Taiana: “…la gente va a elegir el Gobierno no sólo por lo que se hizo, sino sobre todo por lo que se proponga que se va a hacer”. Un reportaje a Jorge Taiana, secretario general del movimiento Evita Capital, ex canciller de la Nación, y actual precandidato para las presidenciales del 2015, sobre los principales temas de la agenda política.

Reportaje de Ámbito Financiero, donde Jorge Taiana sobre los principales temas de la agenda política (La mano dura propuesta por Berni, pero también la ley de Hidrocarburos,  las recientes reformas del Código Civil, o del Código de Procedimientos. entre otros). Explica también la importancia política que en el 2015 tendrá el poder seguir el rumbo iniciado en 2003, pero también los problemas  y las transformaciones que aún están pendientes. Espacio Iniciativa creyó importante poner este reportaje  realizado por Sebastián Hadida a disposición de nuestros lectores.

Taiana, el kirchnerista crítico

El living palermitano de Jorge Taiana luce despojado de fotos y referencias a más de cuatro décadas de actividad política. Funcionario de Héctor Cámpora, siete años detenido bajo el Gobierno de Isabel Perón y la dictadura, embajador en Guatemala durante el menemismo, un paso por la OEA, encuentro con Néstor y Cristina de Kirchner y una agria despedida de la Cancillería, en 2010. Para quienes ven un oxímoron en la identidad “kirchnerismo crítico”, Taiana ofrece dosis parejas de reivindicación de las políticas oficialistas y enumeración de cambios estructurales pendientes.

 Por: Sebastián Hadida

V: ¿Qué diferencia a su precandidatura presidencial por el Movimiento Evita (dentro del Frente para la Victoria) de las del resto de los aspirantes del kirchnerismo?  

Jorge Taiana: Tanto en el Frente para la Victoria (FpV) como en el peronismo hay distintas vertientes. Mi intención es continuar la transformación para que el crecimiento se transforme en desarrollo, que la inclusión se convierta en justicia social y que se garantice trabajo para todos y con plenitud de derechos, pensando en los más humildes, que es la mejor tradición del peronismo.

V.: El kirchnerismo lleva once años en el poder, varios de ellos con alto crecimiento económico. ¿Por qué el Gobierno no ha conseguido traspasar ese escalón intermedio de la inclusión para avanzar hacia un desarrollo social más sustentable? 

J.T.: Yo creo que se ha avanzado mucho si tomamos en cuenta el punto de partida, que fue quizá la más profunda crisis de la historia argentina. Todavía estamos lidiando con los coletazos del default, que fue resultado de políticas anteriores al del Gobierno del FpV. De lo que se trata ahora es de pasar a un segundo tomo que yo resumo en la fórmula “consolidar y profundizar” el proceso de transformación que inició Néstor y continuó Cristina. Frente a este desafío, se opone una visión más conservadora que plantea una restauración. (Mauricio) Macri y (Sergio) Massa plantean repetir el modelo de la generación del 80, centrándose en la alta competitividad de los productos primarios, minería e hidrocarburos. Nosotros proponemos un modelo distinto, con una economía más integrada, que use por supuesto las ventajas comparativas de la producción agrícola y los recursos naturales, pero que además tenga una trama productiva y social que permita el bienestar para 40 millones de argentinos.

V.: ¿Cómo se alcanza esa meta?

J.T.: Estamos proponiendo la creación de un Ministerio de Economía Popular y de un Banco de Desarrollo Industrial, hacer una reforma tributaria, una nueva ley de servicios financieros y una mejor ley de inversiones extranjeras. La actual no ayuda a describir para qué queremos inversiones extranjeras. Es necesario tener un Banco de Desarrollo Industrial como el BNDES de Brasil, que reoriente el crédito a tasas favorables para que el segmento pyme pueda dar un salto en la integración de las cadenas de valor. La creación del Ministerio de Economía Popular obedece al desafío de dar respuesta a un universo de entre cuatro o cinco millones de personas que trabajan ya sea en la agricultura familiar, en fábricas recuperadas, como vendedores ambulantes y en toda una gama de actividades que se enmarcan en la economía social. Todo ese sector se caracteriza por tener bajos salarios, malas condiciones de trabajo, poca protección social y baja productividad.

