compleja y problemática entre consumo de energía e impacto sobre el crecimiento expresado como PBI ha arrojado conclusiones diversas en variados estudios, en algunos casos encontrando causalidades bidireccionales en el efecto de la reducción del consumo de combustibles fósiles y el PBI, en otros estudios unidireccionales desde la reducción de consumo a la contracción del PBI.  Otros modelos teóricos han cuantificado situaciones de indiferencia en los cambios de matriz energética lo cual significa que si bien la energía es uno de los componentes indispensables en el crecimiento económico en realidad depende mucho de las estrategias de largo plazo que los países puedan implementar para utilizar de forma extendida e intensiva los recursos capaces de producir fuentes de energía que no generen gases de efecto invernadero. Los debates permiten sostener la tesis de que no estamos condenados a una implementación de los objetivos del protocolo de Kyoto que devengan necesariamente en una contracción del crecimiento y bienestar económico. Solo si se toma como insumo rígido de los modelos econométricos al insumo energético y no se incorpora las externalidades se puede concluir en un impacto negativo de la correlación entre transformación de la matriz energética y crecimiento del PBI. Sin embargo si se implementan tiempos complejos con modelos de incidencia variable en matrices de insumo producto y políticas bien pautadas de transición, así como una cuidada planificación de la nueva matriz productiva se pueden evitar esos impactos negativos sobre el crecimiento económico (Narayan et al. 2008).


PARIS COP 21 Y LA POSICIÓN DE OBAMA

La CMNUCC Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático fue adoptada durante la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992 que entró en vigencia el 21 de Marzo de 1994 y cuenta con 196 estados partes. Esa convención marco implica una declaración de principios que reconoce el cambio global por incidencia antrópica debido fundamentalmente a las emisiones de los países desarrollados.
En el COP21 Francia se convierte en el anfitrión de la 21ª Conferencia sobre el clima a llevarse a cabo en Paris como decíamos en Noviembre-Diciembre de 2015. Es una conferencia de partes en la que los países deben presentar sus contribuciones para lograr el objetivo común de un aumento de temperatura global por debajo de los 2º C. Hasta el mes de Julio de 2015, 49 países presentaron planes de reducción de emisiones sobre el total de países miembros. Para Octubre ya eran 149 países que comprendían el 87% de las emisiones mundiales (incluyendo la República Argentina) que habían presentado los INDC “Intended nationally determined contributions” o sea los compromisos nacionales.  Australia presento su contribución el 11 de Agosto de 2015 y declaró intentando restituir su prestigio tan dañado en el pasado por sus gobiernos conservadores, sus contribuciones que transcribimos a continuación: “Attachment: Australia’s intended nationally determined contribution Target: 26 to 28 per cent below 2005 levels by 2030. Reference point Base year 2005. Time frames Period covered 2021 – 2030. Scope and Coverage Target type Absolute economy-wide emissions reduction by 2030, to be developed into an emissions budget covering the period 2021-2030, Gases covered Carbon dioxide (CO2); Methane (CH4); Nitrous oxide (N2O); Hydrofluorocarbons (HFCs); Perfluorocarbons (PFCs); Sulphur hexafluoride (SF6); Nitrogen trifluoride (NF3). Sectors covered Energy; Industrial processes and product use; Agriculture; Land-use, land-use change and forestry; Waste % of base year emissions covered 100 per cent of greenhouse gas emissions and removals in Australia’s national greenhouse gas inventory”. Un compromiso por lo que vemos de reducción del 26 al 28% sin embargo matizado por una condicionalidad vinculada a desarrollos tecnológicos y económicos.
La  Ministra de Ecología y Energía Segolène Royal tendrá un protagonismo que esperemos le permita conducir a los participantes a plantear objetivos creíbles de mediano plazo. Particularmente importante es ahora la posición de China pues se ha convertido en el mayor emisor de gases de efecto invernadero a partir de 2013-2014 ante lo que recién ahora ha comenzado a impulsar con mayor énfasis políticas de cuidado ambiental, como por ejemplo en el desierto de Gansu en el noroeste de ese país con la instalación de una masiva generación de energía a partir del uso de paneles solares, admitiendo recientemente  la necesidad de reconfigurar su matriz energética.
