“LA CONDICIONALIDAD FINANCIERA AL CRECIMIENTO ECONÓMICO”. Por Roberto Hilson Foot

Para poder enfrentar estos complejos momentos económicos que estamos atravesando es necesario que abordemos las significaciones profundas de postular que a partir de la década del los 70´s del siglo XX asistimos a una reconfiguración sistemática del capitalismo caracterizada por la creciente importancia de la acumulación financiera como principal fuente de la generación de ganancia de las burguesías.
El sector económico que más “valor” genera en el mundo capitalista del siglo XXI, incidiendo de forma creciente desde hace más de treinta años sobre la tasa de ganancia del sistema capitalista y de las distintas burguesías nacionales y transnacionales es el sector financiero. Las estimaciones pueden variar pero en general hay cierto acuerdo en torno a que cada unidad de valor  producida por el sector primario en todas sus variantes y el sector secundario de la economía mundial, representan entre un 1/4 a 1/5 del “valor” entendido en un sentido muy amplio, generado por el capital financiero y expresado monetariamente.
En el pasado y hasta el siglo XVIII era la renta de la tierra la que se consideraba como la principal o incluso única fuente de valor y acaparaba la mayor cantidad de la fuerza de trabajo lo que fue estructurado teóricamente por economistas como por ejemplo los teóricos de la fisiocracia que llegaron a postular como en el caso del “Tableau Économique” (1758-59) de F. Quesnay (1694-1774) que esa producción primaria era la única verdadera creadora de riqueza y la definían como la única que merecía el término de productiva, contrastando con  las manufacturas que eran consideradas como gastos estériles.
A partir del desarrollo de las burguesías industriales superando las etapas conocidas como de acumulación originaria y su desarrollo como capitalismo mercantil se fue consolidando la  revolución industrial desde mediados del siglo XVIII sobre todo en Gran Bretaña. En el siglo XIX de forma creciente el sector secundario comenzó a concentrar  porcentajes crecientes de la fuerza laboral convirtiendo a la industria en el principal generador de la tasa de ganancia en franca disputa por un lado con los tradicionales propietarios de la tierra y por otro con el proletariado. Esta dinámica  forzó a los teóricos como  en el caso por ejemplo de David Ricardo (1772-1823) a proclamar la necesidad de eliminar toda forma de protección y subsidio al sector agrícola en la economía británica para desarrollar por medio de una estructura beneficiosa y favorable de precios relativos al sector industrial. En el análisis de la producción D. Ricardo en “Principios de Economía Política y Tributación” (1821), desagregaba tres factores de producción de los cuales los terratenientes usufructuaban en realidad una renta que el teórico gustaba enfatizar que no era fruto de la producción sino en buena medida resultado de las condiciones naturales o sea una renta diferencial. Esto le permitió a Ricardo volver a plantear el problema de la distribución entre los tres factores de producción tierra, trabajo y capital y la determinación de la tasa de beneficio. Este aparato teórico es el que aplicó en su campaña por la eliminación del proteccionismo para la producción rural y la adscripción a la apertura de las importaciones y la división internacional del trabajo favoreciendo un proyecto industrialista para la economía británica en la inteligencia de que ella era la matriz del desarrollo del capitalismo en esa etapa que no por nada llamamos industrial. En términos del valor, consecuentemente Ricardo defendía que el valor de una cosa depende de la cantidad relativa de trabajo que se necesita para su producción y  por el trabajo  empleado en la producción de los bienes de capital necesarios para producirlos. Cada etapa de reconfiguración del capitalismo ha vuelto a discutir la teoría del valor y Ricardo era parte del armazón teórico que respaldaba al capitalismo industrial.
Esta estructura del valor y la concepción sobre los factores de producción fue utilizada brillantemente por Karl Marx para impugnar al capital como fuente primordial del valor al definir al mismo como proceso derivado y no original vinculado con una  acumulación resultante de la plusvalía y definido como trabajo acumulado. Sin embargo Marx comparte la misma estructura teórica y es posible detectar los elementos Ricardianos en el pensamiento de Marx, pues  ya sea defendiendo Ricardo la propiedad privada de los medios de producción o postulando Marx la necesidad de socializar la producción y la riqueza, en ambos casos consideraban que el sector determinante en el proceso de acumulación capitalista era el industrial y en el caso de Marx la dialéctica de la historia se dirimía en la lucha de clases entre la burguesía  y el proletariado.
Sin embargo las economías que paulatinamente fueron mas dinámicas a lo largo del siglo XX mostraban como era necesario que los desarrollos tecnológicos y productivos que lideraban las burguesías industriales debían estructurarse con un  desarrollo productivo del sector primario  y de hecho los crecimientos económicos mas sostenidos en el tiempo correspondían a países que consideraban no solo el desarrollo tecnológico y productivo industrial sino que también impulsaban el incremento en la productividad de la estructura  agraria  vinculada también a las ventajas derivadas de las economías de escala y las implementaciones en ID.
Para tomar un ejemplo que podemos con facilidad utilizar como contraste recordaremos como la dirigencia de la URSS no pudo solucionar los problemas emergentes del postulado que afirma que en cada etapa del desarrollo del sistema económico, para que se pueda mantener la dinámica de acumulación, las economías nacionales deben acomodarse a los procesos de transformación que impone el inmenso poder del sistema  capitalista y  los soviéticos fueron incapaces de generar una economía integrada que generara una productividad competitiva. La matriz industrialista discutida por León Trotsky (1877-1940) y Nikolai Bujarin (1888-1938) en el XV y XVI Congreso que llevará finalmente a la expulsión del primero en 1927 pero que luego será el mismo Bujarin el desplazado en 1929, con la afirmación política a favor de un desarrollo del sector industrial impulsado por los planes quinquenales que sacrificaron por medio de los precios relativos la producción y la productividad agrícola y en muchos casos la vida de la población campesina. Es indudable que el Estalinismo logró en diez años industrializar al país y poder gracias a ello enfrentar la  invasión nazi-fascista, pero el daño causado a la producción agrícola nunca pudo ser subsanado bajo la economía planificada, convirtiéndose en uno de las debilidades que condenaron a la URSS.