V.: ¿No hay allí, en el núcleo de trabajo precario y, por ende, de pobreza, otro déficit del kirchnerismo?

J.T.: La revolución productiva que se ha instalado en el mundo tiene la característica de expulsar mano de obra del mercado formal, entonces aparece un conjunto de trabajadores que ha generado la autoempleabilidad, lo cual es extraordinario. Por lo tanto, ya no podemos considerar a la economía social como algo transitorio. Lo que sabemos hoy es que el crecimiento alto y sostenido en el tiempo no elimina ese sector. Obviamente, el crecimiento genera más empleo, pero sabemos que eso tiene un límite y que en todo caso es una cuestión de muy largo plazo. Entonces, tenemos que tener una política claramente diferenciada para atender a este sector, favorecer las formas asociativas, brindar apoyo técnico, ayudarlos con capital de trabajo, facilitar el acceso a los mercados. Eso requiere un trabajo que va a mejorar sus condiciones, la productividad, sus ingresos y, en definitiva, su calidad de vida.

V.: Usted recién hablaba del proyecto de restauración conservadora encarnado en Macri y Massa. ¿No le parece al menos paradójico que esa visión más conservadora aparezca también en la candidatura que hoy aparece como la más competitiva dentro del FpV, la de Daniel Scioli? 

J.T.: Por eso yo estoy promoviendo el debate. Primero, hay que ver qué candidato termina triunfando en la interna y, en segundo lugar, hay que ver con qué programa termina ganando. La ausencia de debate no es buena porque desmoviliza, hace que nos centremos sólo en aspectos que tienen que ver más con el marketing.

V.: Cristina sigue manteniendo, según los sondeos, entre 33 y 40 puntos de imagen positiva. Sin embargo, ningún oficialista parece capturar esa adhesión. ¿Por qué el kirchnerismo no supo alumbrar un sucesor? 

J.T.: Yo me pregunto: “¿Por qué no dejamos de restringir al kirchnerismo el problema de la renovación de la dirigencia?”. En 2001, además de la fenomenal crisis económica, tuvimos una crisis de los sistemas de representación política. En octubre de ese año hubo una elección con el 40% de voto entre blanco, impugnado, recurrido y nulo. Yo creo que esa crisis de representación política y del sistema de partidos no está superada en la Argentina. Permaneció invisibilizada porque tuvimos dos liderazgos fuertes al frente del Ejecutivo que fueron Néstor y Cristina. El mecanismo de las PASO, que fue una idea del FpV, es un avance importante hacia la superación de esa crisis. El FpV ha usado a las PASO menos de lo conveniente. Las usó UNEN y le ha ido bastante bien.

V.: ¿Por qué La Cámpora, a diferencia del Movimiento Evita y otras organizaciones K, prefiere no construir un candidato con tiempo y se mantiene a la espera de una eventual bendición de la Presidenta? 

J.T.: Son evidentemente matices y opciones políticas. Yo considero que los debates políticos requieren representaciones físicas. Si yo quiero que determinados temas estén al tope de la agenda y que sean considerados respecto de qué hacer a partir de 2015, me parece que es necesario contar con esa figura para dar esos debates. Ellos han considerado otra cosa. A mí me parece que lo mejor es tener una militancia organizada, por supuesto en defensa del Gobierno presente, pero al mismo tiempo comenzando a debatir cómo seguimos. Evidentemente, la gente va a elegir el Gobierno no sólo por lo que se hizo, sino sobre todo por lo que se proponga que se va a hacer.

V.: Lo que se ve desde afuera es una menor concurrencia de la militancia del Movimiento Evita a las actividades del frente Unidos y Organizados (que integran casi todas las vertientes del kirchnerismo “puro”). ¿Se están yendo de ese espacio? 

J.T.: No. Unidos y Organizados ha funcionado como una coordinadora de organizaciones que ha sido útil para algunas tareas, pero no es una respuesta política para el conjunto del FpV. La identidad política básica del movimiento es el peronismo y su vocación frentista se expresa en el FpV.

