“El estado…….no solo debe pensar la creación de derechos sobre la nueva forma de organización del trabajo, sino también tiene que pensar nuevos trabajos.” Intervención de Alexander Roig, secretario académico de UNSAM, en el marco de la Asamblea por el Pensamiento Emancipatorio, celebrado en la Universidad de Rio Cuarto. Mayo 2014

El pasado 16 y 17 de mayo se realizó en la Universidad de Río Cuarto un encuentro organizado por la propia universidad y la subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación. Reunió una cantidad importante de referentes políticos, intelectuales y sociales con el objetivo de discutir las perspectivas a futuro en materia económica, social y cultural del proceso abierto en 2003.

Constituida como Asamblea popular por el pensamiento emancipatorio, la convocatoria tuvo como principales protagonistas a Jorge Taiana, Norberto Galasso, Jorge Cardelli, Ángel Strapazon y Carlos Vilas entre otros. La organización del debate en varias mesas contó con la intervención de estos como de otros expositores. El espacio se propone la continuidad en el tiempo a través de la organización de encuentros posteriores, el próximo a realizarse en la ciudad de Mar del Plata.

Desde Iniciativa estuvimos presentes en las jornadas y queremos compartir con nuestros lectores algunas de las exposiciones realizadas en dichas mesas. Empezaremos  la publicación de estas ponencias con la Intervención del Economista y Secretario Académico de la UNSAM (Univ. Nacional de San Martín), Alexander Roig       

LA INTERVENCION DE ALEXANDER ROIG.

El primer asunto a señalar es asumir las grandes transformaciones del capitalismo a nivel mundial y en Argentina, el capitalismo se financiarizó, esto muchas veces se afirma pero no se analizan las implicancias de tal afirmación.

El segundo asunto es que en el mundo y en América Latina  en particular, una porción importante de los trabajadores no forman parte del proletariado clásico, no son industrializados, en Argentina son aproximadamente un 25% de la masa laboral. Son trabajadores que no pasan por la economía industrial y tampoco van a poder ser industrializados. La esperanza que esos trabajadores sean incorporados a través de la industrialización no es posible, el sueño neo-desarrollista no acompaña el proceso histórico que vivimos actualmente.

Surge la cuestión paradójica de trabajadores que no pueden ser incluidos en el proceso industrial, pero no abandonan una aspiración política a tener y  exigir más derechos, lo que dispara la pregunta de cómo pensar más derechos por fuera de una sociedad plenamente industrializada.

Pensar la financiarización de la economía política implica pensar una nueva economía política. Lo propio de una economía política es dar cuenta que los procesos económicos no son nada más que procesos de captación de la riqueza; ellos están ligados a las  formas de dominación política.

La forma de dominación política de una economía financiarizada es una dominación financiarizada, eso se encuentra todavía disimulado en nuestra vida social. Esa dominación  pasa por un nivel de endeudamiento masivo de nuestra población. Una nueva forma de dominación que no está solamente en la fábrica, en el proceso de explotación clásica sino a través de los procesos de endeudamiento. Una fábrica del hombre endeudado, que produce una subjetividad distinta del hombre que esta únicamente explotado.

El lugar de los trabajadores en el capitalismo ha cambiado. Quisiera volver a un viejo debate de los debates de los años 70 entre Cardoso y Nun, donde se discutía si los sectores, los trabajadores excluidos del proceso industrial eran parte del ejército de reserva como decía Cardoso, o constituían masa marginal como decía José Nun.

Si eran ejército de reserva tienen una funcionalidad dentro del capitalismo, que es empujar los salarios a la baja. Si eran masa marginal, en el extremo el capitalismo puede prescindir de los mismos, pueden morir mañana y el capitalismo no se inmuta. En ese debate se disputa una interpretación sobre la economía popular, desde el punto de vista de la lógica del capitalismo.

El capitalismo financiero permite definir una tercera alternativa – el capitalismo es muy creativo en general- esta es  la hipótesis que queremos trabajar. Los trabajadores en general y también los de la economía popular, no son ejército de reserva ni masa marginal, sino que tienen una nueva funcionalidad como pagadores de deuda.

Un texto de Marx de 1858 habla del rico y el pobre. Dice “la muerte del pobre es el peor incidente para el acreedor, es la muerte del capital y de sus intereses” ese es justamente el desafío que tenemos hoy en día. Desde este aspecto, bienvenida sea esta funcionalidad de los trabajadores, pues por lo menos los capitalistas estarán interesados en que los pobres sigan vivos es más, debería existir una derecha pro-capitalista y pro-financiera que sostenga la lucha contra la pobreza. El Banco mundial en el 2001 lanzó un programa de lucha contra la pobreza que tenía la funcionalidad de legitimar el proceso neoliberal por un lado, pero también efectivamente el capitalismo financiero necesita que los pobres paguen sus deudas y no se mueran. De esta forma, los trabajadores se constituyen en marginales deudosos.

