“Política, Estado y construcción de Poder Popular”. Por Carlos Vilas, reconocido politólogo. Exposición en la Asamblea Popular del Pensamiento Emancipatorio, realizada en Rio Cuarto, Mayo 2014.

Compartimos el discurso completo de Carlos Vilas en la Asamblea Popular del Pensamiento Emancipatorio que se desarrolló el 16 y 17 de mayo del 2014 en la Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba. La intervención de Vilas tuvo lugar en el panel denominado “Política, Estado y construcción de poder popular” junto con Pedro Wasiejko, Carlos Heller, Marcelo Koenig y Jorge Cardelli entre otros.

Política, Estado y construcción de Poder Popular
La contradicción antiimperialista es un tema como que había pasado de moda. Es decir; el imperialismo existe, está más fuerte que nunca, y frente al imperialismo no queda otra cosa que la Nación. Cuando nosotros hablamos de la construcción de poder popular, estamos hablando también de la construcción de la nación. Porque la nación no es solo la bandera, los símbolos, el lugar donde uno nació. La nación es un proyecto, que se actualiza cotidianamente, sobre las luchas del Pueblo. La nación, tal como nosotros la concebimos, es un atributo del Pueblo. Entonces cuando hablamos de la construcción de poder popular, estamos hablando de una construcción de la nación que exprese las aspiraciones emancipatorias de su Pueblo.

Y aquí viene la cuestión; ¿quiénes somos el Pueblo? Y muchas veces, a lo largo de la militancia, y creo que todos hemos pasado por eso, tiene cierto grado de inevitabilidad pero irremediable, tendemos a pensar que el Pueblo son simplemente los más pobres, los trabajadores. Y uno dice: bueno sí, sociológicamente esos son parte del Pueblo. Pero el Pueblo es un concepto político. Ser parte del Pueblo es tener cierta posición en la lucha por la construcción de la Nación, y la lucha contra el imperialismo. Por lo tanto, no basta con determinado nivel de ingreso, con determinada profesión, con determinada tonalidad epidérmica. No existe una esencialidad en lo popular. Lo popular se define en la lucha contra el poder establecido que oprime y explota. Por lo tanto, la convocatoria a la construcción del poder popular, va mucho más allá de determinadas fronteras sociológicas, demográficas o económicas. En esto que nosotros estamos llevando a cabo hoy tenemos una amplia representatividad de un montón de sectores, en esta mesa: tenemos lo que formalmente sería el capital financiero, el proletariado, tenemos los sectores medios. Pero lo que nos unifica no es una “alianza de clases” de manual. Nos unifica un proyecto político que se construye a partir de lo que nos es común.

Eso es lo que está en la intención que nos convoca a Río Cuarto, nos convoca ese tipo de construcción. Porque uno puede estar parcial o totalmente de acuerdo con algunas de las grandes tareas que se han planteado, y los desafíos para darle continuidad y profundidad a todo lo que hemos logrado. Bien, no tan bien, planificadamente o a los ponchazos. Pero si para hacer esto tuvo que darse una conjunción de factores locales, regionales e internacionales, y ese factor que es tan importante en política, que es el azar, la suerte, la fortuna (es decir, que los tipos indicados estuvieran en el lugar adecuado en el momento oportuno) eso no se dio simplemente por fortuna. Se dio porque se trabajó para que esa conjugación de factores se diera.

Entonces ¿qué es lo que nos convoca hoy?

Tenemos que construir instrumentos de poder, de organización, electorales, de conducción, de movilización, que nos permita convocar otra vez a esos hados de la política, que nos permita fortalecer y seguir adelante.

Seguir adelante no significa solamente una continuidad lineal con lo que hemos venido haciendo. Eso no funciona. Yo pertenezco a una generación, la sesentista. ¿Qué nos dijo Perón a los jóvenes de aquel entonces? ¿Cuál fue la consigna que nos tiró? Actualización doctrinaria para la toma del poder. ¿Qué es la actualización doctrinaria? “Viejo, notifícate de lo que el mundo ha cambiado”. Y el mundo de los 70 no era el mundo de los 40. Por eso no se trató (con lo poquito que nos duró) hacer una proyección lineal de los 40. De hecho, yo pongo siempre como ejemplo, ni Perón pudo hacerlo. Cuando se planteó volver al sistema de hospital público de Ramón Carrillo, ni Perón tuvo fuerza para oponerse a los intereses que estaban a favor del sistema de la privatización. Y no me refiero a los laboratorios o a las grandes empresas de prestación de servicios de salud. Muchos formalmente asalariados, en sus organizaciones, se opusieron a eso, porque el negocio estaba por otro lado.

