“DEL CANDIDATO Y EL PROYECTO. Para una polémica fraterna”. Por Nicolás Salerno Ercolani

Se avecinan las elecciones presidenciales 2015. En este escenario algunos sectores de la militancia kirchnerista lanzaron la consigna “El candidato es el Proyecto”. En el marco de una crítica compañera y fraterna, queremos mediante este artículo expresar algunas discrepancias respecto de la debilidad política implícita en dicha afirmación.

En un año fundamental en lo electoral, donde el FPV luego de 12 años se juega su continuidad en el gobierno nacional, varios dirigentes del espacio ya explicitaron sus aspiraciones a suceder a Cristina. En ese marco un sector importante del kirchnerismo se hace eco de la consigna “el candidato es el Proyecto”, lo que permite en primer término, dos lecturas superficiales: la primera es que dicho sector prescinde de apoyar a los pre-candidatos que ya hicieron pública su intención, la segunda es que quienes sostienen esa idea no proponen otra figura dirigencial para la competencia en las primarias abiertas. Profundizando el análisis, la consigna sugiere el siguiente posicionamiento: la pretensión que sea cual fuere el dirigente que represente al FPV en las elecciones generales, el mismo deberá ser coherente con el legado que Néstor y Cristina dejan a través de su obra de gobierno.

Lo real es que dicho pronunciamiento no puede ser deslindado de la discusión al seno del FPV donde más allá de las distintas candidaturas, se presentan dos grandes posicionamientos en cuanto a la etapa que viene.

Un sector del FPV ha internalizado la idea de la resignación. Básicamente caracterizan que la fase de reformas y políticas transformadoras concluye con el mandato de Cristina y lo que sucede es (en el mejor de los casos) una etapa de moderación. La idea de la resignación tiene adeptos por derecha y por izquierda. Para los primeros se trata de adherir y conformar desde el FPV una expresión política propia que se adapte a esta “nueva realidad”. Quienes la sostienen “por izquierda” expresan que los sectores mas dinámicos del kirchnerismo deben abroquelarse, preparándose para un momento de retroceso, en una especie de resistencia sui géneris.

Desde otro sector del FPV apostamos a la continuidad pero marcando fuertemente la necesidad de la profundización. Bajo nuestra perspectiva caracterizamos el proceso de conquistas logradas bajo la figura dinámica de la bicicleta, donde la inercia favorece la desestabilización y la pérdida de lo logrado. De esta forma la fase que se avecina debe pensarse indefectiblemente desde la dialéctica estabilidad/avance, consolidación/profundización como términos de un mismo proceso.

Con muchos compañeros coincidimos que el camino abierto por Néstor y Cristina Kirchner es fundamental, sobre todo en términos de volver poner de pie una serie de grandes principios históricos del movimiento nacional y popular en la Argentina: justicia social, soberanía política, independencia económica, unidad latinoamericana y derechos humanos, se constituyeron en banderas políticas de la militancia organizada, abandonando la condición de meras ideas doctrinarias discutidas en las catacumbas del activismo. Es indudable que el momento abierto a partir del 25 de mayo de 2003 y lo que sintetizamos como “década ganada” constituye el peldaño indispensable para poder seguir avanzando, de tal forma que la defensa de los grandes logros se torna una tarea no solo del FPV sino del conjunto de la militancia popular

Sin embargo no debemos perder de vista que nuestro pueblo seguirá acompañando esta senda en la medida que podamos interpretar y construir un saldo político de los sus problemas y sus anhelos. Es por ello que para las elecciones de 2015 el centro de nuestra preocupación tiene que dirigirse a que el FPV sea el espacio que así lo exprese políticamente. Implica pensar todo lo que falta, ser autocrítico y elaborar propuestas que corrijan las falencias y señalen los nuevos desafíos.

En estas circunstancias, considerar “el proyecto” como lo ya realizado, caracterizar la etapa que viene en términos de la mera defensa de lo logrado, cristaliza el proceso de transformaciones, lo momifica y por lo tanto lo somete al peligro de la inercia y la desvirtuación. Convierte al proyecto en modelo, en un fin en sí mismo cuando de lo que se trata es de seguir avanzando hacia una patria más justa y democrática. Ese sueño todavía está por delante de nosotros, debemos ser concientes que pese a todo lo logrado estamos lejos de los niveles de dignidad que nuestro Pueblo se merece. La discusión sobre el modelo de país es gran parte un debate del futuro, no el atrincheramiento en el presente.