En muchos de los  países capitalistas centrales la agricultura se fue  reconvirtiendo en modelos tecnificados de alta productividad a medida que el desarrollo industrial avanzaba. En el caso de EEUU la parcelación de la tierra y la victoria de la burguesía del Norte sobre la aristocracia terrateniente y esclavista del Sur en el siglo XIX garantizaba una interacción virtuosa entre nivel de desarrollo rural y la generación de mercados para los bienes de consumo y de capital de la industria local. Bien distinto al caso  de Gran Bretaña luego del predominio industrial con la apertura de los mercados de granos a mediados del siglo XIX no logro sin embargo mantener durante el siglo XX su compromiso con el desarrollo industrial. Las clases dominantes inglesas flaquearon a la hora de mantener su vocación industrial intentando reconvertirse en un modelo de  desarrollo financiero con crecimiento del sector terciario pero sin tener una política de reconversión sostenida de su industria, base estructural del fracaso profundo de Gran Bretaña  entregada al neoliberalismo en los años 80´s que implicó un desmantelamiento parcial de su estructura industrial y un progresivo retroceso de su  importancia mundial pagando  muy caro la inestabilidad de su clase dirigente y las divergencias cuya expresión visible fue la destrucción neoliberal a partir de M. Thatcher.
Toda reconversión del sistema capitalista demanda entre otros entramados teóricos la reformulación de su teoría del valor y ajustes en la concepción del estado y de la producción para poder enfrentar los nuevos desafíos que se plantean.  En el mundo actual no es posible seguir pensando al capital financiero en términos clásicos. Ya no es un canal de circulación para los excedentes de producción primaria o secundaria tal como se entendía en el pasado al capital financiero, esto es como un producto del ahorro en términos clásicos y más precisamente desde el punto de vista de Marx como el uso financiero de la apropiación de la plusvalía por parte de las burguesías industriales. El capital financiero se fue tornando en el último tercio del siglo XX  en la verdadera fuerza propulsora de la tasa de ganancia del mundo capitalista. Recordemos que si tomamos como base el año 1950 la deuda nacional en los EEUU en porcentaje del PBI, se ha multiplicado por tres en sesenta años mientras la producción de bienes en porcentaje del PBI de EEUU ha caído un 60%. La multiplicación exponencial del capital financiero no puede ser absorbido por el sistema productivo tanto en su dimensión primaria como secundaria, por lo que de forma creciente se retroalimenta en el mismo sistema financiero. En el caso de la Argentina en los 90´s se impuso bajo la forma de una dinámica regresiva de distribución, de extranjerización del sistema productivo, además de concentración y endeudamiento tanto de lo público como de lo privado como forma de financiar lo que la matriz productiva era incapaz de proveer.  Fue el segundo intento pues en realidad había sido la dictadura militar la que había intentado a sangre y fuego implantarlo  de la mano de la desocupación, el endeudamiento y la des-industrialización.
Este poder financiero incide de forma devastadora en principio sobre países periféricos pero en el siglo XXI también ha desestructurado la política de los países centrales. En 1999 el presidente de los  EEUU Bill Clinton firmóla  Gramm-Leach-Bliley Act que permitió a los bancos comerciales y a los de inversión combinarse en emprendimientos financieros. Fue este un eslabón importante en el proceso de crecimiento de la influencia del poder del sistema financiero a partir de  la reconfiguración del capitalismo que estaba en marcha a partir de la década del 70 y que llevó con los años a una burbuja financiera entre 1997 y 2007 estando A. Greenspan como la figura dominante enla Fed. Durante esa década de los noventa  A. Greenspan había jugado un rol decisivo en el desmantelamiento del Glass-Steagall Act que era producto de la depresión de los años 30´s y era frecuente escuchar las descripciones que la descalificaban por ser  arcaica y que supuestamente atentaba contra la competitividad de la economía norteamericana. La multiplicación exponencial de los subprime generó una burbuja inmobiliaria  de alto riesgo para mediados de la primera década del siglo XXI. Greenspan y buena parte de los economistas del establishment librecambista habían defendido la proliferación de productos financieros como  los  MBSs Morgage-Backed Securities, los CDSs Credit Default Swaps y los CDOs Collateralized Debt Obligations que mas que generar un red de contención, generó un verdadero castillo de naipes en donde la caída de un elemento arrastró a los demás. En los EEUU el precio de los inmuebles había aumentado aceleradamente entre 2003 y 2006, sin poder establecer un parámetro con la economía de la construcción o de la producción en general ni con el nivel de ingresos. Entre 1996 y el año 2006 el precio promedio de las viviendas en los EEUU aumentó el 129% y desde el 2002 los precios habían traspasado toda media o referencia histórica a valores previos lo cual  era parte del proceso  de incidencia de los capitales financieros generadores de la burbuja inmobiliaria para una economía norteamericana que había ingresado desde los 80´s en una fase de progresivo endeudamiento de la mayoría de los sectores. La puja distributiva que había encontrado en  la inflación  y la primera crisis del estado de bienestar un serio obstáculo se atenuaba por medio del endeudamiento, que generaba además la posibilidad argumentativa de trasladar al mismo asalariado la responsabilidad de su exposición excesiva en términos de deudas individuales o familiares. El Keynesianismo como expresión del pensamiento económico y la crisis asociada a la ruptura de las premisas teóricas asociadas a la curva de Phillips de relación inversa entre inflación y desempleo, se encontraban con escasas posibilidades de enfrentar la ofensiva teórica del librecambismo que fomentaba  por medio del progresivo endeudamiento en principio de las clases medias pero luego también de los sectores de menores ingresos una forma de mantener la dinámica de acumulación  determinada por el libre mercado y que tuvo una gran incidencia. Si en 1975 la deuda en porcentaje de la renta disponible en EEUU  era del 62% en 1995 era del 89% y para 2005 era del 127%. Hubo un exponencial incremento de la deuda de las familias de más bajos ingresos que permitía atenuar la puja distributiva en la economía de EEUU. Para el mercado inmobiliario que  antiguamente exigía de los demandantes la necesidad de adelantar un porcentaje significativo del valor de la propiedad para poder financiar el resto sobre largos plazos, las condiciones habían cambiado con los subprime. Para la primera década del siglo XXI un alto porcentaje de los nuevos compradores de viviendas en EEUU estaba adelantando menos del 10 % del valor inmobiliario y aproximadamente cuatro de cada diez compradores no adelantaban prácticamente nada, lo cual potencio el endeudamiento y debilitó el sistema inmobiliario y bancario asociado al mismo.

    Asistimos en el caso de EEUU a un proceso progresivo de reconversión de su economía para convertirla  en una creciente potencia financiera. Entre 1980 y 2000 las ganancias del sector financiero crecieron  desde los 32.400.000.000 US$ para  multiplicarse por seis en apenas veinte años y alcanzo a fin de siglo XX nada menos que un tercio de todas las ganancias de todos los sectores productivos combinados. Es un nuevo capitalismo en donde el sector que prima en la tasa de acumulación es  el financiero. Es un mundo en que el nivel de endeudamiento llamaba la atención de analistas mas cautos,  J. Cassidy en su obra “How Markets Fail” daba cuenta  de que entre finales de 2002 y fines de 2006 el endeudamiento en el sector financiero “went from about US$ 10.1 trillion to 14.3 trillion” y que subsiguientemente  se incrementó aún mas “to some 16 trillion  at the end of 2007”. Al final del proceso de endeudamiento de esa burbuja inmobiliaria la deuda del sector financiero ya constituía el 117% del PBI de los EEUU. Entre 2002 y 2007 los fondos disponibles por los grupos de inversión se cuadruplicaron y recordemos que el monto de los activos financieros supera el valor de la producción de bienes en el mundo por varias veces.