EEUU por otra parte ha presentado su plan de acción contra el cambio climático de la mano de lo que parece una posición de mayor cooperación internacional por parte de la administración demócrata del presidente Obama. El presidente hizo público este año un nuevo plan de energía  limpia en el cual los EEUU aumentaron la meta de  reducción de emisiones hasta el 32% para el año 2030  y de 26/28% para 2025 con respecto a los niveles de 2005, citamos textualmente “Party: United States of America. Intended nationally determined contribution. The United States intends to achieve an economy-wide target of reducing its greenhouse gas emissions by 26%-28% below its 2005 level in 2025 and to make best efforts to reduce its emissions by 28%”. La estrategia supone que cada estado de la Unión  debe proponer una versión individual acerca de lo que hará dentro de cada uno de los territorios de cara al año 2016 que debe permitir elaborar una  versión definitiva que debe estar lista para el año 2018. De inmediato el Partido Republicano que expresa en buena medida los intereses del sector energético incluyendo las petroleras que son por mucho las más contaminantes y tienden a  considerar la primacía de las ganancias de corto plazo por sobre las problemáticas mundiales más acuciantes, ha comenzado una campaña de fuerte oposición y descrédito liderada entre otros por el senador Republicano por Kentucky Mitch McConnell, pidiendo a los gobernadores opuestos al presidente Barack Obama que no cumplan con los objetivos. En forma coincidente el senador republicano Marco Rubio por Florida, ha amenazado al electorado con aumentos desproporcionados en las tarifas eléctricas distorsionando las cifras en complicidad con muchas cadenas de noticias controladas por los intereses financieros y bancarios. Es ya un patrón de conducta clásico de EEUU el creer que su poder la habilita a estar  por encima del resto de los países del mundo (recordemos por ejemplo su incumplimiento de las resoluciones de la ONU sobre el bloque criminal a Cuba o su negativa a aceptar la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional o su discrecionalidad criminal al  invadir y destrozar países generando cientos de miles de muertos) y claro está ser uno de los principales emisores de CO2 y de gases de efecto invernadero sin comprometerse con el protocolo de Kyoto. La emisión de CO2 per cápita de EEUU duplica la de UE y solo es superada por China en cuanto a la emisión global que recordemos cuadruplica la población de EEUU. Al momento de la firma del Protocolo de Kyoto, EEUU era el principal emisor de gases de efecto invernadero y ejercitó uno de los actos de hipocresía  al cual nos tienen acostumbrados pues luego de firmarlo no lo ratificaron amenazando el esfuerzo mundial por  evitar escenarios de creciente complejidad  a futuro por el efecto invernadero.

LA CLAUSULA 3.7 A MEDIDA PARA AUSTRALIA.

El protocolo de Kyoto no parecía ser en la década del 90 un acuerdo adecuado para los intereses de las empresas que dominaban la matriz energética australiana. Cuando los plazos para cerrar los acuerdos incluidos en el protocolo se estaban agotando en el mes de Diciembre de 1997 las autoridades australianas presionaron para lograr la inclusión del artículo 3.7 que muchos pasaron a denominar la “cláusula Australiana” por considerar que se había redactado a medida de las necesidades de ese gobierno en representación de los intereses capitalistas que dominan la generación de energía de ese país. La cláusula  considera emisiones netas por los cambios en los usos del suelo desde 1990, una estipulación que prácticamente se hizo a medida de Australia entre los países desarrollados. La inclusión de emisiones y de la capacidad de generar sumideros por la alteración en el uso del suelo se impuso con un efecto retroactivo a 1990 ampliando de esa forma el margen de maniobra de Australia. El gobierno de ese país, no especificó y omitió en forma dolosa  que ese proceso se venía registrando desde la década del 80 con una tasa decreciente de deforestación en las fronteras agropecuarias que beneficiaba artificialmente la pretensión australiana de obtener un beneficio por medio del efecto de sumidero, compensando por este medio, el volumen emitido de gases de efecto invernadero, lo cual derivo en  una situación en la que el gobierno de Australia no reportaba de modo transparente las emisiones por la supuesta alteración en el uso del suelo (Hamilton-Reynolds 1998).