V.: Pero Unidos y Organizados funciona en el marco del FpV… 

J.T.: Claro. Tiene más que ver con una cuestión generacional, incorporando a movimientos sociales y organizaciones kirchneristas de base.

V.: Hay algunos sectores oficialistas que consideran que el kirchnerismo es la nueva identidad nacional y popular del siglo XXI, superadora del peronismo. Un peronista histórico como usted, sospecho, no está tan de acuerdo con esa caracterización. 

J.T.: Yo creo que el kirchnerismo es la forma en que se expresa hoy el peronismo. La identidad básica popular sigue siendo el peronismo que se expresa a través de Néstor y, en la actualidad, a través de Cristina. Las tres grandes banderas del peronismo son el corazón de este proceso.

V.: ¿Ve matices en la oposición? 

J.T.: Me parece que la oposición está siendo hegemonizada por una agenda restauradora, que plantea volver a esa Argentina más centrada en lo agropastoril y desmovilizar los reclamos de los sectores sociales más desprotegidos. Eso está pasando en UNEN, por ejemplo. La creciente confluencia con Macri expresa eso. Y Massa va por el mismo camino. Para diferenciarse del FpV están tomando una posición más consistente de centroderecha. Eso les va a traer algunos conflictos internos.

V.: Más allá del caso argentino, en los otros países de Sudamérica donde gobiernan expresiones progresistas o populistas, se está viendo una recomposición de las fuerzas de centroderecha de la mano de cierto desgaste natural de los liderazgos populares. La excepción fue Bolivia. ¿Cómo ve el panorama? 

J.T.: Creo que se ha cumplido una etapa y estamos ingresando en una nueva. Se ha cumplido una primera etapa de recuperación que ha coincidido desde el punto de vista internacional con un valor muy alto de nuestros commodities y altas tasas de crecimiento para la región. Ahora la situación cambió, ya que los precios de los commodities ya no son tan altos, si bien siguen siendo buenos si los miramos en perspectiva histórica. Además, este año va a ser el primero en más de diez años en que la región va a crecer menos que la media mundial.

V.: En su juventud formó parte de aquel peronismo revolucionario que aspiraba a lo que en la época se denominaba “socialismo nacional”. En la última década, algunos gobiernos de la región afines políticamente al kirchnerismo recuperaron en el discurso ese concepto, obviamente adaptado a los tiempos que corren. ¿Se puede volver a poner en vigencia esa idea en la Argentina o es una categoría que quedó obsoleta?

J.T.: No es que yo haya dejado de creer, pero me parece que hoy en día esas apelaciones más que aclarar, confunden, porque no es fácil definir al socialismo después de la crisis del socialismo real. Con las banderas del peronismo estamos cómodos para movernos: justicia social, independencia económica y soberanía política. Agregaría la integración regional. Ahora, si me preguntan si estoy a favor de tener más democracia y participación popular en los productos de la sociedad, estoy totalmente de acuerdo. No sé cómo se define eso a nivel conceptual e ideológico.

V.: En los países que se reconocen en el paradigma del Socialismo del Siglo XXI, el llamado “cambio de época” quedó consagrado en una nueva Constitución. ¿Por qué cree que inmediatamente después del 54%, en su momento de mayor popularidad, Cristina no optó por ese camino? 

J.T.: La Argentina ha tenido menos tradición de reforma. Chávez llegó al poder diciendo que había que poner fin a la Cuarta República y hacer una Constitución distinta. Lo mismo en Ecuador y Bolivia. En procesos como el de Brasil, Uruguay y la Argentina no hubo cambios constitucionales. En general, ha prevalecido la idea de que la Constitución actual tiene la suficiente flexibilidad para que se puedan hacer distintas cosas. Yo soy de los que piensan que sería razonable hacer ajustes a la Constitución. Lo que ocurrió en el último tiempo con el debate por este tema es que quedó demasiado envuelto en la cuestión polarizante de la re-reelección y por eso se empantanó. El problema nuestro es que mezclamos cuestiones estratégicas con tácticas. De todas maneras, el debate no lo instalamos nosotros. Cristina siempre se expresó en contra de la re-re. Como peronista, yo mantengo muy presente la Constitución del 49, que consagraba la función social de la propiedad.

