¿El candidato es el proyecto o el proyecto se queda sin candidato?. Por Nicolás Salerno Ercolani.

“Baño de humildad” y panorama del FPV hacia la definición de las principales candidaturas

 El sentido común y la prudencia aconsejaban la necesidad de disminuir la cantidad de opciones internas para las PASO presidenciales (El FPV hace un mes reunía 7 pre-candidaturas) y también en la provincia de Buenos Aires (Donde se llegaron a aglutinar 12 postulantes) Sin embargo, el entusiasmo con que muchos compañeros percibimos la intervención de Cristina para ordenar, se transformó en incredulidad cuando observamos su resultado. No quedó lugar para una representación que expresase a los sectores más dinámicos, comprometidos con la construcción militante y con la necesidad de propuestas programáticas que le dieran sustento a la idea de la profundización.

Scioli y Randazzo en plano nacional, Domínguez, Fernández, Espinoza y MI en la provincia, constituyen una parte del voto del FPV, inclusive podríamos decir que representan al sector mayoritario, pero no alcanzan a cubrir el espectro “por izquierda”. Indudablemente quedará un vacío que se va llenar por fuera, un vacío en términos electorales, pero sobre todo simbólico, discursivo y vital para la militancia popular del FPV.

Para quienes hace mucho tiempo batallamos por la necesidad de construir una opción de este tipo como la que podía representar el compañero Taiana por ejemplo, hemos quedado “huérfanos” de candidatos en nuestra propia interna. Es obvio que para las generales votaremos al candidato del FPV, que sin duda representa mejor opción que cualquier opositor, pero no podemos dejar de declarar que no resulta reconfortante la idea del voto al menos malo, sobre todo luego de 10 años de poder sufragar con esperanza y convicción.

Un balance en el análisis de la construcción política del kirchnerismo

Afirmar que al kirchnerismo le ha sido muy dificultosa la construcción política no es falso, pero merece la pena realizar un análisis mas pormenorizado de este problema.

1- El primer momento de Néstor presidente poseía una base de sustentación casi inexistente, representado por un pequeño núcleo duro del peronismo. A través de la idea de la “Transversalidad”, Néstor trató de arrimar a los movimientos sociales, un sector del sindicalismo y congraciarse con sectores progresistas que todavía lo miraban de reojo. La victoria en las elecciones de medio término del 2005, le permitió erigirse como jefe político del aparato peronista de la provincia de Buenos Aires. El punto más álgido de ese primer dispositivo fue la movilización a la Plaza el 25 de mayo de 2006.

2- Son las grandes disputas políticas contra las patronales agrarias primero y luego contra las patronales oligopólicas de los medios, lo que llevó a Néstor y Cristina a considerar la necesidad de un “armado propio”, pero articulado a la promoción de distintas organizaciones políticas y sociales. Fue el momento de las “mil flores” que tuvo vigencia aún después de la muerte de Néstor  hasta el acto de Huracán en marzo de 2011. Así, en un esquema de círculos concéntricos con un centro muy pequeño, se articulaban a ese núcleo con más o menos nivel de cercanía La Cámpora, el PJ intendentes y gobernadores, la Corriente Sindical (Moyano), la Corriente Nacional de la Militancia y el espacio progresista (Sabatellismo, CTA y otros)

3- El acto en Vélez el año 2012 dió lugar a una reconfiguración importante de ese dispositivo, con CFK como líder y La Cámpora como la organización que ordenaba el espacio de Unidos y Organizados. Este dispositivo de organización piramidal articulaba al kirchnerismo mas duro; en otro nivel y marco de relaciones quedaron el PJ y un sector del sindicalismo (CGT “Balcarce”)

Estas distintas fases tuvieron una constante: la debilidad del kirchnerismo para construir referencias políticas y candidatos con perfil transformador, “ideológicamente correctos” al decir de Rossi, pero con arrastre electoral fuerte y peso dirigencial propio. Basta observar el caleidoscopio de gobernadores del FPV, donde solamente Sergio Uribarri se acerca al registro mencionado. Vale decir que pese a muchos esfuerzos, prácticamente no hemos podido transformar las estructuras de representación político-institucional, permeadas todavía por una lógica liberal (la política como la continuación de los negocios por otros medios, como dice Horowicz) y profesional (la política como medio económico de vida, la creación de aparatos políticos que tienen como único fin su autopreservación)

El kirchnerismo no ha podido construir hegemonía en ninguno de los sectores sociales del campo nacional: ni en el movimiento obrero organizado, ni en el movimiento estudiantil, ni en los sectores populares del campo (campesinos, pequeños productores, trabajadores rurales) ni en el pequeño empresariado. No construyó una política de estado ni herramientas gremiales hacia el sector de trabajadores informales, no se dio una política de inserción sistemática en las organizaciones sociales (iglesia, clubes, sociedades de fomento etc.) Es un espacio político cuyo arraigo social depende del liderazgo de Cristina y casi no tiene mediaciones organizadas.

Panorama, tareas pendientes

Surge entonces la incógnita si el kirchnerismo, que con todos estos limitantes supo ser hasta el momento la expresión política del movimiento nacional, podrá seguir manteniendo ese rol solamente desde el liderazgo de Cristina, quien ya no detentará la jefatura del gobierno nacional ¿Derivará para convertirse en una corriente parlamentaria de centro-izquierda dentro del peronismo? Lo cierto es que más allá de cualquier especulación, los déficits que señalamos se convierten en las tareas estratégicas vigentes: la construcción de un herramienta política de los sectores populares alrededor de un programa claro, con dirigentes políticos con capacidad de conducción y peso electoral, con inserción social en los sectores nacionales, que acompañe y fortalezca un liderazgo popular como el de Cristina Kirchner.  Este plafón de doce años de gobierno nos pone en grandes condiciones para asumir con éxito la tarea.

Quienes hasta el momento hemos acompañado esta experiencia política y confiamos que pese a las dificultades, el proceso sigue siendo favorable a la acumulación del campo popular, no podemos esperar ni depositar en una persona semejante responsabilidad colectiva. Y si bien aquellos partidarios de la resignación que mencionábamos en la última nota parecen llevarnos cierta ventaja, este partido todavía no se encuentra terminado. Como dicen algunos compañeros “acá no se rinde nadie”.