Esa forma casi espectacular y sobre el filo de la conferencia de obtener la aceptación de la “cláusula Australiana” o sea el artículo 3.7 en la mañana del 11 de Diciembre de 1997 fue un proceder que anticipaba lo improvisado y dudoso del acuerdo por la dolosa posición de EEUU y Australia que no lo cumplirían. La cláusula 3.7 tiene efectos menores tanto para Gran Bretaña como para Estonia pero en verdad se hizo a medida del único país desarrollado que había atravesado procesos de deforestación en tiempos recientes y que desde la década anterior estaba atenuando ese proceso o sea Australia. La cláusula le permitió un incremento del 8%  en las emisiones de gases de efecto invernadero sobre los niveles de 1990 para los años 2008-2012. La “3.7” era por tanto en beneficio casi exclusivo de Australia dentro de los países del Anexo I entre los que era el que tenía el mayor nivel de emisión de gases de efecto invernadero por persona al punto que duplicaba la emisión promedio de los países desarrollados. La inclusión de la dimensión de deforestación en su carácter de sumidero significó que Australia en la década del 90 no se vio compelida a una política de reducción de emisiones y  se consolidó como el mayor emisor per capita de CO2  pasando de 16.5 toneladas métricas por persona por año a 17,2 en 2000 y a 17,4 toneladas per cápita por año en 2002 sin violar irónicamente el protocolo.
Las mayores deforestaciones se habían dado en el estado de Queensland con 262.000ha entre 1991-95 y en NSW con 54.874ha en solo los años 1994-95. A los fines del protocolo se definía esa reutilización de tierra cuando se alteraba la biomasa asociada a los bosques y se los convertía en pastizales y zonas agrícolas y la reversión a partir de abandonar tierras productivas para convertirlas en sumideros en lo que el IPCC llamaba cambio en el uso del suelo. Por fuentes de CO2 se determinaba la decadencia de la vegetación que por ejemplo se quema o la liberación de dióxido de carbono del suelo perturbado. De la vegetación que muere se asume una liberación lineal de CO2 sobre un período de diez años, igual período de tiempo que se considera para la liberación de la biomasa  del subsuelo. Australia llevo adelante un fuerte proceso de deforestación para convertir tierras vírgenes en productiva por ejemplo con la introducción de ganado vacuno. Esta es una forma de emisión bastante intensa de gases de efecto invernadero estimando unos 21kg de CO2 por cada Kg. de carne producida. Hay un componente político adicional pues muchas de las zonas rurales en las cuales se estaba llevando adelante la deforestación tenían una adscripción política vinculada al National Party antes denominado el Country Party o sea los conservadores con electorados en comunidades rurales que tienden a defender ideas de libre mercado vinculados con el sentimiento de que la regulación del uso del medio ambiente atenta contra la “libertad”. El gobierno de John Howard desde 1996 era una coalición liberal-conservadora y había mantenido una línea discursiva marcada por la agenda del lobby minero industrial, con algún compromiso de sectores sindicales vinculados al discurso de defensa de los puestos de trabajo. El primer ministro Howard se mostró incluso agresivo  con argumentos cercanos al nacionalismo mas grosero argumentando que Australia no cumpliría ni siquiera con el inciso 3.7 al que se había comprometido porque no se incluían restricciones para los países en desarrollo o sea  los países que menos gases de efecto de invernadero emitían y porque además la implementación de Kyoto dañaría según estos intereses corporativos a la economía del país. Por último solían justificarse por la posición irresponsable y mentirosa de EEUU que por un lado lo firmaba y por otra no ratificaba el protocolo.
