Hugo Chávez y su legado latinoamericanista. Por Jorge Makarz

Por Jorge Makarz

Se fue el más apasionado y el más ideológico de los constructores del giro político de la región. Impulsor fundamental del renovado proceso que Nuestra América vive en la última década, Hugo Chávez encabezó en 1999 el primer gobierno de la región que comenzó a disputar política y culturalmente la hegemonía neoliberal que desangró nuestras sociedades. Podrá decirse que la integración regional ya no será la misma sin la figura física de Chávez. Pero también hay que decir –tal como sucedió con la muerte del compañero Néstor Kirchner- que de aquí en adelante, con Chávez en la conciencia latinoamericana, esa misma integración regional se fortalece con la convicción de los pueblos de defender más que nunca su legado.

Recordemos primero la dimensión local del fenómeno del chavismo. En su querida Venezuela -plataforma de lanzamiento de la idea regional del bolivarianismo- Hugo Chávez lideró un proceso de transformaciones que, aun hoy con muchas asignaturas pendientes, cambió de cuajo la realidad de ese país, particularmente para los hasta entonces postergados sectores populares y mayoritarios, que son los que hoy más lo lloran. En una Venezuela que había estallado diez años antes con el “Caracazo” de 1989, el proceso político bolivariano, a fuerza de una creciente legitimidad democrática obtenida en las incontables elecciones democráticas que disputó y de un conjunto de políticas activas centradas en las “misiones sociales”, sacó del atraso a la población venezolana y marcó el camino de una reconstrucción que aun hoy continúa. Haciendo un breve repaso: la inversión en rubros sociales en Venezuela pasó del 52,8% del presupuesto en 2001 al 70% en 2010; la matrícula escolar aumentó 25% entre el 1998 y 2010 (llegando al 92% de cobertura) (UNICEF); por otra parte, la pobreza bajó del 49% en 1999 al 27% en 2010 (CEPAL), es decir, la mayor caída en la región en ese período.

El luto se extiende hoy al pueblo venezolano, bolivariano y latinoamericano. Un pueblo que recuerda el encendido discurso de Chávez en 2005 en la Cumbre de las Américas (Mar del Plata) con el freno al ALCA, su impulso hacia la creación de la UNASUR en pos de potenciar la integración política regional y la inagotable defensa de las soberanías que se vieron amenzadas en los últimos años (Bolivia, Honduras, Ecuador, Paraguay); un pueblo que reconoce su oposición incansable al discurso único neoliberal y a las atrocidades guerreras del gobierno estadounidense, desde la defensa ante el intento de golpe de estado en 2002, hasta su furibunda denuncia pública en la ONU contra la guerra de Afganistán comandada por Bush Jr.

Fundamentalmente, Chávez será recordado por su entrega a la causa latinoamericana, a la que se no solo se incorpora como una de sus figuras históricas sino, sobre todo, como uno de sus más activos y originales intérpretes para la realidad política del siglo XXI. Como señaló recientemente Nils Castro en relación a su promoción de la unión latinoamericana, Chávez “hizo lo que no se suponía”. Pero no todo es recuerdo y pasado. Hacia delante, el desafío de la Argentina y los países de la región es continuar legitimando y construyendo sociedades cada vez más igualitarias y democráticas, demostrando que nuestra relación con el mundo ha cambiado desde que nos reconocemos como pares y afrontamos en conjunto las dificultades de una lucha que hemos abierto y de la que no hay retorno. ¡Hasta siempre, Chávez!