“A TRIUNFAR CON SCIOLI”. Por Norberto Alayón.

Hoy estamos, por cierto, golpeados; muy golpeados, pero no vencidos. El conservadurismo, que evidentemente también recogió muchos votos de los sectores populares, está de fiesta lanzando sus “despolitizados” globos, a diestra y siniestra (perdón, por lo de siniestra).

Mil interpretaciones habrá sobre lo sucedido: triunfo de la antipolítica; errores con la designación de tales o cuales candidatos; algunos personajes por cierto impresentables; desencantos y tristezas de los propios; reactualización de principismos abstractos desde el mismo campo del amplio espacio del kirchnerismo y/o de los “progresistas” o “de izquierda”.

Lo cierto es que la derecha, apoyada como siempre de manera transnacional, pudo nuevamente avanzar para poner al país ante la posibilidad de retroceder hacia la terrible década de los 90, donde se sufrió tanto y se perdieron tantos derechos. Los derechos que se recuperaron a partir del 2003 y los muchos nuevos que se concretaron no fueron suficientes para evitar el refortalecimiento de las perspectivas neoliberales.

Este retroceso es festejado vivamente por los tradicionales sectores de la reacción, por el espectro internacional del imperialismo mundial y también por muchos de los incautos locales no necesariamente conservadores, pero sí –con su práctica concreta– objetivamente antipopulares, más allá de lo que ellos crean de sí mismos.

Hace ya más de ocho años, en junio de 2007, redacté unas líneas con el título “Carta para mis amigos no macristas”. Ahí expresaba mi desaliento y crítica por la decisión de algunos amigos de votar en blanco o no concurrir a votar, ante la opción, en la Ciudad de Buenos Aires, entre Filmus y Macri. Finalmente ganó Macri. Por supuesto, no sabemos qué hubiera hecho Filmus si ganaba, pero sí se confirmó lamentablemente –y de sobra– mi negativo vaticinio sobre lo que iba a hacer Macri en la ciudad. Y ello, además, posibilitó construir un sólido espacio de derecha que hoy se expandió fuertemente y hasta podría llegar a conducir el país.

Para el ballottage venidero seguramente habrá que repensar y modificar muchas cosas. Entre ellas, y con todo respeto por las diversas posiciones, creo que hay que dejar de lado las opiniones del estilo de “votar desgarrado”, que terminan ayudando a sembrar dudas, a debilitar el necesario optimismo militante y a ser utilizado oportunistamente por el campo antinacional y por el “progresista” diario La Nación. Es necesario recordar, una y mil veces, que si llegara a ganar Macri no quedaremos con “desgarros”, sino con fractura expuesta de tibia y peroné o bien directamente con las “piernas cortadas” como dijera “el Diego”.

El próximo presidente de Argentina, por cuatro años, será Scioli o Macri. Son dos alternativas no iguales y no hay otra posible. Los ciudadanos que se consideran “progresistas”, los de “izquierda”, seguramente no votarán a Macri (excepto algún superlativo extraviado). Pero igualmente me permito mencionar que votar en blanco, anular el voto o no ir a votar puede contribuir objetivamente a fortalecer y reinstalar en el país las expresiones más barbarizadas del neoliberalismo.

Por todo ello, y aunque a algunos les pueda sonar como arriesgado o temerario, afirmo con absoluta convicción: ¡Para combatir al neoliberalismo, en este concreto momento histórico de Argentina, primero hay que triunfar con Scioli el 22 de noviembre! Después, veremos.

* Profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).