La “cláusula Australiana” les permitió  sobreestimar su línea de base para posponer decisiones sobre su matriz energética altamente dependiente de la quema de combustibles fósiles al tomar datos iniciales que les permite sobrevalorar el efecto sumidero por la  atenuación en el ritmo de deforestación que en realidad  no estaba vinculad a las políticas ligadas al protocolo de Kyoto. En Australia se desato luego de la firma una fuerte disputa acerca de su ratificación, recordemos que se necesitaban 55 ratificaciones para darle curso a un horizonte de reducción global del 5.2% de emisiones por parte de los países desarrollados. Desde Marzo del 2001 estaba claro que no habría forma ni argumentación posible para que EEUU lo ratificara. La posición del Laborismo en Australia había sido favorable a la ratificación del Protocolo durante la campaña electoral a pesar de tener entre su electorado mas leal, a la importante cantidad de obreros de las cuencas mineras que eran fácil blanco de las campañas de la derecha política y de los medios de comunicación que les planteaban con frecuencia amenazas disfrazadas de noticias del enfrentamiento entrela Australia del trabajo yla Australia simbólica cuando en realidad era la disputa contra el predominio de los intereses del mercado que sacrifican la maximización estratégica y no se hacen responsables de las externalidades que generan forzando a la sociedad entera  incluyendo a sus obreros a subordinarse a sus ganancias de corto plazo. Finalmente el Primer Ministro John Howard no ratifico el Protocolo aunque se comprometió a respetar su objetivo de no superar el aumento de +8% en las emisiones pero confirmando que no estaba en el interés del gobierno conservador  el ratificar el protocolo a pesar de la concesión absolutamente excepcional que se le había otorgado. Howard como fiel exponente del partido de la coalición liberal adopto la línea argumental del lobby carbonífero con importantes aliados mediáticos sabiendo de cierta debilidad del laborismo por los vínculos que hemos señalado con los sindicatos mineros y la amenaza de cuantiosas pérdida de fuentes laborales.

    Australia se colocó en una posición refractaria hacia una transformación radical de su matriz energética que dependía en un 85% del carbón incluso con una parte de la dirigencia y de los medios de comunicación que descartaban, o postergaban la discusión en torno a una etapa del desarrollo post carbón. Posteriormente los sucesivos gobiernos intentaron introducir una rectificación de la política energética no tan dependiente del lobby minero e industrial al establecer en 2007 la ratificación del Protocolo. Sin embargo en Mayo de 2009 introducen una postergación de la implementación apartándose de la tendencia que estaban implementando los gobiernos estaduales sobre todo a partir de la decisión de NSW de establecer lo que llamaron las NETS National Emission Trading Schemes con una intención de iniciar políticas de reducción de emisiones a partir de políticas locales. La iniciativa también la tomaron  Queensland con la exigencia de llegar al 13% de la energía vendida que debía ser generada a partir del gas natural, Victoria con el objetivo de llegar al 10% de generación de energías renovables y South Australia con el objetivo de llegar al 20% de la generación de fuentes renovables para el año 2014. Sin embargo el daño a nivel internacional estaba hecho y Australia que había tenido una política progresista de vanguardia en la preocupación por el calentamiento global con un liderazgo mundial en los 80´s con el Laborismo de Bob Hawke (1983-1991) cayó a partir de 1996 en creciente descrédito en materia ambiental  con los gobiernos conservadores-liberales  de J. Howard y K Rudd (Crowley 2007). Recientemente Kofi Annan señalaba que Australia había perdido su posición de referente mundial en materia ambiental al ceder en su política energética a los lobbies del carbón con posiciones difíciles de justificar como la oposición expresa de J. Howard a la energía eólica.