Cada etapa del capitalismo reestructura las relaciones de poder entre  clases dominantes así como entre países y regiones. Necesitamos comprender a fondo que en el mundo actual no es posible enfrentar los desafíos de la época solo por medio de una política de explotación de los recursos naturales o ni siquiera como se había dado antes de los 70´s  con una política industrial de desarrollo. Sin la debida consolidación de  las cuentas públicas que puedan garantizar un estado superavitario y  la posibilidad de poder contar con un sistema bancario sólido muy altamente regulado y con la presencia del estado en el mismo no podremos garantizar la sustentabilidad del modelo y los logros alcanzados.  La debilidad financiera que en la Argentina con frecuencia se expresa parcialmente  como debilidad cambiaria implica que no podremos asegurar a mediano ni a largo plazo, ni la producción primaria ni el desarrollo industrial generador de valor agregado y trabajo, a menos que consolidemos la solidez financiera del estado. En un mundo donde domina la valorización del capital financiero necesitamos contar con solidez fiscal que le permita al estado ejercer su potestad como único sujeto político de peso ante los poderes corporativos  que han hecho tan difícil la democracia en la Argentina. Ya no es posible pensar en romper con la dependencia económica sin contar con un estado sólido y superavitario. La consolidación financiera del estado es condición necesaria aunque no suficiente del desarrollo el cual no es posible de garantizar basado exclusivamente en las viejas consignas políticas de ventajas comparativas o de sustitución de importaciones. El nuevo proceso de acumulación del capitalismo requiere volver a pensar las condiciones de desarrollo de un país periférico como el nuestro.

2. LA CRISIS INTERNACIONAL DE 2008-2009 Y  LA CONSOLIDACIÓN DEL PODER FINANCIERO. EFECTOS EN LA ARGENTINA.

La disponibilidad creciente de excedentes financieros a partir de la década de los 80´s  favoreció  como habíamos adelantado la provisión de fondos desde el circuito financiero  hacia los préstamos y las operaciones inmobiliarias  reconfigurando entre otros al mercado de los créditos hipotecarios en los EEUU. Esa disponibilidad de fondos generó lo que se denomino una “burbuja” que terminó estallando en 2008 en los EEUU el país cuyos manejos abusivos e irresponsables suelen ser el desencadenante de las mayores crisis económicas mundiales aunque luego han sido expertos en transferir las consecuencias a terceros utilizando el poder imperial que detenta las plutocracia norteamericana.

    En los EEUU desde la década de los 80´s hubo un gran desarrollo de herramientas financieras para facilitar el acceso a las viviendas  transformando el mercado no en función social sino con el objetivo de canalizar fondos y obtener mayores ganancias. Se implementaron por ejemplo los  RMBSs Residential Mortgage-Backed Securities y  las obligaciones  colateralizadas CDOs. Con el crecimiento de la “burbuja” el monto de los préstamos subprime creció desde una media de 151.000 US$ en 2001 avalores medios de 259.000 US$ para 2006. Las cinco instituciones que mayor cantidad de préstamos subprime habían emitido en 2005-2006 fueron Lehman Brothers, RBS Greenwich Capital, Countrywide Securities, Morgan Stanley  y Credit Suisse First Boston. La decisión de Henry Poulson, Secretario del Tesoro de dejar caer en Septiembre de 2008 aLehman Brothers visibilizo el grave deterioro del sector y el efecto devastador de los subprime sobre la solidez del sistema de préstamos inmobiliarios, pero además de forma mediata impactó sobre la solidez de las instituciones bancarias comprometidas en esas operaciones. Recordemos que antes de la debacle de Lehman Brothers  había caído el Banco de Inversión Bearn Stearns en su momento absorbido por JP Morgan por medio de  una operación que necesitó del apoyo de la Reserva Federal.El 7 de Septiembre de 2008 el gobierno de EEUU anunció que intervendría las dos compañías más grandes en hipotecas o sea Freddie Mac y Fannie Mae. Recordemos que la FNMA, Federal National Mortgage Association conocida como Fannie Mae, había sido creada en 1938 como parte de las estrategias  de ahorro e inversión del New Deal, pero que desde 1968 había sido reconvertida en una corporación privada. Había tenido como objetivo expandir el mercado secundario de hipotecas con herramientas de reaseguro (MBS). Por otro lado el FHLMC, Federal Home Loan Mortgage Corporation conocido como Freddie Mac que a pesar del nombre engañoso era en realidad una empresa de capital abierto con garantía estatal (GSE Government Sponsored Enterprise). El problema se comenzó a visualizar con claridad como estructural en ese mes de Septiembre de 2008 pues los compromisos de pagos del sistema financiero mundial incluso recortados exclusivamente a los que estaban en riesgo, eran superiores al PBI mundial y el sistema inmobiliario de EEUU junto con la estructura financiera asociada eran insolventes.
El volumen de las hipotecas subprime en los EEUU se había multiplicado. En un contexto en que la deuda de los hogares norteamericanos había sobrepasado el 100% de su renta personal disponible, al transcurrir esa primera década del siglo XXI. La crisis demostró en forma paradójica que si bien fue gestada por las malas prácticas del sector financiero, la correlación de fuerzas dentro de los sectores burgueses capitalistas se aseguraban por medio de la acción de los denostados estados nacionales  la salvaguarda de sus intereses financieros y a pesar de que en el proceso cerraron más de cien bancos en EEUU lograron salir fortalecidos como sector al punto de imponer duras condiciones de ajuste por ejemplo en Europa, lo cual demuestra el inmenso poder y su predominio sobre los sectores productivos primarios e industriales. Son ahora las mismas redes financieras las que disputan el control de las multinacionales e imponen patrones de acumulación y de producción al conjunto de las burguesías industriales en algunos casos parcialmente fusionadas  y adicionalmente ante el debilitamiento financiero de los estados como ocurrió sobre todo en el sur de Europa imponen las decisiones políticas.