V.: Que fue retirada del proyecto de reforma del Código Civil que se aprobó en el Congreso.

J.T.: Fue una situación que debe de haber tenido que ver con la correlación de fuerzas.

V.: También se estableció que el inicio de la vida humana coincida con el momento de la concepción. Esa modificación no se hizo sin el reproche de la jefa de bloque Juliana Di Tullio y otras militantes del oficialismo que están públicamente a favor de debatir el aborto. ¿Fue una concesión a la Iglesia? 

J.T.: Yo no sé si fue una concesión a la Iglesia, pero sí sé que no estoy de acuerdo con esa modificación.

V.: La ley de hidrocarburos, que ya tiene media sanción en el Congreso, genera resistencias por derecha y por izquierda. 

J.T.: No debemos perder de vista la cuestión de fondo, que es la recuperación de la mayoría accionaria de YPF para una política nacional de hidrocarburos. Estoy convencido de que es la medida más importante del segundo Gobierno de Cristina. Esta ley de hidrocarburos es un rebalanceo entre la forma en que actúan las provincias y el Estado nacional. Eso tiene un sentido positivo, ya que es importante que el Estado nacional tenga un papel de mayor importancia para llevar adelante políticas nacionales, y tenga y capacidad de negociación con las compañías petroleras, que son muy poderosas y plantean exigencias muy duras.

V.: Justamente se critica que esta ley les otorga concesiones excesivas a esas grandes compañías, como la autorización de enormes giros de dividendos, alargamiento de la concesiones para explotaciones no convencionales, prohibición de reserva de áreas para empresas con participación estatal, entre otras cuestiones. 

J.T.: La ley es debatible. Hay muchos compañeros que no están satisfechos. No tengo una opinión definitiva. Sí creo que es bueno que el Estado nacional tenga un papel más claro y que exista cierta política de promoción para que haya más inversiones.

V.: Critica la extranjerización y la concentración económica. Nuevamente hay que remitirse a lo ocurrido en la última década. 

J.T.: El proceso de concentración de la producción y la extranjerización no son sólo argentinos, sino que aparecen en casi todas partes del mundo. Tenemos que hacer un esfuerzo consciente de políticas públicas y de modelo de desarrollo para lograr una estructura productiva menos concentrada y con mayor peso del capital nacional. Hay que destacar que en una época en la que en todo el mundo ha crecido la desigualdad, según el índice Gini, desde China hasta los tradicionales países nórdicos, en América Latina ha disminuido. Esto demuestra que más allá de cómo es el proceso productivo -que por el tipo de inversión de capital tiende a concentrar la producción y la riqueza-, las políticas públicas tienen un rol importante.

V.: Sin embargo, usted reconoce que la matriz productiva no se ha diversificado demasiado, ni en el país, ni en la región en general. 

J.T.: Tuvimos más éxito con las políticas sociales, como las asignaciones universales en la Argentina o el Bolsa Familia en Brasil, que con las políticas para reestructurar la trama productiva, que también se dieron. El tema es que nosotros veníamos de un tejido productivo enormemente dañado, especialmente el pyme, luego del proceso de apertura, desregulación y privatización de los noventa. Hubo una recuperación del tejido industrial, pero ha sido insuficiente para tener lo que Aldo Ferrer llama “densidad productiva”, con procesos integrados. Al carecer de cadenas de valor integradas, el crecimiento económico depende muchísimo de insumos importados, y por eso vuelve el problema de la restricción externa. La creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva es un acierto en ese sentido.

V.: En los últimos tiempos se fortaleció la figura de Sergio Berni como el referente del kirchnerismo en temas de seguridad. Con un discurso “manodurista”, propone leyes como la regulación del piquete y plantea que existe una relación directa entre la inmigración y el delito. ¿No se había superado ya ese debate? 

J.T.: En lo único que coincido con Berni es en que tenemos un problema de inseguridad. No creo que la forma de resolverla sea la adecuada. No me parece que haya que echarles la culpa a los inmigrantes ni que haya que regular los piquetes por ley.