NATURALEZA Y CONVENCIÓN EN LA SOCIEDAD AUSTRALIANA

    Es necesario para poder entender con mayor profundidad la faz agonal de estas políticas que estamos explicando, presentar algunos aspectos socioculturales en los cuales está inserta esta discusión ambiental. En la década de los 80´s Australia superó los 15 millones de habitantes con una densidad muy baja de apenas algo más de 2 personas por kilómetro cuadrado pues el país tiene una superficie de 7.682.300Km2 con una línea de costa de nada menos que 37.735Km. Es el continente más árido de la tierra con una altura promedio de apenas 300m sobre el nivel del mar o sea la mitad del promedio mundial de las tierras emergidas y menos del 10%  tiene una altura superior a los 600metros con un porcentaje de población urbana del 85%. La composición étnica ha sido una obsesión por momentos racista de la clase dirigente Australiana, sintiéndose asediada por potenciales aluviones inmigratorios desde las islas de pacífico, desde el sudeste de Asia o desde las ex colonias británicas. Hacia fines del siglo XX aproximadamente el 80% de la población era anglo-australiana, con un porcentaje decreciente de británicos cercano al 5%, con un 3% de la población entre italianos y alemanes y un porcentaje inferior al 1% de “aborígenes”. Destaquemos que la población aborigen originaria fue devastada por la invasión europea y apenas un siglo después de la conquista el número de pobladores originarios había caído a 70.000 otro caso de la violencia implacable del colonialismo europeo que devasto poblaciones por decenas de millones en todos los continentes en nombre de la razón y la civilización moderna. Para 1992 se contabilizaban unos 250.000 aborígenes y los que se denominan Torres Straits Islanders. Fue pertinente la declaración de Paul Keating primer ministro laborista (1991-1996) que afirmó en 1992 “We committed the murders. We took the children from their mothers. We practised discrimination and exclusion. It was our ignorance and our prejudice, and our failure to imagine these things being done to us”, dando cuenta de un costado particularmente turbio del colonialismo europeo a la hora de ejercer la discriminación, el crimen y avasallamiento de los pueblos originarios y posteriormente la continuación de muchas de esas conductas por parte de los australianos blancos occidentales y cristianos. Estas afirmaciones fueron afortunadamente complementadas con los dichos del Primer Ministro también laborista Kevin Rudd en 2008 cuando dijo “We apologise for the laws and policies of successive parliaments and governments that have inflicted profound grief, suffering and loss on these our fellow Australians. We apologise especially for the removal of Aboriginal and Torres Strait Islander children from their families, their communities and their country. For the pain, suffering and hurt of these stolen generations, their descendants and for their families left behind, we say sorry. To the mothers and the fathers, the brothers and the sisters, for the breaking up of families and communities, we say sorry. And for the indignity and degradation thus inflicted on a proud people and a proud culture, we say sorry”, pedir perdón por siglos de oprobio, discriminación y masacres que inició el colonialismo inglés en el siglo de las luces fue sin duda un gran progreso para la conciencia de la población australiana.