Los mecanismos de rescate que se implementaron en 2008-10 protegieron e incluso fortalecieron al capital financiero, o sea a los que eran los responsables de gestar y desencadenar la crisis. Estos sectores dominantes estaban siendo beneficiados con la transferencia de recursos desde los sectores asalariados y  en el caso extremo de los PIIG´s europeos se vieron inmersos en una dinámica política que  favoreció el desmantelamiento parcial de los estados de bienestar. Con una vieja táctica que conocemos bien en la Argentina privatizaron las ganancias y socializaron las pérdidas resultantes de la crisis de los suprime. Se implementaron complejas formas de estatización de deudas y de rescate de instituciones quebradas como en el caso de  Fannie Mae y Freddie Mac con control por parte del departamento del tesoro. Hubo intervenciones directas por parte de los estados nacionales por los caos de Lehman Brothers y  AIG iniciando un proceso de transferencia de recursos desde el sector público que por ejemplo en el caso de EEUU, una parte significativa del mismo se canalizó por medio del TARP Trouble Asset Relief Program que para Abril de 2009 el FMI estimo en 10 billones de US$ la ayuda entregada al sector privado. Esta asistencia tendió a deteriorar las cuentas públicas generando mayores déficits fiscales que en el caso europeo terminaron pagando los sectores asalariados con un recorte en el gasto social, una contracción de las prestaciones de los estados de bienestar y un deterioro en la distribución del ingreso.
El mundo bajo la valorización del capital financiero está cambiando incluso los parámetros teóricos con los que entendíamos la producción de valor y el desarrollo económico. La fórmula clásica presentada por K. Marx (1818-1883) de M-D-M mercancía-dinero-mercancía y D-M-D en la variante que explica en “Das Kapital” de comprar para vender, implicaba  la disponibilidad de ahorro monetario, surgido de la plusvalía que se destinaba para los bienes de consumo y de producción en lo que denominó las dos metamorfosis que configuran el ciclo de una mercancía. Sin embargo en el mundo actual la generación de la mayor parte de los valores monetarios no son generados a partir de la economía real de la producción de bienes ni incluso de ciertos servicios pues la dinámica que se impone ahora es lo que  podemos representar como el circuito D-D “money which begets money” que si bien fue anticipado por K. Marx no al punto de alcanzar una situación de completa autonomía en relación con las cosas  del mundo material o sea de los bienes de producción y de consumo. Hemos llegado al momento dentro del capitalismo en que el dinero genera más dinero sin una referencia posible a formas de valor de uso. Durante la revolución industrial la mayor fuente de riqueza provenía de la labor de las burguesías que extraían por medio de la apropiación de la plusvalía  a los obreros y podían adoptar patrones de ahorro. Ante la tasa de ganancia declinante  que experimentaron esas burguesías industriales sobre todo de los países centrales en los 70´s sectores crecientemente significativos de esas burguesías destinaban  porcentajes mayores de los excedentes a invertir en el mundo financiero obteniendo  una tasa de ganancia mayor que las alcanzadas en las actividades  propias de los sectores industriales.
K. Marx había sostenido que para la sociedad burguesa la forma de la mercancía adoptada por el producto del trabajo o dicho de otro modo que la forma del valor de la mercancía es la forma celular de la economía. Este es uno de los supuestos que el capitalismo financiero ha debilitado. En “Das Kapital” (1867) Marx había supuesto que la riqueza de las sociedades capitalistas se presenta como un enorme cúmulo de mercancías las cuales en primer lugar en tanto cosas tienen la capacidad de satisfacer necesidades humanas. Era la utilidad de esas cosas la que las convertía en un valor de uso condicionada por las propiedades como cuerpo físico, por lo que los valores de uso constituyen desde esta perspectiva el contenido material de la riqueza. Además Marx explicaba el concepto del valor de cambio como relación cuantitativa o como una proporción en que se intercambian valores. El valor de uso de un bien solo tiene valor porque en el están materializados los trabajos humanos. De esta forma la cantidad de trabajo socialmente necesario o el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor es lo que determina en definitiva la magnitud del valor. La fuerza de trabajo por este medio en plena revolución industrial, crea valor en su dimensión objetiva. La forma fetichista de la mercancía  no deriva de su valor de uso ni del contenido de las determinaciones de valor según Marx, sino del carácter social de su propio trabajo entendido como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales de dichas cosas. Es por medio de este “quid pro quo” que los productos del trabajo se convierten en mercancías adoptando la forma fantasmagórica de una relación entre cosas. Se olvida por este medio que solo un acto social puede convertir una mercancía en equivalente general convirtiéndose en dinero, la que eventualmente se torna una mercancía general. Pero recordemos que las mercancías no se vuelven conmensurables por obra del dinero sino  por ser todas las mercancías resultantes en cuanto valores del trabajo humano objetivado, son así conmensurables en sí y para sí y pueden medirse colectivamente el valor o sea por el dinero.
El problema más complejo para plantear a la concepción clásica del valor a partir de la valorización del capital financiero es la imposibilidad de poder mantener estas conmensurabilidades y  materializaciones propias de la concepción del valor de uso o lo que R. Cantillón (1734) llamaba el valor intrínseco.  Consideremos por ejemplo la deuda del sector financiero que se ha triplicado en  los últimos treinta años e incluso  desde el punto de vista financiero de los consumidores o sea  por ejemplo de los hogares norteamericanos que están invirtiendo entre el 10 y el 15% de sus ingresos luego del pago de impuestos en cancelar solo los intereses (no el capital) de sus deudas financieras. Si en los años setenta los beneficios financieros representaban entre un 10 y un 15% de los beneficios nacionales de los EEUU, en el siglo XXI han traspasado la barrera del 40% cayendo en el mismo período el sector  industrial de generar el 50% de los beneficios a representar menos del 15 % en los últimos cuarenta años. Incluso las grandes empresas industriales adoptan agresivas inversiones financieras que por lo general absorben un porcentaje creciente de su excedente.
Se ha gestado una nueva red financiera que incluye universidades, “think tanks”, diarios y revistas, canales de TV, bancos, fondos de inversión, compañías de seguros, organismos internacionales que esta transformando al capitalismo y que encuentran en el carácter regulativo de las leyes estatales un obstáculo a su maximización de beneficios, pero que a la hora de las grandes crisis que ellos mismos han generado han ido a buscar el reaseguro e incluso el saneamiento en los fondos públicos, causando con esa dinámica el  debilitamiento  de los mismos estados que los rescataron. El capitalismo financiero amenaza  los logros de cuatro generaciones de europeos que con grandes sacrificios construyeron  el estado de bienestar. Los adalides rentados del libre mercado y los neoliberales corporativos y antiestatistas súbitamente pugnaron  en medio de la crisis por un estado que resguardara al sistema financiero  generando un nuevo debilitamiento fiscal que llevaría a estos mismos sectores dominantes a pedir a los pocos meses el ajuste. El hecho de que hayan logrado direccionar la política incluso de los países centrales es un claro indicio de que la conformación del poder capitalista ha cambiado y nosotros si pretendemos defender a los sectores populares de América del Sur, debemos tener una estrategia acorde con ese cambio. Es imperativo pensar en las condiciones que el predominio del capital financiero genera en la economía mundial y cuales son las estrategias y los actores necesarios para enfrentarlo.