Tenemos que notificarnos: el mundo del año 2015 no es el de 2001. Y la Argentina del 2015 no es la de 2001. Entre otras cosas, porque nosotros estuvimos 10 años trabajando para la transformación del país. Pero eso hay que sostenerlo. Todo puede volver atrás. El mito de las batallas finales es un mito. En política ninguna batalla es final. Ninguna victoria es definitiva. La victoria dura lo que dura la lucha popular para sostenerlas y para profundizarlas. Y ahí está el desafío que hoy nos reúne aquí. Esa construcción de poder popular; esa construcción de la nación en clave del Pueblo. Tiene que convocar a sectores muy amplios de la Argentina, con los cuales, en principio, uno puede decir “yo con ese no tengo nada que hacer”. ¿Cómo qué no? Hay que identificar cuáles son los conflictos, las contradicciones, que cada sector social tiene con el poder establecido, con ese poder económico concentrado, con sus expresiones periodísticas e intelectuales, y con sus vinculaciones hacia afuera, porque el imperialismo ya no es un factor externo, algo que está fronteras para allá. El imperialismo está aquí dentro y opera a través de sus aliados, sus cómplices.

Y no dejarse engañar por falsos debates. Siempre que aparece una crítica a una medida popular, que a lo mejor no es un ejemplo de prolijidad (la prolijidad nunca nos caracterizó a nosotros) y de lo que se trata es de romper reglas. A vos la regla te sale bonita después que la vas experimentando y la vas ajustando. En una época uno compraba un auto nuevo y lo sometía a rodamiento. Compraba un auto que podía llegar a 150 y los dos primeros meses no andaba a más de 40. Hasta que se afianza el motor y sos un campeón.

Uno tiene que preguntarse; las críticas a Vaca Muerta, las críticas al decreto YPF-Chevrón, ¿a quién le importa? ¿Quién está detrás de eso? ¿Cuál sería el efecto si eso se nos viene abajo? Se nos viene abajo YPF. Se nos viene abajo el Shell oil y no te preocupes, que alguien va a venir a sacarnos, en otras condiciones, y con otros efectos.

Hay que ser mal pensado a la fuerza porque uno sabe que enfrente tiene a los malos. Entonces el gran desafío es sin duda; pongámonos de acuerdo en algunas cosas que tengamos que hacer, pero seamos consecuentes para que eso no sea simplemente un diagnóstico socioeconómico académico. Cuáles son las condiciones políticas que tenemos que construir para que eso sea posible. Y me parece a mí, para retomar una de las consignas del Evita, “somos lo que falta”. ¿Qué es lo que falta? Lo que falta no es simplemente subir la asignación familiar o modificar alguna cosita. No. Lo que falta es realmente meterle el cuchillo a las condiciones estructurales que hacen posible que ese techo alto que nosotros visualizamos en 2001/2002, nos lo estén bajando. Y aparezca esta idea de que esto se acabó, que estamos de salida, la restricción externa. Preguntémonos dónde están las causas de los problemas que nosotros identificamos. Y generalmente, las causas del problema no están donde el problema se manifiesta. Están en otro lado, como el tero, que grita lejos del nido. Identifiquemos el nido, y sobre eso actuemos. Eso es lo que falta y es evidente que hace falta mucha fuerza, mucha organización, mucha capacidad de sacrificio, teniendo en claro hacia dónde queremos llegar.

Si nosotros no somos capaces de construir la unidad, porque construir poder popular es construir la unidad en la diversidad de lo organizativo, no solo no vamos a poder ir por lo que falta, no nos van a alcanzar las manos para sostener lo que van a tirar abajo. Ese es el desafío; la construcción del poder popular es la construcción de la unidad en la diversidad y de la organización desde esa unidad.

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