Habíamos anticipado el carácter eminente urbano de la mayor parte de la población del país. Para la década de los 90´s Australia tenía cinco ciudades con más de un millón de habitantes que en orden decreciente eran Sydney con 3.300.000, Melbourne 2.800.000 y luego con poblaciones apenas por encima del millón en Brisbane, Adelaide y Perth lo cual explica que sea  el continente más urbanizado. El crecimiento demográfico es lento, hoy en día cuenta con una población que apenas ha superado los 20 millones de pobladores. El censo de 2011 indicaba una población de 21.5 millones de habitantes con cerca de un 25% de inmigrantes que progresivamente han enriquecido la diversidad cultural del país. Una de las razones más importantes de ese escaso crecimiento ha sido la baja tasa de natalidad sobre todo de la población de origen europeo y que a mediados de los 80´s era de apenas 15.8 por mil, unido a una política muy restrictiva en materia inmigratoria que ha sido determinante. La “White Australia Policy” con antecedentes en el siglo XIX se puede rastrear incluso en los 1850´s por ejemplo en el resentimiento de muchos mineros en relación con la competencia de los esforzados trabajadores chinos. Las clases dominantes han tenido la habilidad de convencer a sectores trabajadores de que la inmigración es una amenaza a sus ingresos  por lo que con frecuencia el apenas disimulado discurso racista  ha contado con un cierto apoyo electoral. Esta política de la Australia blanca se mantuvo con la constitución  y la independencia en 1901 y no fue sino hasta los 70´s con el gobierno laborista que se comenzó a replantear el contenido claramente racista de la medida. Recordemos que hacia fines del siglo XIX esas restricciones inmigratorias se impusieron contra los “Kanakas” para trabajar en las plantaciones de azúcar sobre todo de Queensland. El primer ministro William Hughes (1915-1923) descaradamente llegó a decir que la política de una Australia blanca era “the greatest thing we have achieved” y ello estaba enraizado en la “Inmigration restriction act” de 1901 en pos de esa pureza de raza. Desde 1945 hasta 2010 Australia recibió más de 7.000.000 de inmigrantes siendo los principales contingentes provenientes  de Nueva Zelanda el 16%, del Reino Unido el 13% y luego porcentajes descendentes de India, China y  Sud Africa. Uno de los picos máximos de inmigrantes anuales fue por ejemplo en 1969-70 con 185.099. La trama de argumentaciones contra los inmigrantes en general encierran un burdo racismo aunque en algunos casos han elaborado complejas estrategias argumentativas que pretendían prohibir la inmigración para no alterar un óptimo de población en relación con los recursos naturales incluso los energéticos que estamos analizando o se argumentaba que por la falta de vivienda no se podían permitir muchos inmigrantes o se justificaba la restricción por la falta de empleo, argumentos que han gozado de bastante predicamento y que contrasta con por ejemplo la posición reciente de Argentina un país también condicionado por la inmigración que ha declarado a la inmigración como un derecho humano fundamental. En 1997 el Ministro Philip Ruddock demandaba  un recorte en la cantidad de inmigrantes por la amenaza que implicaban para la tasa de desempleo. En los 90´s se agravaron los debates con las detenciones de los inmigrantes ilegales durante el gobierno de Paul Keating  o el episodio del “Tampa” el barco mercante noruego que había salvado 438 náufragos de nacionalidad afgana así como indonesios y pakistaníes y  también algunos de Sri Lanka todos ellos hacinados en condiciones desesperantes  y que el gobierno del primer Ministro John Howard adoptando una línea  dura en materia de inmigración no autorizó a desembarcar. Hemos dado simplemente una breve selección de los problemas asociados con la inmigración pero también con la idea de óptimos demográficos ligados a cierta constante en las condiciones naturales de Australia en relación con un medio ambiente marcado por la insuficiencia de precipitaciones y como consecuencia una inmensa superficie que es en realidad en buena medida un desierto, uno de los más grandes del mundo que incide en las argumentaciones sobre el uso de recursos, sus efectos sobre el medio ambiente y en la relación entre la naturaleza y lo que llamamos la convención o sea el entramado cultural. El Ministro de Relaciones Exteriores de Australia, Alexander Downer (1996-2007) quién había sido presidente del Partido Liberal declaraba a finales del siglo XX que no quería destruir su sociedad con una inmigración excesiva, estructurando el argumento en torno a la protección de una identidad nacional y justificando su accionar al impugnar el proceder de mafias que trafican con inmigrantes, lo cual constituye el epítome de la hipocresía, pues esas mafias existen porque existen las restricciones en muchos casos racistas en la inmigración y no al revés. A pesar de todo el debate y las impugnaciones hacia fines del siglo XX Australia admitía unos 85.000 inmigrantes por año.