V.: ¿Y por dónde habría que empezar para dar respuesta en este frente? 

J.T.: El problema es multidimensional. Hay cuestiones estructurales, pero también hay políticas específicas de seguridad que se podrían tomar. Cristina había dicho que falta que la democracia llegue a una reforma de las fuerzas de seguridad. Creo que hay que empezar por ahí. Tienen que estar bien pagas, capacitadas y subordinadas al poder civil. Eliminemos la violencia institucional que sufren tantos chicos en nuestros barrios y terminemos con esa teoría que está en tantas policías provinciales de que la forma de actuar es administrar el delito.

V.: ¿Por qué cree que se lo ratifica en su cargo a Berni y se empieza a hablar de “las puertas giratorias”? 

J.T.: Me parece que los argumentos de demagogia punitiva tienen un impacto grande de opinión. Lo que está claro es que durante años no hemos hecho más que endurecer leyes y eso no ha servido para resolver el problema. Por el contrario, lo que hemos logrado es sobrecargar cárceles. Mientras no hagamos una reforma del Servicio Penitenciario, las cárceles seguirán siendo escuelas del delito en lugar de ser centros de rehabilitación para personas que cumplen una pena.

Entrada y salida

V.: Volviendo a su relación con el kirchnerismo, ¿en qué momento usted comienza a trabajar con Néstor Kirchner?

J.T.: Fue a fines de 2001 o comienzos de 2002. Él se acordaba de mí. Me contó que fue uno de los acompañantes de mi papá (Jorge Taiana padre, ministro de Educación de Héctor Cámpora y de Juan Perón) en la campaña del 73. Mi papá era miembro del Consejo Superior Peronista y estaba muy cerca de Cámpora y de las organizaciones de la Tendencia. Le había tocado hacer una recorrida por el sur junto con (Vicente) Solano Lima. En esos actos, la Juventud Peronista disponía de compañeros que acompañaran a los dirigentes. El que le tocó a papá fue Néstor. Yo no lo recuerdo de esa época, pero conocí a mucha gente del FURN (la agrupación de izquierda peronista de la UNLP donde militaba Kirchner), como a Carlos Kunkel y al resto de los fundadores. Cuando volví al país en 2001, Kunkel me hizo conocer a Néstor y comencé a trabajar con su equipo de campaña.

V.: El proyecto original era Kirchner 2007. ¿Cómo vivió esa vorágine de acontecimientos que desembocaron en la victoria de 2003? 

J.T.: Efectivamente, la campaña de 2003 era más para mostrarnos y llegar como mucho al 5%, quedando bien posicionados para 2007. Ésa era la visión que teníamos todos, pero los hechos se aceleraron. Duhalde declinó por razones obvias. Reutemann no quiso. De la Sota comenzó una especie de campaña que no tuvo ninguna resonancia popular y se bajó. Felipe (Solá) rechazó porque consideraba que era una trampa. Entonces Néstor, que era mucho más audaz políticamente, vio la oportunidad que se abría en ese momento de crisis y fue para adelante con una campaña que inesperadamente se transformó en exitosa. Yo tenía bastante experiencia en asuntos internacionales, había sido embajador de Guatemala, secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, había tenido un paso previo por el ministerio, así que era natural que fuera para ese lado. Cuando llegaron las designaciones, quedó Rafael (Bielsa) como canciller y yo como vice.

V.: Hay una versión no confirmada de que su salida del gabinete de Cristina se precipitó a partir de una versión en el diario Clarín referida a Botnia, en pleno conflicto con Uruguay¿Confirma esta versión?

J.T.: Un ministro es una persona que tiene que creer que está en las mejores condiciones de ejercer de la mejor manera posible para el presidente que lo ha designado. Cuando considera que no está en plenitud para desarrollar su tarea por las razones que fueren, creo que es mejor que dé un paso al costado, que es lo que yo hice.

V.: ¿Y cuál fue la razón?

J.T.: Consideré que no estaba al ciento por ciento para continuar. No nací ministro y puedo vivir sin ser ministro.

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