En este sentido el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner al enfrentar la crisis del 2008-2009 generada por la irresponsabilidad de los sectores dominantes de los EEUU, tenía una situación macroeconómica que registraba un ciclo muy dinámico de aumento de la inversión con valores que aumentaron desde los mínimos históricos del 12%  del PBI en plena crisis del 2001 hasta llegar a superar el 20% del PBI al final de 2005 y desde entonces con valores que duplicaban los montos iniciales en un rango entre el 20% y 25% del PBI. Este alto nivel de inversión fue una de las variables que favorecieron  el mayor ciclo de crecimiento que ha registrado la historia económica de nuestro país con varios años consecutivos de expansión por encima del 7/8% del PBI. Se había dado también una creciente participación de la inversión  en equipos durables o sea de producción, lo que representaba apenas el 30% de la inversión en 2003 y que creció a cerca del 45% al momento de desencadenarse la crisis generada por la plutocracia norteamericana. Los superávits primario y financiero fueron de alrededor del 3,0% y 1,5% respectivamente entre 2003 y 2008. Al desencadenarse la crisis nuestro país tenía a diferencia de las condiciones que se habían dado a lo largo de todo el pasado histórico de la Argentina un margen para absorber cierta dosis de dificultades. La respuesta de política macroeconómica fue de claro corte Keynesiano y se procedió a impulsar medidas contra-cíclicas para enfrentar la recesión mundial y las dificultades en las exportaciones logrando no sin cierta dificultad ante una fuerte retracción de la inversión del sector privado expandir el gasto para estimular la inversión pública y la demanda agregada. Con este justificado proceder que buscaba evitar la retracción económica se logró terminar con una economía en 2009 sin crecimiento pero no sumergida en una recesión a diferencia de lo que ocurrió a nivel internacional, pero generando en nuestro caso  una consecuencia riesgosa como fue la pérdida de los superávit. Adicionalmente en un momento de crisis mundial, la oligarquía terrateniente, uno de los sectores más beneficiados por la política comercial y cambiaria del gobierno, desencadenó un feroz ataque destituyente contra el gobierno democrático. Como no podía ser de otra forma la oligarquía buscó un momento de debilidad contando con la complicidad de la derecha política, de poderosos sectores externos y de los oligopolios comunicacionales que lograron convencer a ciertos sectores medios asalariados urbanos de que debían defender la renta diferencial de los sectores mas ricos del país y quienes por primera vez en las últimas décadas habían encontrado en los gobiernos de Néstor y Cristina un poder estatal al servicio de la defensa de los intereses populares y no de los negocios oligárquicos. La combinación de la crisis internacional y la violenta acción destituyente en torno a la 125 de hecho redujo la recaudación fiscal cuando más necesaria era para enfrentar las condiciones externas, fue un duro golpe para la solvencia del gobierno.
Entre 2010 y 2013 se intentó recuperar el superávit primario lo cual se logró por momentos pero no se ha podido consolidar ni  recuperar el secundario, lo cual debe ser un objetivo para el mediano plazo como lo venimos advirtiendo en múltiples intervenciones desde entonces.

    En Julio de 2012 por ejemplo el superávit primario fue de 528millones de pesos, pero estaba el déficit financiero que fue por un monto de 2.884 millones. La presión fiscal del 22,4% y 21,8% en los años 2000 y 2001 se elevó al 34,6% y 36,5% en 2011 y 2012 respectivamente logrando el gobierno reducir tanto el trabajo en negro como la evasión fiscal aunque en los dos temas hay mucho por mejorar. Para el año 2011 la suma de los impuestos provinciales  alcanzó el 4,7% del PBI cuando en 2000 era del 3,8% período en que la presión fiscal nacional pasó de 17,3% al 27,3% del PBI, un incremento mucho mas significativo por lo que las provincias han estado con frecuencia descargando en la nación el mayor esfuerzo recaudador con las consiguientes tensiones y conflictos asociados. La tasa de inversión de 2011 había sido de 24% un valor muy positivo que cayó ligeramente en 2012 al 21% del PBI. En la estructura productiva del país estas tasas de crecimiento han generado tensiones en la composición de las importaciones con un sector secundario que si bien ha mejorado sigue generando un déficit de balanza comercial en la MOI. Esposible precisar el problema de la elasticidad  producto de  las importaciones en relación con el crecimiento del PBI de entre 2 y 2.5 es decir por cada punto porcentual de crecimiento del PBI crecen las importaciones  dos puntos o dos puntos y medio lo cual explica las tensiones a las que hacíamos referencia. La matriz productiva Argentina está muy condicionada también por la herencia neoliberal de extranjerización, concentración y  baja productividad por lo que es indispensable una consolidación financiera del sector público porque no tenemos una burguesía industrial ni una matriz productiva con capacidad de generar una dinámica de desarrollo por sí misma.
El capital financiero se apropia a nivel planetario de buena parte del excedente de  las actividades productivas incluyendo las de los commodities multiplicando los valores de acumulación, amenazando y subordinando las políticas  de los estados debilitados en sus cuentas públicas  imponiendo transferencias desde los ingresos nacionales y desde los sectores asalariados por medio incluso de políticas antipopulares que los estados implementaron incluso con represión, como en el caso de las decisiones de buena parte de los países europeos en los últimos años luego de la crisis internacional. Los patrones de acumulación son un factor decisivo a la hora de entender las dinámicas del imperialismo contemporáneo, fuertemente articulado por el capital financiero. La valorización del capital financiero es un proceso que debilita la capacidad política del estado pero también  al resto de los sectores productivos. La decisión de llevar una política anticíclica por parte de  los estados logró salvar la estructura bancaria ante las consecuencias de  la crisis de 2008 y 2009 pero a costa de generar un debilitamiento financiero y presupuestario de esos mismos estados que debilitados optaron por procesos de ajuste sacrificando niveles de ingreso, gasto público y servicios de seguridad social de los hasta ese momento poderosos estados europeos. Si se debilitan nuestras cuentas públicas ni la decisión y liderazgo político, ni el compromiso y movilización militante serán suficientes para enfrentar las amenazas.