El territorio Australiano  de más de 7 millones de km² es un inmenso territorio pero el desarrollo humano esta condicionado por la aridez en algunos casos extrema y repetimos que es una verdadera obsesión cultural y política de los Australianos  tomar recaudos ante el hecho de ser un país muy árido con promedios de precipitaciones entre 450 y 500mm con vastas regiones desérticas que reciben menos de 200mm. Casi un tercio de Australia se encuentra al norte del Trópico de Capricornio lo cual genera índices de ETP muy altos y persistentes déficit hídricos. Entre el 40 y el 45% del territorio es desértico  con precipitaciones inferiores a los 250 mm y que sufre recurrentes sequías y devastadores incendios, como ocurrió en 1994 cuando casi 1.5 millones de hectáreas fueron arrasadas por los incendios o el caso de los terribles incendios de Febrero de 1983 con el saldo de 71 muertos. El siglo XXI se inicia en Australia con lo que se denominó la sequía del Milenio “The Millenium Drought” que se extendió entre 2001 y 2009 en parte explicable por el efecto del El Niño Oscilación Sur (ENSO) que explica un 44% de la sequía de la costa este del país y es responsable de algo menos del 10% de la sequía de Australia del Sur convirtiéndose en el forzante más significativo del “Milleniun Drought”, que fue seguido por una Niña que trajo fuerte lluvias e incluso inundaciones en 2010. A estos eventos se les debe complementar con los descubrimientos en torno al efecto de lo que se ha tipificado como P.D.O “Pacific Decadal Oscillation” que contribuyo  a la disminución de precipitaciones en algo menos de un 10% en la costa Este pero en cerca de un 40% de la disminución de precipitaciones en South Australia, eventos que permitieron poner en el debate la forma en que el país debía cuidar su medio ambiente y sus recursos hídricos teniendo en cuenta que casi la mitad de la producción agropecuaria Australiana requiere complemento de riego. La productividad de vastas regiones se vio afectada en esta primera década del siglo XXI con caídas en la productividad de entre 15 y 25%. No se notó al principio de esa sequía un efecto significativo en el almacenamiento de agua en los acuíferos pero a partir del año 2006 se dificultó gravemente en algunas regiones la disponibilidad de reservas de agua para cultivos ante la disminución del ritmo de recarga por infiltración y percolación. Otro efecto negativo fue la disminución del caudal medio de la mayor parte de los ríos que en forma natural por la sequía se habían reducido en un 45% de su descarga pero con la gran demanda antrópica sobre zonas con graves insuficiencias en las precipitaciones, los ríos llegaron en algunos casos extremos a perder el 80% de su caudal, lo que trajo aparejado una contracción de la producción agrícola ganadera de algo más del  2% del PBI incidiendo en una caída en el rubro exportaciones de casi un 20%. Esto impactó generó sobre el trabajo rural una contracción del -3% del empleo en la primera década del siglo XXI (Dijk, 2013). Si bien los forzantes no tienen una relación lineal con la incidencia antrópica, si despertó una vez más en la ciudadanía la preocupación por la cuestión ambiental y posiblemente haya alterado la percepción del electorado llevándolo a pensar que la problemática de las sequía implica un patrón de recurrencia para el que el país debe hacer esfuerzos planificados en el manejo responsable de sus recursos favoreciendo las argumentaciones en torno al cuidado del medio ambiente y un mayor compromiso con los debates internacionales sobre el cambio climático.
La secuencia de grandes incendios  generando cientos de muertos y heridos contribuyó a reavivar los debates sobre medio ambiente y el calentamiento global. El “Department of the Environment and Heritage” interesante asociación entre patrimonio, herencia y ambiente, adscribe al concepto de desarrollo sustentable tomando con frecuencia en documentos oficiales de lo dicho en el Bruntland Report “Our Common Future” en el cual se define al desarrollo sustentable como el desarrollo que puede enfrentar las demandas del presente sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para enfrentar sus necesidades. Australia en 1992 adopto la “National Strategy for Ecological Sustainable Development” (NSESD) en el cual definió su concepto de sustentabilidad con una consideración hacia los procesos ecológicos de los cuales depende la comunidad introduciendo un énfasis en la calidad de vida más que un sentido cuantitativo y aplicando el concepto de equidad intergeneracional aunque esta adopción confronta recurrentemente con las argumentaciones productivas y económicas.
