“La lucha contra el sentido común”. Por BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

Echemos un vistazo a 10 condenas que se están convirtiendo en el sentido común y que siendo ilusoria y absurda, son el nuevo sentido común.

En 1926, el poeta irlandés W.B. Yeats lamentaba: “Falta convicción a los mejores en cuanto a los peores están llenos de apasionada intensidad”. Esta afirmación es más verdadera hoy que entonces. Admitamos por hipótesis que los mejores en el plano personal, moral, social y político son la mayoría de la población y que los peores son una minoría. Como vivimos en democracia, no nos debe preocupar el hecho de que los peores están llenos de convicciones que, precisamente por ser adoptadas por los peores, tienden a ser peligrosas o perjudiciales para el bienestar de esta sociedad. Después de todo, en democracia son las mayorías las que gobiernan. La verdad es que hoy se va a ir generalizando la idea de que las convicciones que dominan la sociedad son las apasionadamente subscritas por los peores, y que eso es la causa o la consecuencia de que son los peores que gobiernan. En conclusión que de la democracia está secuestrada por minorías poderosas parece ineludible. Pero si a lo mejor de falta convicción, probablemente también ellos no están convencidos de que esta conclusión sea verdadera, es por lo que les será difícil movilizarse en contra de tal secuestro de la democracia. Cambia, porque, es urgente averiguar de dónde viene nuestro tiempo a falta de convicción de los mejores.

La falta de convicción es la manifestación superficial de un malestar difuso y profundo. Surge la sospecha de que lo que se difunde como verdadero, evidente, y sin alternativa, de facto, no lo es. Dada la intensidad de la difusión, se torna casi imposible al ciudadano común confirmar la sospecha y, la ausencia de confirmación, los mejores quedan paralizados en la duda honesta. La fuerza de esta duda se manifiesta como la aparente falta de convicción. Para confirmar una sospecha seria el ciudadano común de recorrer los conocimientos a los que no tienen acceso y que no ve divulgados en la opinión pública, porque también esta está al servicio de los peores. Veamos algunas de las convicciones que se van tomando sentido común y que, por ser ilusorias y absurdas, son nuevas lucha contra el sentido común:

La desigualdad social es el otro lado de la autonomía individual. Por lo contrario, para más allá de ciertos límites la desigualdad social permite a los que están en los escalones más altos alterar las reglas del juego de modo de controlar las opciones de vida de los que están en los escalones más bajos. Sólo es autónomo quien tiene condiciones para ser. Para el desempleado sin subsidio de desempleo, el pensionista empobrecido, el trabajador precario, el joven obligado a emigrar, la autonomía es un insulto cruel.

El Estado es por naturaleza un mal administrador. Muchos Estados (europeos, por ejemplo) de los últimos cincuenta años prueban lo contrario. Si el Estado fuese por naturaleza un mal administrador no sería tantas veces llamado a resolver las crisis económicas y de la sociedad. El Estado es considerado mal administrador siempre que pretende administrar sectores de la vida social  donde el capital ve oportunidades de lucro. El Estado sólo es verdaderamente mal administrador cuando los que lo controlan consiguen impunemente poniéndolo al servicio de sus intereses particulares por vía del fanatismo ideológico, de la corrupción y del abuso de poder.

Las privatizaciones permiten eficiencia que se traduce en ventajas para los consumidores. Las privatizaciones pueden o no generar eficiencia, siendo siempre una cuestión de  lo que se entiende por eficiencia, que relación debe tener con otros valores y a quien sirve. Las privatizaciones de los servicios públicos casi siempre se traducen en aumentos de tarifas, sea de transportes, de agua o electricidad. Las privatizaciones de servicios esenciales (salud, educación, prevención social) se traducen en la exclusión social de los ciudadanos que no pueden pagar los servicios. Si el privado fuese más eficiente, las asociaciones público-privadas tendrían que ser traducidas en ganancias para los intereses públicos, lo contrario de lo que ha sucedido. El escarnio de la proclamada excelencia del sector privado en comparación con el sector público alcanza el clímax cuando una empresa del sector público de un determinado Estado es vendido a una identidad pública de otro Estado, como pasó recientemente en Portugal, en el sector eléctrico, vendido a una empresa pública China; o cuando la adquisición de un bien público estratégico por un inversionista de un país extranjero puede ser financiado por un banco estatal de ese país, como pasa en el caso de la venta en curso de la compañía aérea, TAP, como posible financiamiento de la compra del inversionista brasileño por parte del banco estatal brasileño BNDES.

La liberación del comercio permite crear riqueza, aumentar el empleo y beneficiar a los consumidores. Tal como tiene bienvenido a ser negociado, la liberación del comercio concentra la riqueza que crea (cuando crea) la pequeñísima minoría en cuanto los trabajadores pierden empleo, sobre todo el empleo decentemente remunerado y con derechos sociales. Las grandes empresas norteamericanas que promueven la liberación de los directores ejecutivos, CEOs, ganan 300 veces el salario medio de los trabajadores de la empresa. Por otro lado, las leyes nacionales que protegen a los consumidores, salud pública y medio ambiente serán consideradas obstáculos al comercio y, en esa base, puestas en causa y probablemente eliminadas. Están en curso tres grandes tratados de libre comercio: la asociación Trans-Pacífico (TPP, la sigla en inglés), Acuerdo de Comercio de Servicios (TiSA), Asociación Trans-Atlántica de Comercio e Inversión 4 (TTIP). Por las razones anteriores, crece en los EE.UU. (y en Europa, en el caso de TTIP) oposición a estos tratados.