“Deudoso” es una categoría del siglo XIX, que existía en algunos códigos penales. Quien contraía una deuda, el acreedor podía (si el primero no pagaba) llevar frente a un juez, se lo llevaba a la cárcel pero el acreedor debía mantenerlo en la cárcel al endeudado ¿Cuál era la lógica? En la lógica del capitalismo financiero, lo más importante no es que pague la deuda, sino saber que hay una obligación moral de pagar y que hay un control político que lleva a que usted está en la obligación de pagar. Eso es una nueva economía política, una nueva forma de dominación propia del capitalismo financiero. Son muchas las casas de consumo donde si ustedes quieren pagar de contado los sacan por la puerta principal, porque lo principal es que uno se endeude. Se gobierna desde la deuda.

Tiene una consecuencia desde el punto de vista de la subjetividad política inmensa, nosotros hicimos entrevistas con compañeros de los barrios populares, donde preguntábamos que hacían de noche, y muchos nos responden que “hacen cuentas”, una señora lo sintetizó de manera brillante cuando dijo “yo de noche estoy encuentada”. Es fundamental porque ¿cómo se identifica un enemigo cuando uno está “encuentado”, como se construye una dialéctica si quien te explota no es el patrón sino un circuito de captación financiero y altamente abstracto? La reconstrucción de ese circuito es fundamental para la política porque reconstruye un enemigo, que tiene la capacidad de captar la fuerza de trabajo de los trabajadores informales a través de las finanzas.

¿Cuál fue la gran lucha histórica de los trabajadores dentro del capitalismo? Reconocer que el salario no salda la deuda hacia los trabajadores, esa fue la base de la lucha, inclusive de los social-demócratas dentro del capitalismo. Mientras no haya revolución y el capitalismo sigue siendo el sistema, el salario no compensa la vida que perdemos en la fábrica, en el trabajo. Esa diferencia es una  deuda, entre el trabajo pagado y el realizado es lo que funda los derechos, el reconocimiento de una deuda social al trabajador porque el salario no compensa la vida que deja en el trabajo; surge la pregunta ¿Cómo se funda esa deuda si esa explotación es financiera?

Esto implica volver a una reflexión sobre la naturaleza del Derecho ¿Cuándo funciona un derecho? No cuando es enunciado –hay miles de ejemplos en nuestro país de derechos enunciados y no realizados- sino cuando la sociedad en su conjunto se siente que está obligada por ese derecho, porque las relaciones de fuerza permiten que ese derecho obligue a esa sociedad. Para que el poder popular sea concreto, debe ir acompañado por un apoyo mucho más amplio que solamente los  sectores populares, para efectivizar el reconocimiento de la sociedad de que efectivamente hay una deuda frente a un sector de la población y esa deuda funda el derecho sobre ese sector de la población. Implica un trabajo político de reconexión entre deudas socialmente constituidas y derechos.

El neoliberalismo individualizó el derecho, hacer pensar que el derecho se centra únicamente en el individuo. El derecho se convirtió en auto-referencial, cuando históricamente los derechos surgieron de deudas y de luchas. Si no se reconstruye la relación deuda-lucha-derechos los derechos solamente serán puramente declamatívos.

Un segundo punto referido al derecho en su relación con la economía popular, es el valor del trabajo en el marco de ese circuito que en muchos casos no cuenta con patrones. La producción de riqueza en la economía popular es indiscutible, lo que está en debate es el valor de ese trabajo, como hacemos para que la hora de una cartonero valga diez veces más de lo que se paga hoy.

El problema es que nos han convencido que la hora de un trabajador se define por un mecanismo de Mercado, cuando lo que debemos poner en debate, someterlo a una gran discusión, el valor de la hora de un trabajador puede definirlo el mercado pero en otros casos se define políticamente. Un ejemplo son los empleados públicos, cuánto gana un empleado público lo define no el mercado, sino un mecanismo de negociación política. Dentro de la economía popular muchas de las actividades pueden y deberían definirse de la misma forma. Admitir que se define través de una lucha política  por la organización del trabajo.

Hay que intervenir para proteger al trabajador de la dominación financiera, al deudoso del acreedor. Diez años de gobiernos progresistas en América Latina han incentivado el consumo, pero mucho de ese consumo se encuentra asociado a un nivel de endeudamiento alto, con tasas de interés muy altas. El derecho tiene que intervenir en revalorizar las horas de  trabajo.

Finalmente el Estado, gran garante de los derechos sobre la base de las relaciones de fuerza, no solo debe pensar la creación de derechos sobre la nueva forma de organización del trabajo, sino también tiene que pensar nuevos trabajos. Pensar la ampliación de derechos vinculados a la ampliación de nuevas formas de trabajo, reguladas desde el estado, donde el rol del estado es dignificar a través del derecho y revalorizar el rol de la economía popular.