Como hemos señalado la disponibilidad de agua es uno de los más graves problemas de Australia. En NSW hay 439 ríos en buena medida gracias a la barrera orográfica de la Gran Cordillera Divisoria siendo el estado con mayor densidad  de cuencas hídricas. El río Murray con 2375km es el más largo del país con una cuenca que excede el millón de Km. cuadrados pero implica un caudal medio de no más de 450 cumecs al cual le siguen tres ríos con entre 1400 y 1500km de largo en orden descendente el Murrumbidgee, Darling y el Lachlan. Sin embargo los caudales son muy bajos. El Darling en general tiene un caudal de 100cumecs lo cual da cuenta de las escasas precipitaciones que recibe el país. Es como hemos dicho el continente más seco de los habitados con promedios de precipitaciones del orden de los 450/500mm por lo que es el continente con menor descarga de agua en ríos. Esa escasez ha llevado a Australia a desarrollar desde muy temprano en su historia estudios meteorológicos por ejemplo en la época del gobernador Thomas Brisbane (1821-1825) que estableció un observatorio en 1821 en NSW. Posteriormente se construyó un observatorio oficial en Sydney  en 1859 y en Melbourne en 1854. El primer boletín del Bureau of Meteorology se emitió el 1º de Enero de 1908. Esta acuciante problemática llevo a los gobiernos de Australia a implementar medidas y a contar con instituciones que siguieron con detenimiento los problemas hídricos como en el caso del AWAP, Australian Water Availability Project, buscando crear un registro satelital en la década del 90 de recursos hídricos. La aridez del continente ha dado argumentos al SPA Sustainable Population Australia para pedir la limitación a la inmigración por la idea de insuficiente disponibilidad de agua. La “Optimum Population Trust”  afirma que Australia esta sobrepoblada planteando un óptimo demográfico de 10millones de habitantes. Han convertido estos sectores conservadores conceptos ecológicos y demográficos en herramientas políticas que esconden la discriminación y el racismo e inciden en la política exterior del país.
La relación entre su territorio y su matriz energética ha desatado con frecuencia fuertes debates en Australia. Ha habido espacio para sectores que cuestionan la conversión de la naturaleza en mercancía  y plantean una sustentabilidad propia del sistema capitalista, en la que la naturaleza se convierte en proveedora de recursos. En un sentido político es posible seguir dentro del partido Laborista un esfuerzo por imponer una lógica sobre los ecosistemas que no este atada a la lógica de maximización de beneficios  potenciando los deterioros gestados por las externalidades. Dicho eso no podemos dejar de notar que esa  posición no ha sido hegemónica por lo que ha habido intensas claudicaciones en parte incididas por la lógica del ingreso y de la supervivencia de las unidades productivas y el trabajo. A pesar de la posición impuesta por los conservadores durante el gobierno de J. Howard (1996-2007) en relación con el Protocolo de Kyoto, se han tomado una serie de medidas como la “Safeguarding the Future: Australia´s response to Climate Change” de 1997, luego la “National Greenhouse Strategy” de 1998 seguido por la “Measures for the better Environment” en 1999 y en 2004 la “Securing Australia´s Energy Future” todas iniciativas destinadas a compensar la grave deficiencia y desprestigio internacional generado a partir del incumplimiento y la posición engañosa frente al Protocolo de Kyoto. A su vez a nivel de cada estado hay estudios y autoridades de aplicación en materia ambiental que en forma creciente adoptan como políticas de largo plazo la idea de la sustentabilidad. Por ejemplo en Western Australia hay un Departamento Gubernamental de Medio Ambiente que demanda un manejo más equitativo del recurso escaso o sea el agua con la convicción de que puede haber un uso sustentable que permita pensar en términos intergeneracionales.