La distinción entre izquierda y derecha ya no tiene sentido porque los imperativos globales de la gobernación son incontrolables y porque la alternativa de ellos es el caos social. Si bien existe desigualdad, injusticia y discriminación social (una y otra vez y han ido en aumento en las últimas décadas), la distinción tiene sentido. Cuando se dice que la distinción no tiene sentido sólo la existencia de la izquierda es puesta en duda, nunca la derecha. Sectores importantes de la izquierda (partidos socialistas) cayeron en la trampa de esta lucha contra el sentido común, y es urgente que se liberen de ella. Los “imperativos globales” sólo no permiten alternativas hasta serían obligados a eso por la resistencia obligada de los ciudadanos.

La política de austeridad buscar remediar la economía, disminuir la deuda y llevar al país a crecer. En los últimos treinta años, ningún país sujeto a un ajuste estructural consiguió tales objetivos. Los reembolsos han sido hechos exclusivamente en interés de los acreedores, muchos de ellos especuladores sin escrúpulos. Es por eso que los ministros que aplican “con éxito” las políticas de austeridad son frecuentemente contratados por los grandes agencias financieras y por las instituciones a su servicio (FMI e Banco Mundial), cuando abandonan sus funciones de gobierno.

Portugal es un caso de éxito; no es Grecia. Este es el mayor insulto a los mejores (a la gran mayoría de portugueses). Basta leer los relatos del FMI para saber lo que reservando a Portugal después de que Grecia sea saqueada. Más recortes en las pensiones, más reducción de salarios y más precarización del empleo serán exigidos y nunca serán suficientes. Los “cofres llenos” promocionado por el actual gobierno portugués son para vaciarla al primer estornudo especulativo.

Portugal es un país desarrollado. No es verdad. Portugal es un país en desarrollo intermedio en el sistema mundial, una condición que duró por siglos. Fue esa condición que el hizo con que Portugal fuese simultáneamente el centro de un vasto imperio y una colonia informal de Inglaterra. Debido a esa misma condición, las colonias y ex-colonias vienen a veces desempeñando un papel decisivo al rescate de la metrópoli. Tal como Brasil rescató de la independencia portuguesa en el tiempo de las invasiones napoleónicas, la inversión de una ex-colonia (Angola) va hoy tomando cuenta de sectores estratégicos de la economía de la ex-metrópoli. En los últimos treinta años, la integración de una UE creó la ilusión de que Portugal (y a España y a Grecia) que podía sobrepasar esa condición semi-periférica. La forma en que la actual crisis financiera y económica está a ser “resuelta” muestra que la ilusión se disuelve. Portugal está siendo tratado como un país que se debe resignar a su condición sub-alterna. Los portugueses deben contribuir para bienestar de los turistas del Norte, mas deben contentarse con el malestar del trabajo sin derechos, de la creciente incertidumbre, y de la educación y salud pública reducidas a condiciones de programas pobres para pobres. El objetivo principal de la intervención de la “troika” fue para bajar el nivel de protección social para crear las condiciones para un nuevo ciclo de acumulación de capital más rentable, mejor dicho, un ciclo en que los trabajadores ganaron menos que antes y los grandes empresarios (no los pequeños) ganaron más que antes.

La democracia es el gobierno de las mayorías. Ese es el ideal pero en la práctica casi nunca fue así. Primero, se impide que la mayoría tuviese derecho a votar (restricciones de sufragio). Después, se buscó por varios mecanismos que la mayoría no votase (restricciones a la votación: votaciones de una jornada de trabajo, la intimidación a no votar, costos de transporte para ejercer el derecho de voto, etc.) o votase contra sus 6 intereses (propaganda engañosa, manipulación mediática, inducción de miedo hace que las consecuencias de voto, encuestas pagadas, compra de votos, interferencia extrema). En los últimos treinta años, el poder de dinero pasó a condicionar decisivamente el proceso democrático, incluso a través del financiamiento de los partidos y de la corrupción endémica. En algunos países la democracia viene a ser secuestrada por plutócratas y cleptócratas. Un caso paradigmático son los EUA. ¿Es alguien que puede afirmar de buena fe que el actual congreso brasileño representa los intereses de la mayoría de los brasileños?

La Europa es el continente de la paz, de la democracia y de la solidaridad. En los últimos ciento cincuenta años, Europa fue el continente más violento y aquel en que los conflictos causaron mayores muertes: dos guerras mundiales, ambas causadas por la prepotencia alemana, el holocausto, y los genocidios y masacres cometidos en las colonias de África y de Asia. El preconcepto colonial con que Europa continúa a mirar un mundo no europeo (incluyendo las otras Europas dentro de Europa) torna  imposibles los diálogos verdaderamente interculturales, esos sí, generadores de paz, democracia y solidaridad. Los valores europeos del cristianismo, de la democracia y de la solidaridad son en teoría tan generosos (incluso si es etnocéntrica), pero a menudo se han utilizado para justificar agresiones imperialistas, xenofobia racismo e islamofobia. El modo con que la crisis financiera de Europa del Sur ha sido “resuelta”, el vasto cementerio liquido en que se transformó el Mediterráneo, el crecimiento de la extrema derecha en varios países de Europa es la negación de los valores europeos.  Europa, como en el mundo en general, la paz, la democracia y la solidaridad, cuando son apenas un discurso de valores, apuntan a de ocultar las realidades que los contradigan. Para que sean experiencias y formas de sociabilidad y políticas concretas, deben ser de ganadas por vía de luchas sociales contra los enemigos de la paz, de la democracia y de la solidaridad.

Fuente: http://cartamaior.com.br/?/Coluna/O-Contra-senso-Comum/33821

Traducción: Carlos Morales