3.  ACUMULACIÓN  FINANCIERA Y DESARROLLO INDUSTRIAL.

David Ricardo (1772-1823) había teorizado una puja distributiva en la que el aumento de los salarios reducía los beneficios industriales, lo que implica una puja distributiva entre beneficios y salarios pero también de precios relativos con los terratenientes y su renta. En este esquema el valor de un bien solo sería exactamente proporcional a la cantidad de trabajo exclusivamente en las circunstancias en que no utilizaran capital ni fijo ni circulante y dependieran solo del trabajo humano. Ricardo considera en su obra la disparidad del valor que emerge de  la calidad del trabajo que podríamos llamar  productividad unida además a la destreza comparativa de los trabajadores y a la intensidad del trabajo. Uno de sus principales preocupaciones era como incidían los factores de producción en la distribución. El economista británico entendía que los aumentos de productividad podían evitar situaciones de suma cero de mera traslación de una clase a otra. Sin embargo en el mundo del siglo XXI parece complejo sostener estos preceptos Ricardianos acerca de una producción medible en unidades de cantidad de trabajo, cuando la dinámica de acumulación financiera supera en por lo menos cuatro veces la existencia de bienes a nivel planetario. Se dificulta  pensar en términos de un precio relativo de dos mercancías como resultado  de una razón entre las cantidades de trabajo directo e indirecto requeridos para producirlos. Acaso ya no pueda pensarse de la misma manera de que las leyes que regulan la distribución sean problemas circunscriptos de la economía por la sencilla razón de que la determinación de las tasas de beneficio no resultan exclusivamente  de la retribución que puedan recibir los tres factores de producción. La tasa de beneficio del capital ya no puede explicarse solamente por medio de la puja distributiva entre renta, salario y ganancia con una hegemonía como la que gozó la burguesía industrial por dos siglos. No se trata de desconocer la dimensión agonal de disputa por el ingreso que implica el sistema Ricardiano sino de darnos cuenta que el mundo luego de la progresiva valorización del capital financiero esta marcado por una porción creciente y a esta altura determinante de la ganancia que tiene un origen no referenciable a la dimensión productiva. No es posible mantener  lo que Ricardo define en el inicio dela Sección I del Capítulo del valor cuando dice que el valor de una cosa o sea la cantidad de cualquier otra cosa por la cual podrá cambiarse, depende de la cantidad relativa de trabajo que se necesita para su producción. Ese paradigma ha sido avasallado por la valorización del capital financiero. La definición que da enla Sección III acerca de que el valor de las cosas no solamente es afectado por el trabajo aplicado inmediatamente a las mismas sino también por el empleado en la producción de los útiles herramientas y edificios que sirven de ayuda  a ese trabajo, pierde peso en un mundo en que la mayor parte de las operaciones monetarias se efectúan sobre intangibles que no tienen costo de producción salvo que juguemos con la idea de debatir acerca de un “costo” de emisión de un bono o una acción.

    En la Argentinael Kirchnerismo es una amenaza importante para el modelo de acumulación financiera. Desde los 70´s  el proceso de endeudamiento ha fortalecido al sector financiero sobre todo por medio de la herramienta de la deuda externa.
Sin embargo en el caso Argentino la gestación de un margen de autonomía política por parte de Néstor Kirchner permitió desarrollar políticas de crecimiento con inclusión y des-endeudamiento. Como economía debemos poder contar con sectores productivos que puedan fortalecer y  priorizar la competitividad para poder mantener una presencia creciente y dinámica en el mercado internacional, para por este medio poder disponer de divisas necesarias para enfrentar los compromisos  financieros originados en décadas pasadas de irresponsable manejos macroeconómicos. Parte de esa competitividad depende de políticas cambiarias mientras que otro elemento importante es la productividad de la economía y la estructura de costos incluyendo un especial cuidado en materia de energía, transporte y seguros. El modo de acumulación rentístico, basado en endeudamiento implica transferir poder a las instituciones financieras capaces de articular flujos de capital desde los sectores productivos y desde los asalariados  pero adicionalmente multiplicarlos exponencialmente sin referencia vinculante con la producción de bienes y servicios. Los precios de los commodities, han escalado al punto de plantear la revisión de una teoría clásica del desarrollo como la del deterioro de los términos del intercambio, en parte debido a la mayor demanda de países emergentes como  China e India pero también por las inversiones  y los circuitos financieros.
El déficit presupuestario primario, además de un déficit de balanza  de pagos debilita la posición Argentina que tiene como imperativo necesario no endeudarse para poder revertir la decadencia y pérdida de su independencia económica asociada al endeudamiento. Un déficit en la cuenta  financiera debe ser entendido como una amenaza que compromete la capacidad política del gobierno. El crecimiento basado en ventajas comparativas o el desarrollo industrial pensado en términos clásicos no puede sostenerse en un mundo donde la dinámica de acumulación determinante del capitalismo es el sector financiero.

4. SECTORES PRODUCTIVOS Y SUS LÓGICAS CONFRONTADAS EN EL CASO ARGENTINO.

Si bien quién escribe este texto no comulga con las ideas de Gabriel Tarde (1843-1904) sin embargo es interesante explorar la premisa que este autor defendía contra la idea de una armonización preestablecida en el orden económico. No oponía en sus teorías la sociedad a los individuos entendiendo que los conflictos podían registrase en los dos niveles confrontando intereses  en varias dimensiones sociales pero ningún optimum puede  garantizar según Tarde una  dinámica que conlleve su resolución. La economía es ante todo intersubjetiva y las trayectorias de las disputas sociales no son conducidas por ninguna providencia o estructura subyacente. Los programas colectivos no son dados ni es posible postularlos como inmanentes. Hay en su pensamiento un cuestionamiento a una armonización al estilo de la mano invisible que implica en el fondo un Dios bienhechor. En el caso de nuestro país es interesante explorar esta idea de cierta dificultad,  algunos dirán imposibilidad de armonizar los intereses de los distintos sectores de las clases dominantes en la conformación de un modelo de desarrollo.
A pesar de haber logrado el gobierno a partir de 2003  el mayor ciclo de crecimiento de toda nuestra historia económica, los sectores dominantes no han logrado articular sus intereses de tal forma que el estado bajo los gobiernos Kirchneristas pueda depender de políticas y acuerdos consolidados por el accionar de los actores económicos principales. Si bien luego del Neoliberalismo debemos pensar las dificultades que surgen de una economía oligopolizada y extranjerizada esa incapacidad de articular los intereses en torno a un modelo de desarrollo  fue la marca distintiva de nuestra historia económica luego del fracaso y la insuficiencia del modelo oligárquico agro-exportador. “The Economist” una publicación francamente antagónica al Kirchnerismo, dedicada a defender los intereses financieros plutocráticos informaba en 2011 que la Argentina era el tercer país en el mundo de mayor crecimiento per cápita luego de China e India, en relación con el 2007 antes de la crisis, lo cual daba cuenta del efecto de las políticas anticíclicas que había implementado en 2008-2009. A su vez contrastaba con México, Canadá, España, Gran Bretaña, Japón que estaban entre los países con un desarrollo negativo en sus ingresos per cápita. Brasil había crecido de acuerdo con “The Economist” a la mitad  del ritmo Argentino. Sin embargo esas altas tasas de crecimiento por tantos años consecutivos no lograban convencer a las clases dominantes argentinas a volcar sus ahorros completamente en el mercado y la inversión nacional, manteniendo los principales responsables del capital y supuestamente del desarrollo nacional buena parte de las ganancias que obtienen por el esfuerzo de los trabajadores argentinos en el exterior.  Fue muy notable como la oligarquía terrateniente y las burguesías ante la crisis internacional del 2008-2009 procedieron a disminuir la tasa de inversión, a disputar  los precios relativos incidiendo en un aumento de la inflación y a fugar capital incluso en el caso de los terratenientes que procedieron a fugar la porción mayor resultante de lo que habían adquirido por el fracaso de la 125, siendo los principales responsables de la dificultad de nuestro país de lograr el desarrollo a lo largo de nuestra historia. Como consecuencia de estas dinámicas y nuevamente por la crisis del 2012 hubo ligeros aumentos en la tasa de desempleo que  creció levemente en algunos desagregados regionales como en el caso de 8,4% en Neuquén y 8,6% en Río Negro, recuperándose luego a lo largo del 2013. También otra consecuencia de la crisis fue que luego de descensos continuados en las tasas de informalidad laboral las cifras del tercer trimestre de 2012 mostraron un cambio de tendencia. En los aglomerados del interior subió un 0,7% con totales país de 34,3% para 2011 y 35,5% para 2012 y un crecimiento del 1,6% en el gran Buenos Aires, mostrando una vez que ante cualquier inconveniente  y si no media una acción política y decidida del estado los sectores dominantes ajustan por el sector obreros.
Si debemos buscar las responsabilidades profundas de nuestros fracasos históricos hay que indagar en la responsabilidad de las clases dominantes y no solo de sus emergentes políticos en un país en que los gobiernos incluso aquellos que tuvieron masivo apoyo popular no han tenido suficiente poder político. Es ilustrativo aplicar las conclusiones de los estudios de G. H. Von Wright (1916-2003) sobre la lógica de las preferencias donde las estudia de manera independiente de las nociones de utilidad y probabilidad y considera a las preferencias solo entre estados de situaciones genéricas, como ser competitiva o por el contrario colaborativas, utilizando las condiciones de operadores deónticos como los de obligatorio, permitido, prohibido etc. a partir de lo cual podría considerarse por un lado a las preferencias maximizadoras de la microeconomía como teorías empíricas o plantear si por el contrario esa lógica de la preferencia no surge de normas económicas propias del esquema antropológico  de la concepción de libre mercado, sin valor en realidad informativo alguno, careciendo de una estructura cuantitativa que pueda dar cuenta de los comportamientos. En este esquema se convierten los enunciados supuestamente empíricos en lógicas de las preferencias. Esta teoría de la elección o de la preferencia esta en el núcleo antropológico de la teoría neoclásica de la economía, pero en realidad tiene poco contenido empírico y muy bajo poder explicativo. El análisis neoclásico implica un individualismo metodológico de raíz microeconómica donde se impone el paradigma neoliberal del marginalismo. Toda la teoría se estructura en torno a la concepción antropológica del comportamiento maximizador de beneficios. Sin embargo en la Argentina no parece posible aplicar esa lógica cuando la misma burguesía industrial apoyó no una sino dos veces su propia destrucción durante la dictadura militar y en la década de los noventas, por lo que estas posiciones librecambistas parecen más asociadas a defensas corporativas y sectoriales que a verdaderos diseños de desarrollo social.
Kenneth Arrow nacido en Nueva York en 1921 elaboró el teorema de la imposibilidad en el escrito  “Social Choices and Individual Values” en el que postuló ese  teorema llamado de la imposibilidad, que consideraba que los atributos individuales  eran considerados como ordenes débiles  de preferencias sobre el conjunto de estados sociales, pero a su vez el mismo atributo social es también un orden débil de preferencias. Hay una implicancia interesante para nosotros y es  que en ese orden débil de preferencia los individuos son racionales. Sin embargo Arrow intenta demostrar que es imposible construir  funciones de bienestar, lo cual implica  la consideración a utilidades colectivas, a partir  de las funciones o si se prefiere de las preferencias  de utilidad de los individuos. Existe con frecuencia una gran ambigüedad en la formulación del principio de maximización de beneficios por como deben ser estos beneficios   mensurados y por los supuestos antropológicos y aún metafísicos subyacentes. Con frecuencia se ha aludido al teorema de Arrow como paradoja, pues aparece un problema cuando intentamos pasar del nivel  de las preferencias individuales al de las decisiones sociales pues no hay regla  microeconómica viable que permita establecer entre las alternativas disponibles para los actores económicos de  una ordenación coherente con los postulados aplicables a los individuos. La racionalidad del orden de preferencias individuales no se traslada en forma sumatoria al orden social general. El teorema infiere que no es posible establecer ninguna regla  de preferencias agregadas o sumadas, que puedan conservar propiedades normativas deseables, o sea  que resulten  de esa agregación y que tanto  los resultados como la regla fundante  sean válidos para cualquier  configuración de preferencias. Dicho de otro modo cada individuo,  entendido en sentido clásico como unidad de decisión microeconómica tiene en el esquema de librecambio su orden de preferencias personales, el problema reside en la imposibilidad de acuerdo con el Teorema de Arrow de poder contar con un mecanismo, podemos quizás decir una regla, de elección social que convierta esa  forma maximizadora de las preferencias individuales en sociales.
Es posible pensar que estas ideas pueden generar una severa crisis entre la representatividad y la racionalidad o para evitar connotaciones metafísicas, entre la  consistencia de una ideología que debía entenderse como una teoría con la capacidad de integrar todas las conductas sociales en la lógica económica y la imposibilidad de generar enunciados observacionales que la validen. Esto  implica a su vez cuestionar la idea de eficiencia asignativa de recursos desde una perspectiva de mera agregación micro económica y nos empuja a postular a la ideología del librecambio como la articulación especulativa apriorística de un sector dominante de la sociedad. En términos algo mas técnicos el axioma cuestionado de la transitividad en el cual si la alternativa A es preferida a la alternativa B y la alternativa B es preferida a C, A debe ser preferida a C, lo cual de acuerdo a la paradoja explorada por Arrow no puede establecerse desde la microeconomía para todo el ordenamiento general de la sociedad, si median ordenamientos múltiples de preferencias. Pero también implica que la elaboración de las condiciones sociales y económicas de desarrollo no suponen la subordinación a lógicas unidireccionales que implican una sujeción a intenciones y voluntades fundantes de esas mismas instituciones lo cual con frecuencia aparece como un defecto en los razonamientos conductistas. Las instituciones están atravesadas por múltiples lógicas  y no hay hoy en día, posibilidad de sustentar  un análisis para el desarrollo socioeconómico en concepciones antropológicas modernas de maximizadores de beneficios que fueron fundantes en el sentido de constituyentes pero también en el sentido pragmático operativo de las ideologías defensoras del librecambio decimonónicos capaces de  poder imprimir desde lo individual una consistencia ordinal y agregativa a lo social. No hay posibilidad de formular políticas para comportamiento homogéneos de los factores de poder de la sociedad civil y debemos como parte de los sectores populares generar correlaciones de poder fundadas en autonomías financieras capaces de mediar en la compleja e inconsistente trama de intereses opuestos dentro de los sectores dominantes de la Argentina. Este análisis capaz de sustentar políticas públicas donde se contemplen lógicas diversas y contrapuestas tanto de maximizadores de ganancias como minimizadores de pérdidas, lo cual explica muchas de las conductas cambiarias será solo factible si el estado desde su autonomía genera una cuota de poder que contemple los intereses particulares pero los fuerce a su subordinación a la política, la única instancia no de anulación de los intereses  pero si de complementariedad de los mismos como partes de un proceso de desarrollo que por sí mismos no podrían articular. No es posible basar los ordenamientos socioeconómicos ni en la mera coacción ni en la mera seducción de los agregados microeconómicos. Aunque valiosas no son sin embargo  suficientes las lecciones de Joan Robinson (1903-1983) en “The Economics of imperfect competition” acerca de los desequilibrios resultantes de la demanda diferenciada entre bienes de consumo y capital por las discordancias que emergen del hecho de que el capital constante de las industrias de bienes de consumo no crecen lo suficientemente rápido como para absorber la potencial producción de bienes de capital y  la ausencia de equilibrio entre salario y plusvalía. Enfrentamos un desafío más por la distorsión introducida por la valorización del capital financiero del que ella trataba de dar cuenta. La historia del desarrollo Argentino y los distintos patrones de acumulación que se han intentado no han logrado hasta el presente integrar en procesos hegemónicos a los intereses de los sectores dominantes. Pareciera que estamos atrapados  en las condiciones que Garrett Hardin describió en un famoso artículo que se llamo “The tragedy of the Commons” en las que las maximizaciones de beneficios de los particulares llevan en realidad a un deterioro social creciente no pudiendo armonizar los beneficios particulares con los sociales.
Latinoamérica no podrá encontrar su unidad ni desarrollo en un orden burgués periférico ni en una matriz de producción primaria  en un entorno mundial dominado de forma creciente por el capital financiero, a menos que convierta a los estados en actores políticos determinantes gracias no solo a la voluntad política de las mayorías y al compromiso militante de los sectores populares sino también por generar condiciones de autonomía que le permitan direccionar los conflictos y contradicciones de los propietarios de los medios de producción.

5. CONCLUSIONES.

Las lógicas maximizadoras no son concurrentes en la estructura económica Argentina, por lo que no es  posible basar el desarrollo de nuestro país en la lógica de libre cambio que no es capaz de garantizar un crecimiento sostenido y que solo tiene valor corporativo de defensa de intereses sectoriales despojado ahora de la antropología y la ontología moderna que le dio forma en los siglos XVIII y XIX.
La ideología librecambista que en la modernidad pretendía ser un modelo de desarrollo social, en la actual desestructuración posmoderna no es más que la defensa interesada de sectores de poder corporativo.
No hay proyecto de desarrollo inclusivo en el mundo actual condicionado por la valorización del capital financiero sin autonomía financiera del estado.
No se puede seguir sosteniendo modelos ideológicos de desarrollo propios del pasado como el estructurado en torno a las ventajas comparativas y la división internacional del trabajo por parte de la oligarquía terrateniente, ni la sustitución de importaciones por parte de débiles burguesías nacionales, sin un poder financiero que implique la autonomía relativa del estado y de hecho la posibilidad de la política.
No puede haber verdadera democracia con un estado endeudado y necesitado de financiamiento externo. El desendeudamiento iniciado por Néstor Kirchner no fue solo una decisión de política económica fue en realidad una decisión que hizo posible  la política entendida esta como articuladora y mediadora ante  los factores de poder económico nacionales e internacionales.
En el pasado las reformas agrarias eran la forma de abrir para los pueblos la posibilidad de la política al debilitar el poder terrateniente y luego en los modelos políticos socialdemócratas de disputas y acuerdos entre sindicatos industriales y proletariados con conciencia de clase para sí y sus expresiones políticas las que pautaban con los sectores burgueses dominantes la distribución del ingreso, pero además habilitaban a que los estados tuvieran gestión e  incidencia en la producción y en la prestación de servicios sociales. Estos modelos de transformación social no logran hoy en día poder dar cuenta de las principales dinámicas del sistema capitalista. Quien esto escribe es partidario de llevar adelante parciales reformas agrarias en América Latina y apoya la gestión participativa, cooperativa y autogestionada de las fábricas así como la acción directa del estado en sectores claves de la producción y sin embargo hoy estas decisiones son insuficientes para garantizar el desarrollo y la democracia pues se ha tornado condición necesaria aunque no suficiente  la autonomía y solidez financiera.
Es  prioritario para un gobierno popular  poder ejercer un mandato ciudadano capaz de incidir en la propiedad y en la distribución de la riqueza pues sin esta mediación no hay derrame alguno hacia los sectores populares ni fuerza suficiente en los sectores populares para enfrentar una correlación de fuerzas que tradicionalmente nos ha sido adversa. La gestión de ese estado por sectores populares puede fortalecer a los sectores productivos  y articular lógicas concurrentes desde posiciones de poder. Hemos avanzado mucho en estos años y no podemos dilapidar los esfuerzos que hemos hecho como pueblo pues una derrota del gobierno desencadenaría un brutal ajuste sobre los sectores populares, aquellos que en forma sostenida respaldaron en las buenas y en las malas al gobierno nacional y popular. Por la memoria, por la verdad y por la justicia debemos buscar soluciones que nos fortalezcan y nos permitan enfrentar al poder plutocrático financiero.